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22.7.09

Juan Gabriel Altavista y el entrismo filial en la sociedad post-alfonsinista

Gracias al amigo Freedonians (¿gracias?) llegué a la página personal de Juan Gabriel Altavista. G-Fer respondía atento a mi consulta sobre si alguien recordaba al hombre detrás de El Show de Las Tortugas Ninjas. Sólo recordaba yo que podía llegar a ser el hijo de Minguito y no más.


¡Y era nomás! Y además era importante: un tipo que supo repechar pasillos de Televisoras Color Ele Ese 80 y Pico. Lo peor es que encontré el disco ese programa (para bajar, acá).


Sigo, G-Fer encontró la página personal del hijo de Minguito, del precámbrico, diseñada por un webmaster de esos que ya no hay. Pero lo mejor llegó con su archivo fotográfico personal que desnuda una época, literalmente, de donde extraje la formación completa de aquella película fundacional del período cine nacional post Olmedo que encabezaba el Profesor Pancurulo también conocido como El Profesor Punk, y que hizo las delicias de la Familia Argentina.


Atiéndase la importancia que el nepotismo cultural revestía en aquellos ochentas, con más hijos de Torres y de Carreras que de personas de a pie salidos de castings.


Atiéndase también la cantidad de rostros reconocibles que perecieron en el ejercicio mediático, seleccionado que supo entronarse circa 1989 musicalizados con Conversación Nocturna de El Ritmo Mundial de Los Fabulosos Cadillacs en la serie Así son los míos de lunes a viernes a las 13 por el viejo canal 13.


Atiéndase a los otros hijos-de entre los que contamos al hijo de Chico Novarro y al hijo de Rodolfo Machado.


Pero volviendo al archivo del hijo de Minguito, y al nepotismo hegemónico, repasemos quiénes eran y preguntémonos qué-fue-del-hijo-de, para entender fatalmente que la única que supo reinventarse era la menos pensada.



Pero eso no es nada, porque ayudados por el archivo recordamos además que el joven Juan Gabriel había vivido un tórrido romance con la otrora vedettísima Gisela Barreto, cuyas últimas señas diera en el malogrado Reality-Reality de Azul Televisión, televisora en eso de propiedad australiana.


Dios Todopoderoso sabe cómo una generación borró de su disco rígido esta imagen que bien puede explicar la pérdida de votos a manos del neomenemismo. Los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetir sus errores, o algo así, y descubrimos en la volteada, que Gisela conserva también página web propia y, deducimos, comparte diseñador mesozoico.



Para finalizar, y siguiendo con la gesta patriótica del entrismo filial, encontramos al gran ídolo de mi hermana desde que tengo memoria, mejor dicho, El Hombre que descubrió que para ser eventero no precisaba destacarse en ninguna rama del arte, solo concurrir, sandwichear y pasarla de 10, a quien descubrimos no ya como El hijo del Gordo Porcel sino como una persona con nombre y apellido: Jorge Segundo Porcel.


1.4.09

Caja PAN, Alfonsín y la ecuación energética

El logo del Plan Alimentario Nacional (PAN) lo acabo de dibujar porque lo busqué en Internet y no aparece por ningún lado. Sólo encontré esta foto.

El clientelismo radical era una cosa estupenda. Nada de plata, cosas básicas, nada de que el tipo decida comprarse un vino, no, harina, leche en polvo, azúcar, aceite, fideos, arroz, corned beef (?), lentejas y porotos. Las humildes casas de los acreedores de la Caja PAN se calefaccionaban con el nitrógeno generado por las bacterias y levaduras simbióticas que viven en el tracto gastrointestinal, producto de la digestión: especial para las noches de invierno hiperinflacionarias.

Yo quería a toda costa conseguir una caja PAN, mirarla, tocarla, dibujar el logo. Estaba como loco, pero nunca pude ver una a una distancia prudencial. Mi vieja decía que era para gente que la necesitaba más que nosotros. También me acuerdo de un vecino de edificio que estaba con su flamante caja PAN y, envidioso, decirle a mamá que vaya a pedir una y que no, que era para gente que la necesitaba más. Y también que esa mina era una guacha porque tampoco la necesitaba. Enconos barriales.

La Caja PAN fue, para mi, todo un episodio institucional.

Existió en los años noventa una revista de cultura rock llamada Revolver, que era muy buena, mucho mejor que todas la revistas de rock actuales sumadas. En la contratapa reseñaban de a 50 discos con una oración. Muy útil (?). Eran irónicos, y no le gustaba nada de nada de todo lo que se editaba, salvo cosas muy extrañas entre las que recuerdo a Mercury Rev o The Beta Band. En 1994 salía el primer disco de los ingleses Bush, Sixteen Stone, la reseña decía: Es como si una banda uruguaya se llamase Alfonsín y tuviera mucho éxito en la Argentina.

Otra cosa que recuerdo siempre y que me sorprende mucho, como omisión colectiva, fue cuando Alfonsín decidió despejar equis para cerrar la ecuación energética prohibiendo la trasmisión de los canales de aire antes de las 17 horas. ¿Nadie se acuerda? Todavía estoy sentado delante de un televisor sin señal aburrido hasta el desasosiego, esperando que se hagan las 5, por el amor de un dios en el que todavía creía.

Imagínense lo que sería una medida así hoy.

Otra que interferencias, ataque a la libertad de prensa y crisis energética.