6.7.11
se dobla pero no se zurce
19.8.10
7.7.10
23.3.10
La estructura de las 3 virtudes
Todo gobierno amado por una mayoría silenciosa debe contar de su lado con tres pilares: lo económico, lo político y lo cultural. Todo gobierno que pretenda perdurar en la memoria de la ciudadanía -o en el gobierno sin más- precisa tener, al menos, fuertes dos de estos pilares. En esto pensaba ayer y me lo creí sin ningún tipo de sustento filosófico. Capaz que existe y no lo sé. O capaz que estoy diciendo obviedades, o pavadas, pero me parece que cierra. A ver cómo lo cuento.
Teoría : La estructura de las 3 virtudes
1) La económica: un gobierno exitoso debe tener de su lado una economía virtuosa o estable.
2) La cultural (la simbólica): un gobierno exitoso debe tener una suma de significantes, que logren que, en gran parte, la población se deje conducir felizmente por ese líder, que confíe.
3) La política: un gobierno exitoso debe tener un presidente que sea una figura trascendente y logre aglutinar dirigentes para lograr sus objetivos.
Praxis
Raúl Alfonsín: El padre de Ricardo no pudo terminar su mandato porque le falló la columna más importante, la económica, que le hizo trastocar a los 2 años su fuerte, la política, con el cambio ideológico de Gabinete. Cambió sus banderas en medio del mar, fue pragmático cuando no debió serlo. Lo cultural siempre estuvo de su lado, y se vio agitado el año pasado: Alfonsín quedó en el corazón de la gente por dos o tres significantes reales: La Democracia, cierta creatividad (muy argentina) y la honestidad. Alfonsín fue un presidente que si hubiera sabido mantener lo económico estable hubiera quedado en la historia como uno de los mejores presidentes de la Argentina. No fue así, está claro: le falló lo económico.
Carlos Menem: una vez que logró poner en caja la hiperinflación con métodos ficticios pudo acumular por primera vez desde Perón los tres pilares en un gobierno: lo económico, lo político y lo cultural. Con otras herramientas que Alfonsín logró convertirse en un líder verdaderamente querido por la gente basando su éxito en lo económico, en esa irrealidad de la Argentina Potencia, fantasma que terminó fagocitándose su propio liderazgo. Aquí lo cultural hace su aparición más destacada: trascendió al líder que la encarnaba. A los argentinos, me sumo para no excluirme, hablo en primera persona del plural, nos gustó creer que éramos el primer mundo, porque siempre lo creímos y porque aún lo creemos, especialmente las capas medias. Esa concepción cultural atravesó la sociedad –"por fin lo somos", "siempre debimos serlo"- y persiste hasta la actualidad. El desmoronamiento en la sociedad de la figura amada de Menem no fue por su modelo imposible que eclosionó a la patria, fue por los hechos de corrupción, el chivo expiatorio (los medios jugaron fuerte en este corrimiento simbólico de lo accesorio como lo importante). De la década, lo cultural salió indemne. Y ahí tenemos el caso de la Alianza para demostrarlo.
Fernando de la Rúa: la Alianza como frente electoral gana las elecciones porque se vende como la columna política sólida a las otras dos columnas del menemismo que seguían en pie dentro de la estructura de las 3 virtudes. Se gana con la consigna: vamos a ser Menem pero no vamos a robar. Porque lo económico está perfecto. Eso dicen los rejuntados de la Alianza, que ni siquiera tienen una figura que pueda liderar lo político en esta nueva etapa vieja. El resultado es demoledor. Lo político no existía, lo económico estaba en ciernes de explotar, y lo cultural le era ajeno. Cavallo por lo simbólico regresó para apuntalar lo económico, pero era parte del problema y no la solución.
Intermezzo (y número vivo). No podemos analizar ni a Duhalde ni a Rodríguez Saá porque no fueron elegidos por la gente, así que la gente no pudo decidir entre ellos u otros. O sí, y perdieron. Es decir, no tenían ningún pilar, salvo Duhalde, que tenía el político, pero muleto por la irrepresentatividad. Terminó de sepultar lo económico de la peor manera, salió matándola definitivamente con la mayor transferencia de recursos de la historia de este país a favor de los que más tienen y paliando la masiva exclusión social tomando más deuda a organismos internacionales (el plan Jefas y Jefes). Doble golpe para los que menos tienen. ¡Piloto de tormentas! La buena noticia es que desde el sótano sólo se puede subir.
Néstor Kirchner: Néstor encausó lo político en poco tiempo y mejoró lo económico. No sólo lo mejoró, puso lo económico en el primer plano, y le dio a los argentinos el mayor período de virtuosismo económico de -como a ellos le gusta decir- nuestros 200 años de vida como país. Claro que, también es cierto, no es entendido así por la ciudadanía. Porque a Kirchner le falto el pilar de lo cultural. No supo el kirchnerismo armar un paraguas cultural propio lo suficientemente amplio para repeler viejos paradigmas, además, falsos, conteniendo los propios, nuevos y reales: “somos latinoamericanos, vamos a ver cómo salimos adelante, no estamos condenados al éxito”. El único de los tres pilares que no murió en estas eras geológicas políticas recientes, es el cultural, que se arrastra desde el menemismo. En el 2001 muere definitivamente lo político del 1 a 1, a la vez que moría lo económico, por su peso. Pero no hubo un relato en ese momento que explicara que lo cultural también debía morir, o sí lo hubo, y nadie quiso escucharlo. Amplios sectores de la clase media y de las clases bajas aún siguen enamoradas de esa idea imposible de una Argentina potencia porque sí, lo que no está mal como objetivo de larguísimo plazo, el error es concebirlo sin esfuerzo y desde una irrealidad económica.
Cristina Kirchner. Continúa con los dos pilares de Néstor, lo económico y lo político, aunque este segundo pilar se ve resquebrajado fuertemente por los medios de comunicación, por sectores importantes de la economía que salen a la palestra a disputarle poder, y por su condición de mujer, y de “mujer de”. Este último año recuperó algo lo político y logró aumentar mínimamente lo cultural, pero ninguna de esas dos patas está firme, a pesar de tener firme la más importante, la económica.
Esa es la gran curiosidad, para mí, de esta coyuntura: No se le puede vender algo a quien no quiere comprarlo. O se está vendiendo mal o el tipo no lo quiere comprar. Yo me inclino por la segunda opción. No hay formar de vender lo que no se quiere comprar.
Lo ideal sería inventar una cultura kirchnerista que logre convocar sectores más amplios de la población: actualmente tenemos convencidos tres de cada 10 argentinos.
Lamentablemente no alcanza con las buenas intenciones y las políticas virtuosas.
Por otro lado, la oposición no tiene nada: ni lo político ni lo cultural. Sólo heredarían lo económico, para deglutírselo.
6.2.10
alf
Alguna derecha tiene más calle que la mayoría de la izquierda. Ese es el dilema de época, de esta época, y están los Kirchner (no se vayan nunca por favor, os ruego).
A la izquierda le falta calle para descubrir que son dos cosas distintas la cultura y la calle.
La izquierda piensa a la derecha desde lo culto; la derecha con calle se la embucha.
No hablé de peronismo, o casi, que es más simple, no sé por qué cuesta tanto entenderlo.
Es el partido del poder el peronismo. Querés gobernar, sí, bueno, lidiá con estos amigos que traje, te los presento... son más poder real que el que clarín tiene, simplificado, gobernadores, sindicatos, intendentes, la vida misma, territorialidad, convivir con el otro, no papel picado, o prensa.
Y mientras tanto, en la ciudad, una nueva hora... comienza.
Horizonte!
No toda la derecha tiene calle pero la derecha son 10 empresarios; 10 empresarios, de derecha, que tiene calle.
La izquierda es implorar que por favor uno, uno sólo, se ilumine antes de los 70 años.
Iba a hablar de Alf y empecé por cualquiera lado, por cualquiera; de Alf, sí, quería hablar de Alf, ¿y qué?
Lo recuerdan, ese extraterrestre llegado de Melmac, con su novia Rhonda allá, y su familia porteña, residentes de los suburbios residenciales de Los Ángeles, California.
Kate, madraza, su esposo Willie, el súmmum del amor, su gato Suertudo (Lucky en el original) y los chicos, Jennifer, mezcla de los dos padres más la sabiduría del silencio, y Brian, a quien quise mucho de chico, por una razón inexplicable.
Una razón inexplicable
me ataba
a Alf.
Si puedo algún día cuento cosas como la revista de Alf de El Cronista Comercial que coincidía con los dueños del canal más visto de alguna época que era, aunque nadie lo crea, ni yo ahora, canal 2.
Alguien alguna vez me dijo, no sé si es cierto, que Alf fue el último intento del comunismo norteamericano aggiornado del imperio –“que no se cae más y nos golea todos los días”- de meterle a la massmedia una ficción, que es lo que hacen ellos.
Y ahora me acuerdo a qué venía la introducción.
Muy bien lo hacen, el enemigo, o adversario, porque cuando ellos hablan de consenso hablan de consenso, de Washington
Meterles ideología a los ciudadanos comunes, dícese del cuidadano que un día vota a Pino y otro a Ibarra y otro a Macri, como si todo valiera lo mismo, como si uno pudiera vestirse como le viene en ganas sin recabar que existe la moda, entendiendo moda no como desfile sino como la cultura que dice que, por ejemplo, no se debe usar pollera para los hombres, con los bien que nos vendría esta brisa.
Bueno, s ino son todos lo mismo, demuéstrenlo, un poco de responsabilidad querida clase media, también, quiénes son, el sujeto que hay que cooptar siempre, por qué. Hagan algo, por lo menos definan intención de voto en un focus group, ¿son sólo hijos de verdad de la tele?
Bueno -no sé si es, ojalá, me gustaría creerlo, si no es igual- celebro Alf, por ser una serie moralista*, inclusiva, por democrática y graciosa pero, especialmente, por vos, Gordon Shumway.
Todo esto fue escrito por ver a Alf en Nick of Nite.
*no sé por qué se usa la palabra moralista con un sentido peyorativo, la moral es un valor revalorizable. Esta nota al pie de corte hipermoralista así lo confirmaría.
12.5.09
23.4.09
pacificación nacional
Hoy -recién- postea lo siguiente:

El Galpón de la Memoria suponía ser una revisión, desde el archivo, de la realidad argentina reciente. Lo condujo Enrique Pinti, y colaboraban Tomás Eloy Martínez y Martín Granovsky, entre otros. La revisión sobre el accionar de la milicia en la dictadura logró algo impensado en Democracia: amedrentaron al Estado para que no pase la segunda emisión. La primera tuvo muy buen rating.
Que le haya reemplazado Matrimonios y Algo Más de Hugo Moser parece un chiste de mal gusto.
Cabe aclarar que aún Canal 13 era parte del Estado, recién en diciembre de ese mismo 1989 pasaría a Artear, Grupo Clarín, que a caballo de Me*em lograría esta posición audiovisual monopolíca que hoy intentamos desarmar, aunque sea un poco.
Valga para desmitificar un poco al Padre de la Democracia, cuyas sombras se las iluminararon por demás en estos días, pero que las tuvo, las tuvo.
Información completa, acá.
Recomiendo especialmente a los nacidos y criados en esos años chequear seguido este blog.
14.4.09
2.4.09
1.4.09
Caja PAN, Alfonsín y la ecuación energética
El logo del Plan Alimentario Nacional (PAN) lo acabo de dibujar porque lo busqué en Internet y no aparece por ningún lado. Sólo encontré esta foto.
El clientelismo radical era una cosa estupenda. Nada de plata, cosas básicas, nada de que el tipo decida comprarse un vino, no, harina, leche en polvo, azúcar, aceite, fideos, arroz, corned beef (?), lentejas y porotos. Las humildes casas de los acreedores de la Caja PAN se calefaccionaban con el nitrógeno generado por las bacterias y levaduras simbióticas que viven en el tracto gastrointestinal, producto de la digestión: especial para las noches de invierno hiperinflacionarias.
Yo quería a toda costa conseguir una caja PAN, mirarla, tocarla, dibujar el logo. Estaba como loco, pero nunca pude ver una a una distancia prudencial. Mi vieja decía que era para gente que la necesitaba más que nosotros. También me acuerdo de un vecino de edificio que estaba con su flamante caja PAN y, envidioso, decirle a mamá que vaya a pedir una y que no, que era para gente que la necesitaba más. Y también que esa mina era una guacha porque tampoco la necesitaba. Enconos barriales.
La Caja PAN fue, para mi, todo un episodio institucional.
Existió en los años noventa una revista de cultura rock llamada Revolver, que era muy buena, mucho mejor que todas la revistas de rock actuales sumadas. En la contratapa reseñaban de a 50 discos con una oración. Muy útil (?). Eran irónicos, y no le gustaba nada de nada de todo lo que se editaba, salvo cosas muy extrañas entre las que recuerdo a Mercury Rev o The Beta Band. En 1994 salía el primer disco de los ingleses Bush, Sixteen Stone, la reseña decía: Es como si una banda uruguaya se llamase Alfonsín y tuviera mucho éxito en la Argentina.
Otra cosa que recuerdo siempre y que me sorprende mucho, como omisión colectiva, fue cuando Alfonsín decidió despejar equis para cerrar la ecuación energética prohibiendo la trasmisión de los canales de aire antes de las 17 horas. ¿Nadie se acuerda? Todavía estoy sentado delante de un televisor sin señal aburrido hasta el desasosiego, esperando que se hagan las 5, por el amor de un dios en el que todavía creía.
Imagínense lo que sería una medida así hoy.
Otra que interferencias, ataque a la libertad de prensa y crisis energética.
RA
Nací en el 78, no con Kennedy en la cabeza, faltaba más, pero sí con videla, que es peor, porque es nuestro, en el mal sentido, pero en el real, mundial de fútbol, en lo onomástico, pero no en lo numérico, porque en lo numérico es 30 mil.
Estaba aún en la panza de Mónica en el edificio 102 del Barrio General Savio. Lugano uno y dos para los amigos y para los no tanto. Hijo de padre de familia peronista de base con salidera radical tardía y madre de cuna radical, coleccionista de Centro Editor y posterior votante del PI en elecciones libres y testimoniales posteriores.
Recuerdo en mi más nebulosa realidad infantil pocas cosas. Recuerdo eso sí a Raúl Alfonsín y lunetas y lunetas de Renault 12 pegatinadas con las siglas RA en ovoidal bandera argentina que señalaban al líder radical como metonimia de la República Argentina.
Recuerdo, además, su voz familiar, como la de un pariente, acompañándome en la infancia. Recuerdo sus manos agitándose a la izquierda de su rostro. Recuerdo el gesto de mi vieja en la jornada de Campo de Mayo, asustada.
Tengo 30 años. Mi vieja es kirchnerista. Mi viejo no, pero tengo argumentos para convencerlo de cero en cada discusión, como si mi ausencia lo reseteara de ideología y tuviera que convencerlo de nuevo. Un hermano peronista y una hermana de izquierda honesta, que es casi lo mismo.
Gracias a las verdades que esta doctrina del intercambio bloguerístico me legó cada vez soy más peronista de ala dura. De defender intendentes del conurbano, sindicalistas de centrales únicas y legisladores verticalistas levanta manos.
Eso no me impide reconocer en Alfonsín un hombre con mayúsculas: RA. El último no peronista preocupado en el país.
Cediendo por las coyunturas, aunque mal, pero con la política en primer plano.
Valga esta necrológica como la importancia de la política en tiempo donde los comunicadores elevan la figura de Alfonsín desde el honestismo, cuando fue, en las peores y en las mejores decisiones de su vida, un animal político, siempre para bien, esto.



