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25.4.12

sucio pop #animales

Ya está online el programa #08 de suciopop, el programa de radio que hacemos junto a Tomás Balmaceda, más conocido como @capitanintriga. 

Este último es un especial Animales, con la presencia inestimable de Elena Paoloni y Ernesto Gallegos.

Conversamos sobre aves con @franalverja, ornitófilo portador sano.

Hablamos de elefantes, reyes de España y animales domésticos.

Dimos la pelea de fondo entre perros y gatos, en una batalla campal.

Escuchalo online, el último y los otros siete.


14.2.11

Leo García en "Cuál es?" - Escúchame entre el ruido

Había una historia, que ya se antojaba mítica. Parecía ser que durante 2003 Leo García cansado de las jodas homofóbicas de Mario Pergolini y Eduardo de la Puente en “Cuál es?” (referidas al hit Morrisey) se fue con una guitarra a la Rock&Pop y les espetó Escúchame entre el ruido de Moris.


Esa grabación no existía, al menos nunca se había reproducido de vuelta, por eso lo de mítica. Se lo pregunté a Leo García en Duro de domar, quien me reconoció cierta la historia, pero cambió de tema, todo un caballero, recomendándole a los chicos que escuchen “ese temazo”.

Como un signo de que los tiempos cambian, la semana pasada repitieron el audio en “Cuál es?”, lo que habla muy bien de los conductores del programa de radio. Pergolini dijo apropósito: “Nos la cantó mirándonos a los ojos, se cagó de risa y se fue”. De la Puente, por su parte, reconoció: “Nunca me putearon con tanta altura y con unos huevos tan grandes”. Finalmente Pergolini aceptó: “Nunca nadie me humilló de esa manera”, entre risas, para luego dar paso a la grabación, que acá está.



21.5.09

sobre la censura y lo ilegal

Como todo tiene que ver con todo, dijo Pancho, y parece que el censurado en este país es Nelson Castro, con columna en Perfil, programa de TV en TN y de radio en Mitre, y solidarizándonos con Diego F, comparto un texto que mando Luzbelita sobre Mariotto, las radios truchas, la hipocresía, los multimedios y la necesidad de que hablemos todos para que abramos la cancha.

Vergüenza perdida

Les pido un favor, denme una manito. Sucede que yo no sé defender, soy regular para atacar y muy empeñoso en el arte afectivo de cuidar y con diferentes resultados. Pero mi defensa es como la de Independiente.

Este lunes le pegaron a un amigo, lo acorralaron con artes mañosos y lo hicieron muñeco de reproches, críticas y agravios, con fundamentos llenos de prejuicios, con la insidia que aceita hoy a la mayoría de los medios de comunicación, especialmente los medios concentrados.

Y la verdad no sé como hacer para presentar una defensa, solo se me ocurren puñetazos al viento. Porque la desvergüenza es inasible y por lo tanto intangible y entonces no se le puede atinar un ataque. Los empleados de Hadad, por ejemplo, señores de diferentes profesiones, de intelectualidad mediocre, de afectaciones falsas y de moral difusa, se escurren en la viscosidad de su propia indecencia cuando uno pretende tomarlos.

La señora Giudici, diputada nacional, como otra muestra, pobre mujer que transita la irresponsabilidad política con la misma inercia que la expone en el caso “Cromagnon” en calidad de desvaída silueta tanto como la punta de lanza legislativa contra la ley de democratización de la palabra pública, laborando aquí a favor de los monopolios. En ambos casos un personaje de medianía absoluta, si es que vale el contrasentido.

El constitucionalista Gregorio Badeni, sosten legal de ADEPA, núcleo reaccionario con formato de organización de prensa, histórico colaboracionista de los golpes militares y defensor a ultranza de la institucionalidad legal de la dictadura en materia de medios, defensor de Antonio Buzzi y de Edgardo Patti, tanto como del orden legal impuesto por la 22285.

Y el “Grupo” que se expone como pista de despegue de estos obuses, con el candor y la inocencia de las madamas, como si se estuviese hablando de un asunto que no lo involucra como factotum y actor principal de los intereses en juego.

Entre todos se han escandalizado públicamente porque un joven militante, intelectual, académico, realizador cinematográfico, amante del tango y del box, peronista cultural y buena persona, relató en el relax de una entrevista que fue, a los 22 años, gerenciador de una radio “trucha”.

El pecado pasó de venial a mortal por decisión de oportunidad y no hay Dios consultado.

Durante más de veinte años los argentinos hicimos crecer un sistema mediático alterno y en contradicción con las malformaciones que la década de los noventa producía fuera de políticas concentradoras y privatizadoras. La palabra pública, igual que los ferrocarriles, las aerolíneas, el gas, la minería y los teléfonos, se enajenaba de su raíz original. Muchos, por aprovechamiento tecnológico, le pusimos el pecho a esa corriente, y construimos un espacio alternativo al hoyo simbólico que se tragaba todo. Lo hicimos con riesgo y con amor, como todas las cosas que tienen bondad de origen. Mientras dábamos esa batalla, los gendarmes del silencio nos denunciaban y perseguían blandiendo nada más y nada menos que la ley de la dictadura, un agravio adicional en medio de la democracia sangradamente recuperada.

Éramos radios truchas.

Ahora, veinte años después, la misma descarada reacción, el mismo oprobioso estigma, pretende pringar la voluntad política de los hombres que empujan la creación de un marco legal de la democracia para la comunicación audiovisual, una ley construida y consensuada, en recabo de la experiencia internacional con vistas a reinstaurar la cuestión de la comunicación en el seno de la cultura.

Es demasiada infamia a la que no se puede devolverle solo silencio. Una mano entonces les pido, yo que no sé defender, para darle amparo a una vocación legítima y a una necesidad fundante para el orden institucional de la Argentina. No dejemos sin censura social y sin respuesta a semejante mendacidad.

Ley de medios ya. Tratamiento parlamentario ya. Hablemos para recuperar la voz.

16.9.08

Basta

Estuve esta semana pasada conviviendo con plomeros, albañiles, pintores de toda Pickapoon, mientras movían sus espátulas con una dulzura tan parecida a Dios. ¿Y si dios fuera un albañil?, alguno dijo, enduido de Dios, gritaba, por los techos del Abasto y otros sitios de Dios.

Poco quedó, además de polvillo blanco, de esa infausta experiencia: algo más de odio a la pelotuda de abajo, más horas de Cinecanal, y un puñado de anécdotas menores como cuando uno se pregunto, un tal Cacho, “¿llegaré para ver a Tinelli?”, como cuando tiró un martes un tal Mazza “¿hay partido esta noche?” o como cuando me interrogó el mismo plomero “¿Ese es el chavo?”, señalando un libro del escritor chileno Roberto Bolaños.

Le pregunte ‘¿Dónde queda la parrillita esa en la que almorzaron?’ ‘¿Sobre Perón?’ ‘¡Sobre Perón se tiene que comer muy bien!’, me arriesgué, ‘Sí, imaginate comer sobre De la Rúa’, se río, cómplice, rodeado de memorabilia evitista.

Pero lo que quiero decir es otra cosa, es Matías Martin, otra cosa.

La radio me paraliza, al contrario de lo que le pasa a la mayoría -me imagino, porque la gente mientras escucha la radio hace cosas, como atender el negocio- a mi me ancla. Si escucho la radio no puedo hacer nada, no puedo ni leer. Lo único que puedo es lavar trastos. O limpiar en general. Entonces de un tiempo a esta parte dejé de escuchar la radio, un poco porque no hay nada interesante para escuchar salvo a Zaiat los sábados, y otro poco porque me paraliza. Así que en las vacaciones me tomé vacaciones y convoqué plomeros de toda Pickapoon, Carolaina, y además me puse a escuchar acerca de medidas bustiales que creía olvidadas, bebotas que desconocía y cómo se llaman reprimidos. Lo quiero a Matías Martin.

También escuché a Wainraich, y no está mal su programa, Metro y Medio, y también escuche a Andy, que no puede modular una frase con sentido. Pero Matías es un genius.

Basta de todo es un programa sencillo, todos lo escuchamos alguna vez, las primeras dos horas se basan en nada. Se hace solo, de un tirón, siempre y cuando tengas a Matías Martin que maneja el arte de la retórica como pocos. Comienza con el traspaso de Perros de la Calle –que se puede estirar en tertulia como 45 minutos, tranquilos-, después lee las noticias de Clarín e Infobae, y aunque parezca una tontería es uno de los mejores momentos del programa, porque Matías comenta cada noticia, y todo lo que dice está bien dicho. Cabito grita sus malestares de vez en cuando mientras Shultz los masculla. Y eso es todo. Y con eso ya tenemos la mitad del programa hecho, más la reciente aparición estelar de Chuky, que son audios de Antonio Laje lanzados con admirable sentido de la oportunidad por el operador, que será Watty, o Juan, o vaya uno a saber quién maneja a Chuky, pero logra que Laje sea un personaje más del panel. Matías por su parte hace de su vida un motivo de conversación, logra con singular capacidad que nos interese cómo le fue con su partidito de fútbol, que nos lamentemos que por su hijo recién nacido no pueda dormir bien de noche o, por nombrar casos reales, que tomemos una recomendación para una película con verdadero interés y vayamos al videoclub.

Mención aparte merece el desopilante Rafa de Villa Domínico, seguramente la persona que más me hace reír en el mundo entero. Su aparición con motivo de cualquier cosa me hace descostillar de la risa. Personaje rarísimo si los hay, este Mussacchio. Y no lo atropelló.

Cualquier cosa que dice Matías tiene su fundamento, su lógica, su gracia, su forma, su humor, su estilo. Cuando no coincidimos con él en algo –lo chequié con nolugareña- su postura guarda tanta coherencia y lógica que hace que entendamos su punto de vista, y hasta que reconsideremos el propio, tanto provoca. Su manera de contar las cosas hace que las mujeres se coman dos horas de charla con Alejandro Apo y que hombrecitos de a pie se interesen por un set de la mejor música electrónica contemporánea con DJ Zuker.

Pero lo más importante es que es un tipo por fuera de las corporaciones, los estilos y los vicios de la comunicación. Se para de frente a los hechos y mantiene su mirada del mundo dentro del imperio del pensamiento único, en el que se convirtieron los medios en este último tiempo. En ese universo de la comunicación, Basta de todo es como un eslabón perdido, una islita.

14.6.07

el poeta eres tú

Hace unos días que comenté en un post de Pumpla una anécdota sobre mi pasado. Decía esto (fragmento):
(...) Recuerdo que hubo una época en la que no tenía trabajo (…) que había un programa que conducía Carlos Polimeni en la desaparecida FM Supernova que se llamaba "¿Y ahora qué?" (…) Pasaba canciones, contaba anécdotas y hacía una entrevista de una hora con tipos muy grossos entre las 12 y la 1 de la tarde, de lunes a viernes. Si no me equivoco era 2000/2001. (…) Eso es todo. Así acaban con los temblores mortales e inmortales en Villa Lugano y otros sitios de Dios. (...)
Ayer, mientras esperaba que empiece el partido de Boca, metí en el horno un revuelto de pollo, arroz, cubito de sabor de albahaca y ajo, salsa de soja y algas. Mientras se calentaba prendí la radio y busqué a Víctor Hugo, hice zapping radial, si esto es posible, y encontré la voz de Polimeni: me retrotraí en el tiempo. Justo dice algo así como que Gelman merece el premio Nóbel, que va a pasar un poema dedicado a Pessoa de él, y la voz de Juan salió de las ultratumbas del éter sin anestesia. Él también escribe cuentos. A medida que iba diciendo, yo iba pateando mesas, agarrándome la cabeza y perjurando que su genialidad no cabe en este mundo.

Decía esto:

Yo también escribo cuentos.

Había una vez un poeta portugués
tenía cuatro poetas adentro y vivía muy preocupado
trabajaba en la administración pública

y dónde se vio que un empleado público de portugal
gane para alimentar cuatro bocas

Cada noche pasaba lista a sus poetas incluyéndose a sí mismo
uno estiraba la mano por la ventana y le caían astros allí
otro escribía cartas al sur

qué están haciendo del sur
decía

De mi uruguay
decía
el otro se convirtió en un barco que amó a los marineros
esto es bello porque no todos los barcos hacen así
hay barcos que prefieren mirar por el ojo de buey

Hay barcos que se hunden
Dios camina afligido por el fenómeno ése
es que no todos los barcos se parecen a los poetas del portugués
salían del mar y se secaban los huesitos al sol

Cantando la canción de tus pechos
amada
cantaban que tus pechos llegaron una tarde con
un cortejo de horizontes
eso cantaban los poetas del portugués para decir que te amo
antes de separarse
tender la mano al cielo
escribir cartas al uruguay

Que mañana van a llegar
mañana van a llegar las cartas del portugués y barrerán la tristeza
mañana va a llegar el barco del portugués al puerto de montevideo
siempre supo que entraba en ese puerto y se volvía más hermoso

Como los cuatro poetas del portugués cuando se preocupaban
todos juntos por el hombre de la tabaquería de enfrente
el animal de sueños del hombre de la tabaquería de enfrente
galopando como don josé gervasio de artigas por el hambre mundial

El portugués tenía cuatro poetas mirando al sur
al norte
al muro
al cielo

les daba a todos de comer con el sueldo del alma
él se ganaba el sueldo en la administración del país público
y también mirando el mar que va de lisboa al uruguay
Yo siempre estoy olvidando cosas
una vez me olvidé un ojo en la mitad de una mujer
otra vez me olvidé una mujer en la mitad de portugués
me olvidé el nombre del poeta portugués

De lo que no me olvido es de su barco navegando hacia el sur
de su manita llena de astros
golpeando contra la furia del mundo
con el hombre de enfrente en la mano.