Me atrevo a afirmar que la gente de TEA y demás escuelas de periodismo le deben a Lanata y a su selección nacional de periodistas de finales de los 90’s, gran parte de su ampliación edilicia y matricular. La crisis de representatividad que eclosionó en 2001 mató todas las instituciones, las corporaciones, menos la periodística. Al contrario, se puede decir que de alguna manera el periodismo capitalizó en esos años los vacios que dejaba la política, la justicia, la iglesia y demás estructuras, para sí. Del cuarto poder virtual pasó la corporación periodística a ser y considerarse el tercero o segundo poder, siempre virtual, claro. Y algunos miembros de la elite de esa corporación se creyeron ese poder como realidad. Pero la realidad tiene resortes que el periodismo no puede accionar si el que maneja los resortes no quiere.
Kirchnerismo.
Yo fui uno de los que se matricularon en una escuela de periodismo por aquellos convulsionados años. Culpa de Lanata, Caparrós, Tenembaum, Castelo, Paenza, Zloto, Sietecase, Verbitsky, Sivak. Quizás por eso mismo nos ensañamos como audiencia más con ellos que con el resto. El equipo de Día D era el recambio de la elite periodística. Desde el desparpajo, el honestismo y la verdad, reemplazarían tarde o temprano al statu quo que había legitimado todo lo que el poder económico necesitaba. No sabíamos entonces que esa nueva elite reemplazante era la contracara de la legitimación de una época. No quiero tampoco ser injusto, en mayor o menor medida los sigo escuchando a todos, y considero que tarde o temprano volverán cada uno de ellos a encontrar su espacio en los medios desde una mirada progresista real, porque son inteligentes y porque los necesitamos. Vale aclarar que Verbitsky y Paenza siempre entendieron todo y que Sietecase es dentro del concierto periodístico un voz disonante y valiosa. De Sivak desde hace un tiempo que no sé nada (tras el libro de Evo) pero tengo las mejores referencias también.
Conjuntamente con mi primer año de TEA se dio el primer año de Kirchner en el Gobierno. Recuerdo un ejercicio del profesor de Taller 1, Carlos Achával, consistente en escuchar en vivo la cadena nacional de Néstor Kirchner, que no sabíamos entonces de qué se trataba (nacía el estilo K) y que terminó siendo el anunció de los juicios a parte de la Corte Suprema menemista. Eso había que hacerlo en máquina de escribir: titulo, bajada, volanta, cabeza informativa en pirámide descendente. Las 5 W.
No entendí en su momento (y recién entendemos ahora) que el kirchnerismo entre otras cosas cambió la manera en que la prensa se debía dirigir a la sociedad si lo que se buscaba era cumplir con honores el rol de ejercer con responsabilidad La Comunicación Social. Dos años y medio después, ya fuera de TEA, el coro de diarios existentes y mi cabeza más cerca de un gobierno que de un grupo empresario dueño de medios, conllevaron a que decida no querer ser periodista: si esto es el periodismo, no quiero ser periodista.
Me hice un blog. La máxima nadie te obliga a ser periodista y si la obligación de tener que trabajar de comunicador te lleva a tener que decir cosas que no pensás por un sueldo, siempre está la posibilidad de vender medias en los colectivos o seguros puerta a puerta. Como estaba en un buen trabajo, preferí seguir ahí.
Toda esa elite de recambio de la que hablé antes desapareció de la TV. Muchos dijeron que eran perseguidos, que al poder no le convenía, que eran peligrosos, sarasa. Lo cierto es que no le interesaba a los dueños de los medios porque ya no era interesante para la audiencia un programa periodístico en prime time. Luis Majul se espectacularizó para vivir. Tenembaum y Zloto se fueron al cable, Paenza a Estados Unidos y el resto a la gráfica o a la radio.
No supieron, no quisieron o no pudieron entender que el periodismo ya no era lo que había sido y que sus exitosas formulas ahora no aplicaban. Cuando un gobierno hace cosas, muchas veces muy buenas, la sociedad cambia su mirada sobre las instituciones. Ya no es el enemigo el Congreso, el Presidente o el Ministro. Todo esto sin hablar de Clarín, que complejizó todo más, pero eso es otro tema.
El progresismo se dividió en dos y Página/12 supo capitalizar ese quiebre mejor que la nueva elite de la corporación periodística. El tiempo será más justo con José Natanson, Mario Wainfeld o Alfredo Zaiat, que con Alfredo Leuco, Susana Viau, Julio Blanck o Ernesto Tenembaum.
El fracaso de Crítica es más sencillo de explicar de lo que parece. Era un diario que no apuntaba a nadie. No tenía lectores posibles. Lanata pifió la mirada sobre la realidad, perdió la brújula del interés de su público.
No hacía falta Crítica.
Lo mismo que le pasó a muchos de sus pares antes nombrados, quienes se refugiaron en derrotas menos estruendosas o en grupos que los prohijaron y les dieron a cambio otro universo de audiencia: hoy le hablan a otros. Crítica Online tenía como lectores a un caterva de personas malhabladas, desinformadas, repitentes y discriminadoras que podían estar ahí o en Infobae o en Perfil, o en los tres portales a la vez.
Después vino todo lo que vino en Crítica, la venta a Mata y Figueiras y el desenlace al que asistimos hoy, con un destino aún incierto.
Ya viene siendo hora de una mirada para adentro de parte de ese periodismo, estamos a tiempo, antes de que la derecha desensille. Hay algunos que marcan el Sur: Víctor Hugo Morales, Juan Pablo Varsky, Reynaldo Sietecase. Es por ahí. Estudiar mucho, saber de verdad de economía, de política. No buscar el pelo en el huevo. Entender cuál es el enemigo de los trabajadores. Saber separar lo importante de lo accesorio. No prejuzgar. Tratar a todos con respeto. El periodismo progresista debe contribuir a que el país sea cada día mejor y no sólo a buscar vender más diarios o ganar puntos de rating.
Aprendan de la derecha que no se equivoca: los Grondona, los Morales Solá, los Ventura, los Pagni, no se dejan llevar por pasiones de época, apuntan, preparan y tiran. Y le dan.
Salvo que lo que quieran sea que vuelva la derecha para que su otrora periodismo exitoso tenga razón de ser.



