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5.10.10

el oráculo de cardona



Diego Bonadeo, el papá de Gonzalo, es un bardero profesional. Todo el mundo puede decir lo que quiera, por supuesto. Y él también. Está perfecto. En la última revista Un Caño, Bonadeo escribe una columna de opinión sobre el periodismo deportivo: le pega por igual a Marcelo Araujo, Fernando Niembro, Adrián Paenza, Alejandro Fabbri, Julio Ricardo, Ernesto Cherquis Bialo, Víctor Hugo Morales, Enrique Macaya Márquez e Ignacio Candía, entre otros.


El artículo se llama Fulbito para la tribuna. Lo curioso es que al ponerlos a todos en la misma bolsa los iguala, considera que todos son más o menos lo mismo. Ser vocero de Grondona, anunciar los indultos, y confundirse Holanda con los Países Bajos. Muchas veces pareciera que el principismo de Diego Bonadeo lo lleva a dividir aguas y a poner a todos sus ex colegas de un lado de la línea moral del oficio periodístico y a él del otro.


La cosa es que como en la revista también escribe Víctor Hugo le dieron la posibilidad de un derecho a réplica, y “El Oráculo de Cardona”, la aprovechó.


(Antes de pasar a unos fragmentos de la respuesta, quiero consignar que no hay nada peor que intentar imponer desde hace años un apodo y que nadie lo tome, es el fracaso del alias, porque señala que no hizo pie en la sociedad. Por su parte Víctor Hugo sí impuso varios apodos, siendo El Príncipe el más celebrado. Barrilete Cósmico.)



(…) Solo sé de Bonadeo que era la décima figura de Sport 80, donde se lo descalificaba, quizás demasiado, porque todos lo trataban como un imbécil, y yo no estaba tan de acuerdo. También que en 50 años de profesión tuvo dos momentos cumbres:

  • Cuando tuvo una exitosa participación en la película oficial del Mundial ’78 fogoneada por la dictadura.
  • Cuando era uno de los locos en un programa que consiguió en Canal 7 de la Alianza, en la época en la que era un inútil concejal de no me acuerdo dónde.

Quizás sume ahora un tercer hito en su vida, haciendo de enemigo en cada portal del sistema de las derechas que use idiotas para desvalorizarme.

Quizás le sirva todo esto para recordarle a la gente que aún vive. Si me lo quiere agradecer, digo: “de nada, ¡qué te puedo cobrar por este favor!”.

7.9.10

debate



Hoy compré la revista ContraEditorial, y asistí a un hecho: el debate. Trabajo en un programa que además incluye como premisa el debate. Twitter pareciera que también se puso de moda en eso que tiene que ver con el debate. Hay una revista que se llama Debate. Debate, qué es el debate, me pregunto desde hace unos meses y no encuentro una respuesta. Quizás el tiempo en el que vivimos no sea fértil para el debate, o sea que se debaten temas que no me interesan, o existen falsos debates. La verdad no lo sé.

Este blog nunca fue un espacio de debate, al menos, nunca yo incité a eso. Pienso que todo el mundo debería decir lo que se le ocurra y que yo pienso otra cosa, o no, y está perfecto. Pienso así, vos asá, nos veremos en el infierno, ¿cuál es el problema?

Cuando era más chico tenía batallas discursivas por tener razón, podía incluso ponerme en las situaciones más indefendibles para esbozar una razón que permita debatir con todos y aunque era muy difícil ganar porque era uno contra mil me iba a casa con el malestar de la dialéctica y el beneficio de la oratoria entrenada. Hoy, repito, no me pasa.

Creo tener razón porque para llegar a posicionarme en determinado tema me informé de la manera que consideré más adecuada, sin atajos éticos, y punto. Si alguien me da una arista que no consideré y que logra rever mi posición, la reveo y ya. De hecho, mis posicionamientos son una síntesis de lo que leí que me hizo pulir las aristas que determinan una, mi verdad.

Es decir, no hace falta levantar el dedo y cruzarse para tener razón, la razón no se edifica por las disputas dialécticas sino porque otro no pueda rebatir mi sentencia. Si el otro no te puede rebatir y vos sos honesto intelectualmente, tenés razón. El resto es paja.

Los grandes posicionamientos de la sociedad son bastante elementales cuando entendés qué se discute. Los malos son malos, los buenos son buenos, también hay buenos que son garcas, y hay malos que son geniales. Y todo lo demás está demás.

Pero a lo que iba, no entiendo el placer del debate. Me rehúso el debate. Qué es lo que se debate hoy día cuando nadie cambia de parecer a partir de nada de lo que el otro esgrima. No importa qué se diga, hay gente que vuelve convencida de lo que vino a decir, y eso no es debate. O sí, ¿pero para qué sirve?

Por supuesto no se puede debatir con quien no tiene en sus planes rever sus posiciones.

También está el componente no sé. Cualquier discusión se acaba cuando alguien dice “no sé”. Estoy poco acostumbrado a escuchar un no sé como respuesta. En las cosas que no me interesan o no me preocupé en aprender si me preguntan digo no sé.

Por todo eso yo no debato lo suficiente.

3.9.08

artepolítica



Descubrí que una de mis página favoritas, Artepolítica, permite que los meros lectores aporten sus ideas para generar debates trascendentes para la patria. Un poco menos que eso me atreví a hacer, este es el link, reformulando un viejo post que quedó olvidado. Para el que le interese entrar y sumar al debate, esto vendría a ser una anoticiación. ¡Y qué lindo queda mi perfil en tan bella página!

24.10.07

En política, participar más y despreciar menos

Existe una imagen arraigada de que la política incluye una porción de ineptos y corruptos superior a la que puede hallarse en otros órdenes de la vida social; algo así como: "Existe una clase política sin mayores prejuicios morales que surge de un pueblo maravilloso", creencia que no tiene el menor fundamento ya que pueden señalarse diversos ejemplos de corrupción o transgresión en ámbitos privados.

(...) Una buena parte de la sociedad argentina exige soluciones de quienes descree o aun más, desprecia.

(...) ¿Es posible entonces imaginar la existencia de un volumen significativo de capaces y probos involucrados en la labor política y que además sean suficientemente valientes y abnegados para comprometerse en la solución de problemas complejos corriendo riesgos ellos y sus familias y además enfrentando la desconfianza y la desaprobación de virtualmente toda la sociedad? No, simplemente no lo es.

(...) Las organizaciones de la sociedad civil elaboran y sugieren propuestas, pero en la medida que sea preciso el poder del Estado para aplicarlas, no están en condiciones de llevarlas a cabo a menos que se transformen en partidos políticos.

(...) Pretender que la acción estatal sea el resultado de una presión ejercida "desde afuera" (...) es simplemente absurdo y muy peligroso para una democracia.

(...) También lo es transformar al apoliticismo en un principio valorado.

(...) la solución a los complejos problemas que afectan a nuestra sociedad requiere un número significativo de personas con vocación para ocuparse de los temas públicos, (...) personas decididas a hacer política y organizarse en partidos políticos.

(...) No se trata de grupitos de gente buena apostando casi exclusivamente a la presencia mediática la que encontrará las respuestas necesarias (...) evitemos la soberbia de creer que podemos inventar una democracia sin partidos aunque no haya antecedente alguno que avale esta pretensión (...) es de esperar que hayamos aprendido de las terribles consecuencias de procesos que en 1966 y 1976 vinieron a acabar con las "corporaciones políticas".

(...) Sin esto, serán de escasa utilidad las reformas que sólo apunten a aspectos necesarios aunque secundarios, como la modificación de las listas sábanas o el mejor control de los gastos de campaña. Sin revalorización de la política no nos libraremos del riesgo de que nos gobiernen los inescrupulosos.

Por Aldo Isuani,
Sociólogo, profesor titular de la UBA, investigador principal del Conicet
Tribuna, Clarín, 24 de octubre de 2007, hoy, bah...

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