26.11.08

the palermo manifesto

Esteban Schmidt le da fuerzas a su alter ego Estebitan para disociarse de sí, y así, ambos, se conviertan en una minoría. Una minoría dentro de otra minoría, la Ultra, que justifique el uso del plural en una proclama que debiera estar escrita en primera persona, su libro: The Palermo Manifesto.

Pero siempre en grupo se es más valiente, y si la cosa se trata de entrarles a enemigos elegidos con talento y capricho, mejor que ser un loquito rebelde es ser una vanguardia iluminada (por dicroicas). El resultado es un volquete de desprecio, dirigido a enemigos extrañísimos, que Esteban y Estebitan, la Ultra, va hilvanando con su proverbial destreza, logrando hacer un todo de sus fragmentadas broncas acumuladas.

The Palermo Manifesto es un libro lo suficientemente distintivo como para ubicarlo en un estante. Obviamente no es ficción, pero tampoco es no ficción. Quizás sea una biografía no autorizada de sí mismo, escrita por otro, que también es él.

Comienza con un racconto desde su adolescencia en Caballito, después repasa su militancia en la causa cívica republicana, que es el radicalismo de amigos, en la primavera alfonsinista. Más tarde explica por qué nunca pudo entremeterse en los círculos de poder -por ser muy menor para los correligionarios de entonces-, y cómo terminó todo (mal) y cómo ese todo lo confundió aún más el menemismo, que lo mudó a ese otro barrio que es Palermo, que tras el menemismo y el delarruismo se irguió, siempre para él, como el único espacio en forma de un país acalambrado. Aunque con la recuperación de la economía Palermo se trastocó en este espacio frívolo y coqueto que hoy conocemos.

Sus eficaces golpes discursivos se la agarran con Flacso (Flaxo), para después asestarle duros golpes durante 12 rounds a un tal Manteca Di Nápoli, un consultor educacional uruguayo diplomado en Flacso que se enriqueció, desde el progresismo, con sus revolucionarias propuestas, que coincidieron de manera fatal, para nosotros, con la pauperización de la calidad educativa del país –y que continúa con una reputación milagrosa al día de hoy-. No dice su verdadero nombre posiblemente para agotarse instancias judiciales pero todo hace pensar en Luis Alberto Quevedo.

Después se la agarra con los argentinos que consideran al Uruguay como un paraíso de los valores occidentales (en vez de un paraíso fiscal a secas); con el adolescente que pergeñó el festival Buen Día; con los mantelería del trasnochado café bar El Coleccionista de Caballito -tras la década del 90, antes era londinense-; con los peronistas; con el periodismo; con los académicos; con los estudiantes que creen que Flacso es la panacea; con Flacso de vuelta; con Manteca Di Nápoli siempre; con los dueños de una librería bouquet de Palermo Soho; sólo por poner algunos ejemplos del inventario de broncas que los Schmidt azuzan en 180 páginas, casi sin respiro.

Schmidt a través su rencor, su resentimiento -algo fingido, algo exagerado, a propósito-, repasa los 25 años de democracia, desde su lugar. Lo políticamente correcto no comulga ni con Esteban ni con Estebitan. Y en ello anida precisamente la principal virtud del autor, en su estilo confrontativo, en su erudición, en su prosa filosa. Estas cualidades hacen que Esteban Schmidt sea, sin dudas, una de las plumas más necesarias de la actualidad para leer la realidad en diagonal. Siempre es interesante leerlo. Quienes nos pusimos contentos cuando su firma aparecía en una RollingStone, en una Playboy, en la vuelta de Los Trabajos Prácticos, hoy tenemos la suerte de poder leerlo largo y tendido en un libro. No es poco, sino todo lo contrario.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Eeee...Parece que no te gustó. Una pregunta: yo conocí a Schmidt a través de tu blog, que tenía un link directo al primer borrador del Fin del Periodismo, y me encantó. ¿Que cosas del libro te hicieron perder tan rápidamente el entusiasmo que tenías al recibirlo? Sólo curiosidad.

Charlie Boyle dijo...

Me suena a mi biografía no autorizada

natanael amenábar dijo...

Si que me gustó, lo que pasa es que Schmidt tiene mucha autocrítica y se ríe de si mismo, casi como del resto del planeta.

Cuando digo que no sé a quién está dirigido digo que no sé a cuántos le puede interesar 100 páginas dándole a un consultor.

Pero tiene su ultra de verdad, sin ir más lejos en estos días pasados, desde que posteé el libro, sin prisa y sin pausa, de a pares, van llegando a mi glo personas que escriben en google derivados de manifiesto, manifesto, schmidt, palermo, esteban en todas sus conjugaciones.

Horacio dijo...

claro, las conjugaciones

nosotros estebamos
vosotros estebáis
ellos esteban