El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza. Arturo Jauretche
El senador por la minoría de la provincia de Jujuy es uno de esos funcionarios públicos que hacen una carrera entera guiados por lo que los medios dicen que la gente piensa. Se sabe que muchas veces los medios piensan lo mismo que la mayoría de las personas, que otras veces logran influir en la agenda del ciudadano de a pie y que muchas veces no piensan lo mismo, específicamente cuando el medio, o el grupo de medios, defiende solamente un negocio, su negocio, que, si no atenta directamente contra la gente, al menos, no la beneficia.
Cuando un político defiende los intereses de una empresa por encima de los intereses de la ciudadanía se puede decir que está personificando la peor imagen que un representante del pueblo puede dar. Y Gerardo Morales con vehemencia defiende esos grupos concentrados de la economía, no ya por estar en contra de una medida específica de un gobierno sino, pareciera, más bien por convicción.
Y el lugar que detenta en la conducción de la Unión Cívica Radical, por encima aún de Cleto Cobos u otros radicales que al menos ganaron una elección, nos habla de esa manera que Morales tiene de concebir la política: un poco de gorilismo, pactarlo todo con los que son del palo, no pactar nada con los que son oposición (de él) e ir siempre para donde sopla el viento, que es lo que Clarín anuncia en la portada.
El tipo si los medios dicen que hay que ir al diálogo convocado por Cristina, va. Y hasta dice que pudieron plantear temas positivos.
Pero más adelante, cuando el tiempo político se espesó y Clarín se calentó a full por la pérdida del millonario negocio del fútbol, Morales no concibió más al diálogo positivamente sino más bien como un engaño que pergeñó el gobierno para hacerlos perder tiempo, y rearmarse, y llamó a una conferencia de prensa para comunicarlo. El rol de víctima, que tan bien le sale para sumar horas de radio y tan poco le sirve para recolectar voluntades en las urnas.
De todo su pulcro currículum, lo vitae, hay que reconocerlo, fue su exitoso paso por la cartera de Desarrollo Social entre el 2000 y el 2001. Muchos sostienen que sin su compromiso para guiar esa secretaría tan sensible a los que menos tienen la crisis provocada por la Alianza hubiera resultado más dramática. Morales fue el dique de contención que precisó De la Rúa para poder terminar su mandato sin sobresaltos. Y vaya que cumplió, con creces, con su importante responsabilidad.
Las personalidades sobre las que hablo en esta sección me caen mal. Juan Carr, no. No voy a hablar mal de la persona. En todo caso, no me termina de gustar lo que encarna. En mi círculo, un minoría nihilista perjura que el titular de la Red Solidaria no puede ser tan bueno, que deber esconder algo, y otras teorías conspiranoias incomprobables. Por mi parte, creo que Juan Carr es un buen tipo, uno de los mejores tipos de este país me atrevería a agregar, y no sólo por lo que hace, sino también por el empeño con que lo hace, las palabras que escoge para comunicar sus ideas, y por su talante, componedor y campechano. En resumidas cuentas, le creo.
Pero sucede que en su persona se encarnan dos cuestiones en las que quizás no repara o, en el mejor de los casos, de las que cree aprovecharse. Pero cuando las Fundaciones de Empresas se juntan con su institución, Red Solidaria, para avalar tal o cual cruzada con fines nobilísimos lo que sucede en verdad es que se aprovechan de su trabajo, su bondad y sus intenciones, ya sea para desgravar impuestos o para lavar en público sus imágenes. Despejo equis: lo que Juan Carr aprovecha –y hace bien en aprovechar- es la difusión que las empresas le proporcionan a cambio de la obra de bien que Carr busca plasmar, cuanto antes, para resolverle el problema a una familia o una ciudad. Lo pone por encima incluso de su prestigio. Está bien, es un buen tipo. Pero acá viene la segunda moción, y para mí, la más importante.
En El atroz encanto de ser argentinos un aún sereno Marcos Aguinis repartía a diestra y diestra sobre casi todos los aspectos del ser nacional, y todo era malo, salvo el capítulo de las onegés. Las Ong’s eran, son, supongo, no habrá cambiado de idea, el Moisés del Pueblo Elegido que ayudará a cruzar el Destierro de la Mala Política hacia la Tierra Prometida del Libre Mercado.
Para la derecha, la existencia de una Sociedad Civil Organizada es una manera elegante de pasar, porque se preocupan de los problemas estructurales de un país sin tener que aguantar un Estado fuerte, políticas clientelistas o la conducción de corte populista, nos libre Dios.
La derecha es inteligente y sabe que una resolución de una Secretaría de Estado que se firma en un minuto y requiere sólo voluntad política y, a veces, valentía, representa alrededor de 4 años de trabajo de la mejor red solidaria posible, que es la Iglesia, o debería.
Últimos días de posteo diario de currículums, el lunes volveremos a la producción propia.
Mientras tanto, los dejo con Air Paluch, con su amor de surtidor -de combustible espitirual-.
Y mi amor es un arte mayor, mi amor, es mi prenda en encantada, es mi extensa morada (inusual metáfora sexual chabacana de Silvio), es mi espacio sin fin.
“No hay periodista más honesto e independiente en la Argentina que quien te habla”, espetó el periodista Aaron Paluch -Ari para los amigos y no tanto- a un oyente que se atrevió a poner en duda la ecuanimidad de su mirada política, antes y después de insultarlo de lo lindo. Aún puede escucharse en Internet el “entredicho”, es sorprendente la cantidad de furcios que comete en el medio. Corría 2005, un par de años antes de que al conductor de El Exprimidor se le hubiera ocurrido llenar el tanque de Combustible y salir a correr picadas por la ruta Espiritual.
El libro al que hago referencia, que ya supera las 150 mil copias vendidas, es el gran boom de autoayuda de los últimos años. Tiene por idea fuerza “cómo dejar de tener razón y empezar a tener paz”. No está mal, pero hay que practicarlo, no sólo enunciarlo, Ari. Si lo escuchamos por la radio no se lo termina de encontrar muy convencido de querer dejar de tener razón cuando se la pasa expresando que tal funcionario debería dejar de hacer esto o cuando dice que miente tal ministro “porque ya no le creo más”. A los que no se los nota en paz es a los oyentes, quienes, más que comentar, expectoran.
Ari conduce dos programas al día y desde principios de año reemplaza en Tendencia en TV a Jaime Bayly en una entrevista en la que Paluch busca ayudar al entrevistado a encontrar “ese equilibrio” que le permita llegar a un nirvana rapidito e higiénico.
Quien se jacta de desistir la búsqueda de la razón se autotitula en su blog “un periodista lúcido, ingenioso y comprometido” (¿wtf?).
La mencionada faceta espiritual, que lo llevo a ganarse el mote “El Chopra Argentino”, devino de un bloque, del mismo nombre, El Combustible Espiritual, dentro de su programa radial, que fue ganando espacio dentro de la verborrea vorágine del periodista gracias al suceso generado en la opinión pública.
Es más o menos así la dinámica, el ex conductor de Reality-Reality (¿o era Confianza Ciega 2.0?) te atosiga de malas noticias sin que tengas tiempo a asimilarlas, una tras otra, hasta que explotás. Cuando ya no das más, arrima el mencionado momento espiritual en el que te aconseja no hacerte problemas, repensar el malestar diario.
Nos acerca a lo espiritual, que es lo contrario a lo material, durante la media hora dedicada al tema, mientras en el medio te manda una tanda comercial como para que no te creas del todo que lo importante sea lo de adentro, y le compres el libro.
Una buena: la industria norteamericana del entretenimiento televisivo nunca hizo mucho pie en nuestro país. Debemos ser uno de los pocos lugares de América Latina donde la explotación cultural de Miami es periférica. Veamos: El Show de Cristina, Sábado Gigante de Don Francisco, Oppenheimer presenta, CNN en Español, el Loft de Repetto, ninguno tuvo gran éxito. Pero hay una excepción, como en todo, Jaime Bayly.
Cierta vez Canal 9 empezó a reproducir una serie de entrevistas que el Hombre del Flequillo Extraño hacia en Miami, las de los artistas argentinos, en especial. De a poquito se fue haciendo conocido, le dimos espacio en televisión con sus reportajes en Tendencia y se fue ganando un público más progre desde la Revista Veintitrés. Como un camaleón cultural la habilidad del tipo consiste en mimetizarse con la sociedad en la que desensilla: se garantiza así cierta permanencia.
A nosotros nos tocó un Bayly entrevistador irónico, falsamente servil, primo hermano del elogio desmedido. En Perú, por ejemplo, sigue siendo una especie de Fernando Peña con talento.
Bayly es hijo de la oligarquía peruana, muchos curas, militares y fantasmas de un comunismo imposible. Políticamente conservador, en su país revolucionó raramente la manera de hacer televisión con un mítico programa de entrevistas, que escandalizó a una audiencia que no estaba apta para tópicos como drogas y sexualidad. A la par, con envidiosa periodicidad, Jaime entregaba novelas con títulos ingeniosos y una prosa sencilla y atrapante, de esos que se leen solos, sin que te des cuenta. Ganó premios internacionales y es reconocido ya como uno de los mejores escritores de su generación.
Gelblung recuerda que una vez escuchó a Bayly inquiriendo al invitado “¿Tenés cucarachas en tu casa?” Ante la respuesta afirmativa, repreguntó “¿Cómo las matás?” Por eso me gusta, dijo Chiche, porque desarticula al entrevistado.
En Maimi, por su parte, es un el gusano más ingenioso. Gracias a la instantaneidad de la web descubrimos tarde –y mal- que Bayly en Estados Unidos degeneró su papel entrevistador en una especie de Conan O’Brien antipopulista. Así las cosas con la misma saña opina de Zelaya, Cristina o Chávez. Da un poco de bronca.
Un signo, antes escribía en la mejor revista de interés general de la Argentina, se fue porque no soportó una carta de lectores, ahora escribe en la revista dominical del ex pasquín de Lanata.
Voy a confesarles una teoría: si una persona se destaca en alguna disciplina pública con cierta notoriedad sin molestar a ningún poder establecido, tiene un Premio Konex. Si ganó uno de Brillantes, directamente es funcional a esos sectores de manera manifiesta. Suele no fallar. Casi todas las personas, hay excepciones, que abordé desde esta columna ganaron un Konex.
Con la cantidad, singularidad y excelencia que en materia de humoristas gráficos tiene la Argentina, que uno de los dos (2) ganadores del premio Konex de Platino sea Cristian Dzwonik, es, no sé, como demasiado. Todos los demás –salvo Quino- no lo ganaron. Todos. Se entrega cada 10 años. Es decir que para Juan Carlos Konex, Nik es mejor que Fontanarrosa, Caloi, Rep o Maitena, sólo por nombrar los más populares. No reviste el mayor análisis, reviste en todo caso platino, un metal de lo más extraño.
Me estoy entreteniendo en pavadas. Sigo. Nik es más prolífico que Maestro y Vainman (quienes también ganaron un Konex, créase o no). Publica tres tiras diarias –Política por Nik, el Gaturro ese y La Foto que Habla-. Pero además editorializa semanalmente en la revista de La Nación y en la Noticias. Si a esto le sumamos el chiste que viene con la factura de Telefónica estaríamos, para la OMS, ante un nivel de alerta 6: Pandemia de Nik.
Rep dijo alguna vez que en la historieta es más importante el dibujo que la palabra. Decía Rep que si se tapa el dibujo y leyendo los diálogos se entiende igual la idea a trasmitir, no sirve. Más que humorista gráfico sería un contador de chistes.
Desde lo conceptual no es malo el pobre Nik, tiene una habilidad natural para el dibujo y sus personajes no están mal. No por nada gusta tanto a los chicos (ah, ese público exigente). Gaturro es un suceso en la feria del libro sólo comparable a la Aparición con Vida de Jorge Bucay.
Referido a lo político, que vendría a ser su especialidad, su territorio es un sinfín de lugares comunes, mal radarizados: las mujeres son gritonas, los hombres tontos, los peronistas chorros, los radicales inútiles, los putos se la comen y los negros destiñen.
Nik es conocido en el mundillo de las artes gráficas por el odio que sus colegas le profesan. Existen sobradas muestras, documentadas además, de cierta predilección del susodicho por el homenaje no suscripto a humoristas contemporáneos. Sería algo así como Pierre Menard, autor de Garfield.
Hay muchas biografías de periodistas argentinos que me devoraría: la de Jacobo Timerman, la de Roberto Noble, la de Héctor Ricardo García. Una autobiografía de un periodista me costaría más porque a su valioso derrotero laboral debería sumarle una elegancia que justifique la cercanía de su mirada: en este caso no pasaría de Haroldo Conti, Rodolfo Walsh o Roberto Arlt. Me estiro hasta el Turco Asís.
Pero un autobiografía tuya, Pepe, la verdad, me parece una exageración. Tu mayo éxito laboral fue ser columnista de Badía & Cia. El tipo no se amedrentó ante mis sabios consejos y publicó Me lo tenía merecido. Nada menos interesante en este mundo.
José Eliaschev en su más tierna postadolescencia se desempeñó con éxito en la juventud peronista para, exilio mediante, no volver como un Bayer, o no volver como un Gelman, sino volver con la frente marchita, como parte de la restauración conservadora, al decir piadoso de Carta Abierta, que tanto disfrutará Pepe, de seguro.
Y qué decir de un tipo que intimó a un colega, Carlos Polimeni, cuando allá en los tiempos de la FM Supernova se le ocurrió bautizar a su programa mañanero “¿Y ahora qué pasa?”. Claro, se había olvidado —dónde tenías la cabeza, Carlos— que Pepe tenía un programa que se llamaba “Esto que pasa”. Es decir, nada que ver. Por lo que Pepe lo presionó a cambiar el nombre, que devino en el recordado (al menos, por mí) “¿y ahora qué…?”
No va que el programa de Pepe años después fue levantado por funcionarios del Gobierno kirchnerista, quienes en realidad no le renovaron el contrato en Nacional, lo que él juzgó censura a la prensa libre e independiente y que capituló en forma de libro bajo el nombre de “Lista Negra”, un sucinto de ventas, no censurado. A Nelson Castro le costó 5 minutos conseguir un espacio en Radio Mitre tras un episodio similar, por lo que no sería descabellado desprender la ausencia de Pepe en medios importantes a su poca onda.
Porque lo más lamentable de personas como Pepe —y de otros pepes que vimos e iremos viendo— no es todo lo enunciado hasta aquí sino su concepción descarnada de la argentinidad, que relata el sino fatal de vivir —¡si se le puede llamar vivir a esto!— en un país del tercer mundo en proceso de deterioro que cae en el vacío, siempre, para no tocar fondo, jamás, y seguir cayendo, y cayendo, al vacío.
La verdadera y desgraciada versión del capusottiano ¿hasta cuándo? fue Esto que Pasa.
La columna de hoy esta dedicada en el día de los dinosaurios universitarios al abogado Daniel Sabsay, y en su representación, a todos aquellos hombres de derecho que no sólo no reniegan del mote sino que se presentan a si mismos como “constitucionalistas”, cuando en el mejor de los casos son profesores de Derecho Constitucional y en el peor de los casos son meros actores políticos con micrófono abierto.
Hay una gran frase de Jauretche, otra, que dice: “El silogismo de Grondona está perfectamente construido, pero es simplemente un sofisma. Toda la habilidad consiste en partir de una premisa falsa cuya falsedad se disimula.” Desconozco como el inquisidor del medio pelo llegó a plasmar la metodología del Doctor Habano tan hábilmente años atrás, muchos años atrás, pero nos sirve para repensar la figura de Sabsay, que también puede ser Badeni. Cambiemos la palabra Grondona por Constitucionalista y sigamos.
Se parte de una premisa falsa, hábilmente constituida, que oculta el sofisma: no existe en derecho la especialización “constitucionalista”. El que se autoimpone ese título de grado en verdad se quiere apropiar de la Constitución, sépalo joven.
Aníbal Fernández, también abogado y ministro de Justicia [en ese momento], contó que Sabsay es un abogado constitucionalista tan solo porque una vez se tomó el tren desde Constitución.
Pero digamos la verdad: la constitución es una pero su lectura es múltiple: no existe una sola manera de abordarla. Existe quien la conoce más, quien la estudia más, existe quien la maneja de taquito, pero nadie bajo ningún punto de vista se la puede apropiar.
Preste atención y verá que siempre quien se jacta de ser la vertebración bípeda de la carta magna tiene estrechos vínculos radiales con la derecha comunicacional. Verá que se preocupa más por las candidaturas testimoniales que por la falta de salitas de primeros auxilios en Tucumán. Entenderá fatalmente que el constitucionalista se preocupa más por los wichis el día de las elecciones que durante los otros 727 días no cívicos que separan una legislativa de una presidencial.
Los constitucionalistas son impostores, como Blumberg o Telerman de sus licenciaturas y títulos de grado, sólo que en el caso de, por ejemplo, Sabsay, en vez de apropiarse tan solo de una especialidad se apropia de la Ley Primera. Nos quieren hacer creer que son los dueños de la verdad absoluta. Pero como diría Don Arturo: son simplemente un sofisma.
Continuando con el Plan Quinquenal de CM's, el Primer Actor, Enrique Pinti.
En 1998 fuimos con unos amigos a Cuba. Una noche, en La Habana, consultamos qué podíamos hacer. Estábamos en las afueras de la ciudad, parando en una casa de familia, en el Bronx, lejos del vallado turístico. Nos recomendaron difusamente un show en vivo. Quedaba en un edificio más parecido a una subsecretaría que a un teatro. Preguntando supimos que, sin exagerar, mil pisos para arriba, sin ascensores en dos islas a la redonda, había un café concert. O lo que acá llamaríamos así. Alguien bailó, alguien cantó y alguien dio un show humorístico que culminó con ese monólogo de Enrique Pinti, que dice “pasan estos, pasan los otros; quedan los artistas”.
No me cae mal Pinti, es un personaje difícil de asimilar, raro, pero me cae bien. Eso sí, le queda grande el rol de analista lúcido de la realidad. A lo sumo, interpreta mejor que nadie el sentido común de los lectores de Clarín, como una publicidad de Michetti o como cualquier charla en la cola de un banco. Quiero decir, Pinti no es un pensador. En su sucesión vocal, que no precisa la respiración, pude mechar quince lugares comunes con una gracia. O lo que causa gracia es la manera, y no lo que dice. Porque si uno desgrana su discurso, pide la desgrabación, y lo lee atentamente, no encontrará allí pensamientos preclaros ni ironías sutiles, sino una ristra de insultos livianos más un nihilismo alegre y resignado en partes iguales, todo hilvanado velozmente. Quien haya leído un artículo suyo lo confirmará. Lo que causa gracia no es lo que dice, es Pinti.
Ahí radica el carisma de Enrique, en que se ríe primero de si mismo, y al reírse de él más tarde se ríe de su clase, la media. Y después se ríe de los políticos que representan a esa clase media. La formula es esa. No se ríe desde afuera, se reconoce parte. Subraya sus propias miserias para después identificar las miserias de la sociedad a la que pertenece, pertenecemos. Y eso resulta, no hay duda: genera empatía en algunos y admiración en otros.
Luis Majul con una sonrisa impertérrita y una afirmación por cabeza puede recorrer la realidad nacional desde la mirada de Pinti, como si Pinti fuese Jauretche. El error es Majul. Pinti es mucho más sabio que su público, porque no se la cree.
Y mientras ese monólogo de Enrique no sólo perdure sino que trascienda las fronteras y se consustancie con una realidad tan distinta como la cubana, será un artista. Y quedará.
Dedicado a la comentarista anónimo de ayer a las 9.09 PM, que se comió 7 niapalos al hilo.
Resulta incomprensible cómo tantos ciudadanos están dispuestos a votar de diputado a un "completo desconocido". No desconocido él sino su pensamiento y pasado. Hablamos de Francisco de Narváez, el millonario que aparece de buenas a primeras como lo nuevo de la política, que venís a ser vos.
Y es extraño porque De Narváez más allá de su payasezco presente estudiado al dedillo no sólo es el tipo que tiene un canal de televisión o el magnate que terminaría siendo ministro de Desarrollo Social de la tercera presidencia de Menem. Además es un actor que intervino de manera directa en la vida de las personas y opinó sobre diversos temas.
Porque hay que decir que existe un coro periodístico benévolo para con el colombiano, al que se lo trata como un mecenas de romos punteros en el mejor de los casos. Por ejemplo, cuando el gobierno neuquino ordenó reprimir docentes y mató al maestro Carlos Fuentealba, el Colorado dijo que Sobisch “hizo lo que tenía que hacer como funcionario público”.
Está diciendo que va a reprimir la protesta social.
En un plenario en Harvard explicando su rol directivo en Casa Tía contó: “Despedí a todos, desde los cajeros hasta las secretarias de los gerentes. Fue una decisión difícil, que todavía me pesa. Es una tontería pensar en ella en términos de justicia. No hay justicia”.
Está diciendo que apoya el ajuste, la flexibilización laboral y que desprecia la justicia social.
Más inquietante es la manera en que los medios entresacan sus declaraciones, se hacen eco de la agenda que él busca reproducir, lo edulcorado y feliz que resulta su caricatura en ShowMatch, el desgano con que siguen sus posibles hechos de corrupción, desde la irregular adjudicación del predio de La Rural al sideral incremento de su patrimonio. Ni que hablar de las cosas que no sabemos porque no se investigan.
Hace poco en una entrevista en un canal de cable, apropósito de la cantidad de dinero que usa para su campaña, De Narváez deslizó que no estaba cometiendo un ilícito porque no era para difusión de un partido sino que era “una inversión a título personal”. Quien invierte en el mejor de los casos quiere recuperar lo que puso. Cuando no ganar.
La repregunta está en Hawai, pidió licencia con goce de sueldo hasta el 29.
Volviendo al comienzo, a la par de Michetti, De Narváez es uno de esos candidatos que esconden más de lo que dicen. Habrá que dilucidar lo que oculta.
Ricardo Roa inventó tiempo atrás el Olé, diario deportivo que gracias a los bajos costos –está hecho por pasantes- se convirtió en uno de los productos más rentables de Grupo y que le valió al bueno de Ricky su meteórico ascenso a editorialista de Clarín.
El equivalente audiovisual de la renta loca sin grandes costos es Volver, canal que se hace a pura lata, es decir, sin producción, y, lo que es peor, sin pagarles a los actores “el bolo” por sus apariciones en los diferentes productos que emiten.
El otro día estaba haciendo zapping y me colgué en Volver con un programa que veía cuando era chico, Chance, con el hijo de Rodolfo Bebán como protagonista y con Gius como autor (?). Cuántos recuerdos del viejo canal 9 de Romay, tipo que si le pagaba a los actores, y que los actores amaban, precisamente, porque daba trabajo, y mucho.
Me topé con este aviso institucional.
Más allá de los golpes bajísimos dirigidos a los viejos que miramos ese canal (yo lo miro por motivos exclusivamente antropológicos) lo que más me sorprendió es la caradurez, aunque ya no me debería sorprender nada más. A los actores no le pagan pero usan los nombres de los artistas como si gracias a Volver ellos tuviesen una renta. No, es al revés, lucran con sus imágenes, no pagan nada, y encima ahora se las dan de guardianes de la memoria colectiva.
Sin ir más lejos terminan el institucional con el gesto adusto, con la palabra confusa dirigida a los desinformados con el “no entiendo” (señora: sino entiende, infórmese), y la frase “no perdamos la memoria”, frase que en un canal de Ernestina Herrera de Noble suena temeraria.
Seguramente es el canal con menos producción propia de toda la grilla de programación. No tienen un solo programa propio, no tienen periodistas, no tienen editores, iluminadores, camarógrafos, actores, nada tienen. El locutor y un programador deben ser todo el personal de ese canal, que además se turnan para atender el teléfono. Esto es tan así que el único producto elaborado por Artear en este último tiempo debe ser precisamente este institucional con dos cámaras, un director y esa actriz que no entiende, y por no entender se pone a hacer pucheros en primerísimo primer plano, Films.
Canal que ni siquiera cambió su imagen de marca en los últimos 4 años, con los mismos separadores vistos hasta al hartazgo, con ese latiguillo que cada vez que lo veo me enerva, ese de “seguimos viendo tu programa favorito” y a continuación aparece “Del tomate”, que se lee todo junto, es decir, se lee “seguimos viendo tu programa favorito: Del tomate”, no, estoy viendo Del tomate porque no hay nada, no porque sea mi programa favorito, y además si después de Del tomate aparece otra cosa esa otra cosa no puede ser también mi programa favorito porque mi programa favorito es uno solo no son 5 programas, debería decir en todo caso “estás viendo uno de tus programas favoritos”, porque si miro el canal Volver desde las 14 hasta las 19 horas de repente veo 6 programas que son mi favorito y que por ende se anulan el uno al otro y eso me hace enojar por tomarme por estúpido y me hace exigir que sí, que por favor sea Volver el primer canal que el Grupo Clarín se saque de encima, porque, específicamente, no aguanto más esos separadores hechos por un oligofrénico.
Esto sin decir nada de que, en este momento histórico, ayer, volvieron a programar a las 13 horas “La Fiesta de Todos” para que volvamos a ver Macaya Márquez apoyando la dictadura militar. Son tan brutos que ni se dan cuenta que deberían dejar de pasar el opus castrense de Sergio Renán para preservar aunque más no sea lo poco de dignidad que le queda a uno de sus emblemas.
Para finalizar, no va a cerrar Volver, lo van a vender, y lo van a vender porque es el canal que menos les interesa, si tan preocupados están por “la memoria”, vendan los demás y quédense con Volver, para que podamos seguir viendo nuestro “canal favorito”.
Estoy atrasado con las entregas, así que para ponerme más o menos al día y que no queden tan viejos en la consideración de la amable blogoplatea, a partir de hoy y por dos semanas, queda inaugurado el primer plan quinquenal de currículums mortaes, con Esteban Bullrich.
Mauricio Macri en 2003 tenía un partido, Compromiso para el Cambio, lo recordarán, con el que perdió su primera aventura electoral. Ricardo López Murphy poseía otro, Recrear, con el que hizo un buen papel en las presidenciables de ese mismo año (16,37 por ciento), la del recordado ballotage, con la Rata huyendo por tirante. Para las legislativas de 2005 ya tenían un frente -la Propuesta Republicana (Pro)- inventado por un creativo publicitario. Con ese sello ganan. En 2003, Esteban Bullrich era candidato a legislador por Recrear.
La historia que recorre esta síntesis política de consensos y acuerdos programáticos requiere poner un poco de atención en el rol de este muchacho, hoy segundo candidato del Pro detrás de Gabriela Michetti. Bien parecido, con linaje de aristócrata, 3 hijos divinos e intachable conducta cívica.
En 2005, naturalmente, diría Macaya Márquez, la derecha se abroqueló y ganaron las legislativas a nivel porteño. El espacio se consolidaba; Macri ansiaba la jefatura y el Bulldog ser presidente. Pero dos años después los entonces socios ya no eran pares. Macri tenía las mejores expectativas en 2007 para lograr su objetivo mientras López Murphy caía y caía. Por todos los medios se lo intentó bajar pero el terco líder de la derecha honesta fue igual.
Es sabido, Macri le sacó el apoyo del Pro, le bajó el pulgar, y ganó en segunda vuelta con el 60,94 por ciento de los votos. López Murphy y su delfín Bullrich obtuvieron un dignísimo 1,43 por ciento a nivel nacional.
Esteban, la nueva cara de la derecha, se obligó a la difícil tarea de agarrar a Recrear por las astas en 2008: se llamó a una elección interna por el liderazgo, compitió con el mismo López Murphy, hizo fraude –según denuncias del propio Bulldog- y se quedó con el sello, para fundirlo y asociarlo al Pro. Lo que se dice una actitud proba para con su mentor político.
El joven, de 40 años, se desempeñó profesionalmente como director comercial de San Miguel SA, líderes en la producción de limones a nivel mundial. Después fundó la consultora Fruitful Thinking S.A especializada en exportación de productos frutícolas.
Los que conocen su posterior trabajo legislativo, sus acalorados debates, empeño y conocimiento parlamentario, sospechan que Bullrich continúa ligado a la actividad privada: nunca dejó de mandar fruta.
Hace unos días estoy buscando el afiche o el reclame, como le dicen los uruguayos a las publicidades, de la bebida gaseosa Doble Cola, no sé si la vieron: dos gemelos y el eslogan “disfrutá el doble”. Es lo menos. Pensaba poner la foto de los hermanitos bajo el título el fracaso del marketing. Tanto esto es así que en toda la web se menciona casi nada sobre la marca; nada, bah. Sólo la certeza que la fabrica y distribuye la empresa que hace Pritty limón, que dicen que es muy rica.
No puedo seguir dedicándole mi esfuerzo al rastreo inútil de la campaña publicitaria que además se toca mucho con Mi Preferida que es llegó refrescoRinde 2, pagás un litro y llevás dos, otro hallazgo de la industria alimenticia que se apoya en el supuesto desdén por la rima consonante, cuando en verdad es todo lo contrario, la búsqueda de la excelencia. Nolugareña la reformuló como llevas un Windows y te dan D.O.S.
¿Ustedes se preguntarán a cuento de qué viene todo esto? A cuento de nada, sería mi respuesta, pero quisiera agregar algo sobre la marca de fernet 1882.
En principio renegar de las cosas con nombre numérico, siempre a mano de la confusión de la dama y el entrevero del caballero. Al día de hoy no le pegué una sola vez al libro de George Orwell, nunca me acuerdo cómo se llama ese poema de Borges tan lindo que dice “un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar”, y así podríamos seguir con cosas con nombres de más de dígitos como el libro Fahrenheit Algo de Ray Bradbury.
Más allá de ese pequeño detalle que logra que al momento de pedir el fernet se nos ponga en blanco la mente hasta que de tanto titubear pidamos un Vittone, quería, sí, en cambio, hablar bien de su campaña de marketing.
De capitales cordobeses esta marca en clave numérica toma maneras de publicidad no tradicionales que son geniales. La más conocida por los porteños fue ese happening con mil y pico de Cocas Sarlis al lado de la flor de aluminio rara esa. Pero además, como bien dijera el che, el mejor de los nuestros, al decir del General, “hay que crear, uno, dos, mil [ochocientos ochenta y dos] Recaldes”, y qué mejor que ubicarlos en una sierra. Eso es foquismo, es política social focalizada, no es universal, son 1882.
También pusieron la misma cantidad de delfines y flotadores de pileta en artificial cerro. Son unos genios.
Leí por algún lado y me contó Gonina que organizan catas, tipo desafío Pepsi, sin publicidad, contra Branca, pero no para ganarle, sino para perfeccionar el fernet, para amoldarlo al gusto del argentino, para personalizarlo. Parece ser que siempre habría dos o tres catas en algún lado de la ciudad haciéndose. Les tiro una buena idea: organicen una cata entre Catarina Spinetta y Catalina Dlugi, con 941 gigantografías de una y otra.
También se pusieron al hombro una cruzada para incluir la palabra fernet en el diccionario, mediante misivas dirigidas a la Real Academia Española, y todo. Ya que está escribanlé a Microsoft para pedirle que el corrector del word no modifique fernet por Bernet.
Llenaron la Docta con fotos de 1882 animales poseídos, sin ninguna explicación más que la nada, perros y demás bichos con los enajenados ojos que las cámaras digitales le proyectan mediante sus flashes, Señor Juez, Luis, no más preguntas.
Me despido con las palabras que Fito Páez le expresara entre copas a Víctor Santa María en el lobby del Faena: “Preferiría andar borracho en el suterh".
Sólo otro emo peronista está nominado para los Premios Estímulo de Tea en la categoría blogs y sitios de internet, y es un alegrón, por una terna de motivos.
Porque soy ex alumno de Tea y le tengo un cariño grande a la institución, maravillosos 3 años pasé ahí.
Porque estoy nominado junto a Fabián, el Conu, mi amigo, que se lo merece, más que yo.
Porque está re bueno el reconocimiento.
Hace bastante tiempo atrás, junio de 2005, empecé con este blog más o menos como hoy se lo conoce (antes había tenido un fallido intento que data de septiembre de 2004). No imaginaba entonces los alcances que tiene esta herramienta. Las alegrías, amigos, trabajos, amores, redes, que me deparó fueron tan incontables como un abstracto sustantivo sajón.
Cierto es que también uno lo labura, bastante, le pone tiempo y ganas, sin un beneficio inmediato.
Obviamente ya estoy hecho con la nominación.
Los únicos que pueden votar son los alumnos y ex alumnos de Tea, así que si conocen a alguien, o usted mismo, señor, muchacha, lo es, y quiere votarme, o votar a cualquier otro candidato, me avisa a chupetometro@hotmail.com y le reenvío el mail.
Los nominados son, en mi categoría, por orden alfabético:
El día a día confundió en mi memoria cuándo fue, pero tengo claro que lo miraba con cariño desde antes de conocer su blog, rambletamble, desde antes de conocerlo.
Es un ser sarcástico e inteligente, eso lo saben todos, pero además es atento y muy generoso, y no sé si ese detalle, fundamental, es muy conocido.
Quienes pertenecemos a la blogósfera nac&op lo tenemos como un gurú, y se lo ganó no sólo por manejar información de primera mano si no también porque lee todo, linkea que da calambre y aporta una mirada propia y valiosa a fenómenos complejos.
Muchas veces llegan a este blog comentaristas que a cuento de nada lo enuncian con desagrado. Fiel a mi política de no moderar comentarios los dejo permanecer y transcurrir, que siempre quiere sugerir, la nada misma. Todos anónimos, minoritarios, testimoniales, nulos, siempre menores al 3 por ciento del padrón.
A lo mejor si él no estuviese ya muchos de nosotros no estaríamos tampoco, o no hubiéramos siquiera estado, tecleándole a la nada teoremas sin sentido.
Artemio es el hecho maldito del internet burgués.
Si no te convence con sus eh’s -el equivalente fónico de los pss’s-, te tira el acoplado encima, puñetazos a la mesa a repetición y carcajadas sin par.
Cierto halo de nihilismo que trasmite se traduce en "tienen que hacerlo ustedes".
Particularmente te quiero mucho Artemio López y te deseo un cumpleaños feliz.
Quería agradecerte José María Aguilar, con esta sentida misiva de despedida, por haber sido el tipo que supo convencernos de que el progresismo dirigencial en el fútbol nuestro era posible. Florida y docta verba, en partes iguales, que allá lejos, dos períodos presidenciales atrás, nos deslumbró. Oratoria que nos hizo ilusionar con un mundo mejor, e, incluso, envidiar, ay, de vuelta, a River Plate, por tener un dirigente a la altura de las ideologías, nosotros, con Mauricio Macri haciéndose patrón de la Casa Amarilla.
Quería agradecerte José María Aguilar porque supiste convencer a los socios futboleros más educados de este país de incluso lograr la reelección, a pesar de los ya entonces magros resultados deportivos, postergando 4 años más tu reinado. Es cierto, cada vez con menos exposición pública, pero, a cuentagotas, con declaraciones que argumentaban con capacidad y elocuencia las negativas de Francescoli a todo, los ídolos históricos jugando en San Lorenzo, la contratación de Paniagua, los barras empleados por el club que mataban hinchas, la enésima gambeta contractual de Ramón, los sobres a Recondo.
Quería agradecerte José María Aguilar porque supiste encarnar como nadie el ladriprogresismo de época, pero trasladado a la pelota. Quién hubiera dicho que eso pudiese ser posible en el club más aristocrático de este país, los Millonarios votando al más progre. Porque tras el orgullo del colegio propio, lograste que en los quinchos no se precise para el asado de ninguna chispa para encender el fuego, conseguiste que no existiera la necesidad de celebrar ninguna alegría para que vuelen los corchazos en fin de año. Por la llegada de tantas bandas internacionales, por el show de Jonas Brothers.
Quería agradecerte José María Aguilar especialmente por la política de compra venta de jugadores. Cuando joven miraba con odio y envidia insana las inferiores de tu club, que como continente recién descubierto ofrecía materia prima valiosa, pero barata y en cantidad. De 3 a 7 jugadores de nivel internacional por año, que se quedaban sus buenos campeonatos, ganándolos. Con qué alegría veía llegar centrales que no serían titulares en los Pumas de la UNAM: Paco Gerlo, Talamonti, Ameli, Nico Sánchez, Cabral.
Quería agradecerte José María Aguilar también por lograr cosas impensadas en mi remota infancia, que River pudiera perder de local con cualquiera, que no encuentre la pelota en 90 minutos, que los hinchas tuvieran de ídolo a un tipo, Fabbiani, que aún no había jugado un solo minuto con la casaca de la banda. ¡Que los más grandes hayan en un campeonato salido últimos, lejos! Pequeñas alegrías que sé no se repetirán nunca más y que agradezco haber presenciado, para poder contar en mi vejez a ocasionales e incrédulos jóvenes.
Quería agradecerte José María Aguilar por generar una política interna riverplatense con un nivel de rosca que reduce a los legisladores de la oposición del congreso nacional a la estatura de pichis, de aprendices. Tenés que ir a dirigir un posgrado sobre Conducción Política a la Universidad de San Andrés, grosso.
Por vender todos los mejores jugadores rápido, en paquete, y por dos pesos. Por haber logrado que los únicos pases que se triangularon con final feliz no hayan sido para manejar la pelota en el medio campo, sino para evadir impuestos. Por generar un River contrito, que puede fallar, humano. Eso iguala al fútbol, es la distribución de la grandeza; necios, los que lo niegan.
No voy a decir nada malo de José María Aguilar, porque -como dijo Alejandro Fabbri en alguna tribuna universitaria hace poco- en este blog no sé puede hablar mal del presidente de River, es un verdad tácita, que nos bajan desde arriba.
Por todo ello, estarás eternamente en mi recuerdo José María Aguilar, amigo.
El problema no es lo que dice Pino Solanas sino lo que calla. Se planta a la izquierda del kirchnerismo blandiendo los lauros de su carrera cinematográfica, sin armado, desde su inequívoca oposición al menemismo, acompañado de un grupo de intelectuales y economistas de izquierda, y se consagra como la opción progresista fetem fetem en capital, electorado testimonial si los hay. Y con eso le alcanza y le sobra para venir cosechando buenos resultados electorales. Pino, otro espécimen que prioriza comandar un sello partidario a ser parte de un movimiento, declama florido desde la banquina de la representación electoral. Eso vendría a ser el antiperonismo, entendiendo al antiperonismo no como un síntoma epidérmico eruptivo sino como el elegir perder a pretender ganar. Sus aliados se los puede contar con los dedos de una mano, de una mano simpson. No estoy en contra de su participación, no se malentienda, no interesa Solanas. Interesan sus votantes. Un voto a Solanas es un voto de las minorías citadinas imprácticas que prefieren votar con la conciencia que con la razón. Chequeemos sus silencios y sus compromisos: votó a favor, a través de Claudio Lozano, de los grupos concentrados de la economía en la noche de la 125; participa de todas las tribunas de los grandes medios sin decir palabra sobre la ley de servicios audiovisuales; no se lo ha escuchado nunca criticar con vehemencia al gobierno porteño. Curiosa ubicuidad parlamentaria distrital que dirige sus dardos al gobierno nacional en vez de a su competidor inmediato, prefiere sacarle votos al progresismo a marchar con los docentes: juega para la derecha. Otro ítem que demuestra este accionar es el tema la minería: el tipo, al estilo de las izquierdas europeas, plantea dejar de explotar los minerales desde una mirada medioambiental sin explicar qué tiene que hacer, por ejemplo, una provincia en extremo pobre como San Juan en caso de perder ese ingreso vital, así como tampoco se preocupa en desasnarnos sobre qué haría para emplear a los cientos de trabajadores mineros sanjuaninos que masivamente echaría a la calle. Porque no le interesa solucionar el tema, le interesa mostrarse crítico por izquierda. Y se sabe, en términos territoriales quien no construye es baldío.
Este currículum generó sus polémicas, siendo el único por ahora en motivar no uno sino tres mails de lectores que se vieron disgustados por diferentes partes del texto. Una de las cuales edité en este post.