El Gobierno, los gobiernos, de los Kirchner tienen una virtud, que a veces se convierte en su talón de Aquiles, y a veces se convierte en una virtud, de vuelta. La política comunicacional. Vamos a adentrarnos en las cavernosas oscuridades de la mente ciclópea del matrimonio presidencial para extraer algunas constantes y algunas variables en su relación con la prensa cosmogoforme que nos informa y nos miente, y nos desinforma y nos alegra la vida, y nos la caga.
En el principio, cuando todo era oscuridad, Néstor K fue ungido por el poder massmediatico del Grupo Clarín mediante la instauración del pragmatismo electoral: el famoso Voto Útil, con el que Blanck, no sin talento discursivo, metió por la ventana en el ballottage al compañero Néstor. A ese empujoncito inicial le siguió una primavera kirchnerista mediática en la que el Grupo ayudó a consolidar el poder presidencial fuertemente. En esa primera etapa Néstor necesitaba llegar al 2007 con poder propio para fortalecer su liderazgo ya que para las mentes preclaras de los analistas políticos no tenía aún la suficiente legitimación real, ya que sólo había sacado un 23 por ciento electoral en 2003. El ballottage no se había podido hacer ya que Menem, like a rata, se bajó, impidiendo que la democracia funcione y unja a un presidente de real poder popular representativo por el voto sí postivo que se estimaba en 7 de cada 10 argentinos. Se quedó con 2 de cada 10 más el descuartizado 0,3, equivalente a una persona desde el esternón para arriba. Ah, las estadísticas.
Bueno, Néstor sabe gobernar y arregló con Clarín, le dio cositas, plata, publicidad, le puso a TN en el 11, le fusionó cablevisión y multicanal, le mintió con el triple play, poco antes de las presidenciales de 2009, para que no le tiren a matar. No sé metió con ninguno de los negocios enquistados que el Grupo informativo tiene desde tiempos ha, le regaló unos bonitos pendientes a Catalina Dlugi enchapados a la antigua, y mediante Alberto Fernández le dio primicias de toda laya para que Van der Kooy sea feliz y hable más crepuscularmente, más poéticamente, y menos de las roscas del poder, que tan bien hace, y que tan mal le hace al Gobierno.
Después Cristina gana y pasa lo del campo y el Grupo se le pone en contra decididamente. Clarín Miente, TN Desinforma, Morales Solá, Nelson Castro, Ernesto Tenembaun, todo lo que ustedes ya saben. Lo de Tenembaum y Zloto es interesante de ucronizar. Cuando aparecen los “Periodistas” en la grilla de TN, la idea del Grupo, supongo, no creo estar errado, era poner una pata progresista como una señal al Gobierno, quizás hasta pedido por el mismo Alberto Fernández, ya que también era (es) amigo de Blanck y Van der Kooy, quienes esa misma temporada desembarcaron en TN con Código Político. A los programas típicos y anquilosados del canal le sumaron “opinión de izquierda”, y “chismes del poder”. Todo se fue al tacho con la 125, Clarín decididamente se deshace de tibias voces disonantes y lo manda a Tenembaum a decir lo que todos dicen en el Grupo. En él es más notorio que en Bonelli, por poner un caso, aunque “la gente dice otra cosa”. Zloto siempre mantuvo una opinión más neutral, y en estos días se lo ve decididamente molesto con tener que hablar siempre mal de todo, como Nelson, Magdalena, Eliaschev o el propio Tenembaum. Tras la 125 sacan a Alberto Fernández de la mesa chica de las decisiones. Empieza el caniche’s style.
Volvamos a la política comunicacional. Los Kirchner creían que con el progresismo podían ganar en las ciudades capitales. Porque el progresismo venia ganando en las capitales. Pero en realidad los progresismos ganaban por ser oposición, no por ser progresistas. La clase media no tiene ideología, a lo sumo es mayormente gorila. Cuando Alberto desembarca en capital y hace un armado progre oficialista, gana por que Ibarra tenía muy buena imagen, porque los K eran una incógnita para los porteños aún y porque no levantaban las banderas del peronismo y abonaban a la transversalidad, a la concertación. Pero después perdieron todo en capital, y cada vez peor. Diría que nunca van a recuperarse en porteñilandia. Sabiendo los Kirchner que el escenario capitalino está perdido de por vida, se desinteresan por completo de la política comunicacional hacia las clases medias urbanas y se apoyan en el PJ tradicional, ahora definitivamente. Inclusive articula medidas provocativas hacia esos sectores bien pensantes más cercanas al adolescente jodón que al estadista preclaro. Néstor en persona va a la Plaza de Mayo a cantar la marchita, manda a D´Elía como vocero a favor de las retenciones, pone a Moreno a lidiar con los empresarios en la mesa chica, hace actos peronistas en el Congreso, habla de grupos de choque, bravuconea con TN y Clarín, hace una conferencia de prensa y se ríe de los periodistas en la cara, ningunea a la oposición. Y le deja a Cristina ese rol más de estadista, él se corre del poder presidencial y se convierte en un puntero bonaerense. Los medios empiezan a pedir que Cristina le diga a Néstor que se quede en la casa a regar las plantas porque le hace muy mal a ella la imagen de su marido, que es el político con mejor imagen positiva del país. Quizás la cosa más burda que se dijiera a lo largo de todo el conflicto con el campo. Piensan: las clases medias reaccionarias o bienpensantes ya las perdimos porque este, ahora, ya es un gobierno peronista clásico, por eso nos desentendemos de la comunicación, que es la herramienta para llegar a las clases medias con acceso a la comunicación. Creo que ese es el análisis.
Los pobres, el conurbano, el peronismo ortodoxo, algunos progresistas, el armado de los gobernadores en el interior del país, y una oposición desarticulada, por sus propios errores, y ninguneada, por el poder central, le dan al Gobierno una masa de votos reales con los que gana cualquier elección nacional legislativa, por más o menos puntos, eso está por verse. Después se verá cómo se llega al 2011. Eso es más o menos lo que piensa el Gobierno respecto a la política de medios. Mosca para mis medios amigos para que hagan sus diarios periféricos, plata a los grandes para que no chillen, y ninguneo a los periódicos periféricos opositores.
Una publicidad oficial difusa, “Yo, argentino”, y nada más.
Como porteño tengo algunos ruidos a la política comunicacional del gobierno, porque creo en la publicidad como un arma potente y efectiva, y creo que la desaprovechan. Creo que el Gobierno es mucho mejor que lo que deciden comunicar de su Gobierno. Creo que deberían ir a dar la pelea a los medios, mandar funcionarios a contestar a los programas periodísticos, contestarle a los dueños de los medios con solicitadas, tomar el toro de la comunicación oficial por las astas.
Pero también es cierto que ellos tienen otro modelo de comunicación menos artificial, les gusta más la acción que la consigna. Le gusta hablar con la gente en actos, sin periodistas, aunque los medios no los televisen y le descuarticen cualquier discurso genial de Crisitna en textuales sacadas de contexto, para generar polémica. Les gusta mostrarse activos, por todo el país, inaugurando cosas, cortando cintas, reforzando el modelo desarrollista, con un discurso sólido del rol del Estado.
Y, principalmente, con un elemento nuevo en la Argentina, que aún no ha sido analizado a fondo. El manejo de la agenda. Por primera vez en mucho tiempo un Gobierno es quién maneja la agenda periodística. En el periodo del conflicto del campo se le dio vuelta la tortilla. Pero antes y después de ese intervalo el Gobierno fue el que dijo de qué se hablaba, cómo, y por cuánto tiempo. Porque es un gobierno reformista, pero no reformista revolucionario, es un gobierno reformista de forma. Agarra un tema que genere rispidez, lo maneja en secreto, lo labura bien laburado para que tenga la menor cantidad de flancos débiles, lo llama a Zannini para que le dé un marco legal, y lo larga de un día para el otro. La oposición sale rápido a decir cualquier cosa porque los partidos actuales son fuerzas nuevas y compuestas por dirigentes de extracciones diferentes, que no tienen del todo claro qué posición tomar frente al tema como partido, y salen a decir cualquier cosa, hasta tomarse dos días, un tiempo prudencial, para juntarse y ver qué decir. Los medios, lo mismo. Eso se nota claramente. Sale el tema de las AFJP, lo tienen que decir, comunicarlo, obvio, pero no saben cómo editorializarlo. La minita de Telenoche de los jubilados que está en el tema desde hace mucho dice que le parece recontracopado que se estatice, por otro lado Tenembaum trata de criticarlo sin sustancia y Zloto lo calla al aire en vivo visiblemente ofuscado, Carnota se pone en TN filoso con el capo de un AFJP, defendiendo entrelíneas al sistema provisional de reparto, llega a decir que es un “sistema solidario”, hacen encuestas en los diarios y le dan bien al Gobierno, entonces la sacan, o la reformulan de manera más confusa. Hasta que llega Magnetto y les dice cuál es la posición del Grupo frente al tema, en qué temas Clarín tiene sus negociados, que conviene decir, y desde ahí se baja línea.
Pero ya es tarde, porque el tema está impuesto, los periodistas se juegan su propia credibilidad porque cambian de idea a los dos días. Todo porque el Gobierno metió por la ventana un tema que no tenían ni siquiera en los planes. Y además temas que, vale aclararlo, es muy difícil estar en desacuerdo, o encontrar un argumento sólido para oponerse. Caso Retenciones, antes del andamiaje desinformativo, caso Aerolíneas, caso AFJPs.
Cuando salga aprobado del Congreso este proyecto el tema será ver qué nuevo as bajo la manga se guarda el kirchnerismo claustrofóbico para volver locos a todos y mejorarle un poco la calidad de vida a la gente.