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24.6.11

visiones irreverentes de un libro complicado

Que los procesos políticos están integrados por personas y que no todas las personas son una unidad, es de sentido común. Incluso dentro del menemismo hubo funcionarios más valiosos que otros, de acuerdo al rol que desempeñaron y a la eficacia lograda en sus quehaceres circunstanciales.

En noviembre de 2007, el Escriba, convocó a los comentaristas de su blog a elegir el Mejor Ministro de la Democracia (léase, desde 1983 a ese lejano día quince del mes once). Los resultados -aún provisorios- a esa encuesta arrojaron (los resultados siempre arrojan) que Ginés González García fue el Mejor Ministro Argentino (quizás ayudado por el recuerdo entonces vívido de la mala gestión de Graciela Ocaña), seguido por Roberto Lavagna (Economía del tándem Duhalde-Kirchner) y por el canciller total Dante Caputto (yo voté a Jorge Taiana, y lo volvería a votar, pese a que nadie le importó en aquel momento ni les debería importar ahora). Sorprendió sí, el cuarto puesto: con meritorios 8 votos en esa acotada encuesta, Carlos Corach, efectivo único vocero del menemismo tardío, se metió en el fab four de los elegidos por la comunidad política web.

Este mes Sudamericana editó 18.885 días de política, visiones irreverentes de un país complicado, una tácita autobiografía de quien será recordado como el mejor defensor del proceso político más incómodo de analizar de la democracia reciente. Su prosa cuidada, su inteligencia especial y su mirada propia de los procesos, ayudan a repensar ese malestar en la cultura política popular que fue el menemismo. No interesa aclarar ahora que “resistimo’ en los noventa (…)”, porque, Natural, diría el General Perón, cualquier chico sensible estuvo en contra de ese proyecto político-económico que determinó un sobreendeudamiento de la Nación a los fines de crear una burbuja de calidad de vida irreal para un país subdesarrollado (Argentina) a costa de condenar a miles de ciudadanos a la pobreza o a la desesperanza, que no es lo mismo, pero es igual. Interesa, ya pasados esos años, revisar sobre qué verdades relativas se cimentó ese proceso, a todas luces masivo, que eclosionó, como la guerra continúa a la política, por otros medios, con la Alianza fallida.

Carlos Vladimiro, que niega la verdad citada al infinito de que su nombre homenajea la dupla Marx/Lenin, acierta en su análisis de la historia argentina reciente, su repaso de nuestro Siglo XX (acierta es un verbo falaz, quiero decir que hace una lectura similar a la que haría yo, para ser honesto). Y en lo que no simpatizamos, obtiene argumentos razonables, para rever posiciones, para pensar, convenciéndome, incluso. Repasa su experiencia militante primero en la UCR, en la UCRI, junto a Frondizi, después en las experiencias moderadas del peronismo, hasta la configuración de la renovación peronista que determinó el liderazgo del Menem gobernador caudillo pasado una vez elegido presidente por el tamiz estético del Consenso de Washington. En el medio analiza todo lo relevante a la política nacional: sindicatos, radicalismo pata pseudodemocrática legitimante de la proscripción justicialista, juventud peronista hija de clases medias gorilas, rol de la orgánica del PJ durante la dictadura, error de miras de esa misma orgánica ya en el 83. Y la defensa del menemismo.

Las peores consideraciones, a veces contemplativas, desde su caballerosidad ominosa, a veces lisas y llanas y temerarias lapidaciones, se las llevan: Illia, la clase media argentina, Chacho Álvarez y los medios de comunicación (preferentemente, los de izquierda). Las mejores, Frondizi, Alfonsín y Menem, y todo lo que sea política en tanto organización que vence al tiempo, la posibilidad del estadista. Resulta curioso como ningunea al Kirchnerismo (ya lo veremos). Su crítica a los medios, discusión que permitió el cristinismo, por otro lado, contiene iguales dosis de elegancia y demolición (en su caso, el adversario es su reverso, Página/12 y la progresía comunicacional, el honestismo). Levantando, claro que sí, la bandera de conferencista de prensa matinal, su marca registrada, pero sin dejar de señalar la incomprensión en general de los medios sobre el proceso menemista.

Hay hacia al final una serie de capítulos que dan en el blanco: discusiones a largo plazo no contempladas desde siempre por la dirigencia argentina, ni exigidas por la prensa, ni por la sociedad, y por supuesto, no desarrolladas tampoco en la década del noventa. El dilema del federalismo posible frente al federalismo utópico; el carácter argentino en tanto ser no patriótico desde su mismo nacimiento en 1810; la necesidad de una nueva universidad pública con una planificación desde el Estado, para encaminar los profesionales necesarios para el desarrollo del país; la reconfiguración de los gobiernos provinciales para el achicamiento del gasto público y el clientelismo, tema complejo si los hay; o la necesidad de una lectura de los procesos históricos lejanos, medidos sí por sus legados y no por sus errores; por citar sólo algunos ejemplos de tópicos posibles a debatir como sociedad que nos debemos.

Interesante es la lectura que hace sobre la supuesta inseguridad en la Argentina: su análisis es exactamente igual al del Gobierno de Cristina Fernández, probablemente porque sufrió los mismos embates sobreinformativos, especialmente la aliteración de la agenda policial de los medios audiovisuales. Su relato sólo se separa en la crítica a la expresión “sensación de inseguridad” debido a su reiterado uso, que tendría peso pedagógico aún, si no. Curioso contrasentido, la crítica a la “sensación” es pariente del tratamiento hacia la “inseguridad”: la reiteración del uso de la expresión se corresponde con una lógica de repitencia informativa. Se vuelve sobre un asalto en Balvanera a la vez que se retacea “dicen que es sólo una sen-sa-ción”.

Así como intenta vanamente justificar las peores políticas del proceso que lo tuvo como jefe de Gabinete también acierta en destacar aquellos legados positivos que la “pesada herencia” se encargó de relegar a un segundo plano. Es su rol, y está bien: durante el menemismo, es cierto, terminó de desaparecer el Partido Militar, se aprobó una buena Constitución Nacional, se anuló el servicio militar obligatorio, se estabilizó una economía hiperinflacionaria. No es sólida (en lo único del libro que no hace pie, justo es decirlo) su defensa: a los indultos (como jugada de ajedrez para debilitar las Fuerzas Armadas y porque en ningún país del mundo se revisa el pasado hasta el enjuiciamiento), a lo realizado frente a los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA (primero porque no hubo conclusiones para esgrimir y segundo porque el mismo aduce que fueron resultantes de los buques enviados al Golfo Pérsico, es decir, fueron ataques respuesta a la gestión errónea e innecesaria de Carlos Menem en política internacional), a la adhesión acrítica al Consenso de Washington (porque era la corriente hegemónica epocal e ineludible), y de la Corte Suprema (en vano, para qué intentarlo; Julio Nazareno, impresentable por donde se lo mire, sólo es nombrado como “un eficiente presidente de la Corte”). De todas maneras, son ejercicios de lógica que a más de una década se pueden leer con menos pasión y por tanto con una mirada más contemplativa.

Su casi nula apreciación del proceso kirchnerista se anota en el debe. Sus pocas menciones se deben a aproximaciones corporales anteriores al 2003 (llegó, se acercó, lo vi) y como críticas elípticas una vez Néstor Kirchner asumiera la presidencia. Un determinado autoritarismo, la incomprensión de los vientos económicos, un mal uso de los organismos de Derechos Humanos, la incapacidad para delegar poder y escuchar a la oposición. Todo esto sin contar los lugares comunes, lo bien que hicieron Chile, Uruguay, Brasil, rayano al eslogan, inexcusable para un político de su capacidad y experiencia. Sólo resalta como positivo el liderazgo Kirchner como articulador de la vuelta al partido del orden. La reflexión de estos años permanece en las vísperas de un ilusorio segundo tomo, el de sus “4.000 y pico de días de No Política”.

Hacia al final, reflexiona Corach, como si la historia su hubiera detenido en su último día como senador: “Nos enfrentamos al hecho de que los únicos jóvenes que participan activa y vocacionalmente de la política son los piqueteros, que cortan calles y puentes, encapuchados y armados con palos”. Una sentencia absolutamente falaz a la luz de la numerosa militancia que el kirchnerismo supo aglutinar, inédita en mucho tiempo en este país, de la que oportunamente el menemismo careció (habrá que preguntarse por qué) y que es sin dudas es uno de las enseñanzas más importantes que el actual proceso político legará el día de su salida: la inexorable necesidad de la participación política para cambiar la realidad.

Jorge Asís termina su crítica al libro de Carlos Corach con palabras a las que suscribo por los motivos opuestos: “Como se trata de un excelente conferencista –actividad cotidiana, en su vereda- Corach aquí clarifica brillantemente sobre los temas que prefiere tratar, mientras cubre, con el positivismo del silencio, los que prefiere omitir”.

23.3.10

La estructura de las 3 virtudes

Todo gobierno amado por una mayoría silenciosa debe contar de su lado con tres pilares: lo económico, lo político y lo cultural. Todo gobierno que pretenda perdurar en la memoria de la ciudadanía -o en el gobierno sin más- precisa tener, al menos, fuertes dos de estos pilares. En esto pensaba ayer y me lo creí sin ningún tipo de sustento filosófico. Capaz que existe y no lo sé. O capaz que estoy diciendo obviedades, o pavadas, pero me parece que cierra. A ver cómo lo cuento.


Teoría : La estructura de las 3 virtudes


1) La económica: un gobierno exitoso debe tener de su lado una economía virtuosa o estable.


2) La cultural (la simbólica): un gobierno exitoso debe tener una suma de significantes, que logren que, en gran parte, la población se deje conducir felizmente por ese líder, que confíe.


3) La política: un gobierno exitoso debe tener un presidente que sea una figura trascendente y logre aglutinar dirigentes para lograr sus objetivos.


Praxis


Raúl Alfonsín: El padre de Ricardo no pudo terminar su mandato porque le falló la columna más importante, la económica, que le hizo trastocar a los 2 años su fuerte, la política, con el cambio ideológico de Gabinete. Cambió sus banderas en medio del mar, fue pragmático cuando no debió serlo. Lo cultural siempre estuvo de su lado, y se vio agitado el año pasado: Alfonsín quedó en el corazón de la gente por dos o tres significantes reales: La Democracia, cierta creatividad (muy argentina) y la honestidad. Alfonsín fue un presidente que si hubiera sabido mantener lo económico estable hubiera quedado en la historia como uno de los mejores presidentes de la Argentina. No fue así, está claro: le falló lo económico.


Carlos Menem: una vez que logró poner en caja la hiperinflación con métodos ficticios pudo acumular por primera vez desde Perón los tres pilares en un gobierno: lo económico, lo político y lo cultural. Con otras herramientas que Alfonsín logró convertirse en un líder verdaderamente querido por la gente basando su éxito en lo económico, en esa irrealidad de la Argentina Potencia, fantasma que terminó fagocitándose su propio liderazgo. Aquí lo cultural hace su aparición más destacada: trascendió al líder que la encarnaba. A los argentinos, me sumo para no excluirme, hablo en primera persona del plural, nos gustó creer que éramos el primer mundo, porque siempre lo creímos y porque aún lo creemos, especialmente las capas medias. Esa concepción cultural atravesó la sociedad –"por fin lo somos", "siempre debimos serlo"- y persiste hasta la actualidad. El desmoronamiento en la sociedad de la figura amada de Menem no fue por su modelo imposible que eclosionó a la patria, fue por los hechos de corrupción, el chivo expiatorio (los medios jugaron fuerte en este corrimiento simbólico de lo accesorio como lo importante). De la década, lo cultural salió indemne. Y ahí tenemos el caso de la Alianza para demostrarlo.


Fernando de la Rúa: la Alianza como frente electoral gana las elecciones porque se vende como la columna política sólida a las otras dos columnas del menemismo que seguían en pie dentro de la estructura de las 3 virtudes. Se gana con la consigna: vamos a ser Menem pero no vamos a robar. Porque lo económico está perfecto. Eso dicen los rejuntados de la Alianza, que ni siquiera tienen una figura que pueda liderar lo político en esta nueva etapa vieja. El resultado es demoledor. Lo político no existía, lo económico estaba en ciernes de explotar, y lo cultural le era ajeno. Cavallo por lo simbólico regresó para apuntalar lo económico, pero era parte del problema y no la solución.


Intermezzo (y número vivo). No podemos analizar ni a Duhalde ni a Rodríguez Saá porque no fueron elegidos por la gente, así que la gente no pudo decidir entre ellos u otros. O sí, y perdieron. Es decir, no tenían ningún pilar, salvo Duhalde, que tenía el político, pero muleto por la irrepresentatividad. Terminó de sepultar lo económico de la peor manera, salió matándola definitivamente con la mayor transferencia de recursos de la historia de este país a favor de los que más tienen y paliando la masiva exclusión social tomando más deuda a organismos internacionales (el plan Jefas y Jefes). Doble golpe para los que menos tienen. ¡Piloto de tormentas! La buena noticia es que desde el sótano sólo se puede subir.


Néstor Kirchner: Néstor encausó lo político en poco tiempo y mejoró lo económico. No sólo lo mejoró, puso lo económico en el primer plano, y le dio a los argentinos el mayor período de virtuosismo económico de -como a ellos le gusta decir- nuestros 200 años de vida como país. Claro que, también es cierto, no es entendido así por la ciudadanía. Porque a Kirchner le falto el pilar de lo cultural. No supo el kirchnerismo armar un paraguas cultural propio lo suficientemente amplio para repeler viejos paradigmas, además, falsos, conteniendo los propios, nuevos y reales: “somos latinoamericanos, vamos a ver cómo salimos adelante, no estamos condenados al éxito”. El único de los tres pilares que no murió en estas eras geológicas políticas recientes, es el cultural, que se arrastra desde el menemismo. En el 2001 muere definitivamente lo político del 1 a 1, a la vez que moría lo económico, por su peso. Pero no hubo un relato en ese momento que explicara que lo cultural también debía morir, o sí lo hubo, y nadie quiso escucharlo. Amplios sectores de la clase media y de las clases bajas aún siguen enamoradas de esa idea imposible de una Argentina potencia porque sí, lo que no está mal como objetivo de larguísimo plazo, el error es concebirlo sin esfuerzo y desde una irrealidad económica.


Cristina Kirchner. Continúa con los dos pilares de Néstor, lo económico y lo político, aunque este segundo pilar se ve resquebrajado fuertemente por los medios de comunicación, por sectores importantes de la economía que salen a la palestra a disputarle poder, y por su condición de mujer, y de “mujer de”. Este último año recuperó algo lo político y logró aumentar mínimamente lo cultural, pero ninguna de esas dos patas está firme, a pesar de tener firme la más importante, la económica.


Esa es la gran curiosidad, para mí, de esta coyuntura: No se le puede vender algo a quien no quiere comprarlo. O se está vendiendo mal o el tipo no lo quiere comprar. Yo me inclino por la segunda opción. No hay formar de vender lo que no se quiere comprar.


Lo ideal sería inventar una cultura kirchnerista que logre convocar sectores más amplios de la población: actualmente tenemos convencidos tres de cada 10 argentinos.


Lamentablemente no alcanza con las buenas intenciones y las políticas virtuosas.


Por otro lado, la oposición no tiene nada: ni lo político ni lo cultural. Sólo heredarían lo económico, para deglutírselo.

18.3.10

"Magnetto es a Noble lo que Menem a Perón"

Recalé en una nota imperdible del periodista Armando Vidal, quien trabajó en Clarín muchos años y vivió desde adentro los cambios ideológicos del medio otrora desarrollista.

Dice Armando:
Magnetto es a Noble lo que Menem a Perón.

Siguiendo esta lógica demoledora de pensamiento, esbozo 5 nuevas comparaciones.

Magnetto es a Noble lo que Leo Rodríguez a Maradona.

Magnetto es a Noble lo que Fernando Iglesias a Beatriz Sarlo.

Magnetto es a Noble lo que Gerardo Morales a Raúl Alfonsín.

Magnetto es a Noble lo que Julio Nazareno a Eugenio Zaffaroni.

Magnetto es a Noble lo que Patsy a Xuxa.


¿podrían colaborar?

8.3.10

Estrategias para que los cañones apunten al gobernador Kirchner

Desaires: colocado en la vereda enfrentada al oficialismo, el primer mandatario de Santa Cruz está en la mira presidencial para restarle aire en 1999.

Domingo 13 de octubre de 1996 | Publicado en edición impresa (La Nación)

Al senador santacruceño (mandato cumplido) Pedro Molina, quien supo ser jefe del bloque justicialista de la Cámara alta y secretario del vicepresidente Carlos Ruckauf, se le ha encomendado una nueva y curiosa tarea: desempeñarse como titular de la Comisión Nacional de Apoyo al Desarrollo de la Región Patagónica.

Como no podía ser de otra manera, fue puesto en funciones por el presidente Carlos Menem, quien ha decidido que Molina ascienda, desde el bajo perfil hasta la notoriedad, con un objetivo preciso y único establecido por el propio primer mandatario. Consiste en apuntar todos los cañones contra el gobernador santacruceño, Néstor Kirchner, y de paso contra su esposa, la senadora Cristina Fernández.

No es nuevo el fastidio que siente Menem por las actitudes de Kirchner, siempre en la vereda de enfrente, al punto de desairarlo hasta en eventos protocolares, como su ausencia en todos los actos en los que debía participar con motivo de la visita que efectuó el presidente de Chile, Eduardo Frei, hace algunos meses.

Amargo
Tampoco es nuevo que, en la intimidad, el mandatario se haya quejado amargamente por las actitudes del santacruceño. Pero lo que sí es una novedad es la estrategia diseñada para restarle aire para 1999, si es que Kirchner pretende ser candidato a presidente.

Fuentes seguras admitieron a La Nación que el mandatario está preocupado por evitar que la dupla Kirchner-Kirchner termine generando en el seno del justicialismo un polo "no menemista" para 1999.

También es un punto de preocupación que éstos puedan acceder a una alianza interna dispuesta a hacerle sombra a Eduardo Duhalde o a la fórmula que avale Menem, a quien se le admite la posibilidad de ser el gran elector.

Pedro Molina, otro integrante de esta entidad que buscará hacer obras en el ámbito patagónico y llevar de viaje a Menem sin necesidad de compartir escenario con Kirchner, estará acompañado por otro santacruceño.

Se trata del actual interventor del Correo Argentino y ex gobernador de esa provincia, Arturo Puricelli.

Puricelli, que se ha autodefinido como "un menemista de alma", será el compañero de ruta de Molina, quien, de tener éxito en la tarea encomendada, podría convertirse en el candidato más cotizado para suceder a Kirchner en su provincia en 1999.

Mejor imagen
Ante la imposibilidad de que el actual gobernador de Santa Cruz pueda alcanzar un nuevo mandato provincial, avizora Menem, es que se pretende fortalecer la imagen combativa de su esposa en el Senado, para convertirla en su sucesora en la provincia.

El Presidente, en cambio, piensa cómo desbaratar esos sueños e instalar en el confín patagónico a un hombre de su propio riñón.

María Elena Polack

Link

19.2.10

Malvinas: "La filosofía del todo o nada siempre termina en nada para el más débil"

"Es muy probable que Argentina tenga todo el derecho a tomar las medidas policiales ya anunciadas sobre barcos y aviones de y hacia las islas, pero todos sabemos que ello no afectará demasiado al evidente proyecto británico: autonomía política y autosuficiencia económica de las islas. En la discusión política no entramos, y del control coordinado de los recursos nos fuimos voluntariamente al denunciar los acuerdos. En las islas deben estar celebrando."
¿Quién lo dijo? Columna de opinión de Andrés Cisneros, ex Vicecanciller, pubicada en Clarín, hoy, no aclaran de quién fue vicecanciller, de Menem, de Guido di Tella, relaciones carnales.

Su política de Estado para con las islas malvinas fue mandarle postales y ositos Winnie Pooh a los kelpers.
Quien leyó esto también se interesó por:
- En un colchón de Kuitca aparecen las islas Malvinas en inglés

24.7.09

La paja del trigo

Los medios de comunicación de clase media -y la gente que los lee- está enojada con Berlusconi, no tanto por su xenofobia, machismo o fascismo, sino porque se coge minas jóvenes y lindas.


El triunfo de la forma sobre el fondo en el Caso Berlusconi se hace muy palpable.


Porque se le da un centimetraje mucho menor a sus bravuconadas sobre el color de piel de Obama, a su política migratoria, a su concepción del estado-empresa, a su tratamiento ambiguo sobre los derechos humanos, a sus comentarios sobre el rol del Estado en relación a las víctimas de un desastre climático, por poner casos que me vienen a la memoria.


No, lo que convulsiona es que el tipo sea un adicto al sexo.


Si lo que preocupa es eso lo podemos abordar desde dos miradas.


Desde una concepción de Familia o desde lo que una Sociedad opina de eso. No la nuestra, la italiana -oh, la autodeterminación-. Si la mujer no se divorcia (Familia) y los italianos están encantados de tener un Presidente Latin Lover (Sociedad), qué hacemos.


La Moral no entra en juego porque no es un valor universal.


Digo, porque el tipo no está cometiendo un delito al participar de orgiásticas veladas. Se podrá decir que eso no corresponde a un funcionario público, pero quién dice qué es lo que corresponde a un funcionario público. ¿El editorialista de un diario? ¿La señora que va a misa de 11?


Dejemos que lo diga la gente con su voto mayoritario.


Los italianos no están muy preocupados por esto, en todo caso podríamos decir que están orgullosos, para concluir que gran parte de esa Europa no tan desarrollada, a juzgar por la performance de Italia en las últimas elecciones parlamentarias de la Comunidad Europea, ve en Berlusconi un tipo carismático.


En una sociedad como la norteamericana le valdría el puesto o la imagen positiva, en otros países quizás, lo mismo. En la Argentina, por ejemplo, no era un valor que la ciudadanía le exigía a Menem y en Italia es bien visto. Punto.


La Ferrari de Menem molestaba a los lectores de página/12, no al amante del TC 2000.


Es más interesante que Berlusconi sea putañero que corrupto, lo reconozco, pero no es ilegal ser putañero.


Pero si las minas quieren pasar por eso, el problema no existe. Analicemos en todo caso si trata mal a las minas, si las presiona, si se aprovecha de su poder, si las humilla, si instiga periodistas.


Lo tiró, no sé.

22.7.09

Chicos, chicos: ¡Llegaron Los Pericos!



Pancurulo (aka) Profesor Punk

Si, es Fanego.
El elenco es un Dream Team (?):

Jorge Porcel
Mario Sánchez
Beatriz Salomón
Adolfo García Grau
Daniel Fanego
Silvia Pérez
Pablo Codevila
Julio De Grazia (haciendo de Mojarrita)
Marisa y Victoria Carreras
Pablo Novak
Fernando Lúpiz
Marcelo Taibo
Diego Antonio Caccia Torres (sí, él!)
Mariana Caccia (hermana del anterior)
Marisa Andino
Juan Ignacio Machado
y...
LOS PERICOS !

Fuente: louzelig

¡Gracias!

11.6.09

no hay que matarlos a todos porque ahora soy uno de ellos


En este último tiempo me está pasando que cuando voy a escribir algo se me ocurre que ya lo dije, o ya lo escribí, y por eso no lo digo. No es que me moleste repetir las cosas, aunque un poco sí. Lo que me pasa es que no tengo esa veta docente que es necesaria para mantener un blog de doctrina. No soy de los que quieren convencer todo el tiempo a todo el mundo. Me parece bien que esté Margarita Stolbizer o Ricardo López Murphy o Néstor Pitrola o Vilma Ripoll. Porque son hombres y mujeres que piensan de una manera y los estimo coherentes, honestos con sus ideas. Más allá de lo que representen sus ideas para el país. Porque este es un régimen democrático y es mejor, a mi entender, que las representaciones políticas las encabecen personas desde la honestidad que desde, cómo decirlo, la ambiciosidad uninominal aglutinante.

Prefiero mil veces a Margarita que a Carrió, a López Murphy que a Macri, a Pitrola que a Bonasso, a Vilma que a “La Piba”. Hasta les tengo un poco de cariño, aunque me lo critiquen, porque me parecen líderes respetables, porque nunca vendieron otra cosa, son la derecha, la izquierda, el trotskismo o el radicalismo -que profesaron los abuelos-. Pero principalmente porque me parece que es darle más herramientas a la idea de mala reputación de la política, que intentamos defender. Esa idea que instala la derecha (¡hasta la derecha política!): la política como la suma de todos los males que convirtieron a este vergel que es la argentina en un país subdesarrollado, porque son todos chorros, son todos narcos.

No, no todos, algunos, otros no, otros son políticos que defienden su interés y gana plata, es su trabajo, un trabajo importante, que debe ser bien remunerado, pero no son todos chorros. Y es más antiético para mí un tipo que hace campaña con la educación y le recorta el sueldo de los docentes que un sindicalista que tiene un auto mejor que la media de los trabajadores. Es más antiético un dirigente que edificó su liderazgo por izquierda y la terminó por derecha tan solo porque se veía menguado su poderío en lo coyuntural mediato. O como el cineasta que creyó ver en el peronismo un movimiento revolucionario debido a sus propias fallas analíticas y que termina eligiendo a la Sociedad Rural y los medios concentrados de la economía porque la dirigencia actual es módicamente reformista, sin contar que ser medianamente reformista es mucho para una sociedad en extremo conservadora como la nuestra, y equivocando otra vez el análisis 40 años después, como si no hubiera aprendido nada.

Por ello la reciente postulación del cantante de Las Manos de Filippi, Hernán “Cabra” de Vega, a un cargo como diputado de la ciudad no me hace ruido. En cambio celebro su decisión, porque es preferible mil veces que se la juegue por su ideología a que se queje de la corrupción policial desde una suite presidencial de hotel cinco estrellas.

Pero en realidad, y esto es lo que no sé si ya dije, y que en todo caso va de vuelta, es lo que creo importante: el discurso antitodo de El Cabra hoy no hace pie en las necesidades o urgencias de la ciudadanía.

La mejor demostración de que el kirchnerismo no es la continuidad de menemismo radica en que en el menemismo la prédica de El Cabra en su Sr. Cobranza hizo pata ancha y unos aún lúmpenes Bersuit la tomaban, su prédica, la cantaban junto a las Madres, conmovía a un 82 por ciento vital y movil de la masa adolescente, convocaba al productor estrella Gustavo Santaolalla, a mis amigos, a mí, era corte de difusión y posteriormente prohibida por el Comfer –es que se pueden decir muchas cosas malas de Menem pero nunca hubo tanta libertad de expresión en nuestro país como en su presidencia-. Al final la canción se consagraría como el himno apócrifo de una juventud desesperanzada en ese modelo que eclosionó en Estado de Sitio con muertos en todo el país.

Cuando me piden una razón para votar al kirchnerismo, contestaría reformulando Sr. Cobranza, hoy ni Norma Pla tendría que matar a Amado Boudou, ni habría que cocinar a la madre y a los hijos –si es que tiene- de Roberto Lavagna, por ejemplo, ni habría que bajarle los dientes a su amigo el ex presidente, si el único posible traficante es el principal candidato de la oposición, ¿y el sistema qué?, el sistema incluye a los representados por Norma Pla y le dio trabajo a 4 millones de sus hijos y nietos, y no es una figurita la que está de presidente, porque recuperaron el rol ejecutivo, si te agarran con un gramo después que te lo pusieron el ministro de Justicia le dice a los policías que no lleven presos a los perejiles, y el dedito en Jujuy no tiene entidad, porque las protestas callejeras han disminuido notablemente, y las que hay no son reprimidas, y el perro Santillán hoy no sé sabe dónde está, ni hay otros perritos que meten sus dedos en el culo del sistema, y no te persiguen si sos puto, menos si sos pobre, ni si fumás, y no hay tantos hijos de puta ni el congreso, menos en la rosada y menos que menos en todos los ministerios.

Pero principalmente no se escuchan tiros. Y el poder se puede perder, claro, pero en las urnas. Tanto es así que El Cabra lo entiende y tiene que ser parte del sistema burgués capitalista democrático para aspirar a ser legislador de la ciudad.

Gracias al kirchnerismo, la barricada volvió a ser el dos por ciento del electorado.

3.2.09

no sienten algo de vergüenza víctor hugo, magdalena, escribano, fontevecchia, lanata, nelson castro, morales solá

El 2 de mayo de 1991 se realizó un almuerzo entre el ex presidente Carlos Menem, la dueña de Clarín Ernestina Herrera de Noble, Eduardo Bauzá y el empleado de Clarín (hoy llamado CEO) Héctor Magnetto. Fue precisamente la señora Ernestina quien le pidió a Menem "que se calle Kelly”. Menem respondió: "Que se calle Liliana". Ambos sonrieron y luego de los postres, Magnetto y Bauzá arreglaron la "letra chica" y el mecanismo de la censura.

Guillermo Patricio Kelly había anunciado esa misma mañana en su programa radial que “esta noche contaré en mi programa de Canal 7 de dónde provienen los hijos de las ‘señoras nobles’”. Se refería a los hijos de Ernestina, de quienes aún se sospecha que son hijos de desaparecidos, causa por la cual la señora ya estuvo presa.

(…)

Ahora mismo se me ocurre preguntarle a los "colegas" y compañeros: ¿No sienten algo de vergüenza en que tenga que ser el hermano de Liliana quien cuente y recuerde este episodio siniestro para la historia de todo el periodismo argentino?

(…)

Actualmente Liliana conduce su programa "Cuidando el aire", de lunes a viernes de 16 a 18 horas por AM 740 Radio Cooperativa.

Dante López Foresi

Gracias a Walter

5.6.07

menemismo

Leí esta semana un librito que sacó Página/12 con una serie de artículos de Osvaldo Soriano, que se publicaban en la contratapa del diario bajo el nombre Llamada Internacional.

La sección se trataba de conversaciones entre un periodista argentino que firmaba notas a pedido del editor de política internacional del diario francés Créase o no. Eran conversaciones tatoboresianas que limitaban el absurdo: el argentino trataba de venderle una nota al francés y el francés no entendía cómo podían sucedernos tales cosas.

A partir de la lectura fui anotando las cositas que nos dejó el menemato para retener en la memoria cómo bajo la mentira insostenible de la Convertibilidad se vendió al país, se cedieron derechos y se dilapidó la calidad institucional de la República sin que todo importase demasiado, claro, mientras la clase media pudiera tener capacidad de comprar en dólares y de viajar como ciudadanos de primera por el mundo.

Relaciones Exteriores

  • Relaciones Carnales.
  • Ositos de peluche para kelpers.
  • Tropas enviadas al Golfo Pérsico.
  • Venta de armas a Ecuador.
  • Venta de armas a Croacia.

Calidad institucional

  • Fraude electoral en Corrientes mediante la compra de un elector en 1.2 millones de dólares para definir la elección del Gobernador de la provincia.
  • Diputado trucho para aprobar la ley privatización del gas; se llamaba Juan Kenan y tenía 72 años.
  • El secretario de Medios de Comunicación -y Vocero Presidencial- Raúl Burzaco le quitó la pauta oficial a Página/12 por haber difundido el caso de la leche podrida.
  • Privatización de las instituciones encargadas de controlar la seguridad de los aeropuertos.
  • Swiftgate: el asesor presidencial Emir Yoma pidió "una contribución económica" para activar un expediente de la empresa norteamericana Swift.
  • Indultos.
  • Ampliación de la Corte Suprema.
  • Menem le dijo que Saadi “el próximo presidente vas a ser vos” unos meses después del crimen de María Soledad Morales, pergeñado por los hijos del poder.

Seguridad y Defensa

  • Privatización del espacio aéreo.
  • Atentado en la Embajada de Israel.
  • Atentado en la Amia.
  • Las narcovalijas voladoras Samsonite de Amira Yoma con dólares del narcotráfico; nadie las controlaba porque Amira tenía pasaporte diplomático, ¿Cómo se llamaba el aduanero? Ibrahim Al Ibrahim, ¿lo qué?
  • Busto de Videla en la Casa Rosada.
  • Amenazas a Miguel Ángel Solá y Hernán López Echagüe por hablar o investigar sobre el poder.
  • Explosión de Río Cuarto.
  • Incendios tremenbusosos en Bariloche y María Julia y sus hits: el tapado de piel y el Riachuelo limpio en 1.000 días.

Economía y Producción

  • Convertibilidad
  • A pesar de las privatizaciones, cortes de luz, gas y problemas para conseguir líneas fijas.
  • Flexibilización de las condiciones de empleo.
  • Cierre de grandes industrias, cuyo buque insignia se llamó Somisa, por lo que representó.
  • Desocupación récord.
  • Niveles de pobreza inmorales.
  • Niveles de desnutrición infantil indignos.
  • Consolidación del poder de grandes empresarios mafiosos: Yabrán.

Obra pública

  • Yaciretá
  • Inundaciones en Carhué.

Salud y Educuación

  • El leche podrida destinada a hospitales de Miguel Ángel Vicco, secretario privado del Presidente, y de Carlos Spadone, dueño de la empresa.
  • Cólera.

Curiosidades

  • Mariano Grondona propuso legalizar la cruz esvástica
  • El cardenal Quarracino pidió personería jurídica para los cornudos.
  • La avispa.
  • La pista de Anillaco.
  • Niños ricos con tristeza.
  • Naves partiendo de Córdoba hacia la estratosfera y de ahí a Japón, todo en minutos.
  • Menemtruchos.

Si se acuerdan de alguna otra cosa, motochorreenlá.