
Lo bueno de la ausencia de Riquelme en tanto jugador determinante de fútbol, en este caso, jugador de Boca, por suerte, para mí, esto último, es que permite un análisis más desapasionado.
Sin embargo, es imposible, al recrear su legado, la posibilidad de un análisis sensato, porque Juan Román Riquelme es una ser que le dio muchísimas alegrías a muchísimas personas. Entonces ahí se acaba la discusión. El pueblo argentino es cualquier cosa menos desagradecido. A veces es pelotudo, a veces gorila, a veces chauvinista, a veces cínico, a veces corto de miras, pero es un pueblo que sabe reconocer al que le dio algo.
Lo habrán notado en las exequias de Néstor, en la vuelta de la selección del Diego de Alemania, en el adiós a María Elena Walsh o con la necesidad del “a comerla” de Francella para coronar el reconocimiento foráneo a El Secreto de sus ojos.
Y Riquelme, qué duda les cabe, rankea en ese parnaso de ídolos. Me pondría a aliterar sus logros con el único fin de demostrar lo obvio, puedo hacerlo, pero prefiero ir por la negativa, por ahora.
Cuando alguien dice que Román es un “pecho frío”, un “ex jugador”, un tipo “que no corre”, o cualquiera de estas variantes, invariablemente, si le preguntás, dirá que es hincha de Racing, San Lorenzo, Vélez o Ríver. Y no digo que nunca de Boca porque conozco uno, esa excepción que confirma la regla. Repito, el argentino, y eso incluye a los bosteros, que somos más de la mitad, es decir que somos argentinos mal que les pese, somos agradecidos, y por eso agradecemos cuando despertamos cada mañana la existencia de Román, como un kirchnerista agradece la existencia de Cristina.
Por eso me, nos, da los mismo si critican o no critican a Riquelme, porque es una fiesta de un futuro que invariablemente llegará, posibilidad que ningún otro equipo tiene (Verón, sí vos, ok). Tarde o temprano Román jugará, y además jugará bien. Y si tiene un equipo competitivo será de vuelta campeón de todo, y quedará en la historia como lo que ya es: el mejor jugador de la historia de Boca.
Hay solo tres clubes que se permiten ese privilegio en el mundo: Estudiantes; otro en preproducción, Barcelona, por Messi; y lo que nos ocupa, Boca: estrenado, éxito de taquilla y de crítica, galardonado dos veces con el globo de oro de la Libertadores y uno con el Oscar de la Intercontinental.
Qué querés que agregue, que por un penal no sacó a un club de la B Nacional campeón de la Champions, que es el jugador más lindo de ver en el mundo, que llama a las radios y los periodistas se comen los mocos, que Zidane le regaló la camiseta de su última partido, que le puso la Bombonera en contra a Maradona, que le pidió aumento de sueldo a Macri con su famoso Topo Gigio.
Lo más lindo de Román es verlo recibir una pelota con tiempo para pensar, a partir de ahí empieza eso inasible: la belleza del fútbol.
Todo lo demás es esfuerzo.








