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24.6.11

visiones irreverentes de un libro complicado

Que los procesos políticos están integrados por personas y que no todas las personas son una unidad, es de sentido común. Incluso dentro del menemismo hubo funcionarios más valiosos que otros, de acuerdo al rol que desempeñaron y a la eficacia lograda en sus quehaceres circunstanciales.

En noviembre de 2007, el Escriba, convocó a los comentaristas de su blog a elegir el Mejor Ministro de la Democracia (léase, desde 1983 a ese lejano día quince del mes once). Los resultados -aún provisorios- a esa encuesta arrojaron (los resultados siempre arrojan) que Ginés González García fue el Mejor Ministro Argentino (quizás ayudado por el recuerdo entonces vívido de la mala gestión de Graciela Ocaña), seguido por Roberto Lavagna (Economía del tándem Duhalde-Kirchner) y por el canciller total Dante Caputto (yo voté a Jorge Taiana, y lo volvería a votar, pese a que nadie le importó en aquel momento ni les debería importar ahora). Sorprendió sí, el cuarto puesto: con meritorios 8 votos en esa acotada encuesta, Carlos Corach, efectivo único vocero del menemismo tardío, se metió en el fab four de los elegidos por la comunidad política web.

Este mes Sudamericana editó 18.885 días de política, visiones irreverentes de un país complicado, una tácita autobiografía de quien será recordado como el mejor defensor del proceso político más incómodo de analizar de la democracia reciente. Su prosa cuidada, su inteligencia especial y su mirada propia de los procesos, ayudan a repensar ese malestar en la cultura política popular que fue el menemismo. No interesa aclarar ahora que “resistimo’ en los noventa (…)”, porque, Natural, diría el General Perón, cualquier chico sensible estuvo en contra de ese proyecto político-económico que determinó un sobreendeudamiento de la Nación a los fines de crear una burbuja de calidad de vida irreal para un país subdesarrollado (Argentina) a costa de condenar a miles de ciudadanos a la pobreza o a la desesperanza, que no es lo mismo, pero es igual. Interesa, ya pasados esos años, revisar sobre qué verdades relativas se cimentó ese proceso, a todas luces masivo, que eclosionó, como la guerra continúa a la política, por otros medios, con la Alianza fallida.

Carlos Vladimiro, que niega la verdad citada al infinito de que su nombre homenajea la dupla Marx/Lenin, acierta en su análisis de la historia argentina reciente, su repaso de nuestro Siglo XX (acierta es un verbo falaz, quiero decir que hace una lectura similar a la que haría yo, para ser honesto). Y en lo que no simpatizamos, obtiene argumentos razonables, para rever posiciones, para pensar, convenciéndome, incluso. Repasa su experiencia militante primero en la UCR, en la UCRI, junto a Frondizi, después en las experiencias moderadas del peronismo, hasta la configuración de la renovación peronista que determinó el liderazgo del Menem gobernador caudillo pasado una vez elegido presidente por el tamiz estético del Consenso de Washington. En el medio analiza todo lo relevante a la política nacional: sindicatos, radicalismo pata pseudodemocrática legitimante de la proscripción justicialista, juventud peronista hija de clases medias gorilas, rol de la orgánica del PJ durante la dictadura, error de miras de esa misma orgánica ya en el 83. Y la defensa del menemismo.

Las peores consideraciones, a veces contemplativas, desde su caballerosidad ominosa, a veces lisas y llanas y temerarias lapidaciones, se las llevan: Illia, la clase media argentina, Chacho Álvarez y los medios de comunicación (preferentemente, los de izquierda). Las mejores, Frondizi, Alfonsín y Menem, y todo lo que sea política en tanto organización que vence al tiempo, la posibilidad del estadista. Resulta curioso como ningunea al Kirchnerismo (ya lo veremos). Su crítica a los medios, discusión que permitió el cristinismo, por otro lado, contiene iguales dosis de elegancia y demolición (en su caso, el adversario es su reverso, Página/12 y la progresía comunicacional, el honestismo). Levantando, claro que sí, la bandera de conferencista de prensa matinal, su marca registrada, pero sin dejar de señalar la incomprensión en general de los medios sobre el proceso menemista.

Hay hacia al final una serie de capítulos que dan en el blanco: discusiones a largo plazo no contempladas desde siempre por la dirigencia argentina, ni exigidas por la prensa, ni por la sociedad, y por supuesto, no desarrolladas tampoco en la década del noventa. El dilema del federalismo posible frente al federalismo utópico; el carácter argentino en tanto ser no patriótico desde su mismo nacimiento en 1810; la necesidad de una nueva universidad pública con una planificación desde el Estado, para encaminar los profesionales necesarios para el desarrollo del país; la reconfiguración de los gobiernos provinciales para el achicamiento del gasto público y el clientelismo, tema complejo si los hay; o la necesidad de una lectura de los procesos históricos lejanos, medidos sí por sus legados y no por sus errores; por citar sólo algunos ejemplos de tópicos posibles a debatir como sociedad que nos debemos.

Interesante es la lectura que hace sobre la supuesta inseguridad en la Argentina: su análisis es exactamente igual al del Gobierno de Cristina Fernández, probablemente porque sufrió los mismos embates sobreinformativos, especialmente la aliteración de la agenda policial de los medios audiovisuales. Su relato sólo se separa en la crítica a la expresión “sensación de inseguridad” debido a su reiterado uso, que tendría peso pedagógico aún, si no. Curioso contrasentido, la crítica a la “sensación” es pariente del tratamiento hacia la “inseguridad”: la reiteración del uso de la expresión se corresponde con una lógica de repitencia informativa. Se vuelve sobre un asalto en Balvanera a la vez que se retacea “dicen que es sólo una sen-sa-ción”.

Así como intenta vanamente justificar las peores políticas del proceso que lo tuvo como jefe de Gabinete también acierta en destacar aquellos legados positivos que la “pesada herencia” se encargó de relegar a un segundo plano. Es su rol, y está bien: durante el menemismo, es cierto, terminó de desaparecer el Partido Militar, se aprobó una buena Constitución Nacional, se anuló el servicio militar obligatorio, se estabilizó una economía hiperinflacionaria. No es sólida (en lo único del libro que no hace pie, justo es decirlo) su defensa: a los indultos (como jugada de ajedrez para debilitar las Fuerzas Armadas y porque en ningún país del mundo se revisa el pasado hasta el enjuiciamiento), a lo realizado frente a los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA (primero porque no hubo conclusiones para esgrimir y segundo porque el mismo aduce que fueron resultantes de los buques enviados al Golfo Pérsico, es decir, fueron ataques respuesta a la gestión errónea e innecesaria de Carlos Menem en política internacional), a la adhesión acrítica al Consenso de Washington (porque era la corriente hegemónica epocal e ineludible), y de la Corte Suprema (en vano, para qué intentarlo; Julio Nazareno, impresentable por donde se lo mire, sólo es nombrado como “un eficiente presidente de la Corte”). De todas maneras, son ejercicios de lógica que a más de una década se pueden leer con menos pasión y por tanto con una mirada más contemplativa.

Su casi nula apreciación del proceso kirchnerista se anota en el debe. Sus pocas menciones se deben a aproximaciones corporales anteriores al 2003 (llegó, se acercó, lo vi) y como críticas elípticas una vez Néstor Kirchner asumiera la presidencia. Un determinado autoritarismo, la incomprensión de los vientos económicos, un mal uso de los organismos de Derechos Humanos, la incapacidad para delegar poder y escuchar a la oposición. Todo esto sin contar los lugares comunes, lo bien que hicieron Chile, Uruguay, Brasil, rayano al eslogan, inexcusable para un político de su capacidad y experiencia. Sólo resalta como positivo el liderazgo Kirchner como articulador de la vuelta al partido del orden. La reflexión de estos años permanece en las vísperas de un ilusorio segundo tomo, el de sus “4.000 y pico de días de No Política”.

Hacia al final, reflexiona Corach, como si la historia su hubiera detenido en su último día como senador: “Nos enfrentamos al hecho de que los únicos jóvenes que participan activa y vocacionalmente de la política son los piqueteros, que cortan calles y puentes, encapuchados y armados con palos”. Una sentencia absolutamente falaz a la luz de la numerosa militancia que el kirchnerismo supo aglutinar, inédita en mucho tiempo en este país, de la que oportunamente el menemismo careció (habrá que preguntarse por qué) y que es sin dudas es uno de las enseñanzas más importantes que el actual proceso político legará el día de su salida: la inexorable necesidad de la participación política para cambiar la realidad.

Jorge Asís termina su crítica al libro de Carlos Corach con palabras a las que suscribo por los motivos opuestos: “Como se trata de un excelente conferencista –actividad cotidiana, en su vereda- Corach aquí clarifica brillantemente sobre los temas que prefiere tratar, mientras cubre, con el positivismo del silencio, los que prefiere omitir”.

21.10.10

Blackie en busca de una filosofía para la tele



Terminando de leer la biografía de Hinde Pomeraniec sobre Blackie (Paloma Efron), la dama que hacía hablar al país, mujer adelantada a su época, destacada en mil disciplinas. Probablemente escriba algo en estos días a manera de reseña pero antes me gustaría compartir un texto sobre la TV que firmó la destacadísima periodista y productora, publicado en la revista Todo es Historia, de Félix Luna.


La tv en busca de una filosofía

La televisión lanzó sus primeras imágenes allá por 1951. Desde entonces y hasta el día de hoy, el más joven de los medios de difusión ha batallado para conseguir su lugar bajo el sol. Su historia está llena de vaivenes que van desde su origen de orden casi político, a la solitaria actuación del canal 7, de carácter estatal pero siempre teniendo una orientación semicultural y semicomercial; y abarca el período de la franca competencia con los canales 9, 11, 13, 2 que salieron al aire con una programación totalmente empresaria y comercial.

Así planteadas las cosas es necesario definir las áreas a las cuales está sujeta nuestra televisión. En Europa el estilo es absolutamente distinto ya que el Estado controla las emisiones a través de diversos sistemas, y propugna una televisión con poco o nada de publicidad comercial, usando para atender los gastos de producción, manutención de los estudios y todo lo que hace a una planta televisiva, el dinero que ingresa en concepto que se cobra a cada usuario. De hecho, entonces, el método y la línea son absolutamente diferentes a los que rigen a la televisión norteamericana que es la que ejerce su área de influencia sobre la TV latinoamericana. En este caso las programaciones son realizadas con un definido y lógico criterio de beneficios comerciales, ya que el único ingreso que tienen los canales es la publicidad. A través de una filosofía de esta índole, los canales argentinos se manejan con un fuerte sentido competitivo, en el cual influye notablemente la práctica de la medición de audiencia (rating) que se hace telefónicamente. Esto hace suponer que, de acuerdo a esas llamadas, se puede establecer un puntaje más o menos adecuado para los programas que se emiten.

Este método ha contribuido a crear verdaderas psicosis entre los distintos canales de nuestro país.

Nadie que tenga una cuota mínima de sinceridad frente al medio puede proponer una programación de mejores valores culturales y dar por descontado que el éxito es seguro; pero con la misma sinceridad hay que reconocer que es prácticamente imposible saber el veredicto del público sin hacerle conocer una programación de mejores valores culturales. Es un círculo vicioso que no termina de resolverse; porque con una nota de cultura hecha de tanto en tanto y en horarios generalmente fuera del encendido, no se crea de ninguna manera el hecho más fundamental en el desarrollo de la televisión, que es el hábito.

La televisión es, antes que nada, periodismo e información, después entretenimiento y luego todo lo que constituya una programación. Si la noticia está hecha por gente idónea y especializada; si el entretenimiento está ofrecido por programas de orden teleteatral que consulten un temario veraz pero que contribuyan a la doble función de la unión de la comunidad; si el ingenio se produce a través de programas de factura cómica de buen vuelo y sin recurrir a la chabacanería; si la información científica es transmitida con material ameno y de alcance masivo; si se tiene en cuenta la audiencia infantil que constituye un tremendo aporte a la audiencia general, así como también los adolescentes, ahí se tiene la posibilidad de realizar un ensayo previo con miras e elevar el nivel.

Reparemos en algo fundamental: cuando decimos cultura nos referimos a todos los ingredientes que componen este hecho; pero presentados de una hábil manera. Porque no se trata sólo de presentar a Wagner o Chopin, sino que hay que habituar (y aquí volvemos al concepto inicial) a la audiencia a la música popular -pero la mejor- con excelente imagen y mejor sonido. El buen gusto va siendo elaborado juntamente con la audiencia, y en un tiempo que incluso se puede predecir, el público estará acostumbrado y preparado para espectáculos de mayor nivel. Si Rudolf Nureyev concitó uno de los más altos ratings de la historia de la TV argentina, a no equivocarse; ese hecho no es un índice. Nureyev, además de su talento, viene acompañado de una leyenda ampliamente publicitada que lo convierte en una estrella de show. Narciso Ibáñez Menta constituyó un verdadero suceso con su célebre ciclo “El fantasma de la Opera” durante muchas emisiones: este es un sutil ejemplo de cómo se aunaron la difusión de la célebre novela con una realización creada especialmente para televisión.

Si a la audiencia se la inunda con material de menor calidad, series cada vez más violentas y plagadas de crimen y sadismo; con teleteatros retorcidos y sin esperanza; si los niños y los adolescentes son receptáculo de agresión, violencia y sexo indiscriminados es difícil que mantenga poder de selección, puesto que la han habituado a esto y a nada más que esto.

La televisión es el medio de difusión más penetrante que posee la humanidad. Pero los valores se han invertido y la televisión es la que posee a la humanidad. Su sutil y abrumadora penetración debería ser profundamente analizada; sus rumbos debieran ser estudiados por psicólogos y sociólogos, de tal forma que su uso constituya un verdadero vehículo de honesta información, de correcto entretenimiento, de grandes pautas de buen gusto que es una de las bases de la cultura; debe, en suma ser un medio por el cual la familia argentina reciba en sus hogares la verdad, la belleza estética, el buen lenguaje.

También es muy cierto que la televisión corresponde al medio que la circunda y es bastante dificultoso escapar a su influencia; pero quizás debiera funcionar por antítesis. Ofreciendo un panorama que no sea un escapismo a la fuerte y atemorizadora imagen que da nuestro mundo de hoy, pero sí una revalorización de las grandes fuerzas del espíritu.

Los diarios los leen algunos; las revistas las leen quienes pueden comprarlas; la televisión que ha llegado a todos los estratos sociales, es abordada por todos sin discriminación. Su legendario enemigo (no tan legendario ni tan enemigo) el cine, tiene para su diferencia el hecho que hay que salir de casa para verlo y tiene sus reglas, lo mismo que el teatro. Le cabe a esta joven rama del entretenimiento la tarea más difícil puesto que es un elemento más dentro del hogar; que no tiene reglas definidas, y si las hay, tampoco se cumplen. Existe en nuestro país una ley de Radiodifusión que es una de las más severas del mundo y hay en ella un articulado sumamente interesante para aplicar. La promoción que la TV hace de sus programas se transmite durante todo el día, de manera que el niño, aunque no vea los programas que están fuera del área del menor, de todos modos recibe su cuota de agresión. Como se verá, cada uno y todos los puntos a tocar exigen un estudio profundo y a conciencia basado siempre en la filosofía que la televisión es un servicio para la comunidad, con todo lo que ello implica de responsabilidad y serios acercamientos.

En los últimos diez años la televisión, que practicaba una competencia fuertísima y cuyo regidor era el rating, ha sufrido cambios en su conducción, pero aún no se advierten cambios en su filosofía. Y lo más importante en un medio como el que nos ocupa es eso: la filosofía a seguir. Y una filosofía se basa en hechos resultantes; en investigaciones y conclusiones; en estilos de vida y su reflejo en los medios, y en un cuidadoso uso de la difusión cuyo estado ideal sería la responsabilidad combinada con especialización, conocimiento y severidad. Si se dice que una audición de televisión norteamericana ha contribuido a la asunción a la presidencia de los Estados Unidos de Kennedy y Carter ésa es una de las fases del fenómeno. Pero lo ideal sería que la televisión formara conciencia de una comunidad para elegir un presidente.

Insistimos en el aspecto de la filosofía. Se sabe, y bien claramente, que cada canal, como las radios, puede definir un estilo; pero el concepto global incluye un compendio de distintas disciplinas de las que no pueden ni deben evadirse los conceptos de serios estudios dedicados de lleno a satisfacer los deseos de un pueblo; y al mismo tiempo combinar para que este medio se aplique a un concepto de formación y educación de ese mismo pueblo. En algunos países la televisión educativa es un hecho; y si bien no se trata de convertir nuestra televisión en una escuela en el estricto sentido de la palabra, sí se puede convertir a una cámara en un vehículo de noble cuño que contribuya al mejoramiento de una nación.

En el último y gran conflicto que se produjo en Washington con la toma de edificios y rehenes, un juez dictaminó que la tremenda publicidad dada al hecho fomentaba los secuestros y los ataques a personas e instituciones. Pero la televisión no puede dejar de estar presente con la radio, los periódicos y las revistas en la cobertura de noticias. La diferencia reside en la forma que se da a ese tipo de noticia.

En suma, en los últimos años este joven monstruo moderno ha demostrado su fuerza. El resto les compete a quienes lo manejan y trabajan en él. Hábito, respeto a la audiencia, conocimiento, veracidad y manejo idóneo de la profesión son los elementos con los cuales se conseguirá que la audiencia sea la dueña de la televisión para usarla para su mejoramiento.

Blackie
Revista “Todo es Historia”
Nº 120 - Mayo de 1977
Especial 10º aniversario

5.10.09

Mecenazgo Nacional

El mundo tal como viene de fábrica, incluye empresarios –astros, dioses, mortales-. Empresarios como Don Carlos y como Carlos Rottemberg. Por ideología tiendo a despreciarlos, por un tema si se quiere marxista: la plusvalía, y demás conceptos. Pero los empresarios no van a desaparecer como TN o los amigos de barrio, muy por el contrario van a permanecer, a trascender gobiernos y dictaduras. Entonces dentro de ese empresariado hay que saber trazar una raya. No hablo ya de una responsabilidad social, como se hablaba años atrás, como en otra época, se hablaba. Un empresario exitoso, o no tanto, puede devolverle a la sociedad algo mínimo, más allá de lo que el Estado le obliga. Claro que es una gran deuda de la democracia un mayor control estatal sobre los privados. Pero incluso dejando todo como está, no todos los empresarios son lo mismo.

Esta larga perorata viene a cuenta de una nota que le hace Ángel Berlanga a Mex Urtizberea en Radar. En esa nota, Mex reconoce algo que no sabía y que imagino se tiende a esconder. Cha cha cha, es decir el último programa de humor de ruptura, fue una sinergia entre mucho talento y el capricho personal de Eurnekian, al que le encantaba el programa, y lo bancaba a pesar de los costos y el bajo rating.

Siempre es más fácil que un empresario exitoso licue sus propias expiaciones apoyando la cultura, más que, por caso, un instituto de formación de cuadros nacionales y populares, con becas por resultado, y fin de semanas en el costa galana a sortearse entre quienes promocionan las 6 materias semestrales. Tienden más a financiar películas, revistas, televisión, galerías de arte. Está bien, no me parece mal. Muchas veces estos mecenazgos son para capitalizarse de cara a la ciudadanía, a la vez que pagan menos impuestos, especialmente cuando estos programas son conducidos a partir de fundaciones, pero hay otras veces que esos aportes están guiados por el mero disfrute, por apoyar un gusto personal.

Recuerdo pavadas, siempre lo digo, recuerdo que Cha cha cha fue sacado del air porque la Iglesia Católica había intimado a los anunciantes de ese programa de América a levantar su pauta porque no gustaban de la inofensiva y genial en partes iguales sección del padre Peperino Pómoro de Fabio Alberti. El programa no duró una semana más al aire porque las empresas acataron la encíclica y Eurnekian por más caprichoso que se pusiera no tenía más hilo en el carretel.

Y pensaba en el mecenazgo, el mecenas, así llama Mex a Eurnekian. El mecenazgo sea tomado como devolución del poder económico a la cultura, por otras vías, o bien la concepción de un burguesía nacional, ya no contemplado esto en la definición de mecenazgo tradicional en tanto arte, sino desde otro lugar absolutamente cultural, el trabajo, la cultura del trabajo, cuya insignia fue Francella, exponente de clase ochentosa, última imagen antes del naufragio del tipo de barrio laburador y familiero. Arriba los sochoris, de carne somos. El menemismo entre otras cosas trocó el rol que Francella debe desempeñar en tanto exponente de clase media, padre de familia, casado con hijos.

También pensé en el trabajo de Carlos Heller desde el Banco Credicoop auspiciando siempre medios alternativos, muchas veces como órgano paraoficial de pauta realmente existente, o aquel laboratorista que en el #1 de TXT no sólo reconoce capitales –cosa que Lanata no hace porque dice que nadie hace cuando sí hay gente que lo hace- o como el socio de capital –cuyo nombre desconozco- que está permitiendo una reparación histórica del mejor periodismo deportivo independiente, que es Un caño, que está habilitando su segunda temporada incipiente.

O Constantini, a quien, como a otros, como a Eurnekian mismo, se le pueden achacar mil cosas, pero, por ejemplo, además de su nordelta y su banquito francés tiene su fetiche, el arte latinoamericano, que podría estar expuesto en su salón de los pasos perdidos personal sito en un edificio construido adhoc, pero no. El tipo compra un terreno en zona de embajadas, llama a licitación de pliegos arquitectónicos, levanta su imprescindible MALBA y pierde millones de dólares mensuales para que cualquier hijo de vecino puede ver permanentemente boteros y fridas kahlos y no su réplica desprolija, la señora que es senadora y tiene en común tan solo una anacrónica animadversión a la depilación del entrecejo.

Siempre digo que de lograrse lo imposible, volverme millonario, lo que haría con la guita es poner un diario –ahora habría que pensar algo en formato web- para desde mi subjetividad darle trabajo a los mejores periodistas, para que digan lo que quieran. No es el caso del empresariado tal y como existe, aunque por ello los millonarios son ellos y no yo.

La posibilidad de desgravar impuestos tiñe de sospecha muchas veces cualquier mirada benévola hacia el mecenazgo, pero nadie que no sea millonario podría bancar decisiones arriesgadas como montar un programa de televisón en prime time o subsidiar un polo petroquímico en épocas de bicicleta financiera. Tinelli es mejor persona cuando patrocina Okupas que cuando le vende parte del paquete accionario de Ideas del Sur a Artear.

Porque Tinelli sabe que sería muy difícil que ese grupo de medios ayude a desarrollar un producto que no genere dinero, porque Clarín es, entre otras cosas, lanzado a todos los negocios, la avanzada no ya de mecenazgos sino, a nuestro pesar, de mercenarios sin cultura ni pasiones.

Cuánto más considerado estaría Clarín si Ernestina fuese fanática de Martha Argerich, si Magnetto y no Villarruel convocara a Sasturain a hacer ese programa sobre libros, o un concurso de cortos, aunque sea en trasnoche. Si la beneficencia hacia Unicef no fuera el negocio de Un sol para los chicos. Si María Laura Santillán en Argentina para Armar se preocupara de estos temas y no por la enésima ronda de emprendedores que les venden sus servicios innovadores a europeos del este.

31.3.09

no nos mean y nos dicen que nos mean

Lo de Lanata, hablemos crueldades, se malinterpretó desde el arranque. Desde el principio de los tiempos, desde que supimos de él. Sabemos que hubo más, pero pocas cosas fueron más emblemáticas que haber pintado un diario de amarillo hace quince años y llamarlo Amarillo/12. Eso, de alguna manera, fue condenar a Página/12 como interlocutor para los asuntos importantes de la Argentina, que quedarían reservados, en el campo de los medios y, por todos los años siguientes y, quien sabe para toda la vida que aun le quede a los diarios de papel, en las manos de Clarín y La Nación. Por meternos con el día consagratorio de la creatividad de Lanata. Pero fue una pavada. Un chiste que no se había hecho nunca, eso sí. El viejo truco de profanar lo sagrado. Que para hacer una revolución, fenómeno. Para hacer quilombo, fenómeno. Pero como máquina, como sistema, no produjo nada y lo banalizó todo.

Esteban Schmidt (Schmidt y el fin del periodismo), Primer borrador, primera parte.

Sep 2, 2008


Qué error imperdonable es citar largamente a alguien que escribe mejor que vos. Podés prologar con una frase corta y buscar empatarle. Pero nunca un fragmento. El fragmento te tira abajo.

Natanael Amenábar.


El periodismo y la banalidad, pensaba en eso, y recordé este primer texto de la saga ‘peguémosle a lanata’ que se publicó después del changüí propio del contrato temporal que le dio Esteban al diario Crítica: tres meses. Estuvo bueno, fue divertido, nadie lo había hecho de esa manera, y lo agradecemos. Pero no coincido en este fundamento. No está del todo equivocado pero tampoco dijo toda la verdad. Hay quienes ven las cosas y se detienen en la mitad llena y hay quienes, como Laclau, observan el significante y lo encuentran vacío. Y Esteban es de los que miran casi todo con desconfianza. Y desde allá edifica una obra muy importante, pero no deja de ser pesimista, y es más lindo mirar las cosas con alegría, aunque no nos salgan buenos textos. De Página/12 quería hablar y de Lanata y de otras cosas.


Lanata busca el golpe de efecto permanente y puede asestar golpes o, si el contrincante saber moverse, desgastarse, tirando trompadas al aire que justifican el partido pero que precisan demasiadas energías, necesarias cuando el partido es largo. Se puede suplir sólo informando con la verdad y dejando el tiempo correr.


Pero Lanata no tiene ideología, como Carrió o como Tenembaum. Entonces, cada uno en lo suyo, miran el mundo desde el cinismo, la predicción o el sentido común. Malas decisiones, porque tienen su importancia para la sociedad, aunque parezca mentira.


Entonces Lanata va y funda un diario, una revista o un portal web y lo único que busca es estar en el candelero, no le importa la calidad del golpe sino pegar. Cuando finalmente desiste de dar esa pelea quienes lo secundan logran mejorar sus productos. Los periodistas que se quedan, agarran el prestigio –cada vez más dudoso- de Lanata y le suman objetividad y honestidad y logran un producto para menos público pero más encausado para un sector de la sociedad. El famoso nicho. Pasó con Página/12, con Veintitrés y seguramente pase con Crítica en unos meses, cuando finalmente cambie de dueños.


Porque la información, la realidad contada, puede tomarse con humor, y es hasta necesario y loable que así sea, pero no desde el cinismo permanente. Perfil es tan o más opositor que Crítica sin necesidad de recurrir a la ridiculización manifiesta. La Nación viene marcando doctrina desde hace más de un siglo desde la solemnidad total. Clarín cuando necesita golpear gana por knockout porque cuando no necesitó pegar hizo un excelente juego de piernas.


Crítica no puede voltear un gobierno porque todos los días lo intenta, el día que tiene realmente una buena denuncia para hacer queda sumida en la sucesión, como el pastorcito mentiroso.


Barcelona es una revista que no consumo por lo mismo que le critico a Crítica. Alguna tapa fue fundamental pero la reiteración del recurso agota la sorpresa. Dejé de comprarla al 4to número. Ya está, ya lo vi. Lo que más lamento de este caso es que el staff de la revista es de lo mejor de la plantilla periodística sub40. Toparte con Daniel Riera, Ingrid Beck, Pablo Marchetti, Fernando Sánchez es de lo mejor que te puede pasar en un medio de comunicación. Que los tengamos en el equipo de los cínicos da un poco de bronca.


Así como los políticos que construyen desde la antipolítica dañan la política y a la larga se perjudican a si mismos, y a la sociedad, los periodistas que ofician de antiperiodistas de alguna manera dañan el periodismo y la posibilidad de que la sociedad les crea en un futuro de cinismo global incipiente.


Página/12 para mi encontró un equilibrio –aunque a veces la pifia- en el humor periodístico. Porque promociona la materia desde la ideología. Sabe qué quiere contar y hacia dónde va. Lo mismo que logra La Nación en el otro lado del ring. Y Crónica. Y Perfil de alguna manera. Y Clarín sobre todo. Cuál es el hecho que persigo, para qué y con qué fines. Eso tiene que estar claro.


El periodismo, la capacidad de informar, la necesidad de saber, es demasiado importante como para tomárselo con la liviandad del divertimento. Y es suicida para los trabajadores de la noticia. Porque a la larga se les volverá en contra.


Si practicás la orinoterapia vas a pensar dos veces antes de cenar cebolla cruda.


Cuando tenés la primera orina de la mañana en el tazón es tarde para lagrimas.

23.10.08

la política comunicacional de los Kirchner

El Gobierno, los gobiernos, de los Kirchner tienen una virtud, que a veces se convierte en su talón de Aquiles, y a veces se convierte en una virtud, de vuelta. La política comunicacional. Vamos a adentrarnos en las cavernosas oscuridades de la mente ciclópea del matrimonio presidencial para extraer algunas constantes y algunas variables en su relación con la prensa cosmogoforme que nos informa y nos miente, y nos desinforma y nos alegra la vida, y nos la caga.

En el principio, cuando todo era oscuridad, Néstor K fue ungido por el poder massmediatico del Grupo Clarín mediante la instauración del pragmatismo electoral: el famoso Voto Útil, con el que Blanck, no sin talento discursivo, metió por la ventana en el ballottage al compañero Néstor. A ese empujoncito inicial le siguió una primavera kirchnerista mediática en la que el Grupo ayudó a consolidar el poder presidencial fuertemente. En esa primera etapa Néstor necesitaba llegar al 2007 con poder propio para fortalecer su liderazgo ya que para las mentes preclaras de los analistas políticos no tenía aún la suficiente legitimación real, ya que sólo había sacado un 23 por ciento electoral en 2003. El ballottage no se había podido hacer ya que Menem, like a rata, se bajó, impidiendo que la democracia funcione y unja a un presidente de real poder popular representativo por el voto sí postivo que se estimaba en 7 de cada 10 argentinos. Se quedó con 2 de cada 10 más el descuartizado 0,3, equivalente a una persona desde el esternón para arriba. Ah, las estadísticas.

Bueno, Néstor sabe gobernar y arregló con Clarín, le dio cositas, plata, publicidad, le puso a TN en el 11, le fusionó cablevisión y multicanal, le mintió con el triple play, poco antes de las presidenciales de 2009, para que no le tiren a matar. No sé metió con ninguno de los negocios enquistados que el Grupo informativo tiene desde tiempos ha, le regaló unos bonitos pendientes a Catalina Dlugi enchapados a la antigua, y mediante Alberto Fernández le dio primicias de toda laya para que Van der Kooy sea feliz y hable más crepuscularmente, más poéticamente, y menos de las roscas del poder, que tan bien hace, y que tan mal le hace al Gobierno.

Después Cristina gana y pasa lo del campo y el Grupo se le pone en contra decididamente. Clarín Miente, TN Desinforma, Morales Solá, Nelson Castro, Ernesto Tenembaun, todo lo que ustedes ya saben. Lo de Tenembaum y Zloto es interesante de ucronizar. Cuando aparecen los “Periodistas” en la grilla de TN, la idea del Grupo, supongo, no creo estar errado, era poner una pata progresista como una señal al Gobierno, quizás hasta pedido por el mismo Alberto Fernández, ya que también era (es) amigo de Blanck y Van der Kooy, quienes esa misma temporada desembarcaron en TN con Código Político. A los programas típicos y anquilosados del canal le sumaron “opinión de izquierda”, y “chismes del poder”. Todo se fue al tacho con la 125, Clarín decididamente se deshace de tibias voces disonantes y lo manda a Tenembaum a decir lo que todos dicen en el Grupo. En él es más notorio que en Bonelli, por poner un caso, aunque “la gente dice otra cosa”. Zloto siempre mantuvo una opinión más neutral, y en estos días se lo ve decididamente molesto con tener que hablar siempre mal de todo, como Nelson, Magdalena, Eliaschev o el propio Tenembaum. Tras la 125 sacan a Alberto Fernández de la mesa chica de las decisiones. Empieza el caniche’s style.

Volvamos a la política comunicacional. Los Kirchner creían que con el progresismo podían ganar en las ciudades capitales. Porque el progresismo venia ganando en las capitales. Pero en realidad los progresismos ganaban por ser oposición, no por ser progresistas. La clase media no tiene ideología, a lo sumo es mayormente gorila. Cuando Alberto desembarca en capital y hace un armado progre oficialista, gana por que Ibarra tenía muy buena imagen, porque los K eran una incógnita para los porteños aún y porque no levantaban las banderas del peronismo y abonaban a la transversalidad, a la concertación. Pero después perdieron todo en capital, y cada vez peor. Diría que nunca van a recuperarse en porteñilandia. Sabiendo los Kirchner que el escenario capitalino está perdido de por vida, se desinteresan por completo de la política comunicacional hacia las clases medias urbanas y se apoyan en el PJ tradicional, ahora definitivamente. Inclusive articula medidas provocativas hacia esos sectores bien pensantes más cercanas al adolescente jodón que al estadista preclaro. Néstor en persona va a la Plaza de Mayo a cantar la marchita, manda a D´Elía como vocero a favor de las retenciones, pone a Moreno a lidiar con los empresarios en la mesa chica, hace actos peronistas en el Congreso, habla de grupos de choque, bravuconea con TN y Clarín, hace una conferencia de prensa y se ríe de los periodistas en la cara, ningunea a la oposición. Y le deja a Cristina ese rol más de estadista, él se corre del poder presidencial y se convierte en un puntero bonaerense. Los medios empiezan a pedir que Cristina le diga a Néstor que se quede en la casa a regar las plantas porque le hace muy mal a ella la imagen de su marido, que es el político con mejor imagen positiva del país. Quizás la cosa más burda que se dijiera a lo largo de todo el conflicto con el campo. Piensan: las clases medias reaccionarias o bienpensantes ya las perdimos porque este, ahora, ya es un gobierno peronista clásico, por eso nos desentendemos de la comunicación, que es la herramienta para llegar a las clases medias con acceso a la comunicación. Creo que ese es el análisis.

Los pobres, el conurbano, el peronismo ortodoxo, algunos progresistas, el armado de los gobernadores en el interior del país, y una oposición desarticulada, por sus propios errores, y ninguneada, por el poder central, le dan al Gobierno una masa de votos reales con los que gana cualquier elección nacional legislativa, por más o menos puntos, eso está por verse. Después se verá cómo se llega al 2011. Eso es más o menos lo que piensa el Gobierno respecto a la política de medios. Mosca para mis medios amigos para que hagan sus diarios periféricos, plata a los grandes para que no chillen, y ninguneo a los periódicos periféricos opositores.

Una publicidad oficial difusa, “Yo, argentino”, y nada más.

Como porteño tengo algunos ruidos a la política comunicacional del gobierno, porque creo en la publicidad como un arma potente y efectiva, y creo que la desaprovechan. Creo que el Gobierno es mucho mejor que lo que deciden comunicar de su Gobierno. Creo que deberían ir a dar la pelea a los medios, mandar funcionarios a contestar a los programas periodísticos, contestarle a los dueños de los medios con solicitadas, tomar el toro de la comunicación oficial por las astas.

Pero también es cierto que ellos tienen otro modelo de comunicación menos artificial, les gusta más la acción que la consigna. Le gusta hablar con la gente en actos, sin periodistas, aunque los medios no los televisen y le descuarticen cualquier discurso genial de Crisitna en textuales sacadas de contexto, para generar polémica. Les gusta mostrarse activos, por todo el país, inaugurando cosas, cortando cintas, reforzando el modelo desarrollista, con un discurso sólido del rol del Estado.

Y, principalmente, con un elemento nuevo en la Argentina, que aún no ha sido analizado a fondo. El manejo de la agenda. Por primera vez en mucho tiempo un Gobierno es quién maneja la agenda periodística. En el periodo del conflicto del campo se le dio vuelta la tortilla. Pero antes y después de ese intervalo el Gobierno fue el que dijo de qué se hablaba, cómo, y por cuánto tiempo. Porque es un gobierno reformista, pero no reformista revolucionario, es un gobierno reformista de forma. Agarra un tema que genere rispidez, lo maneja en secreto, lo labura bien laburado para que tenga la menor cantidad de flancos débiles, lo llama a Zannini para que le dé un marco legal, y lo larga de un día para el otro. La oposición sale rápido a decir cualquier cosa porque los partidos actuales son fuerzas nuevas y compuestas por dirigentes de extracciones diferentes, que no tienen del todo claro qué posición tomar frente al tema como partido, y salen a decir cualquier cosa, hasta tomarse dos días, un tiempo prudencial, para juntarse y ver qué decir. Los medios, lo mismo. Eso se nota claramente. Sale el tema de las AFJP, lo tienen que decir, comunicarlo, obvio, pero no saben cómo editorializarlo. La minita de Telenoche de los jubilados que está en el tema desde hace mucho dice que le parece recontracopado que se estatice, por otro lado Tenembaum trata de criticarlo sin sustancia y Zloto lo calla al aire en vivo visiblemente ofuscado, Carnota se pone en TN filoso con el capo de un AFJP, defendiendo entrelíneas al sistema provisional de reparto, llega a decir que es un “sistema solidario”, hacen encuestas en los diarios y le dan bien al Gobierno, entonces la sacan, o la reformulan de manera más confusa. Hasta que llega Magnetto y les dice cuál es la posición del Grupo frente al tema, en qué temas Clarín tiene sus negociados, que conviene decir, y desde ahí se baja línea.

Pero ya es tarde, porque el tema está impuesto, los periodistas se juegan su propia credibilidad porque cambian de idea a los dos días. Todo porque el Gobierno metió por la ventana un tema que no tenían ni siquiera en los planes. Y además temas que, vale aclararlo, es muy difícil estar en desacuerdo, o encontrar un argumento sólido para oponerse. Caso Retenciones, antes del andamiaje desinformativo, caso Aerolíneas, caso AFJPs.

Cuando salga aprobado del Congreso este proyecto el tema será ver qué nuevo as bajo la manga se guarda el kirchnerismo claustrofóbico para volver locos a todos y mejorarle un poco la calidad de vida a la gente.

28.8.07

Noticias (vespetinas) del Poder

Ricardo Noblat,
El periodista bloguer brasileño pionero y exitoso habla sobre el periodismo digital:

Pros del blog
Gracias a Dios no existe el manual de estilo para hacer blogs. De modo que no estamos sujetos a las reglas de este tipo de manuales. (…)
Creo que los diarios hoy escriben para un público muy reducido y muy viejo. Yo creo que todos los lectores de diarios se están poniendo viejos, y cuando nace un bebé seguramente no va a ser un lector del diario (…)

Contras
Predomina cierto entendimiento entre los blogueros de que ellos disputan un mercado. Por eso todavía no hay una cooperación, no hay colaboración. Uno siempre está preocupado por anticipar la noticias que otro no tiene (…)
Es muy difícil que vos solito, o incluso con una pequeña estructura, puedas hacer grandes investigaciones, grandes descubrimientos. (…)
Ahora, yo creo que en términos de calidad jamás alcanzarán a la prensa escrita
(…)

Fernando Ruiz,
El académico, periodista, especialista en medios del interior y fundador de un audaz diario en Tucumán analiza la pertenencia del lector de diarios.

Recuerdo el estudio que hizo Fontevecchia para sacar el primer diario Perfil en el 98, y en el estudio decía que era más fácil cambiar de mujer que cambiar de diario. Y realmente no sé si le pasa a usted, pero uno suele clasificar a las personas de acuerdo a “esta persona debe leer Clarín; esta otra debe leer La Nación, esa persona debe leer Página” Es una cosa que está muy ligada a la identidad. (…)

Pienso que cuando uno tiene un diario de cabecera tiende a creer, o, por lo menos, sabe por dónde no creerle. Es decir, lo controla. El lector es capaz de controlar su diario. ¿Qué quiere decir? Sabe dónde le puede estar mintiendo. (…)

Enrique “Coty” Nosiglia
Operador político unioncivicoradical por antonomasia, oscuro como pozo de alquitrán –ya tiene mi IP-, nos cuenta cuándo los medios nos operan información (cortito pero sin desperdicio).

Me doy cuanta muy rápidamente cuándo hay operaciones [de prensa] y cuándo no. (…)

Cuando algunos hechos parecen desproporcionados y aparecen implicados algunos personajes… Veo que les adjudican determinadas capacidades para transformar la realidad a personajes que uno sabe que no tienen esa capacidad… Eso es información operada. (…)

Las citas son responden al libro Noticias del Poder: buenas y malas artes del periodismo político de Jorge Halperín editado este mes por Aguilar. Vale poco más de 40 pesos bien pagados.

27.8.07

Noticias del poder, Jorge Halperín

“Ante una sugerencia mía de que se hiciera una nota a productores rurales pobres para contar su rica experiencia de cooperativización –cuenta Jorge Halperín-, un antiguo productor del más instalado de los programas periodísticos semanales de la televisión me explicó que la presencia de pobres ante las cámaras suele afectar negativamente los índices de audiencia. No se trata de que la pantalla chica los ignore; los pobres tienen un papel muy definido en la caja boba: aparecen como protagonistas, testigos o víctimas de hechos criminales o de dramas, o exponen sus propios sufrimientos en los talk shows de la tarde.”

Este es un fragmento del libro Noticias del Poder: buenas y malas artes del periodismo político que se editó en estos días y que me estoy devorando con apetito. El libro de Halperín es el libro escrito para mí. Se trata de un serie de entrevistas a periodistas que dirigen secciones políticas en los principales diarios del país más otros renombrados personajes del periodismo local y académicos. Es sumamente interesante. Aborda muchos temas –voy por la mitad- sobre el uso de fuentes –los que proveen información- o cómo editorializan la coyuntura (cómo se paran para contar la realidad). Halperín hila los temas de una manera tan narrativa que es imposible dejarlo de lado, porque lo que sigue es más interesante que lo que terminás de leer. Para muestra, el botón de que hoy me quedé dormido por primera vez en el año y llegué tarde al trabajo. Después, sigue, hojas más adelante, sobre una serie de ejemplos que demuestra que los medios -manejados y dirigidos por y para la clase media- no ponen en agenda ciertos temas de la clase proletaria.

“Tres ejemplos a mano: las noticias relacionadas con los aborígenes –el grupo social más profundamente sumergido del país-: con los infectados por el mal de Chagas –que suman cerca de dos millones, la mayoría de ellos pobres rurales-, y con la contaminación del Riachuelo, el afluente del Río de la Plata que separa, en la zona Sur, la Capital de la provincia de Buenos Aires, y en cuya cuenca los pobres ocupan los lugares más expuestos, sólo aparecen en los medios de forma esporádica y nunca en las páginas principales”

Una de las cosas que más me sorprendió es el lugar de importancia que le da a Rodolfo Terragno en el periodismo, llegando a afirmar que fue el más importante analista de los años 70. Halperín articula con oficio y talento la tesis que busca imponer –su agenda- con entrevistas a los tipos más importantes de los medios gráficos que vienen a redondear la hipótesis que él esbozó –las fuentes-.

Rodolfo Terragno aparece como “fuente” en el marco del rol que el periodismo desempeñó en los años 70 durante la presidencia de Isabelita y más tarde la dictadura desde su mensuario Cuestionario. Y es muy interesante la peripecia que sufre el dirigente radical en el exilio por negarse a dejar de decir lo que pensaba. Da a entender que Terragno es un hombre de genio –diría Borges-. Y no puedo menos que creerlo cuando en el desarraigo funda un diario de la nada en Caracas. Un día Gabriel García Márquez lo llama desde Suecia diciéndole que acaba de ganar el Nóbel y que tiente tanta plata que quiere hacer un periódico en Colombia y que quiere que él lo dirija. “¿Por qué yo?”, dice que dijo Terragno. “Porque amo El diario de Caracas", respondió Gabo, que quería ponerle El Otro a su proyecto periodístico. Terragno lo pensó como un titulo de diario que hacía referencia a otro ya existente; García Márquez le dijo que no, que –extrañamente- era un homenaje a Borges, y agregó: “Borges tiene adjetivos definitivos. El alfil oblicuo y el rey postrero. ¡No se puede decir nada más!” Y no.

Pero Halperín pone punto y aparte y desafía con seguir su libro.

Más allá de la anécdota, en otro abordaje sobre cómo editorializar en un diario, José María Pasquini Durán, de Página/12, hace un análisis lúcido. Dice que hay dos maneras de abordar la realidad: desde el Palacio –que es desde donde la abordan casi todos los periodistas- o desde la Plaza –que es desde donde la aborda él -. Soliloquea largamente un muy interesante argumento que termina por definir a la oposición actual de manera tan definitiva como los adjetivos borgeanos. Dice que la oposición siempre fue una fuente de poder, era Palacio, otra campanada del poder, pero poder al fin.

Dice sobre la oposición: “¿Hoy dónde está la fuente válida? Si voy a ver a Elisa Carrió, me va a decir que éste es un régimen fascista, que las sociedad está fascistizada y a partir de ahí todo lo demás es teoría. Es la escuela de ciencias Hannah Arendt, pero no me sirve para la crónica de Palacio.”

Todavía me falta la mitad, prometo un análisis final, que quizás pueda ser mañana, por cómo vengo entrándole.

Me despido con dos humoradas ideológicas.

“Era tan terminante en sus ideas que cuando le cuestionaban su postura decía: No me gusta que me corran por centro.”

Otra.

A Lisa la persigue un becerro loco por toda la larga explanada de la casa de Burns. Llega a la puerta, la llama de manera desesperada. Monty entreabre la puerta.

Lisa: -¡Bestia Loca!
Burns: -¡Enana liberal*!

*Liberal en idioma democratarepublicano significa “zurdita”.