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10.5.10

san jorge de asís

“Mi Vieja”, dice Mariano Puig. Alude a la señora Laura Ernestina Herrera de Noble. Directora nominal de Clarín. Acosada por graves dilemas de identidad.

Mariano Puig suele dedicarse a la ornamentación de eventos. Reside en Ramos Mejía. Tiene, aparte, una florería, en la Avenida de Mayo al 1500. Participa de la clase media que aún respira. Tiene un auto moderno. Cada cinco minutos le suena el celular. Sus amistades conocen el secreto que deja de serlo.

4.2.09

marroquinería política, extractos

[...] A hoy, finales de diciembre [de 2005], podría dudarse, en la calidez del Patio Olmos, de la posibilidad práctica de que Kirchner se encuentre en condiciones aconsejables de encarar los rigores de otra campaña. Y peor aún, para enfrentar las tensiones de otra gestión, como podría llamarse, con optimismo, a la sucesión de confrontaciones innecesarias que le dieron turbulencias a su primer, y seguramente único, mandato. Aunque el principal obstáculo para la reelección no es, a criterio del Suscripto, el colónico. La vulnerabilidad es abrumadoramente política. [...]

[…] Aunque Sobisch parece disponer de cierta reticencia febril. La de quien supone que, aquellos cuadros menores que los buscan, se encuentran, en principio, meramente interesados en el fragor de su billetera […] Enero de 2006.

[…] Pero no se preocupe porque [Kirchner] tendrá que ir, obligatoriamente, a la reelección. Acaso a su pesar. Para no terminar, por ejemplo, en un futuro mediato, preso. […] Marzo de 2006.

[…] Téngase en cuenta que se habla de una administración donde nadie se atreve a enchufar un ventilador sin el estricto conocimiento de Kirchner […]

[…] Ni con bocanadas de opio puede admitirse la comparación de Duhalde con Perón. […]

[…] Un estilo mezquinamente elitista que superó de lejos la democracia de la marroquinería ampliamente participativa del me*emismo. […] Enero de 2006

[...] el filósofo de ramos generales Alejandro Rozitchner […]

[…] Romero es, en realidad, aunque le disguste la idea, la penúltima esperanza blanca del peronismo racional. Tanto para los principales centros de poder, como para cualquier individuo sensato, medianamente informado, que conserve alguna noción elementalmente obstaculizante del funcionamiento del mundo. […]

[…] «Vivir es cambiar», escribió Homero Expósito, que pasea sus perros en la inmortalidad. […]

[…] Basta indicar que Cristina, La Vampiresa, cuenta con menos posibilidad de ser vicepresidente, incluso, que De la Sota. O que el propio Solá. [...] Febrero de 2006.

[…] Y Me*em se lanzó, como Frankenstein, a la gestación de monstruos. Como por
ejemplo los pilotos Carlos Reutemann o Paco Mayorga. El rugbier Porta. El
justamente olvidado novelista Asís. El cantante Palito Ortega. […]

[…] Más hábil que inteligente, Scioli debe sospechar que se encuentra en el
final. Que se aproxima el descenso. Aunque le cuesta convencerse que nunca va a ser el candidato, a Jefe del artificio de Buenos Aires, de Kirchner. […] Febrero de 2006.

[…] Para degradación de la disciplina científica, Kirchner mantiene el control del Bolillero. Al extremo jactancioso de haber convertido, a la oposición, en una sumatoria difusa de comentaristas. Un conjunto de vaguedades que no supera la impostura del amague. […] Mayo de 2006.

Extractos positivos y negativos, pero siempre interesantes, de La Marroquinería Política, desastres seriales de un gobierno trivial, de Jorge Asís.

19.1.09

de estas maneras, asís

Quizás sea cierto que la coraza de cínico que se viene probando desde hace más de tres décadas busca esconder un hombre más o menos sensible. O quizás haya sido en su momento un personaje para vender un par de miles de libros -auque apuesto más a la primera línea de hipótesis-. De cualquier manera el verosímil está tan bien construido que Jorge Asís no sin esfuerzo puede ser leído como un tipo con temor a demostrar sus debilidades, y que de tanto esconderlas, debajo de toneladas de palabras bien ensambladas y de una oratoria envolvente y seductora, el personaje que se construyó se lo montó para siempre. Y hoy tenemos sin querer al Jorge Asís esclavo de sus manías y sus miedos. A lo mejor, siendo benévolos, sea cierta esta semblanza.

De cualquier manera sus inseguridades son leves a nuestro sustento cuando el tipo va de vice de Sobisch. Pero si no le importa a él, me pregunto, qué nos debería importar a nosotros.

Bueno, malas noticias, a nosotros nos importa porque es un genio, y siempre da bronca que los genios sean cínicos o acomodaticios. Cuando con algo de rebeldía podrían ser otra cosa, algo más componedor para la sociedad, da bronca. Y entonces escarbamos en Asís y entrevemos que no era otro, que sólo logró acumular más prestigio (del difuso), y que no sólo se lo creyó: juzgo su parnaso inmemorialmente merecido. Y vino un ex presidente y lo nombró embajador y se lo puso al hombro, así de simple, por qué no debería de serlo, si lo único que pedía era cariño, atención, que se le condecoren tardíamente los honores que le correspondían. Y consagrado en circuitos menores el tipo se puso del lado menos atractivo y se tiró a chanta.

Y a lo mejor sea ese el atractivo que conserva Jorge Asís todavía (porque nadie puede negar que es un interesante, un imprescindible). Un outsider, que se regodea en su solitaria manera de oponerse, compañero de fórmulas inviables, vocero de si mismo, escriba de ningún multimedios, biografista módico –como le gusta a él nomenclar a los mediopelo-, bloguer estrella.

Asís es un gran escritor y un orador fenomenal. Pero más que nada es un compadrito de barrio, el que verbaliza el error del otro y se come la trompada. Porque es un bardero pacífico, o módico, de vuelta, su propia medicina. Le huye a la dudosa honorabilidad de los puños. Boquea, sí, pero pone la cara.

Pero no quiero ensañarme con Asís por cómo se acomodó al comodísimo estatus, porque no hay nada más cómodo para el que no sabe qué quiere que la comodidad. Nosotros mismos en la década del 90 hinchábamos por Jorge Lanata y hoy, gracias a YouTube, ese mismo tape nos demuestra que nuestro pollo tenía que ser Asís, que los equivocados éramos nosotros, porque el director de Página/12 no era lo que vendía, y Asís no tenía una cohorte de adulones y un séquito de progresistas en la retaguardia. Porque iba solo y aguantaba los trapos, un dogo argentino de las peores causas. Aún en sus contradicciones Asís era y es un tipo que sólo se jode a si mismo, hace su trabajo, defiende lo que más le conviene, y se va a su casa tomar un vino acorde a sus alianzas estratégicas del momento.

Iba a ocupar este primer post serio del año en hablar de Flores robadas en los jardines de Quilmes, pero es más interesante el autor que la obra, porque su obra es él. El artista es él. El libro nos esboza un Asís que era aún el boceto del Asís que hoy conocemos, con sus mismas virtudes y un puñado menos de desavenencias públicas. Todavía era querible sin condiciones ese Asís ochentoso.

Best seller como pocos convenció a 350.000 tipos y muchachas a reservar su ejemplar, el Soriano gorila, un Fontanarrosa en falsa escuadra que no publicaba Clarín. Un tipo brillante y aún accesible. Cínico, pero sensible. Ilustrado pero popular. El Asís casi autobiográfico que no soporta estar con quien realmente ama porque Samantha, ella, se descubre mejor que él, más liviana y desprejuiciada. El Asís que descubre tempranamente que la militancia suicida conduce a la muerte, pero no puede dejar de envidiarla secretamente, envidia secretamente a quienes son capaces de creerse una causa hasta el punto de dar la vida por ella.

Él no es oligarquía, él se traviste de oligarca, y eso se nota, principalmente porque es culto, porque no es ignorante, porque tiene una mirada propia del mundo, es decir no fue educado en la santa trilogía del campo, la iglesia y las fuerzas armadas. Asís es el típico producto de la escuela pública de antaño. Se construyó a si mismo, no es lo que los padres esperaban de él. Asís, el cheronca del barrio, el engrupido, el que de tanto querer cagar más alto que su culo un día cagó desde la nuca, y desde la nuca se cagó en todos. Revancha mal entendida, lucha de clases como lo entiende la clase media, salvarse. Se vengó: de don nadie en la Argentina a plenipotenciario en Lisboa.

Hoy que el ascenso social está imperializado en lo material el arrojo de Asís de escalar de clase siendo un hombre de letras, lo resignifica. Partir de Arlt y llegar a Mujica Láinez.

Quizás la culpa de la mediana cobardía de no haberse jugado nunca por nada hizo de Jorge Asís este personaje actual tibio, insalvable, que en vez de escribir novelas que captaron mejor que nadie el pulso de los sectores medios despolitizados, es levadura para agrandar la masa de una valija o un supuesto resentimiento presidencial. Poco esfuerzo intelectual, flojera, guita fácil, al servicio de nadie.

Dejó pasar la oportunidad de vender buenos libros honestos por vender libros deshonestos, narrados con la misma destreza.

Pero como es uno de los mejores, y porque no hay tantos, se lo perdonamos, esperando el equilibrio que deparará la sabiduría de su pronta senectud.

26.8.08

pensar el moño

apa - Share on Ovi

Me levanté soñando con un post, sobre moños, pero no recuerdo de qué se iba a tratar, aunque estaba bueno, muy bueno me atrevería a decir. Tenía la imagen al despertar del ex juez Cruciani, del Turco Asís y del comentarista deportivo Dante Savatarelli. Los tres, para desde ahí elaborar un dura crítica a no sé quién basado en algún disparador, que en este caso era el moño, para terminar diciendo tal cosa.

Pero no recuerdo, tengo una maraña en la cabeza, qué era lo que estaba de bueno de la reflexión acerca de los moños, enmoñado estoy.

Los moños de corbata, la corbata de lazo. Para los colombianos el corbatín, para los chilenos la humita, para los españoles la pajarita, para los mexicanos la corbata de moño, para los peruanos el michi, para los panameños un moño es una la corbata de gatito, para los brasileros la gravata de laço, para los yanquis the bowtie. Los moños de smoking, los moños de traje, los moños, qué va. Qué se vengan los moños de todas partes a la convención internacional del moño, que la Unesco declare al moño patrimoño de la humanidad, que se discuta el moño.

Y los moños son cosa seria, porque convengamos que a James Bond le quedan muy bien, pero a tu viejo le quedaban patéticos, y a vos también. Imaginate vos con un moño, yendo a trabajar, a un asado, a ver a All Boys. Porque ponerse un moño es ponerse un moño no es cualquier cosa es ponerse un moño. Y además los que se ponían un moño no se ponían un moñito negro, al tono, sobrio, no: un moño alunarado se pone Cruciani, no jode, y el Juez es el último señor de moño del país: su logo era un moño monono. Cruciani hizo campaña para algo en las últimas elecciones y el solo moño le dio una impronta más que importante a su digno 14# lugar. En la campaña del juez Cruciani venía el moño y después el jefe de campaña y después su plataforma, plataforma de moños: ¡moños para todos!

El moño es un tema.

Cuando Asís le dice a Lanata que su campera es llamativa en la de Mariano se olvida que él tiene puesto un moño. Y unos bigototes. Hay que vestirse para salir en cámara y ponerse un moño colorido -con lunares- y creer que lo que dice es atinado y serio. Me atrevo a decir que un moño no es elegante, es extravagante, es llamativo, denota personalidad, confianza al ridículo, oligarquía de segunda mano, riesgo, pero no sabiduría, ni destreza, ni coherencia, ni templanza.

Moño denota moño. Nunca usé moño.

Moño con smoking, moño negro, moño gris, queda bien, es elegante y hasta recomendable. Moño amarilllo, verde, rojo, no. Un negro con moño es un sirviente, un chino con moño es un jugador de tenis de mesa olímpico ganador, una mujer con moño es el mal gusto convocado a la selección, segunda, convocada a la segunda selección del gusto, al outlet de los moños.

Moñeros como Don Hipólito son excusables por ser hombres de su tiempo, como Asís porque dejó de usarlos, como Cruciani porque le sirve políticamente y es ininmoñable y como Savatarelli porque era un buen tipo.

Pero Pinky, sos indefendible.

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Parece ser que los croatas no tenían botón en la camisa en el cuello para el siglo 17 y para que no se le vean los pelitos del pecho bien croata se anudaron muy balinmente con una cinta bebé el cuello y se hicieron un moño como quien se hace un moño en una zapatilla. Imagínense un montón de croatas con moño peleando contra Serbia, contra Montenegro, contra Sietecase. De ahí viene que los franceses siempre a la vangard de la moda mundial tomaron este gesto estético de los croatas y le pusieron un nombre en francés que degeneró en corbata para el casellano, de lazo, también conocida como moño.

Mooooooooooooooooño.

Y claro que es bien linda la palabra moño. Moño. Mañoso. Mañana. Miriñaque. La M y la Ñ van muy bien juntas y cuando se juntan hacen que nuestros paladares y nuestras lenguas se conviertan en cajas de resonancia, instrumentos de percusión, labios leporinos, burlas infantiles. Que seamos más felices en resumen.

Aunque lo que iba a decir del moño lo olvidé por completo, enhorabuena sea este tributo al moño.

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