Como sabía que frecuentaba al genial Bioy, el encargo resultó sencillo. Sólo había un problema: volver al estudio durante el programa. Para eso, también Jack tuvo que hacer su parte. El asunto fue así. El programa arrancaba desde la casa de Bioy y la primera media hora transcurriría desde allí. Luego al canal. Jack cronometró ese mismo día cuánto tiempo tardaría en llegar al canal, situado a pocas cuadras, en taxi o el mismo auto de Chiche. Los tiempos no daban ni sumando dos cortes publicitarios. Hasta que apareció la genialidad y tuvimos que contratar una ambulancia privada para llevar a Chiche hasta el canal. Con la sirena al máximo, el viaje se redujo a la mitad de lo que pensábamos. Bioy Casares se reía de esas ocurrencias mientras lo miraba a Chiche desde la pantalla de su televisor.
8.9.10
come en casa gelblung
Como sabía que frecuentaba al genial Bioy, el encargo resultó sencillo. Sólo había un problema: volver al estudio durante el programa. Para eso, también Jack tuvo que hacer su parte. El asunto fue así. El programa arrancaba desde la casa de Bioy y la primera media hora transcurriría desde allí. Luego al canal. Jack cronometró ese mismo día cuánto tiempo tardaría en llegar al canal, situado a pocas cuadras, en taxi o el mismo auto de Chiche. Los tiempos no daban ni sumando dos cortes publicitarios. Hasta que apareció la genialidad y tuvimos que contratar una ambulancia privada para llevar a Chiche hasta el canal. Con la sirena al máximo, el viaje se redujo a la mitad de lo que pensábamos. Bioy Casares se reía de esas ocurrencias mientras lo miraba a Chiche desde la pantalla de su televisor.
12.11.08
acerca de la realización
14.7.08
hermosillo
Maradona, Copolla y su habitual troupe se pasean por un exclusivo hotel en las afueras de Toluca, México, descansando. En unos días Maradona va a ser la principal figura de un partido homenaje a un tal Carlos Hermosillo, ilustre futbolista del Cruz Azul, que se despide de su carrera deportiva con un partido a su salud.
Es la noche anterior al partido. Pasa a saludar el Turco Mohamed, que está jugando en la liga mexicana, es una estrella, acompañado de un amigo, a saludar al Diego. Se ponen al día el uno del otro durante unos minutos largos entre anécdotas y risas. Alguien de la organización golpea, entra y se presenta para arreglar algunas cuestiones de marca y preguntar si el Diego quiere algo especial para el partido. El Diego le dice que no, que juega con lo que le den, que no hay problema, máster. El tipo le da una camiseta al Diego como para que se la pruebe. El organizador le dice que juegue con el 27 porque es el número que identificó la carrera de Hermosillo. El Diego no está acá por su amor a Hermosillo sino por el cachet. Le parece bien. Se la prueba, le queda regia, el tipo de la organización se va. El turco le pide la camiseta de regalo y el Diego se la regala. Hablan un poco más de alguna cosa. Se divierten. El Turco y el Diego se quieren mucho y ambos son simpáticos hasta para vetar el aumento de las jubilaciones mínimas. Quedan en que mañana salen al DF para el partido homenaje. El Turco y su amigo se quedan en una habitación contigua.
Haber estado con el Diego los dejó insomnes por lo que el Turco y el amigo conversan algunas horas más recordando el encuentro. En eso, como chicos, agarran la camiseta del diego y con cintas y marcadores transforman la 27 en la 10 porque juzgan no sin razón que al diego no le cabe otro número.
Se encuentran en el lobby del hotel y parten en avión privado para el estadio Azul del DF mexicano. Antes pasan a hacerle una revisión médica a Maradona. Las complicaciones de tránsito hicieron que la comitiva llegue media hora tarde al partido. El 10 ya está malhumorado. Y tiene hambre: pide unas pizzas. Afuera el público ansioso no espera ni a Zamorano, ni a Higuita, ni a Valderrama, ni a ninguna de las estrellas latinoamericanas contratadas para la despedida de Hermosillo. Ni siquiera esperan a Hermosillo. La gente, como siempre, llenó la cancha para verlo un rato al Diego.
Un colaborador le arroja una playera. El diego se la prueba y le queda chica. Le tira un número más grande: le vuelve a quedar chica. Le da la más grande que tiene, no le llega ni al ombligo de Dios. El tipo nervioso reconoce que no tiene remeras más grandes. El Diego recaliente se da media vuelta y con un gesto unívoco comunica a todos los presentes que no iba a jugar ese partido y que no había marcha atrás en su decisión. El estadio Azul ruge. El colaborador suplica, se arrodilla, pide por favor, que el Diego no se vaya, que juegue. El Turco se acuerda de la camiseta, se la alcanza. El Diego se la pone y sale a la cancha. Juega un partidazo, hace un gol y todos los mexicanos lo ovacionan. Hermosillo tiene su gran fiesta.
Al otro día los medios repudian la actitud de Maradona de haber jugado con la 10 cuando todos los jugadores de campo, hasta los arqueros, habían usado la 27 de Hermosillo. Maradona nunca se entera que jugó con la 10.
19.5.08
ismael
Me sorprendo muchas veces con ciertas informaciones inútiles que conservo con sospechosa facilidad. A todos les pasa, supongo, preguntarse ¿por qué recuerdo el nombre del bajista de Los Enanitos Verdes? Otros datos son forjados a fuego en nuestras memorias (?) por otras cuestiones, en algún tiempo nos interesó mucho algo que posteriormente dejó de importarnos, y es casi imposible borrarlo, por más que no volvamos nunca más ni por asomo a intentar retomarlo, como ser los nombres de los personajes de Son de Diez, a fin de ejemplificar. Entre uno y otro punto de esta tesis se encuentra Ismael Serrano, alguien del que sé mucho y que no termina de resultarme intrascendente aunque no quisiera acordarme y que dejó de gustarme hace mucho, al menos concientemente.
Mamá escuchaba todas las mañanas un programa de Guinzburg y Castello en Del Plata que se llamaba El Ventilador; era, se puede decir, fanática. Todos los días me hacía algún comentario de lo que se hablaba en ese programa, lo disfrutaba. Yo trabajaba con mi Papá en un estudio contable que ya no es y me pasaba mucho tiempo en Musimundo escuchando esos modernos reproductores de discos con auriculares de la casa de música, circa 1997. Me llegaba a escuchar discos enteros, parado, frente a ese aparato que tenía tres discos, al principio, para elegir, y después fue infinito, porque leía los códigos de barras y te reproducía cualquier disco de cualquier batea. Era muy fanático de Silvio Rodríguez, tenía 18 años más o menos, era casi feliz y miraba con un optimismo improcedente el mundo por venir. Mi mamá me contó que había un español que se llamaba Serrano que hacía una canción para las Madres de Plaza de Mayo y que la había cantado en lo de Guinzburg y que a mi me iba a gustar mucho. Me escuché el disco entero de Ismael, Atrapados en azul, gran título, y no encontré el tema que hacía referencia a las Madres pero me lo compré igual, creyendo que era otro Serrano pero bueno igual. En el próximo disco, La memoria de los peces, otro buen título –tiene buenos nombres de discos Ismael- sí apareció, pero unos 2 años después a lo de Guinzburg.
Ismael de apoco empezaba a ser ese artista que los argentinos hacemos argentinos por una razón incomprensible. Me acuerdo que llenó a desbordar un show en
Ese primer disco, hoy que recordamos el Mayo de París, tiene Papá cuéntame otra vez, quizás la última canción de protesta que no me sonó anacrónica al momento de escucharla. Porque las canciones de protesta -aunque me gusten- suenan a ejercicio de sincericidio ineludible. Pero Papá me sigue pareciendo una canción para encapsular y mandar al espacio a pueblos extraplanetarios con interés de descubrirnos. Una gran pintura de época de hijo de padre que quiso cambiar al mundo y mira a sus generaciones anteriores con algo de orgullo y mucho de tristeza y vergüenza ajena. También tenía un puñado de canciones, algunas menores, y otras más lindas, como esa que sella y entre lágrimas tu figura es devorada por la gente, gran figura ilustrativa de alguien que se pierde en un aeropuerto para no volver a tiempo. También tiene canciones de desamor de gente madura que no encuentra lógica que este Ismael sub-30, como Un muerto encierras, Dónde estarás y La extraña pareja, que cuenta una historia atípica, la de un tipo que se pasea por los bares dando por muerta a la mujer que lo dejó en el sentido más literal del término (venía borracho y solo, traía el gesto serio, y en las manos una corona de difuntos).
Después sacó La memoria de los peces, un gran disco para el yo de esa época, que escuché hasta gastarlo –aclaro que no escucho más a Ismael salvo las cosas que va sacando nuevas, que escucho para ver qué onda y que después me doy cuenta que las escuché mucho, demasiado, sin darme cuenta, que sé todas las canciones, y que no termina nunca de caerme mal y que quizás deba reconocer que me sigue gustando-. Tenía grandes canciones como la de las Madres, la última, que decía algo muy lindo: le decía a las madres que sus hijos no habían muerto porque seguían guiando con su ejemplo a miles de jóvenes como él. Qué optimistas creernos eso. Bueno, sigamos. Además tenía Canción de amor propio, una oda a la paja, muy acabada; Últimamente, la primera, que es todo swing guitarrero, súper cantable; Vine del norte, muy triste canción sobre un amor imposible con una chilena en Chile; Ya quisiera yo, una bandera levantada sobre la imposibilidad de ser feliz en un mundo injusto; y, sólo por nombrar unas cuantas, Triste y dulce historia de amor, una original reseña de un amor entre un funcionario público y una estudiante del secundario que termina mal.
Este disco lo presentó en el Gran Rex, fue su primer show rentado. Fui el primer día con algunos amigos. Y la verdad que derrocha carisma Ismael, cuenta historias, anécdotas, muy stand up, entre tema y tema, con esa voz de español intelectual de izquierda que dan ganas de ser mina para cojértelo, y canta tan bien además –canta muy bien Ismael, tiene una voz muy calida, muy referencial, muy de invitarte a tomar un fernet, muy cómplice-. Al final me acerqué por el pasillo como un fan y una madre de plaza de mayo tras su tema me alcanza un pañuelo de ellas, bordado, dentro de un sobre, y me pide que se lo alcancé. Tantee la distancia y medí su peso y concluí que no estaban dadas las condiciones para arrojarlo, el pequeño objeto no llegaría a destino. Así que me fui a la izquierda del escenario –estuve bien- y desde allí como un gaucho en una chamarrita zarandeé el pañuelo de las madres hasta que la multitud indicó mediante gritos y señales que estaba yo como un cuidacoches de la memoria, soberano y redentor, haciendo de médium entre
Después en mí se fue licuando el fanatismo, sacó un muy malo Los paraísos desiertos del que destaco la muy linda Ya ves (así yo canto para recordar que aún seguimos vivos) que mezcla iconografía revolucionaria con una historia de amor –siempre funciona- y quizás su mejor canción, No estarás sola, hermosa por donde se la mire, canción que bien podría usarse como música de fondo para un informe de TVR sobre Evita (No estarás sola, te saludarán a tu paso en mil idiomas, con mil lenguajes, la gente a la que despertaste en cada viaje.)
Después sacó un muy lindo La traición de Wendy, con muy buenas canciones salvo un horrible homenaje a Buenos Aires –a Arjona le hubiera salido mejor-. Destaco la sencilla y mortal Qué andarás haciendo ahora, o el recuerdo de un amor que dejó de ser, para alguien que nos dejó y que ni con esfuerzo todavía le encontramos eso malo para machacar nuestro desamor.
Más acá sacó un disco doble en vivo muy correcto, Principio de Incertidumbre; un elepé olvidable salvo por dos o tres canciones, Naves ardiendo más allá de Orión –que no entiendo cómo todavía el Olé no lo intertextualizó cualquier día que el arquero de San Lorenzo haya destacadosé entre sus pares-, una de estas canciones es El virus del miedo, una pintura de eso que se llama “ataque de pánico”, bien contada en la primera persona de un ser demasiado sensible para afrontar los achaques de este mundo. Es bastante original Ismael, no se queda en la canción de amor clásica que cambia una metáfora ingeniosa por otra, es un tipo ilustrado, sensible e inteligente, aunque no talentoso o virtuoso, y hace canciones sencillas que de vez en cuando dan en el blanco de la originalidad.
El año pasado sacó su último disco, Sueños de un hombre despierto, un lindo disco, todas las canciones promocionan con 7, entre las que destaco Si se callase el ruido, que va derechito a ser uno de esos tema que trascienden generacionalmente los fogones intercampings.
Estuve a punto de ir al show, al final decidí no ir, creo que hice bien, de cualquier manera lo hubiera disfrutado, creo que ya va por el octavo show, se lo merece.
9.2.06
la leyenda del anillo y el jarrón
- ¡Qué hermoso jarrón! ¿Debe ser costosísimo?
- Efectivamente, es una pieza única de la dinastía Ming; perteneció a una noble familia de Pekín allá por 1359.
***
El local de la calle Libertad era, como casi todos los locales de compro oro, pequeño. La vendedora con sus dedos regordetes sobre el mostrador de vidrio, muy cortésmente atendió a Madre con su pelo lacio perfectamente peinado al medio. ¿Qué necesita?, preguntó como quien está pensando en otra cosa, quizás sumergida en el volátil recuerdo sus recientes vacaciones en carpa junto a su novio en Tandil.
Vengo a valuar estas joyas, preciso venderlas, le contesto Madre con dulce tono, sin que se noten las costuras de su discurso pergeñado previamente en el taxi -había buscado minuciosamente estas palabras, elegidas entre miles para aparentar que sabía qué estaba haciendo, que ya lo había hecho otras cien veces-. Espéreme un segundo, le dijo con respeto la gentil dama, acomodándose la cabellera detrás de sus amplias orejas.
No tuvo tiempo de girar sobre sí para dar un vistazo general al negocio cuando el dueño de la joyería, un hombre macizo de unos 60 años de ascendencia armenia, estiraba su mano para estrechársela; ese gesto milenario que denota confianza para una transacción comercial.
La invitó a pasar a su despacho: un cuarto de dos metros cuadrados, cuidadamente decorado, donde jamás entró la luz del sol. La alfombra roja, algunas reproducciones de los más famosas obras de Pierre-Auguste Renoir sobre el sobrio color pastel del empapelado y un escritorio art decó extenso y macizo de roble daban un marco majestuoso, digno de un amante de la ornamentas y la suntuosidad.
Una a una, con orgullo aristocrático, Madre fue sacando las reliquias; el hombre, con gesto adusto de quien ha visto todo tipo de collares, anillos y brazaletes examinaba las piezas, mientras le ponía nombre a los nobles elementos y precisaba su cuantía. Antes de sacar el objeto más preciado, un anillo adornado con un valiosísimo diamante, Madre, buscando una pausa que acentúe su conocimiento, su idóneo juicio, posó sus ojos en el delicado jarrón.
***
Entró como una tromba el pequeño local, gambeteó a la señorita de dedos rechonchos con inexplicable destreza y -sin escuchar sus indicaciones- en un santiamén entró al despacho. Antes que el hombre pronuncie palabra, Madre le increpó con el jarrón entre los las manos, con el envión suspensivo de quien meterá un lateral en el área chica: “Si no me devovés el anillo de mi vieja te hago bosta contra el piso la dinastía min’, la china, el congo belga y todo oriente, armenio sorete.” Con la respiración entrecortada el hombre metió su mano en el bolsillo delantero derecho de vaqueo, sacó del bolsillo el preciosísimo objeto y epilogó: “Dejá eso ahí, agarrá este anillo choto y tomátelas, loca de mierda.”
23.11.05
reparación histórica
El lunes fui a entrevistar a Ariel Minimal. Hablamos lindo y tendido (todo eso será volcado en el próximo número de Bipolar). Sólo quería contar acá una anécdota simpática que quizás no quede en la nota.La cuestión es más o menos así: mientras el líder de Pez con una remera de Folklore muy cool (con felpudito marrón sobre fondo celeste) calaba un hiperfinits firulets, surgió la pregunta “fan” de la tarde. Había una cuestión que me llamaba la atención desde cuando todavía “faltaban miles de años más” para poder preguntársela. Fue posible gracias a la magia del periodismo.
- ¿Por qué el booklet del disco Cabeza tiene olor?
- …
- Sí, tiene un olor raro. ¿Es la impresión? ¿La tinta? No sé, pero tiene olor…
-¿No te diste cuenta por qué?
- No – le dije mientas sigilosamente sacaba el disco del morralcito.
- A ver, dámelo –me dijo llevándose el librito a la nariz y mirando de reojo la cajita- Claro, te sacaron el incienso. Cuando grabamos Cabeza, en la sala de ensayo, siempre poníamos ese incienso. Cuando lo editamos decidimos meterle un poco de ese sahumerio al lomo del cedé, pero a vos te lo sacaron, igual el olor quedó.
- ¡Y desde hace doce años!
- Vamos a hacer una reparación histórica te voy a devolver el incienso que te robaron, doce años después- finalizó Minimal, mientras removía aún más la ya de por sí desordenada sala de ensayo de Pez, hasta que encontró un suhumerio. Me lo cortó y me lo puso en el lomo del cedé, reparando así con otra injusticia histórica.
11.8.05
cenizas
*124
Ud. tiene un mensaje nuevo. Para escucharlo pulse uno…
1
- Hola hijo, ¿cómo estás? Me llamaste. Bueno, te llamo acá por que en tu trabajo no te quiero molestar. Te quiero decir que te quiero mucho y que me compré un carro. Lo vi de oferta. Después lo vemos. Se llama Fénix. Es el nombre que le habían puesto las nenas que lo tenían. Y me gustó. Así que se lo dejé: se va llamar Fénix. Podemos dar una vuelta…
Para repetir el mensaje pulse 1.
5.7.05
etapas
Bienvenidos al servicio 110 básico de Telefónica; éste servicio actúa por reconocimiento de voz.
Ud. puede consultar sobre: números de teléfonos; códigos de localidades o cambios de números, ¿qué servicio quiere utilizar?
- Números de teléfonos –dice Nolugareña.
Su consulta es por un cliente particular, empresa u organismo de gobierno:
- … Empresa –duda Nolugareña.
Por favor, diga el nombre de la localidad
- … ¿Capital? –piensa Nolugareña.
Disculpe, no escuché su respuesta.
- Capital Federal –asegura Nolugareña y piensa: "No escuchaste porque no dije nada maquinola".
Por favor, diga el nombre y apellido o razón social.
- Sindicato Argentino de Panaderos –dice Nolugareña.
Por favor, diga el nombre de la calle.
- … –calla porque no sabe Nolugareña.
Ud. pidió el teléfono de Pañales Mimito.
4.7.05
aló, ¿quién vive?
Ayer sonó un timbre timorato, dudoso; casi el efecto de un golpe de alta tensión. Dudé en atender, me acerqué lentamente y, cuando pregunté: “Aló, ¿quién vive?”, escuché:
- Hola, ¿quién es? (1E)
- Hola (2B)
- Hola (7D)
- Hola, ¿sí? (4A)
- ¿Quién es? (1E)
- ¿Sí? (2B)
Sí, adivinaron: fue el famoso ring raje múltiple de chico rico con tristeza de barrio de clase media que duda entre salir de la infancia o por fin tomar el atajo de las drogas legales que están en la mesita de luz de la mamá.
La Chica del 1E y el Chico de 2B comenzaron una linda historia de amor después, más tarde.
30.6.05
¡pará, fanático!
La mala suerte suele tomar las más diversas formas: había acompañado a Mile a hacerle una entrevista a Carlos Belloso al teatro Gargantúa -donde está presentado su obra “¡Pará, fanático!”-. Cuando terminamos llamó a Pichi, que estaba en la república de la provincia de Buenos Aires, para saber si ya se volvía de donde estaba y decidir si me acompañaba al cumpleaños de Vero. Pichi seguía del otro lado de la General Paz. Paramos un taxi. Eran las 2 de la mañana, más o menos.
Le dije la dirección; desconocía cómo legar, nunca había ido a la nueva casa de Vero, pero me situaba geográficamente. A la altura de la Chacarita el tipo preguntó por cuál camino nos parecía tomar, a lo que Mile respondió: “El más rápido” -esto después fue motivo de burlas: como si se le pidiera a los taxistas: “Por el más incómodo y rebuscado”-. La respuesta rápida lo sumió en el total desconcierto. Él tampoco sabía cómo llegar. Creo que ni siquiera se ubicaba espacialmente en Caballito.
Cuando estábamos cerca -según mis estimaciones- veo al tachero agarrando para cualquier lado. Le entredigo un timorato: “Me parece que es de éste lado de Rivadavia”. (A la postre sería oportuno el comentario pero, en ese entonces, por la blandura con que lo esgrimí, resultó insuficiente.) Mile pensaba decirle: “Preguntale a algún tachero; que siempre saben”. No lo dijo.
Le pregunté, en cambio, a un chico que estaba con una franela cuidando autos, pero el tipo respondió algo ininteligible. Le repregunté, como buen periodista. Nos farfulló: “(S)oy (s)ordo”.
Doblamos en uno de esos pasajes de Caballito que lindan con el tren Sarmiento. Vemos un pibe con ropa deportiva. Estaba al lado de un peugeot 305 (o alguno de esos nuevos: desconozco absolutamente todo sobre autos). Nerviosamente nos indicó: “Seguí derecho”. Cuando arrancó el taxista nos dimos cuenta que: no era suyo el auto, que tenía el vidrio bajo y que estaba a punto de chorearse un estéreo, no necesariamente en ese orden de vislumbramiento.
Mile le sugirió: “Preguntale a algún tachero; que siempre saben”.
Cuando quisimos darnos cuenta estábamos en la puerta de la casa de Vero.
