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28.10.10

homenaje



Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.
Juan Gelman

7.1.08

Dice que a todo le pongas mucha Gelman

Miraba por la ventana, acostado, e imaginaba estar esperando un vuelo, demorado, en un aeropuerto. Estaba además Juan Gelman y su mujer, también demorado, el vuelo, Juan, yo, su mujer, aburridos; pero él con su halo, más liviano ante las viscicitudes de la mundanalidad mundana, casi etéreo, poeta, en fin. Escribo en un papel “la vida”, muy chiquitito, y procuro que me vea –con el misterio necesario para que se interese en mi accionar-. Un tacho de basura está, por esas casualidades de los delirios, enfrente de Juan. Pego el cartelito en el tacho de basura con una cinta de papel color beige. Juan está sentado, yo me siento en el piso, exactamente entre él y el tacho, de espaldas al poeta. Sacó un pilón de hojas y con un marcador grueso escribo “sueño” en una de ellas, hago un bollito. Con una morisqueta histriónicamente payasesca lo tiro al tacho. (No decidí si tenía que embocarlo o no.) La idea era, más bien, repetir tres veces el proceso. Escribir “sueño”, hacer un bollo y tirarlo de una manera inverosímil. Acto seguido me incorporaba, me daba una vuelta, e increpaba, sí, dulcemente, a Gelman: “Como a tus compañeros que mataron y mataron, y nadie te enseñó a hacerlos de nuevo, estoy arrojando sueños sin método contra la vida chiquita”. Obviamente Juan se emocionaba y me invitaba a comer a su casa y nos hacíamos amigos.

Bollitos de juangelman a là natanael
  • Ingredientes
  • 1 cinta de papel color beige.
  • 1 aeropuerto.
  • 1 tachito de basura.
  • 1 marcador grueso negro.
  • 1 Juan Gelman ocioso.
  • 1 pilón de hojas.

Todo este escenario me obligó a levantarme de la cama y volver a leer por enésima vez los mismos 25 poemas de Juan que tanto me gustan.

Enciendo el libro en un canal al azar y me entretengo con la telenovela inasible de Televisa Cósmica Internacional, María la sirvienta, cuyos contenidos fueron comercializados por Dori Media Group en el Estado de Israel para la señal del estado (de Israel) y sus repetidoras Franja de Gaza Color y Cisjordania Visión.

Resumen del capítulo anterior:

Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años,
era capaz de tener alma y sonreír con pajaritos,
pero lo importante fue que en la valija le encontraron
un niño muerto de tres días envuelto en diarios de la casa.

Todo el tiempo de sus 17 años nuestra protagonista, María, de profesión sirvienta, fue más o menos feliz, y tenía su almita. Una vida armada, que le dicen. Pero lo importante fue que en su valija le encontraron un niño muerto de tres días envuelto en diarios de la casa, ni siquiera eran diarios propios, Crónica o Popular, de la casa, La Prensa o La Nación, da lo mismo.

Qué manera era esa de pecar de pecar,
decían las señoras acostumbradas a la discreción
y en señal de horror levantaban las cejas
con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

Tenemos los personajes secundarios, las señoras discretas, qué lindo reparto. El pecar de pecar es el pecar de un ser en pecado que ni original es, es una pecadora vulgar que peca vulgarmente con pecados ramplones. María, una bárbara, pero joven, redonda por todos lados, atractivísima, que hedió todo el tiempo de sus 17 años, en los que se llamó María, exudando sexo, exigiéndolo con gritos físicos guturales, sonriendo con pajaritos. Por eso se encantaban las discretas cejas de las señoras, en el horror de lo previsible, de lo natural. Los otros personajes son, claro, los señores, que hacen su aparición en la compañía, ahora mismito, como aquella santa teresa en el revés de un éxtasis.

Los señores meditaron rápidamente sobre los peligros
de la prostitución o de la falta de prostitución,
rememoraban sus hazañas con chiruzas diversas
y decían severos: desde luego querida.

El conflicto de la relación entre los hombres bien y las mujeres discretas está subrayado entrelíneas por el poeta, quien nos sitúa imaginariamente en una tertulia, alrededor de las 7 de la tarde, al ocaso de una cacería de patos en alguna hacienda bonaerense o pampeana. Porque los hombres conversan de pie y las mujeres sentadas alrededor de un arreglo floral, siempre ha sido así y no tiene por qué modificarse ahora esa condición milenaria. Entre disparo y disparo, mientras los perros traen las presas o la falta de ellas, dirimen sobre la importancia de coger, sin método, vale repetir: lo que pasó no admite hipótesis; todo lo demás es debatible. Y dicen severos: deseluegoquerida.

En la comisaría fueron decentes con ella,
sólo la manosearon de sargento para arriba,
pero María se ocupaba de soñar,
los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia de lágrimas.

Fondo a negro, comisaría de campo, sargentos y demás especímenes de policías provinciales haciendo lo de siempre: sumando alguna tristeza extra a quien se las había ingeniado para llevar su vida más o menos dignamente. Chiruza es una palabra que pude aparecer tanto en el vocabulario patricio como en el argot policíaco, que de tanto sargentear -"marche preso desacatao"- hipotecan el orgullo en defender a sus carceleros. Chiruza, palabra que ni admite, entre otras discriminaciones, la modalidad masculina. No existe el chiruzo. La chirozitud es sólo feminina, por prostitución o por falta de prostitución.

Había mucha gente desagradada con María
por su manera de empaquetar los resultados del amor
y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia
o por lo menos francamente la haría menos bruta.

Qué es eso de que esta Chiruzita, a la que le dimos todo, nos acarree este horror en las cejas, ciertamente encantador. Estoy, estamos, muy desagradados con María, esta bruta, que metió un bebé muerto en una valija, mejor dicho, esa manera poco decente de empaquetar los resultados del amor o la falta de amor.

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban
con ardor
pero el niño que decía la verdad,
por el niño que era puro,
por el que era tierno,
por el bueno, en fin,
por todos los niños muertos que cargaban en las valijas
del alma
y empezaron a heder súbitamente
mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

29.11.07

el cervantes te queda manco


Cerezas
Esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa
en el revés de un éxtasis / hace dos o tres besos fue
mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo
cuando le dan de amar /
y un beso antes todavía /
pisaba el mundo corrigiendo la noche
con un pretexto cualquiera / en realidad es una nube
a caballo de una mujer / un corazón
que avanza en elefante cuando tocan
el himno nacional y ella
rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos
por la llovizna nacional /
esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas
que lava con furor / con sangre / con olvido /
encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel /
caen calles de fuego de su barrio irrompible
y una mujer y un hombre que caminan atados
al delantal de penas con que se pone a lavar /
igual que mi madre lavando pisos cada día /
para que el día tenga una perla en los pies /
es una perla de rocío /
mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío /
le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío /
en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas creciendo /
el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza /
siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día /
limpiaba suciedades del mundo /
lavaba el piso del sur /
volviendo a esa mujer / en sus hojas más altas se posan
los horizontes que miré mañana /
los pajaritos que volarán ayer /
yo mismo con su nombre en mis labios /

Opiniones

Un hombre deseaba violentamente a una mujer,
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose
los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.

14.6.07

el poeta eres tú

Hace unos días que comenté en un post de Pumpla una anécdota sobre mi pasado. Decía esto (fragmento):
(...) Recuerdo que hubo una época en la que no tenía trabajo (…) que había un programa que conducía Carlos Polimeni en la desaparecida FM Supernova que se llamaba "¿Y ahora qué?" (…) Pasaba canciones, contaba anécdotas y hacía una entrevista de una hora con tipos muy grossos entre las 12 y la 1 de la tarde, de lunes a viernes. Si no me equivoco era 2000/2001. (…) Eso es todo. Así acaban con los temblores mortales e inmortales en Villa Lugano y otros sitios de Dios. (...)
Ayer, mientras esperaba que empiece el partido de Boca, metí en el horno un revuelto de pollo, arroz, cubito de sabor de albahaca y ajo, salsa de soja y algas. Mientras se calentaba prendí la radio y busqué a Víctor Hugo, hice zapping radial, si esto es posible, y encontré la voz de Polimeni: me retrotraí en el tiempo. Justo dice algo así como que Gelman merece el premio Nóbel, que va a pasar un poema dedicado a Pessoa de él, y la voz de Juan salió de las ultratumbas del éter sin anestesia. Él también escribe cuentos. A medida que iba diciendo, yo iba pateando mesas, agarrándome la cabeza y perjurando que su genialidad no cabe en este mundo.

Decía esto:

Yo también escribo cuentos.

Había una vez un poeta portugués
tenía cuatro poetas adentro y vivía muy preocupado
trabajaba en la administración pública

y dónde se vio que un empleado público de portugal
gane para alimentar cuatro bocas

Cada noche pasaba lista a sus poetas incluyéndose a sí mismo
uno estiraba la mano por la ventana y le caían astros allí
otro escribía cartas al sur

qué están haciendo del sur
decía

De mi uruguay
decía
el otro se convirtió en un barco que amó a los marineros
esto es bello porque no todos los barcos hacen así
hay barcos que prefieren mirar por el ojo de buey

Hay barcos que se hunden
Dios camina afligido por el fenómeno ése
es que no todos los barcos se parecen a los poetas del portugués
salían del mar y se secaban los huesitos al sol

Cantando la canción de tus pechos
amada
cantaban que tus pechos llegaron una tarde con
un cortejo de horizontes
eso cantaban los poetas del portugués para decir que te amo
antes de separarse
tender la mano al cielo
escribir cartas al uruguay

Que mañana van a llegar
mañana van a llegar las cartas del portugués y barrerán la tristeza
mañana va a llegar el barco del portugués al puerto de montevideo
siempre supo que entraba en ese puerto y se volvía más hermoso

Como los cuatro poetas del portugués cuando se preocupaban
todos juntos por el hombre de la tabaquería de enfrente
el animal de sueños del hombre de la tabaquería de enfrente
galopando como don josé gervasio de artigas por el hambre mundial

El portugués tenía cuatro poetas mirando al sur
al norte
al muro
al cielo

les daba a todos de comer con el sueldo del alma
él se ganaba el sueldo en la administración del país público
y también mirando el mar que va de lisboa al uruguay
Yo siempre estoy olvidando cosas
una vez me olvidé un ojo en la mitad de una mujer
otra vez me olvidé una mujer en la mitad de portugués
me olvidé el nombre del poeta portugués

De lo que no me olvido es de su barco navegando hacia el sur
de su manita llena de astros
golpeando contra la furia del mundo
con el hombre de enfrente en la mano.

22.5.07

humor trágico

roto

Pero íbamos a hablar de la melancolía.
Cuando la claridad
suelta viejos leones dorados en la mente,
viejos leones tibios que cruzan con sigilo
el corazón azul del alumbrado.

El corazón azul del alumbrado, Benjamín Prado

rotos

La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora,
y él sentía tirones detrás del corazón.

A lo mejor era el tabaco,
de todos modos yo soy otro:
un pedazo de ti,
alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos,
y, andá a saber por qué,
toda la parentela de la muerte.

En la fecha, Juan Gelman


27.12.06

Hasta pronto


Allí

Nadie te enseña a ser vaca
Nadie te enseña a volar en el espanto
Mataron y mataron compañeros y
nadie te enseña a hacerlos de nuevo ¿Hay
que romper la memoria para que se vacíe?
Miro navegar rostros en mi sangre y me digo
que no murieron aún.
Pero mueren aún.
¿Qué hago mirando cada rostro?
¿Muero con ellos cada vez?
En alguna telita del futuro habrán escrito
sus nombres. Pero
la verdad es que están muertos.
Alzan sueños sin método contra
la vida chiquita.

Juan Gelman


6.10.06

yo no sé nada

Fue en verano (y en la heladería) que Página/12 había editado un disco –uno de los primeros que publicó- de Galeano y Gelman. Yo no lo compré por esos días, pero me gustaba Galeano. A todos nos gustaba Galeano cuando adolescentes. Después quizás también, no viene al caso, al caso viene que siempre de adolescente si se tiene alguna inquietud se lee Mafalda, Las venas abiertas de Latinoamérica, una biografía del Che y alguna cosita progre más a elección. Lo vi por primera vez en casa ajena al disco: azul y negro, con dibujos de Rep. Un día me lo prestaron; salteaba a ese viejo sin gracia: impúber, pensaba, a quién le podía gustar eso, qué dice, de qué habla. Como venían mechaditos como matambre, un poema y un poema, siempre lo escuchaba cerca del grabador y ponía >> cuando empezaba a respirar el señor. Un día me lo compré. Otro, me cansé de Galeano -y su interpretación- y le di una oportunidad al viejo. Qué es un poco como Spinetta, cuando te entra, ya está. Te entró. Gelman, por aquí, pase.

Obviamente al principio recalé en los tracks más obvios: hay que aprender a resistir, ni a irse ni a quedarse, a resistir; aunque es seguro que más habrá penas y olvido. Pero después le fui dando opciones a los raros, e ingresé en el gran cielo de la poesía, mejor dicho en la tierra o mundo de la poesía, que incluye cielos, astros, dioses, mortales. Y, de nuevo, ruiseñores, y ese poema de poemas, que te hace caer caminos para que los pies de la poesía caminen y ahí estaban como en una foto vieja Vallejo y Girondo y Rimbaud y Keats y Whitman y el Ruiseñor a hombros del Che, que venía de Galeano. Y nos caga a pedos en el medio. Nunca nadie me había cagado a pedos desde un poema. Y ahí empieza con esa cantinela de martí yendo y viniendo por el aire con los muertos queridos que vio volar como una rosa blanca ¿no ves a mis compañeros volar por el aire ochenta años después? ¿estás despierto para que sigamos diciendo no? ¿los muertos se ponen pálidos como magdalena cuando amasaba sus panes con más lágrimas que harina? ¿hasta que venga el día? ¿día en que toda américa latina subirá lentamente? ¿amorosamente? ¿navegando como hacen mis planetas del sur?

Y ahí se me hizo un liíto: empecé a ver animalitos que pasaban por el cielo y bueyes que tiraban del sol. Y ahí nomás a buscar un espejo para mirarse e intentar encontrar en los ojos propios las respuestas de la belleza que emociona. Y ahí nomás, de vuelta, Gelman, que reconoce que no sabe nada, ni sé en qué día nací, conozco la fecha pero no el día en que nací. Y claro, estamos en problemas.

Después todo es volver. Y empezar a saltearlo a Galeano que tras Gelman empieza a ser torpe y manifiesto: obvio. No es su culpa, ¿qué se hace frente al mayor poeta vivo? Nada. Debería haber dicho que no Galeano. Aunque si dijo que sí para que los yo conozcan a Gelman está justificado. Esa voz monótona llena de colores, única para sus poemas, sus puntuaciones impuntuales, sus diminutivos imposibles, sus verbos sustantivos, los tiempos bien conjugados con anacronías; él reinventando el castellano. La madre madrecía cada noche. Pacen en su temblor. Y su mundo urbano y metafísico. Tierno. Absurdo. Con mucho dolor. Alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos, y, andá a saber por qué, toda la parentela de la muerte. Sus compañeros que lanzan sueños sin método contra la vida chiquita. Eso no quiere decir que el azúcar zodiacal endulza caballos del sur. ¿Y quién afirma que Panamá es Panamá y no tu pelo (…)?

Usa como muletilla frasesitas que no se las vi a nadie. Dice Es decir o Mejor dicho como para cerrar una idea y en realidad expande. Y yo intento hacer lo mismo, pero no me sale. O sea crepitarás entre lotos de Hangchaw bajo septiembre como cuando encontré la justicia en el mundo y era como tu rostro, mejor dicho: te amo.

Y aprehendiendo cómo es que dice sus poemas, ya todo se dice como él lo diría, entonces se toma un libro y se intenta leerlo con un ritmo propio, diciendo como uno, pero no se puede. Y se dice como él lo diría. Entonces leer se trasmuta en un decir de él, mudo o voceado. No es mucho el lapso entre repasar los poemas y leerlos voz alta imitándolo. El lapso es abrir el libro en donde salga y empezar.

Un hombre deseaba violentamente a una mujer, a unas cuantas personas no les parecía bien, un hombre deseaba locamente volar, a unas cuantas personas les parecía mal, un hombre deseaba ardientemente la Revolución y contra la opinión de la gendarmería trepó sobre muros secos de lo debido, abrió el pecho y sacándose los alrededores de su corazón, agitaba violentamente a una mujer, volaba locamente por el techo del mundo y los pueblos ardían, las banderas.

Sus obsesiones son siempre las mismas: ramitas, pájaros, compañeros, amores, niños, árboles, sueños, vuelos. Escribe siempre el mismo poema y mira al universo que alumbra el umbral de su casa.

30.1.06

lautaro
















un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / yninguno ve / yo tampoco los veo /yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve animalitos que pasan por el cielo / pacen en su temblor / yo no veo esos animalitos / yo veo al niño que ve animalitos / y me pregunto por qué esto pasa hoy / ¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre / tiene el alma cerrada y la hunde en las cenizas que dejará porque ardió / pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí? / un árbol mira detrás de la ventana al sol / hay sol /detrás de la ventana hay un árbol en la calle / ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón /está contento y saca la mano del bolsillo / abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve / yo tampoco las veo / yo sólo veo su palma abierta a la luz / y él / ¿qué ve? / ¿ve bueyes que tiran del sol? / yo no sé nada /no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón / ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del atlántico y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón / yo no veo nada / no sé nada / ni sé en qué día nací / conozco la fecha pero no el día en que nací

Juan Gelman