5 de abril de 2009.
12 de noviembre de 2010.
¡Y era nomás! Y además era importante: un tipo que supo repechar pasillos de Televisoras Color Ele Ese 80 y Pico. Lo peor es que encontré el disco ese programa (para bajar, acá).
Atiéndase la importancia que el nepotismo cultural revestía en aquellos ochentas, con más hijos de Torres y de Carreras que de personas de a pie salidos de castings.
Atiéndase también la cantidad de rostros reconocibles que perecieron en el ejercicio mediático, seleccionado que supo entronarse circa 1989 musicalizados con Conversación Nocturna de El Ritmo Mundial de Los Fabulosos Cadillacs en la serie Así son los míos de lunes a viernes a las 13 por el viejo canal 13.
Atiéndase a los otros hijos-de entre los que contamos al hijo de Chico Novarro y al hijo de Rodolfo Machado.
Pero volviendo al archivo del hijo de Minguito, y al nepotismo hegemónico, repasemos quiénes eran y preguntémonos qué-fue-del-hijo-de, para entender fatalmente que la única que supo reinventarse era la menos pensada.
Pero eso no es nada, porque ayudados por el archivo recordamos además que el joven Juan Gabriel había vivido un tórrido romance con la otrora vedettísima Gisela Barreto, cuyas últimas señas diera en el malogrado Reality-Reality de Azul Televisión, televisora en eso de propiedad australiana.
Dios Todopoderoso sabe cómo una generación borró de su disco rígido esta imagen que bien puede explicar la pérdida de votos a manos del neomenemismo. Los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetir sus errores, o algo así, y descubrimos en la volteada, que Gisela conserva también página web propia y, deducimos, comparte diseñador mesozoico.
Para finalizar, y siguiendo con la gesta patriótica del entrismo filial, encontramos al gran ídolo de mi hermana desde que tengo memoria, mejor dicho, El Hombre que descubrió que para ser eventero no precisaba destacarse en ninguna rama del arte, solo concurrir, sandwichear y pasarla de 10, a quien descubrimos no ya como El hijo del Gordo Porcel sino como una persona con nombre y apellido: Jorge Segundo Porcel.
Desperté en medio de un paisaje bucólico. ¿Qué es lo bucólico?, me dije, desperezándome. No pude recordar el sueño, ni el paisaje; sólo el adjetivo infernal: bucólico, bucólico, bucólico. ¿Soñaré palabras, ideas, símbolos, yo?, me pregunto. ¿Por qué recuerdo que un paisaje es bucólico si no recuerdo qué paisaje es?, me vuelvo a preguntar. Blando una definición de bucólico mirándome al espejo, en voz alta, casi inaudible, entendible para alguien que sabe leer los labios o un sordo -no conozco un solo sordo que no sepa leer los labios; no conozco un solo sordo-. Bucólico: lo que es falto de vida o de algún interés vital: aquella mañana desperté en medio de un paisaje bucólico, arriesgo. Lo anoto. No me convence. Cómo me va a convencer una definición inventada de una palabra, que me suena bucólica. Una de esas palabras que leíste mil veces y que, de tanto leerla, para justificar tu ignorancia, tratás de significarla para convencerte de que no tenés que ir al diccionario, y terminás creyéndote lo que vos simbolizaste apresuradamente. Incluso llegás a explicarle a alguna tía el significado inventado de tu propia mentira, colectivizando tu desconocimiento ingenioso. ¡Te das cuenta lo que lográs con esa actitud! Siempre les digo a mis hijos que en la vida hay que estudiar, romperse el culo estudiando, si se quiere ser alguien de bien. Que agarren el mataburros que no muerde, les digo. Por que si no estudiás estás perdido: perdido como en un largo sueño que transcurrió en medio de un paisaje bucólico, le digo a mis soles, que son mis hijos, siempre que puedo. Bucólico. 1. adj. Se aplica a temas concernientes a los pastores o a la vida campestre. Mirá vos… era eso. 2. Se dice del género literario en el que se tratan estos temas y del autor que lo cultiva: versos bucólicos. Ah, la pucha, cuántos textos hablarán de pastores y vida campestre como para que exista un género literario de pastores, El pastorcito mentiroso y pará de contar. Nunca fui muy afecto a la lectura bucólica, para qué voy a mentir. Ya sabemos que lo bucólico es un paisaje campestre con pastorcitos. Pero a quién se le ocurre usar el adjetivo bucólico así como así, entonces. ¡Más cuidado! ¡Más respeto por lo bucólico! Por el bucolismo, que es la afición a la poesía bucólica. Por que hay tanta gente aficionada a la poesía de pastores y vida campestre que se llegó a acuñar una palabra para referir su filia. No es poco, no es para tomarlo a la ligera, le digo siempre a mis hijos.

nauma naumai
Auma nauma ystri nugui silevon
vaga nautri levooooh highsan dauga
sistri sillo menasilia
aumu sio noooo
sitri sigui silagama higatri mimo
gua sistro desapareze miu mio maugua
misi medu listiuuums levastama lego
sosco silla mauo resistooooo simo
leso sistri misi ooo leo simaui