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11.6.09

no hay que matarlos a todos porque ahora soy uno de ellos


En este último tiempo me está pasando que cuando voy a escribir algo se me ocurre que ya lo dije, o ya lo escribí, y por eso no lo digo. No es que me moleste repetir las cosas, aunque un poco sí. Lo que me pasa es que no tengo esa veta docente que es necesaria para mantener un blog de doctrina. No soy de los que quieren convencer todo el tiempo a todo el mundo. Me parece bien que esté Margarita Stolbizer o Ricardo López Murphy o Néstor Pitrola o Vilma Ripoll. Porque son hombres y mujeres que piensan de una manera y los estimo coherentes, honestos con sus ideas. Más allá de lo que representen sus ideas para el país. Porque este es un régimen democrático y es mejor, a mi entender, que las representaciones políticas las encabecen personas desde la honestidad que desde, cómo decirlo, la ambiciosidad uninominal aglutinante.

Prefiero mil veces a Margarita que a Carrió, a López Murphy que a Macri, a Pitrola que a Bonasso, a Vilma que a “La Piba”. Hasta les tengo un poco de cariño, aunque me lo critiquen, porque me parecen líderes respetables, porque nunca vendieron otra cosa, son la derecha, la izquierda, el trotskismo o el radicalismo -que profesaron los abuelos-. Pero principalmente porque me parece que es darle más herramientas a la idea de mala reputación de la política, que intentamos defender. Esa idea que instala la derecha (¡hasta la derecha política!): la política como la suma de todos los males que convirtieron a este vergel que es la argentina en un país subdesarrollado, porque son todos chorros, son todos narcos.

No, no todos, algunos, otros no, otros son políticos que defienden su interés y gana plata, es su trabajo, un trabajo importante, que debe ser bien remunerado, pero no son todos chorros. Y es más antiético para mí un tipo que hace campaña con la educación y le recorta el sueldo de los docentes que un sindicalista que tiene un auto mejor que la media de los trabajadores. Es más antiético un dirigente que edificó su liderazgo por izquierda y la terminó por derecha tan solo porque se veía menguado su poderío en lo coyuntural mediato. O como el cineasta que creyó ver en el peronismo un movimiento revolucionario debido a sus propias fallas analíticas y que termina eligiendo a la Sociedad Rural y los medios concentrados de la economía porque la dirigencia actual es módicamente reformista, sin contar que ser medianamente reformista es mucho para una sociedad en extremo conservadora como la nuestra, y equivocando otra vez el análisis 40 años después, como si no hubiera aprendido nada.

Por ello la reciente postulación del cantante de Las Manos de Filippi, Hernán “Cabra” de Vega, a un cargo como diputado de la ciudad no me hace ruido. En cambio celebro su decisión, porque es preferible mil veces que se la juegue por su ideología a que se queje de la corrupción policial desde una suite presidencial de hotel cinco estrellas.

Pero en realidad, y esto es lo que no sé si ya dije, y que en todo caso va de vuelta, es lo que creo importante: el discurso antitodo de El Cabra hoy no hace pie en las necesidades o urgencias de la ciudadanía.

La mejor demostración de que el kirchnerismo no es la continuidad de menemismo radica en que en el menemismo la prédica de El Cabra en su Sr. Cobranza hizo pata ancha y unos aún lúmpenes Bersuit la tomaban, su prédica, la cantaban junto a las Madres, conmovía a un 82 por ciento vital y movil de la masa adolescente, convocaba al productor estrella Gustavo Santaolalla, a mis amigos, a mí, era corte de difusión y posteriormente prohibida por el Comfer –es que se pueden decir muchas cosas malas de Menem pero nunca hubo tanta libertad de expresión en nuestro país como en su presidencia-. Al final la canción se consagraría como el himno apócrifo de una juventud desesperanzada en ese modelo que eclosionó en Estado de Sitio con muertos en todo el país.

Cuando me piden una razón para votar al kirchnerismo, contestaría reformulando Sr. Cobranza, hoy ni Norma Pla tendría que matar a Amado Boudou, ni habría que cocinar a la madre y a los hijos –si es que tiene- de Roberto Lavagna, por ejemplo, ni habría que bajarle los dientes a su amigo el ex presidente, si el único posible traficante es el principal candidato de la oposición, ¿y el sistema qué?, el sistema incluye a los representados por Norma Pla y le dio trabajo a 4 millones de sus hijos y nietos, y no es una figurita la que está de presidente, porque recuperaron el rol ejecutivo, si te agarran con un gramo después que te lo pusieron el ministro de Justicia le dice a los policías que no lleven presos a los perejiles, y el dedito en Jujuy no tiene entidad, porque las protestas callejeras han disminuido notablemente, y las que hay no son reprimidas, y el perro Santillán hoy no sé sabe dónde está, ni hay otros perritos que meten sus dedos en el culo del sistema, y no te persiguen si sos puto, menos si sos pobre, ni si fumás, y no hay tantos hijos de puta ni el congreso, menos en la rosada y menos que menos en todos los ministerios.

Pero principalmente no se escuchan tiros. Y el poder se puede perder, claro, pero en las urnas. Tanto es así que El Cabra lo entiende y tiene que ser parte del sistema burgués capitalista democrático para aspirar a ser legislador de la ciudad.

Gracias al kirchnerismo, la barricada volvió a ser el dos por ciento del electorado.

14.11.07

piso para cuatro

vergara

Hará algo menos de dos meses se estrenó un diario nuevo en España llamado Público. Por lo que estuve leyendo busca posicionarse en una franja entre popular y más de izquierda que otros diarios ibéricos, lo que no es taan difícil. Una de las cosas más originales es que su contratapa es la tapa de la sección deportes, para las gentes que gustan de enterarse antes de la suerte del entrenador de la Real Sociedad que del divorcio de la infanta no sé cuánto de Vigo.

Todo esto viene a cuento de lo que sí me llamó la atención positivamente de verdad: un puñado de historietistas muy buenos -con sus respectivos blogs-. De todos ellos, Medina se destaca con un estilo a là El Roto, humor institucional, rostros borrosos, críticas al sistema, conceptual (no es mejor que El Roto pero vale el intento). Por otro lado si me llevé una sorpresa gratísima con Vergara, un viejo trajinador de las páginas de comics, como la mítica El Jueves, según me vengo a enterar. Publica en Público una tira llamada Piso para Cuatro que es desopilante, si se me permite la expresión.

La historia es así: una periodista llamada Doris tiene que hipotecar la casa y para afrontar sus compromisos debe alquilar piezas de su departamento para conseguir dinero. Los nuevos inquilinos son uno peor que el otro: todavía falta conocer al tercero. Las historias son graciosas, están bien contadas, invitan a seguir su argumento y por sobre todo, están dibujadas con gran talento por este Vergara, que es un loco bárbaro. Y cuánto más avanza la historia mejor se pone.

En la página Guia del Comic Bernardo Vergara explica lo siguiente:

Es una serie coral. La hipoteca de Doris sirve de motor argumental de la serie. Los gags y las historias de Piso para Cuatro girarán en torno a la convivencia de Doris y sus tres compañeros de piso. (…) Me he planteado un argumento en tiempo real, es decir, las cosas van a suceder al ritmo que suceden en la vida real. (…) Quiero que los personajes envejezcan, se vayan de casa para dar paso a otros, se mueran si hace falta.

Acá les dejo un botón para muestra:

piso para cuatro

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26.4.07

pucha, qué lástima

“Recuerdo que un día estaba borracho en el Bar Británico, muy paranoico. La Negra Poli y el Indio estaban sentados en una mesa y no sé por qué motivo, una sonrisa tal vez, me lo tomé como una provocación personal a mi condición de desgraciado. Pasé al lado de la mesa y los miré mal, me fui indignado. A la vuelta estaba Enrique Symms y le conté lo que sucedió. Sacó una navaja, me la dio y me dijo: ‘Esta es tu oportunidad. Andá y matalo’. Salí con la navaja, y la verdad es que lo que menos quería era matar al Indio Solari. Me acerqué hasta el lugar y no supe ni siquiera lo que les estaba diciendo. Sólo hubo un momento medio de tensión, que yo pensé como el punto inicial de una matanza o de una pelea, mientras que ellos se lo tomaron con extrañeza. No sabían qué mierda le estaba pasando a ese señor que ni conocían. En realidad sí me conocían, pero estaba desdibujado. Y me fui con la anécdota encima, por cierto muy graciosa...”

Palabras de Gustavo Cordera. Extractado del libro Verborrea. Conversaciones con Bersuit Vergarabat, de Yumber Vera Rojas, que acaba de ser publicado por Zona de Música.