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23.5.12

#queremospreguntar


No hice ninguna

¿Perdón?

No hice

¿No hizo?

No

¿No hace o no hizo?

No hice todavía.

No hizo. ¿Va a hacer?

No sé

No lo sabe

No

30.3.11

Contrapunto Lanata / Tiempo

Apropósito del apoyo de Lanata a Clarín y su tapa blanca, recordé este Scribd de Mansilla: una vieja discusión (?) entre George (#) y la comisión interna del viejo Tiempo Argentino. ¡Qué lo disfruten(!).

13.5.10

el fin del periodismo

Casi a la par que nacía Crítica de la Argentina, Esteban Schmidt empezaba a dibujar un texto perfecto, que publicaba por entregas en bonk y que departía acerca del fin del periodismo. Hoy que el diario no ya de Lanata está convaleciente sus palabras cobran dimensiones proféticas. No está demás releerlo, o editarlo. Hoy, con el diario tomado por sus trabajadores, las ratas huyendo por tirante y su continuidad en cieguemos, me parece atinado volver sobre la figura descomunal de Jorge Lanata.

Me atrevo a afirmar que la gente de TEA y demás escuelas de periodismo le deben a Lanata y a su selección nacional de periodistas de finales de los 90’s, gran parte de su ampliación edilicia y matricular. La crisis de representatividad que eclosionó en 2001 mató todas las instituciones, las corporaciones, menos la periodística. Al contrario, se puede decir que de alguna manera el periodismo capitalizó en esos años los vacios que dejaba la política, la justicia, la iglesia y demás estructuras, para sí. Del cuarto poder virtual pasó la corporación periodística a ser y considerarse el tercero o segundo poder, siempre virtual, claro. Y algunos miembros de la elite de esa corporación se creyeron ese poder como realidad. Pero la realidad tiene resortes que el periodismo no puede accionar si el que maneja los resortes no quiere.

Kirchnerismo.

Yo fui uno de los que se matricularon en una escuela de periodismo por aquellos convulsionados años. Culpa de Lanata, Caparrós, Tenembaum, Castelo, Paenza, Zloto, Sietecase, Verbitsky, Sivak. Quizás por eso mismo nos ensañamos como audiencia más con ellos que con el resto. El equipo de Día D era el recambio de la elite periodística. Desde el desparpajo, el honestismo y la verdad, reemplazarían tarde o temprano al statu quo que había legitimado todo lo que el poder económico necesitaba. No sabíamos entonces que esa nueva elite reemplazante era la contracara de la legitimación de una época. No quiero tampoco ser injusto, en mayor o menor medida los sigo escuchando a todos, y considero que tarde o temprano volverán cada uno de ellos a encontrar su espacio en los medios desde una mirada progresista real, porque son inteligentes y porque los necesitamos. Vale aclarar que Verbitsky y Paenza siempre entendieron todo y que Sietecase es dentro del concierto periodístico un voz disonante y valiosa. De Sivak desde hace un tiempo que no sé nada (tras el libro de Evo) pero tengo las mejores referencias también.

Conjuntamente con mi primer año de TEA se dio el primer año de Kirchner en el Gobierno. Recuerdo un ejercicio del profesor de Taller 1, Carlos Achával, consistente en escuchar en vivo la cadena nacional de Néstor Kirchner, que no sabíamos entonces de qué se trataba (nacía el estilo K) y que terminó siendo el anunció de los juicios a parte de la Corte Suprema menemista. Eso había que hacerlo en máquina de escribir: titulo, bajada, volanta, cabeza informativa en pirámide descendente. Las 5 W.

No entendí en su momento (y recién entendemos ahora) que el kirchnerismo entre otras cosas cambió la manera en que la prensa se debía dirigir a la sociedad si lo que se buscaba era cumplir con honores el rol de ejercer con responsabilidad La Comunicación Social. Dos años y medio después, ya fuera de TEA, el coro de diarios existentes y mi cabeza más cerca de un gobierno que de un grupo empresario dueño de medios, conllevaron a que decida no querer ser periodista: si esto es el periodismo, no quiero ser periodista.

Me hice un blog. La máxima nadie te obliga a ser periodista y si la obligación de tener que trabajar de comunicador te lleva a tener que decir cosas que no pensás por un sueldo, siempre está la posibilidad de vender medias en los colectivos o seguros puerta a puerta. Como estaba en un buen trabajo, preferí seguir ahí.

Toda esa elite de recambio de la que hablé antes desapareció de la TV. Muchos dijeron que eran perseguidos, que al poder no le convenía, que eran peligrosos, sarasa. Lo cierto es que no le interesaba a los dueños de los medios porque ya no era interesante para la audiencia un programa periodístico en prime time. Luis Majul se espectacularizó para vivir. Tenembaum y Zloto se fueron al cable, Paenza a Estados Unidos y el resto a la gráfica o a la radio.

No supieron, no quisieron o no pudieron entender que el periodismo ya no era lo que había sido y que sus exitosas formulas ahora no aplicaban. Cuando un gobierno hace cosas, muchas veces muy buenas, la sociedad cambia su mirada sobre las instituciones. Ya no es el enemigo el Congreso, el Presidente o el Ministro. Todo esto sin hablar de Clarín, que complejizó todo más, pero eso es otro tema.

El progresismo se dividió en dos y Página/12 supo capitalizar ese quiebre mejor que la nueva elite de la corporación periodística. El tiempo será más justo con José Natanson, Mario Wainfeld o Alfredo Zaiat, que con Alfredo Leuco, Susana Viau, Julio Blanck o Ernesto Tenembaum.

El fracaso de Crítica es más sencillo de explicar de lo que parece. Era un diario que no apuntaba a nadie. No tenía lectores posibles. Lanata pifió la mirada sobre la realidad, perdió la brújula del interés de su público.

No hacía falta Crítica.

Lo mismo que le pasó a muchos de sus pares antes nombrados, quienes se refugiaron en derrotas menos estruendosas o en grupos que los prohijaron y les dieron a cambio otro universo de audiencia: hoy le hablan a otros. Crítica Online tenía como lectores a un caterva de personas malhabladas, desinformadas, repitentes y discriminadoras que podían estar ahí o en Infobae o en Perfil, o en los tres portales a la vez.


Después vino todo lo que vino en Crítica, la venta a Mata y Figueiras y el desenlace al que asistimos hoy, con un destino aún incierto.

Ya viene siendo hora de una mirada para adentro de parte de ese periodismo, estamos a tiempo, antes de que la derecha desensille. Hay algunos que marcan el Sur: Víctor Hugo Morales, Juan Pablo Varsky, Reynaldo Sietecase. Es por ahí. Estudiar mucho, saber de verdad de economía, de política. No buscar el pelo en el huevo. Entender cuál es el enemigo de los trabajadores. Saber separar lo importante de lo accesorio. No prejuzgar. Tratar a todos con respeto. El periodismo progresista debe contribuir a que el país sea cada día mejor y no sólo a buscar vender más diarios o ganar puntos de rating.

Aprendan de la derecha que no se equivoca: los Grondona, los Morales Solá, los Ventura, los Pagni, no se dejan llevar por pasiones de época, apuntan, preparan y tiran. Y le dan.

Salvo que lo que quieran sea que vuelva la derecha para que su otrora periodismo exitoso tenga razón de ser.

7.5.10

lanata y su postura crítica

"El reclamo de la gente hoy en Crítica son 300 pesos. Yo te pregunto: vos por 300 pesos, ¿podés no salir?", Jorge Lanata, en comunicación con Matías Martín por FM Metro, imperdible, en Blog de Contenidos.


Mientras tanto, los chicos de Crítica dicen que hoy
viernes 7 de mayo, a partir de las 14.30, frente a la puerta del diario Crítica de la Argentina, Maipú 271, realizaremos un acto por la defensa de los casi 200 puestos de trabajo existentes en el matutino.

8.10.09

Lanata se zarpa


Ya sé que hablé ayer de Jorge Lanata, pero esta entrevista es increíble.


Estoy a favor de la mitad de las cosas que dice y en contra de la otra mitad… ¡porque se contradice en una misma entrevista 4 veces!


No es que hice un trabajo de archivo para dejarlo en evidencia, el tipo dice durante el reportaje cuatro cosas que anulan cuatro cosas que había dicho minutos antes. Apoya la ley con sus ribetes, más acá o más allá, eso no me importa. Si quiere, que no apoye la ley, a esta altura su adhesión no suma nada. Porque lo que queda demostrado es que es un invento, un tipo carismático que no tiene solvencia argumental, una persona que por hablar de manera liviana cree que es un genio, y muchos le creen.


La nota sale en la revista Debate y es republicada por Sietecase.


Vamos directamente a las contradicciones. Empieza Lanata diciendo:

Para mí la ley es un tema importante, a lo mejor no coincido tanto con la oportunidad de tratarlo en este momento ni con la urgencia.

Más tarde dice:

Es cierto que, en su mayoría, los tipos que dicen que ahora no es el momento para debatirla tienen intereses directos en los medios, se ven afectados.

Es menor el dilema, si se quiere, pero sigamos. Después comenta:

También me parece que se tendría que haber registrado el tema de la publicidad oficial. Nelson Castro lo dice y coincido: no tendría que existir la pauta oficial. Que el Gobierno comunique sus actos como pueda, que mande gacetillas, no sé.

Más allá de la pavada monumental de querer silenciar al gobierno, apoyada en la supuesta sabiduría de Nelson Castro, después estima que se comunicó mal el tema de la ley, veamos:

Pero si yo hubiera sido el Gobierno [Dios no lo permita], al momento de lanzar la ley, hubiera tratado de armar un aparato de difusión para salir a defenderla, cosa que el Gobierno hoy no tiene [remember: comunicando sus actos como pueda, que manden gacetillas, no sé] (…) O sea, habría que pensar cómo comunicar esto, cuestión que el Gobierno nunca pensó.

Dejemos de lado este contrasentido estéril y vayamos por la tercera disfuncionalidad discursiva:

Este Gobierno le da a la prensa un rol de importancia que creo que es exagerada, no somos tan importantes. En esto se equivocan, me parece.

Menos mal que no lo asevera, dice que es lo que parece a él, porque acto seguido reconoce con creces de qué manera los medios de comunicación inventan un escenario en el receptor desinformado, leamos:

La gente no tiene ni la más puta idea de qué se trata la ley, no hubo una campaña de esclarecimiento de la ley a nivel popular. Esto se demuestra en el hecho de que sólo algunos sectores de la clase media urbana y progresista estén a favor de la ley y todos los demás estén en contra. No saben de qué se trata. La gente percibe que éste es un problema de libertad de prensa y éste no es un problema de libertad de prensa.

Es decir que Lanata, más allá de si tiene o no tiene razón, reconoce que lo que subraya el Grupo Clarín, que es un tema de “libertad de prensa”, se hizo sentido común en sectores de la sociedad no tan interiorizados de las verdadera intenciones de la ley, lo que significa que sí, que el rol de la prensa tiene una importancia que el gobierno acierta a dimensionarla en su justa medida.


Vayamos a las últimas afirmaciones contrapuestas. La periodista, Cecilia Escudero, le pregunta qué opina sobre el hecho de que los medios titulen el tratamiento del tema como “ley de control de medios K” o “ley mordaza”, a lo que Lanata responde:

Me parece perfecto que se titule así. Porque es una manera de titular, eso es ejercer la libertad de prensa. Opinás que la ley es una porquería, está bien. Me parece mal que el Gobierno putee por eso, porque el Gobierno no está para opinar sobre los medios, el Gobierno está para gobernar.

Oca, lo podemos discutir, pero si estás tan de acuerdo con eso, ¿por qué antes habías criticado el tratamiento de la publicidad de TN, la que dice que podrían desaparecer, con estas palabras?

La publicidad es patética. La palabra desaparecer no es una palabra neutral en este país. (…) Entonces, que Clarín use, ahora, esa palabra, sobre si alguien o algo puede desaparecer, en defensa de su negocio me parece patético. Por lo menos, callate la boca. Porque además esto es mentira.

Estoy de acuerdo con su último esbozo de opinión, lo que queda claro es que no tiene idea Lanata de lo que habla. Divaga que el gobierno no puede decir cómo se debe titular pero acto seguido sentencia como Clarín no debe titular. Es decir, cualquiera

Por favor, no defiendas la ley, Sanata, que cualquier periodista agudo del multimedio, que los hay, más que vos, te puede usar como bandera para perjudicar el tratamiento de la ley.

7.10.09

periodistas, la era del fuego


Bergman también convocó a la participación ciudadana por un medio digital interactivo, en el que consignó las direcciones electrónicas de cada senador. De este modo ofreció una alternativa privada a la página estatal del Senado, desde la que también es posible escribirle a cada senador. No quedó claro si por una sobrecarga de ideologismo o porque ignoraba la existencia de Senado.gov.ar.
Horacio Verbitsky
Acerca del odio
La semana pasada fui entrevistado por la revista Noticias. Cuando me preguntaron por mi relación con Jorge Lanata sugerí que buscaran el reportaje de esa misma revista del 22 de febrero de 2003 a José Luis Manzano, quien dijo que se oponía a que yo siguiera trabajando en su canal. Pese a la carta de intención que habíamos firmado con Lanata para la continuidad en el programa, recién al ver la primera edición, en marzo, comprobé que Manzano cumple. Los periodistas querían que les contara esa historia. Me negué y les expliqué que Lanata no era mi enemigo, que el villano de esta historia es el empresario que hizo la acumulación primitiva con el robo para la corona. Titularon la nota “La razón secreta del odio”, todo lo contrario de mi opinión. Es una idea del periodismo que no comparto. [Teléfono Fontevecchia.]
Horacio Verbitsky
Verbitsky medía mal en Día D y decidimos echarlo, lo que pasa es que no supe cómo decírselo porque tiene ese ego, que se cree un genio. Pero la verdad es que no lo eché porque me lo pidió Manzano, a Verbitsky lo eché por aburrido.
Jorge Lanata dijo esto, ayer, palabras más, palabras menos.
Aclaraciones y otro tema: lo primero es una genialidad de Verbitsky, lo segundo es un mensaje que le mandó al director de Perfil, y lo tercero es una "denuncia" que Lanata hizo en el programa de Leuco, Le doy mi palabra, que da Canal 26 después de su programa.

Ayer se dio una especie de pase en vivo que duró como 30 minutos y que Lanata aprovechó para ventilar cosas, tarde, y mal, como dice la derecha. Entre otras cosas dijo esto de Verbitsky, que lo echó por aburrido, y también contó que estuvo un año yendo una vez por semana a ver a Magnetto para coordinar una salida ordenada de Página/12, sumando más confusión a las versiones sobre los verdaderos dueños del diario paraoficialista. Dijo también que se avergüenza de ver lo que hicieron con su diario.

Es interesante rescatar una verdad a medias y una verdad completa. La completa es que si él hizo ese pase y no miente, Página/12 es de Clarín. Ya está. Ahora la pregunta es, Lanata, qué tipo de periodista comprometido sos que hacés un pase de dueños de tu diario, vendiéndolo a clarín, cobrando buena guita para hacer la transición, y callando. Qué moral tenés ahora para hacerte el distraído cuando lo callaste por más de 15 años. Ahora te das cuenta que Magnetto es Magnetto y no cuando compartías tertulias semanales. La anécdota también te deja mal parado a vos.

Lo otro, la verdad a medias, Lanata sufre el mal de los mensajes rotos. Cuenta una historia completa, se la olvida, después la cuenta por la mitad, y parece que se la cree. Es mitómano. Cuando se da su salida de América, así como él echó a Verbitsky por aburrido, quizás Manzano lo echó a Lanata por muy divertido. Fuera de joda. Cuenta la historia así, ahora: lo echan, pide explicaciones en la casa rosada, lo reciben de la presidencia y le dicen que ellos no tuvieron nada que ver, pero la sospecha quedó en el aire. Pero se olvida, Lanata, que apenas sucedió eso contó la historia completa, y que esa historia invalida su actual victimización. La historia que contó ese año, creo que 2002, es así: lo echan de América, se reune con Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete, se suma por unos segunos Kirchner, Alberto le dice que no tienen nada que ver con eso, que son más papistas que el papa los empresarios dueños del canal, y para demostrárselo le daban un espacio en Canal 7 para que haga su mismo programa, sin restricciones. El declina y agradece (o agradece y declina) porque dice que nunca trabajaría para un medio del Estado porque el Estado tiene mejores cosas que hacer con su plata que dársela a él. Lógica que suena bien y que hasta podemos compartir, siempre y cuando, a su vez, decline (y agradezca) tomar pautas estatales en los medios privados en los que trabaja o funda o funde. Pero eso creo que no pasa, porque ahí sí recibe la plata sin preocuparse por los destinos mejores para la dispensación de los erarios públicos.

Bueno, chau, saludos a Fanny, hoy pensé en ella, dije, a Fanny le va a gustar.


31.3.09

no nos mean y nos dicen que nos mean

Lo de Lanata, hablemos crueldades, se malinterpretó desde el arranque. Desde el principio de los tiempos, desde que supimos de él. Sabemos que hubo más, pero pocas cosas fueron más emblemáticas que haber pintado un diario de amarillo hace quince años y llamarlo Amarillo/12. Eso, de alguna manera, fue condenar a Página/12 como interlocutor para los asuntos importantes de la Argentina, que quedarían reservados, en el campo de los medios y, por todos los años siguientes y, quien sabe para toda la vida que aun le quede a los diarios de papel, en las manos de Clarín y La Nación. Por meternos con el día consagratorio de la creatividad de Lanata. Pero fue una pavada. Un chiste que no se había hecho nunca, eso sí. El viejo truco de profanar lo sagrado. Que para hacer una revolución, fenómeno. Para hacer quilombo, fenómeno. Pero como máquina, como sistema, no produjo nada y lo banalizó todo.

Esteban Schmidt (Schmidt y el fin del periodismo), Primer borrador, primera parte.

Sep 2, 2008


Qué error imperdonable es citar largamente a alguien que escribe mejor que vos. Podés prologar con una frase corta y buscar empatarle. Pero nunca un fragmento. El fragmento te tira abajo.

Natanael Amenábar.


El periodismo y la banalidad, pensaba en eso, y recordé este primer texto de la saga ‘peguémosle a lanata’ que se publicó después del changüí propio del contrato temporal que le dio Esteban al diario Crítica: tres meses. Estuvo bueno, fue divertido, nadie lo había hecho de esa manera, y lo agradecemos. Pero no coincido en este fundamento. No está del todo equivocado pero tampoco dijo toda la verdad. Hay quienes ven las cosas y se detienen en la mitad llena y hay quienes, como Laclau, observan el significante y lo encuentran vacío. Y Esteban es de los que miran casi todo con desconfianza. Y desde allá edifica una obra muy importante, pero no deja de ser pesimista, y es más lindo mirar las cosas con alegría, aunque no nos salgan buenos textos. De Página/12 quería hablar y de Lanata y de otras cosas.


Lanata busca el golpe de efecto permanente y puede asestar golpes o, si el contrincante saber moverse, desgastarse, tirando trompadas al aire que justifican el partido pero que precisan demasiadas energías, necesarias cuando el partido es largo. Se puede suplir sólo informando con la verdad y dejando el tiempo correr.


Pero Lanata no tiene ideología, como Carrió o como Tenembaum. Entonces, cada uno en lo suyo, miran el mundo desde el cinismo, la predicción o el sentido común. Malas decisiones, porque tienen su importancia para la sociedad, aunque parezca mentira.


Entonces Lanata va y funda un diario, una revista o un portal web y lo único que busca es estar en el candelero, no le importa la calidad del golpe sino pegar. Cuando finalmente desiste de dar esa pelea quienes lo secundan logran mejorar sus productos. Los periodistas que se quedan, agarran el prestigio –cada vez más dudoso- de Lanata y le suman objetividad y honestidad y logran un producto para menos público pero más encausado para un sector de la sociedad. El famoso nicho. Pasó con Página/12, con Veintitrés y seguramente pase con Crítica en unos meses, cuando finalmente cambie de dueños.


Porque la información, la realidad contada, puede tomarse con humor, y es hasta necesario y loable que así sea, pero no desde el cinismo permanente. Perfil es tan o más opositor que Crítica sin necesidad de recurrir a la ridiculización manifiesta. La Nación viene marcando doctrina desde hace más de un siglo desde la solemnidad total. Clarín cuando necesita golpear gana por knockout porque cuando no necesitó pegar hizo un excelente juego de piernas.


Crítica no puede voltear un gobierno porque todos los días lo intenta, el día que tiene realmente una buena denuncia para hacer queda sumida en la sucesión, como el pastorcito mentiroso.


Barcelona es una revista que no consumo por lo mismo que le critico a Crítica. Alguna tapa fue fundamental pero la reiteración del recurso agota la sorpresa. Dejé de comprarla al 4to número. Ya está, ya lo vi. Lo que más lamento de este caso es que el staff de la revista es de lo mejor de la plantilla periodística sub40. Toparte con Daniel Riera, Ingrid Beck, Pablo Marchetti, Fernando Sánchez es de lo mejor que te puede pasar en un medio de comunicación. Que los tengamos en el equipo de los cínicos da un poco de bronca.


Así como los políticos que construyen desde la antipolítica dañan la política y a la larga se perjudican a si mismos, y a la sociedad, los periodistas que ofician de antiperiodistas de alguna manera dañan el periodismo y la posibilidad de que la sociedad les crea en un futuro de cinismo global incipiente.


Página/12 para mi encontró un equilibrio –aunque a veces la pifia- en el humor periodístico. Porque promociona la materia desde la ideología. Sabe qué quiere contar y hacia dónde va. Lo mismo que logra La Nación en el otro lado del ring. Y Crónica. Y Perfil de alguna manera. Y Clarín sobre todo. Cuál es el hecho que persigo, para qué y con qué fines. Eso tiene que estar claro.


El periodismo, la capacidad de informar, la necesidad de saber, es demasiado importante como para tomárselo con la liviandad del divertimento. Y es suicida para los trabajadores de la noticia. Porque a la larga se les volverá en contra.


Si practicás la orinoterapia vas a pensar dos veces antes de cenar cebolla cruda.


Cuando tenés la primera orina de la mañana en el tazón es tarde para lagrimas.

6.2.09

el ghost writer

Así como Elisa Carrió dice que ama a Evita sin que nunca lo haya demostrado en la práctica, existen también muchas otras realidades que suceden sin que uno se las llegue a imaginar.

Iluso suponía que la posibilidad de escribir un libro -y que te lo publiquen- era una de las cosas más lindas que le podía suceder a cualquier persona; era una causa que perseguir en vano una vida entera, con tesón y perseverancia, amén nunca sucediera.

Hasta comprendía a quienes creían una falta de respeto que publicaran las rimas de Belén Francese o los Secretos ConPartidos de Marcelo Benedetto y Tití Fernández.

Pero todo lo que pensaba sucumbió cuando me enteré de la extendida práctica del ghost writer.

Recuerdo el libro Yo soy el Diego (de la Gente), quizás el libro más vendido en la Argentina en la década del 90, en el que, generoso, como siempre, Maradona no escondía ni los Arcuccis y ni los Cherquis Bialos que permitieron la biografía del Diez. Entonces, ¿por qué habría de esconder Ileana Calabró su escritor fantasma?, daba un changüí, sin pensarlo.

No sé cuándo me enteré de la existencia de los escritores fantasmas, pero no le di mayor trascendencia en ese momento. Prefería seguir pensando que tanto el Bambino Veira como Carmen Barbieri escribían sus libros, que a lo sumo un corrector les ponía los puntos sobre las íes.

Pero mi sistema de creencias sucumbió, repito, cuando la descarnada Cumbio, más allá de todo lo profano de este mundo, reconocía con pelos y señales que tenía un ghost writer, que se llamaba Javier Sinay, que lo guardaba bajo la cama, y que su libro consistía en una larga entrevista que el autor posteriormente transformó en autobiografía. Pero lo más inquietante fue que la floguer más famosa agregó, liviana: «yo no lo escribo, ¿viste cómo se hace ahora?».

Fue la hecatombe: Apocalipsis de la candidez y génesis del cinismo impío: pasé de la ingenuidad de suponer que Fernando Peña escribía obras de teatro a dudar hasta de la obra completa de Héctor Tizón.

¿Y qué pasa si en realidad todos los libros que se editan de personas conocidas son escritos por ghost writers? ¿Quién lo sabe?

Así como los presidentes de los países del primer mundo tienen dobles para desbaratar posibles magnicidios, ¿quién puede afirmar con su patrimonio que Washington Cucurto no tiene un escriba a sueldo que se hace pasar por escritor con severos déficits para fortalecer la imagen de pobre autodidacta?

Y es que es tan linda la idea de que escribir un libro, con la certeza de la edición, que no se me hace carne la posibilidad de que otro lo escriba por uno. Mataría al ghost writer antes de permitir que ponga sus manos en el delicado arte de narrar mis aventuras.

Todo se complica aún más cuando, sin querer, te enterás que personas que uno descuenta que tienen un mínimo de honorabilidad ni siquiera se toman el tiempo de escribir sus volúmenes. Hace unas semanas leí que Pity Álvarez, en un arrojo de impunidad, reconocía que estaba «laburando con el chabón que le hizo el libro a Lanata». ¿Qué libro? ¿Argentinos?, ¿ADN?, ¿La Hora 25?, ¿Historia de Teller? ¿Muertos de Amor?

En cualquier persona de bien se debería abrir un interrogante feroz acerca de todo con esta denuncia del cantante de Intoxicados travestida de desliz.

Y como en toda crisis no queda nada en pie, desde hace largas semanas no puedo leer nada creyendo que estoy leyendo al autor. Desconfío que La Hermana Bernarda sepa cuántas tazas de harina precisa para una torta; anulo la posibilidad de que Horangel vaticine sus propias profecías; creo firmemente que Stephen King tiene un ejército de monos encadenados tipiando novelas en máquinas de escribir, como en el capítulo de Los Simpson.

Pero lo que más pena me da es la persona detrás del ghost writer, individuos que dedican su vida a escribir libros de otros, y que vaya uno a saber si alguna vez verán su nombre en la portada de un ejemplar.

Me imagino el trágico destino del hijo del oculto escritor en el patio de primaria de alguna escuela porteña conversando con el retoño de un arquitecto. «Mi papá es ghost writer.» ¿Les parece justo?

En migraciones, escribir «escritor fantasma» en el espacio del oficio es causal de averiguación para cualquier funcionario aeroportuario centrado en su eje.

En ese sentido, el ghost writer, a la hora del levante, nunca va a poderle mostrarle a una mina que escribió el libro de Roberto Piazza, Corte y Confesión. Con ese mismo verso podés decir que escribiste El Coronel no tiene quién le escriba por expreso pedido de Gabo. En cualquier caso no te creerá nadie que no sea tu madre.

Al menos, en el escritor fantasma el espacio simbólico de la realización personal de escribir un libro, para la trilogía que se completa con plantar un árbol y tener un hijo, funciona.

Susana Giménez, por su parte, no podrá al momento del balance final sentirse plena. Sería la misma flojera intelectual de conformarse plantando un cactus o teniendo un hámster, más o menos.

Ese mismo personaje ilustre, pongamos Ari Paluch y su Combustible espiritual, ¿cuando va a la feria del libro a firmar ejemplares que no le son propios mientras recibe muestras de afecto y reconocimiento de lectores que son engañados, no siente, al mirarlos a los ojos, un profundo desprecio de si mismo, mientras el ghost writer mira de soslayo la situación sintiéndose vacío y frustrado, deambulando como buitre a la carroña, en círculos, siendo en realidad un actor productivo y eficiente del mercado editorial?

He aquí la infausta distribución de la decencia.

Un ghost writer quizás tenga la suerte un día de ver publicada una obra con su firma, por qué no, casi como un favor de la editorial, ante tantos servicios prestados, pero dudo que en ese caso Melancolía de un domingo estival venda más ejemplares que El Nombre del Chamamé, de Antonio Tarragó Ros.

En el mejor de los casos ya que los premios literarios precisan del necesario seudónimo para preservar el prestigio del prestigioso jurado, el ghost writer bien podría mandar al Premio Planeta el manuscrito de 70 marquesinas en busca de un autor bajo el seudónimo de Guillermo Bredeston. Y la amena biografía del productor teatral quizás obtenga el primer premio, que esconde necesariamente el nombre del autor real tras el seudónimo Bredeston. Y nadie podría quejarse, porque una autobiografía en la mayoría de los casos es una obra de ficción escrita por un autor desconocido y firmada con un seudónimo que coincide con el nombre de un actor o deportista famoso, ¡pero además con la foto de Beto Casella en la solapa!

Si esta modalidad prospera dentro de poco tendremos premios literarios al ghost writer del año: el que convirtió las memorias de Ariel Ortega en una entretenida trama con moraleja social; el que transformó la carrera de Patricia Janiot en una certera metáfora del compromiso hacia la verdad; o bien, quien logró trasmitir la seriedad del pensamiento fundante de la obra de Adam Sandler en primera persona.

Como un gesto de honor hacia sus colegas, un ghost writer premiado y finalmente reconocido ante la biografía final de sí mismo debería exigir a la editorial que un escritor fantasma promisorio sea el encargado definitivo de articular sus memorias.

22.12.08

cinco mil tipos

El pueblo mira televisión, la opinión pública lee los diarios. El microclima son cinco mil tipos que están alrededor de nosotros y creen que somos unos idiotas y que los que deberían estar ahí son ellos. Eso incluye a los que mandan cartas y a los que escriben en los blogs.

3.12.08

lanata y los blogs

Hay blogs buenos y otros que son una porquería. A mi lo que me preocupa de los blogs es que se los tome en serio. Quiero decir que no se chequean. Cualquiera escribe algo y después lo levanta la radio sin chequear y después lo levanta la televisión y después los de los diarios siguen. Este es un problema serio en internet y tenemos que hacer algo (sic). Si nos metemos con las noticias seamos serios.

Jorge Lanata, lo dijo acá.

13.11.08

El Teto de la Gente


--> --> Las 25 máximas más ocurrentes de aquel suceso colectivo llamado El Teto de la Gente.
  1. Los ositos duermen con un Teto de peluche.
  2. En El teto infernal, el muro tiene que esquivar al Teto y no caerse a la pileta.
  3. El Teto escribió el guión de Lost mientras hacía un cadáver exquisito.
  4. El Teto te cuenta el cuento de la buena pipa con introducción, nudo y desenlace
  5. Cuando el Teto se compra un paquete de galletitas Variedad, le vienen todas Pepitos y Mini Melba.
  6. El Teto es el único que puso a la pared entre él y la espada.
  7. Cuando Axel Fernando va a lavar la ropa, aparece el Teto cantando Mi chica de humo.
  8. El número de documento del Teto es capicúa.
  9. El Teto hace terapia de grupo el solo.
  10. El Teto mata el 0,01 por ciento de virus, bacterias y hongos que no mata Lysoform.
  11. El Teto se corta las uñas de la mano izquierda… ¡con la mano izquierda!
  12. Los autos miran hacia los dos lados cuando el Teto quiere cruzar.
  13. Wikipedia no es más que los resúmenes del secundario del Teto.
  14. El Teto hace la peregrinación a Luján en remís.
  15. La luz brillante que ves cuando te morís es en realidad el farolito de la quinta del Teto.
  16. El Teto vio toda la temporada de 24… ¡en 2 horas!
  17. En vez de aparecerle Not found, error 404, al Teto le aparece Perdón maestro, se lo vamos a volver a buscar.
  18. El Teto viajo a 1984 para cagar a bifes a Marty McFly por haberse tranzado a su propia vieja.
  19. El Teto le dijo a judas: “¡Qué sorete! ¡Ya vas y te colgás del árbol!”
  20. Alrededor del Teto hay Wi-Fi.
  21. El Teto acusó con su mamá a la Popis.
  22. El Teto le habla en off a Gastón Pauls.
  23. El Teto si quiere te quita lo bailado.
  24. El Teto le cambió de tema a Santo Biasatti.
  25. El Teto separó del elenco a Sofovich.

22.10.08

Lanata: "Ni siquiera pienso que Cristina sea una persona inteligente"

- En la lista de presidentes que duraron más de un año, ¿cómo elabora su ranking de la democracia hasta hoy?
- El peor fue De la Rúa. El segundo peor fue Menem. El tercero, Alfonsín. Y el cuarto peor fue Kirchner.

- ¿Y en qué lugar ubica a la presidente en ese ranking?
- Detrás de Menem, sin duda. A Cristina todos la muestran como un cuadro político interesante y yo ni siquiera pienso que sea una persona inteligente. Creo que sabe hablar en el Congreso como hablan en el Congreso y eso no significa que sepa hablar. Pero no me parece que esté preparada para ser una jefa de Estado, para nada.

Jorge Lanata, entrevista de la revista Newsweek