29.10.10

El kirchnerismo como vanguardia política y cultural



El líder de Bersuit Vergarabat de frente al Cabildo sobre la Plaza de Mayo señalaba hacia adelante a la vez que rompía “hijos de puta, en el Congreso”, después señalaba a sus espaldas: “hijos de puta en la Rosada; y en todos los ministerios”, su mano derecha ya imitaba el movimiento de un ventilador de techo, señalando al pasar todos los edificios públicos macizos de la institucionalidad perdida, en nosotros, no nacida. Década del noventa. Debajo del escenario como una jauría hambrienta y sin presa cientos de pibes coreábamos “ellos tienen el poder y lo van a perder”, que se repetía hasta perder la cordura, forzando hasta la métrica.


Era una canción de Las Manos de Filippi, Sr. Cobranza, que el Pelado Cordera había grabado para Libertinaje, disco producido por Gustavo Santaolalla. La torpeza censora del gobierno de Carlos Menem había llevado a híper difundir este himno de la desazón, sin la radio, mano a mano, ni internet, en cedés, casetes, como una especie de resistencia cultural en democracia. Eso también de “se viene el estallido”, cuando Bersuit, La Renga, Los Piojos, Almafuerte, Actitud María Marta y varios grupos más recordaban en Ferro los 20 años de existencia de la organización Madres de Plaza de Mayo.


Cómo cambió todo el kirchnerismo en 2003, desde la figura desconocida de Néstor, quien modificó para siempre la concepción del enemigo, las alianzas, los pibes, en fin, la cultura, y con ella la cultura rock, que pasó de ser de resistencia a vaya uno a saber bien qué. El mejor ejemplo de todo este proceso es quizás El Cabra, cantante de Las Manos de Filippi, quien pasó de semblantear “sí son todos traficantes, ¿y sino el sistema qué?” a presentarse como candidato a legislador porteño por el Partido Obrero, al sistema, bienvenido. A las Madres y a Santaolalla el kirchnerismo también los puso en otro lado.


Como dijo alguna vez Martín Rodríguez, la democracia es gris, pero la más grisácea de las democracias es mejor que una revolución impracticable, entendimos después. Lo entrevimos desde Néstor Kirchner. El legado que mejor explica al kirchnerismo es la cultura de lo estatal, la lenta incorporación de un discurso burocrático, el aprendizaje de los resortes institucionales para la construcción de poder desde la autoridad presidencial.


De repente, por inquietos, tuvimos que anexar a nuestros saberes cosas como camaristas, conciliación obligatoria, superávits gemelos, defensa de la competencia, paritarias, cautelar, y un largo etcétera. La novedad del Estado interviniendo convocó a una Segunda Argentina en donde las cosas más o menos funcionan como debieron haber funcionado siempre y por ello era todo sorprendente, nuevo, reformista, con tintes insurrectos.


Las primeras sorpresas de Néstor Kirchner fueron discursivas, la novedad era tan sencilla como escuchar a un tipo normal que expresa el sentido común, con la brutalidad de la sensatez. Generaba entonces conmoción escuchar a un presidente decir lo que la gente de a pie decía entre amigos. Hablar de Derechos Humanos, de Genocidas, de la Corte Adicta, de los organismos multilaterales de crédito, de complicidad civil. Un punto alto fue el discurso respecto al FMI, ¡cómo un presidente podía decirles a esos buitres que se paseaban por el Sheraton para obligar a ajustar más todavía durante la peor crisis que este país recuerde!: “No, señores, ustedes no nos controlan más, sus políticas nos llevaron a la ruina.” La densidad del ejercicio del poder ejecutivo era, y lo fue, a su manera, revolucionaria, tanto que su liderazgo cambió para siempre la cultura política, social y económica de la Argentina.


La llamada voluntad política no podía mover montañas como la fe de un granito de mostaza pero podía alcanzar una obra pública que dé trabajo a cientos mientras se exportaban los granos a un dólar competitivo. Los desangelados de 40 y los pibes que veían la luz pública modificaron su inercial concepción apática de la historia.


Un cambio político, en términos culturales sísmico, que condenaría el cinismo al monobloque y al nihilismo al periodismo de elite. El rock no pudo ser más aquello que era. Porque el rock como música joven popular hegemónica ya no podía blandir rebeldía, porque metonímicamente, la rebeldía se desplazaba a otras significaciones, a donde debían trasladarse, a la política, a la militancia, al gris ejercicio de mejorar de a poco, cada día, el país.


Suelo no hacer esto, pero hoy me quema en mis documentos. Sale el domingo en Ni a palos.

sí a palos

28.10.10

homenaje



Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.
Juan Gelman

historia



@berlich, un grande.

(ver más viñetas: poly)

Hasta Siempre



27.10.10

néstor



El Presidente que dijo cosas que nunca pensé escuchar en un presidente.
El Presidente que hizo cosas que nunca esperé ver.

23.10.10

justicia y conurbano

Hay un banda conurbana con onda –y capacidad-. Popularísima, se llamó Attaque 77. Todos la recordarán.


Algún día con Fabián nos tenemos que sentar a darle forma, una forma a esta gran banda de nuestra adolescencia.


Yo no tenía 11 años y ya me había conmovido.


Hoy el titular, Ciro Pertusi, se cansó de ser estrella de rock y se fue al ostracismo.


Siempre recuerdo esta canción preciosa.


Justicia


Anda suelto un ladrón
al que llaman "señor"
Y sale siempre en las noticias
Y que tiene todo lo que
a todos nos faltó
¿A esto le llaman justicia?
¿Justicia para quién?
Hoy en la estación vi a muchos chicos mendigar
y vi a la muerte en cada esquina
Pareciera un sueño, pero es una realidad
¿A esto le llaman justicia?
¿Justicia para quién?
¿Y que va a hacer usted,
Señor que es tan previsor
con todos sus ahorros
y sus plantas de petróleo
cuando descubra que
la muerte es para todos
y se de cuenta al fin
que nunca fue feliz?
Nuestra ley castiga
sin piedad al que robó
por mantener a su familia
Pero indulta a aquellos
que robaron la ilusión
¿A esto llaman justicia?
¿Justicia para quien?

mientras tanto, en europa

21.10.10

Jorge Cayetano Zaín Asís

(Estas líneas fueron escritas “por la sangre derramada”. Desde la racionalidad del dolor. El autor caminó calles literalmente similares a las de Mariano Ferreira. Pero 40 años atrás. Sarandí y Villa Domínico representan, en la práctica, la continuidad del mismo barrio. Aparte, el colegio donde Mariano Ferreira estudió, el “Nacional Simón Bolívar”, hasta la Guerra de Malvinas se llamó “Colegio Nacional Canadá”. El autor pertenece a la segunda promoción del mismo colegio y conserva inalterable hasta el recuerdo del patio. A la edad de Ferreira, militaba, también, en la izquierda. Dato que no tiene, en definitiva, la menor importancia.)

Blackie en busca de una filosofía para la tele



Terminando de leer la biografía de Hinde Pomeraniec sobre Blackie (Paloma Efron), la dama que hacía hablar al país, mujer adelantada a su época, destacada en mil disciplinas. Probablemente escriba algo en estos días a manera de reseña pero antes me gustaría compartir un texto sobre la TV que firmó la destacadísima periodista y productora, publicado en la revista Todo es Historia, de Félix Luna.


La tv en busca de una filosofía

La televisión lanzó sus primeras imágenes allá por 1951. Desde entonces y hasta el día de hoy, el más joven de los medios de difusión ha batallado para conseguir su lugar bajo el sol. Su historia está llena de vaivenes que van desde su origen de orden casi político, a la solitaria actuación del canal 7, de carácter estatal pero siempre teniendo una orientación semicultural y semicomercial; y abarca el período de la franca competencia con los canales 9, 11, 13, 2 que salieron al aire con una programación totalmente empresaria y comercial.

Así planteadas las cosas es necesario definir las áreas a las cuales está sujeta nuestra televisión. En Europa el estilo es absolutamente distinto ya que el Estado controla las emisiones a través de diversos sistemas, y propugna una televisión con poco o nada de publicidad comercial, usando para atender los gastos de producción, manutención de los estudios y todo lo que hace a una planta televisiva, el dinero que ingresa en concepto que se cobra a cada usuario. De hecho, entonces, el método y la línea son absolutamente diferentes a los que rigen a la televisión norteamericana que es la que ejerce su área de influencia sobre la TV latinoamericana. En este caso las programaciones son realizadas con un definido y lógico criterio de beneficios comerciales, ya que el único ingreso que tienen los canales es la publicidad. A través de una filosofía de esta índole, los canales argentinos se manejan con un fuerte sentido competitivo, en el cual influye notablemente la práctica de la medición de audiencia (rating) que se hace telefónicamente. Esto hace suponer que, de acuerdo a esas llamadas, se puede establecer un puntaje más o menos adecuado para los programas que se emiten.

Este método ha contribuido a crear verdaderas psicosis entre los distintos canales de nuestro país.

Nadie que tenga una cuota mínima de sinceridad frente al medio puede proponer una programación de mejores valores culturales y dar por descontado que el éxito es seguro; pero con la misma sinceridad hay que reconocer que es prácticamente imposible saber el veredicto del público sin hacerle conocer una programación de mejores valores culturales. Es un círculo vicioso que no termina de resolverse; porque con una nota de cultura hecha de tanto en tanto y en horarios generalmente fuera del encendido, no se crea de ninguna manera el hecho más fundamental en el desarrollo de la televisión, que es el hábito.

La televisión es, antes que nada, periodismo e información, después entretenimiento y luego todo lo que constituya una programación. Si la noticia está hecha por gente idónea y especializada; si el entretenimiento está ofrecido por programas de orden teleteatral que consulten un temario veraz pero que contribuyan a la doble función de la unión de la comunidad; si el ingenio se produce a través de programas de factura cómica de buen vuelo y sin recurrir a la chabacanería; si la información científica es transmitida con material ameno y de alcance masivo; si se tiene en cuenta la audiencia infantil que constituye un tremendo aporte a la audiencia general, así como también los adolescentes, ahí se tiene la posibilidad de realizar un ensayo previo con miras e elevar el nivel.

Reparemos en algo fundamental: cuando decimos cultura nos referimos a todos los ingredientes que componen este hecho; pero presentados de una hábil manera. Porque no se trata sólo de presentar a Wagner o Chopin, sino que hay que habituar (y aquí volvemos al concepto inicial) a la audiencia a la música popular -pero la mejor- con excelente imagen y mejor sonido. El buen gusto va siendo elaborado juntamente con la audiencia, y en un tiempo que incluso se puede predecir, el público estará acostumbrado y preparado para espectáculos de mayor nivel. Si Rudolf Nureyev concitó uno de los más altos ratings de la historia de la TV argentina, a no equivocarse; ese hecho no es un índice. Nureyev, además de su talento, viene acompañado de una leyenda ampliamente publicitada que lo convierte en una estrella de show. Narciso Ibáñez Menta constituyó un verdadero suceso con su célebre ciclo “El fantasma de la Opera” durante muchas emisiones: este es un sutil ejemplo de cómo se aunaron la difusión de la célebre novela con una realización creada especialmente para televisión.

Si a la audiencia se la inunda con material de menor calidad, series cada vez más violentas y plagadas de crimen y sadismo; con teleteatros retorcidos y sin esperanza; si los niños y los adolescentes son receptáculo de agresión, violencia y sexo indiscriminados es difícil que mantenga poder de selección, puesto que la han habituado a esto y a nada más que esto.

La televisión es el medio de difusión más penetrante que posee la humanidad. Pero los valores se han invertido y la televisión es la que posee a la humanidad. Su sutil y abrumadora penetración debería ser profundamente analizada; sus rumbos debieran ser estudiados por psicólogos y sociólogos, de tal forma que su uso constituya un verdadero vehículo de honesta información, de correcto entretenimiento, de grandes pautas de buen gusto que es una de las bases de la cultura; debe, en suma ser un medio por el cual la familia argentina reciba en sus hogares la verdad, la belleza estética, el buen lenguaje.

También es muy cierto que la televisión corresponde al medio que la circunda y es bastante dificultoso escapar a su influencia; pero quizás debiera funcionar por antítesis. Ofreciendo un panorama que no sea un escapismo a la fuerte y atemorizadora imagen que da nuestro mundo de hoy, pero sí una revalorización de las grandes fuerzas del espíritu.

Los diarios los leen algunos; las revistas las leen quienes pueden comprarlas; la televisión que ha llegado a todos los estratos sociales, es abordada por todos sin discriminación. Su legendario enemigo (no tan legendario ni tan enemigo) el cine, tiene para su diferencia el hecho que hay que salir de casa para verlo y tiene sus reglas, lo mismo que el teatro. Le cabe a esta joven rama del entretenimiento la tarea más difícil puesto que es un elemento más dentro del hogar; que no tiene reglas definidas, y si las hay, tampoco se cumplen. Existe en nuestro país una ley de Radiodifusión que es una de las más severas del mundo y hay en ella un articulado sumamente interesante para aplicar. La promoción que la TV hace de sus programas se transmite durante todo el día, de manera que el niño, aunque no vea los programas que están fuera del área del menor, de todos modos recibe su cuota de agresión. Como se verá, cada uno y todos los puntos a tocar exigen un estudio profundo y a conciencia basado siempre en la filosofía que la televisión es un servicio para la comunidad, con todo lo que ello implica de responsabilidad y serios acercamientos.

En los últimos diez años la televisión, que practicaba una competencia fuertísima y cuyo regidor era el rating, ha sufrido cambios en su conducción, pero aún no se advierten cambios en su filosofía. Y lo más importante en un medio como el que nos ocupa es eso: la filosofía a seguir. Y una filosofía se basa en hechos resultantes; en investigaciones y conclusiones; en estilos de vida y su reflejo en los medios, y en un cuidadoso uso de la difusión cuyo estado ideal sería la responsabilidad combinada con especialización, conocimiento y severidad. Si se dice que una audición de televisión norteamericana ha contribuido a la asunción a la presidencia de los Estados Unidos de Kennedy y Carter ésa es una de las fases del fenómeno. Pero lo ideal sería que la televisión formara conciencia de una comunidad para elegir un presidente.

Insistimos en el aspecto de la filosofía. Se sabe, y bien claramente, que cada canal, como las radios, puede definir un estilo; pero el concepto global incluye un compendio de distintas disciplinas de las que no pueden ni deben evadirse los conceptos de serios estudios dedicados de lleno a satisfacer los deseos de un pueblo; y al mismo tiempo combinar para que este medio se aplique a un concepto de formación y educación de ese mismo pueblo. En algunos países la televisión educativa es un hecho; y si bien no se trata de convertir nuestra televisión en una escuela en el estricto sentido de la palabra, sí se puede convertir a una cámara en un vehículo de noble cuño que contribuya al mejoramiento de una nación.

En el último y gran conflicto que se produjo en Washington con la toma de edificios y rehenes, un juez dictaminó que la tremenda publicidad dada al hecho fomentaba los secuestros y los ataques a personas e instituciones. Pero la televisión no puede dejar de estar presente con la radio, los periódicos y las revistas en la cobertura de noticias. La diferencia reside en la forma que se da a ese tipo de noticia.

En suma, en los últimos años este joven monstruo moderno ha demostrado su fuerza. El resto les compete a quienes lo manejan y trabajan en él. Hábito, respeto a la audiencia, conocimiento, veracidad y manejo idóneo de la profesión son los elementos con los cuales se conseguirá que la audiencia sea la dueña de la televisión para usarla para su mejoramiento.

Blackie
Revista “Todo es Historia”
Nº 120 - Mayo de 1977
Especial 10º aniversario

19.10.10

Condorito, una explicación

Sentado entre la madre y el padre esperando el Roca en Constitución, un chico de menos de 10 años leía una Condorito la semana pasada. Pensé, “mientras haya un pibe leyendo la Condorito, habrá futuro”. Después lo relativicé. Pero al tiempo me di cuenta que a lo mejor estaba en lo cierto. Después lo relativicé de vuelta. Vaya uno a saber.


Lógicamente, compré una Condorito Oro y confirmé algunas de mis sospechas.


Pepo

Uno de los ciudadanos más importantes de los 200 años de vida de Chile es seguramente René Ríos Boettiger, alias Pepo. Junto a Pablo Neruda, Salvador Allende y el Chino Ríos. Este dibujante, sobrino del presidente Juan Antonio Ríos (1942/1946), tras una carrera dedicada a la historieta política, decidió meterse con la soberanía cultural (frente al avioncito de Disney que buscaba representar a la chilenitud) y se mandó un Cóndor, chiquito, emblema de lo trasandino por excelencia. De ahí en más el “pajarraco” irá desarrollando una estética, y se irá rodeando de personajes que le darán el marco conceptual de héroe de lo lumpen.


Viñeta

Condorito eleva el universo de las temáticas de la infancia. No hay guerras, peleas, aventuras, conflictos; hay lenguaje. Lo sincrético del desarrollo, es importantísimo: tres páginas como muchísimo, casi siempre de una hoja, muchas mitades, algunos pies de página, y, por supuesto, las condoricosas, en las que todo se resuelve en una viñeta. Ese formato facilita la lectura en los pibes que tienen problemas de concentración. No hace falta entender el chiste, porque el otro quizás sí lo entendés, y si no, no hay problema, hay otro, y así. Condorito no está escrito para chicos de 10 años, las dinámicas son sociales, muchas veces para adultos, y no tienen el reparo de lo políticamente correcto. Hay borrachos (Garganta de Lata), garcas (Pepe Cortisona), lelos (Ungenio), que hablan de infidelidad, adicciones, que son ventajeros, se ríen de la religión, y un largo etcétera. Lo que sí puede englobar a todos los personajes es que en su mayoría son perdedores, pobres, y que se manejan por impulsos. Tanto es así que la única casa de material es la de los suegros de Condorito, los padres de Yayita: Doña Treme y Don Cuasi.


Espacio y tiempo

Otro acierto es la negación de lo verosímil. Desde el momento en que el personaje principal es un cóndor que habla y camina, nada puede ser normal, más cuando uno de sus mejores amigos se llama Huevoduro, y tiene el rostro blanco y ovoide. Condorito bien puede ser viejo, alemán, pirata, rico, pobrísimo, abogado, italiano, futbolista y réferi, empleado y jefe, cura y feligrés, mozo y comensal. Zanjada esa dificultad, nada es imposible.


Sin embargo detrás de esa volatilidad hay un Condorito real, un punto cero donde todo vuelve. Cuando no hay necesidad de forzar el guión hacia algún escenario, Condorito es vago, lee el diario sobre un tronco, se emborracha, es un solterón empedernido y lancero, tiene muchos amigos, un sobrino, mascotas en shuffle, pocos enemigos, es pícaro y no trabaja.


Condorito, una posibilidad

Otra genialidad de Pepo, el autor, es que (antes se daba más que en el pasteurizado Condorito actual) los personajes viven en una ciudad, Pelotillehue, que es un espacio a componer con las sucesivas revistas, cartográfico. Antepasado directo de Los Simpson, en Condorito hay personajes para cada estereotipo necesario y lugares para cada desarrollo. Y esos lugares son espacios lúdicos. Nada en Pelotillehue (la Springfield del cono sur) es tomado en serio. Ahí viene la impostergable letanía: el Bar ‘El Tufo’; el Restorán ‘El pollo farsante’; el Hotel ‘Lucho’; etcétera. Pero esos espacios físicos no se estancan, mutan todo el tiempo. Nunca el restorán ‘El Pollo Farsante’ es igual al anterior ‘Pollo Farsante’, por ejemplo. A veces es de categoría, a veces, una fonda, a veces el mozo es maitre, y a veces el maitre es mozo. A veces es Condorito quien le sirve al Saco de Plomo, y a veces es el “Plumífero” quien le lleva la carta a Pepe Cortisona. Lo único que no varía es el pelo en la sopa.


Buenas Peras es Shelbyville

Volviendo al espacio lúdico, quizás el gran imán a favor de la lectura infantil es la cantidad de lemas y objetos que secundan la escena. Ya sea la parodia publicitaria (Jabón Sussio ‘No lava’; Tome ‘Pin’ y Haga ‘Pun’; El Hocicón ‘Diario pobre pero honrado’) o el universo paralelo en tensión (futbolistas en los cuadros que patean una pelota que se sale del marco -en la otra viñeta el mismo tipo trata de recuperarla-, o los clásicos chabones adentro de los buzones, los cocodrilos que babean, los sonámbulos con velas, o los cocodrilos sonámbulos con velas adentro de los buzones). Siempre detrás de los diálogos pasan cosas raras: las paredes con esa humedad verde asquerosa, las alcantarillas sin tapa y las tranqueras y paredones con grafitis. Existe una paleta de colores única que representa también a Condorito.


(Hay una historia genial detrás del sempiterno grafiti “Muerte al Roto Quezada”. Cuenta la leyenda que Pepo y su mujer fueron a comer a un lugar y por desgracia a la dama le robaron la cartera. Pepo mandó a llamar al encargado, el tal Quezada, que le dijo que “el hurto” sudedió por gente como ellos, que no debían salir a comer afuera. Desde ese momento, Pepo se vengó desde el background de sus tiras con tanta insistencia que Quezada se hizo pasar por muerto, después de décadas de escarnio semipúblico, para que no lo jodan más. Cuando Pepo se enteró del ardid, volvió recargado a la lapidación. Las hijas de Quezada finalmente le pidieron encarecidamente por carta al dibujante que no inste más a matar a su padre. Todo esto despareció de la historieta cuando se homogeneizó para conquistar nuevos mercados, como el vicio de Condorito por el cigarrillo y los coloquialismos.)


¡Plop!

Pasan los años y las Condorito, con sus ¡Plop! y sus ¡Exijo una explicación!, siguen vendiéndose en los kioscos de diarios de la mitad del cono sur. Pocas historietas han logrado a través de los años algo tan trascendente.


Siempre por fuera de los homenajes y los reconocimientos.


Porque Condorito es incómodo, no trasmite valores, no persigue la canonización de un arte, no tiene un héroe en su núcleo, ni buenos modales, ni un dibujo virtuoso, ni nada de lo que naturalmente se resaltaría de un producto cultural.


Pero nada de todo eso importará demasiado mientras haya un chico con una Condorito en la mano, leyendo un chiste de Condorito en el que esté dibujado un pibe leyendo una Condorito, en la que esté dibujado un pibe leyendo una Condorito, en la que esté dibujado un pibe leyendo una Condorito, y así, ad infinitum.