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24.1.11

Los 10 peores nombres de congregaciones femeninas

Aún sorprendido por el nombre del colegio Esclavas del Corazón de Jesús, cariñosamente “Esclavas”, me metí de lleno en el difícil entramado de las órdenes religiosas para mujeres, hacedoras de monjas. Dejando de lado a las obcecadas oficiantes religiosas, a las que respeto, traigo a ustedes un ranking de las 10 peores órdenes, a título nominal.


Habiendo, claro, congregaciones normales y atinadas como “Hermanitas de Jesús”, “Hermanas Misioneras Catequistas”, u órdenes que, aún complejizando el título, aciertan en la direccionalidad, como ser la “Orden de la Compañía de María” o la de las “Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús”.


Como se suele decir, en la viña del señor hay de todo: merlot, tannat, bonarda, cabernet sauvignon, malbec, etcétera.


Y dicho esto pasamos a las 10 órdenes religiosas femeninas más estigmatizantes.


10. Federación de Monjas Mínimas

No sabemos si son petisitas, enanas, o peores que las otras monjas de las otras órdenes. O no aportaron a la Anses.


09. Hermanas Sacramentinas Ciegas

Este puesto nos pone en la disyuntiva sobre si las hermanas son no videntes o si siguen sacramentinamente a full a Dios, sin fuertes críticas.


08. Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia

Por ahora, más allá de las arbitrariedades, vamos bien. Acá jode un poco la sobre adjetivación: “Terciarias Capuchinas”. Una de dos, o son las Capuchinas que no tienen universitario completo, o son monjitas que tercerizan la confección de la infusión mezcla. En ese caso habría tercerizadas de las capuchinas. Un día le van a hacer un piquete al Martínez de la Sagrada Familia exigiendo la inmediata incorporación a planta permenente de las compañeras y la ida de los yankees de Irak. Aquella solitaria terciaria capuchina trosca.


07. Congregación de Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre

Por el padrecito, el reverendo Alegría, fundador del puerto brasileño que lleva su apellido, me gusta esta congregación. Y cómo no va estar contento si tiene un cottolengo (con su feria americana y todo, que le deja unos pesitos), más una congregación de hermanas servidoras. De Jesús, sí, es cierto, pero va muy poco.


06. Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado

Esta orden ya me gusta más. La caridad, va; lo del verbo encarnado es como más difícil de asimilar. Pero convengamos que no es propio de la congregación de la que ahora me ocupo, sino una construcción semántica propia del argot clerical lo del verbo encarnado. Eso sí, nunca pude dejar de pensar que el mencionado verbo encarnado es “encarnar”, tipo definición de crucigrama (8 letras). Para el "verbo encarnado" hace falta un podólogo de la palabra. O bien, una salida de fin de semana de tíos adultos a la laguna de Mar Chiquita. Si encarnás con verbo pescás un predicado.


05. Congregación Siervas del Divino Rostro

Entiendo que estas hermanas adoran a Jesús, y que divino no es necesariamente sinónimo de lindo, bello o atractivo. Pero así como está, “siervas del divino rostro”, parece más un club de fans de Brad Pitt o Mariano Martínez, según el país sede de la orden.


04. Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

Favaloro, es lo único que se me ocurre. O más bien el oratorio de la clínica de la Fundación Favaloro. El sagrado bypass del corazón de Jesús.


03. Congregación de las Hermanas Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua

La orden #03 es ya, sí, un complejo entramado de directrices para las pobres novicias que se esfuerzan en estudiar para ingresar a la congregación. El cierre “de la adoración perpetua” es a todo culo. Si se lee bien, la adoración perpetua es desde el Espíritu Santo, a quien adoran a su vez las hermanas siervas. Y al que no tienen por qué adorar perpetuamente obligadas, de hecho, le reducen todo el tiempo la adoración por buena conducta, o le conmutan 2x1 si entraron sin fe firme. El garantismo celestial, eso de menos averigüa dios y perdona.


02. Hermanas de las Pobres Siervas del Sagrado Corazón

Bueno, vamos llegando al final. Deben ser pobres siervas, quiero creer, porque son siervas que se encuentran debajo de la línea de la pobreza. Casi no quedan Siervas Indigentes. Pobre Sierva es un insulto de culebrón centroamericano, no me digan que no. Pobres, las pobres siervas. Mandenlé un conteiner de autoestima. Ah, no es que son pobres siervas así nomás, son pobres siervas del sagrado corazón. Me quedo más tranquilo.


01. Congregación de las Religiosas Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios

Para finalizar, elegí esta orden con el puesto número uno por ese sprint final fantástico. Algo así como infinito puntito rojo, o como decía mi vieja “de los picos pardos de Jacques Cousteau”, o su variante más friendly, “y la máquina de hacer chorizos”. ¡¡¡“¡y de la Madre de Dios!”!!! Es una congregación muy linda. Ahora, ser esclavas de la Santa Eucaristía es nunca haber comido unas mollejitas al vino blanco. Eso sí, son unas esclavas de la hostia.


Pidiendo perdón por las exageraciones, y exigiendo nombres de congragaciones aggiornadas al Siglo XXI, me despido con nuestro ya clásico chauchis.

27.8.08

¡Pronto, Madre de Dios!

No entiendo cómo Sofovich pretende que le reconozcan su genio humorístico cuando anda siempre de mal genio: quien no se ríe nunca difícilmente sepa cómo hacer reír. No entiendo tampoco cómo deciden relacionar a la China con una Fanta y, a ese fin, ponerle gusto a Melón. Cómo Morales Solá, no entiendo, propone mesura política siendo que apoyó a Bussi en la larga noche tucumana. De la misma manera que tampoco entiendo cómo un tipo amargo como no hay dos, Tomás Abraham, y no otro, porque no hay dos, ya lo dije, se queja, en la tele, con su peor cara de culo, de la falta de programas humorísticos en la tele.

Pero lo que me ocupa en esta oportunidad no es lo que no entiendo desde la lógica sino una cosa que es impreciso entender: la fe. Porque la fe anula el entendimiento ya que su fortaleza anida en la negación de la razón como tal. Entonces no es cuestión de andar queriendo entender lo que entender non da. Pero convengamos que la onegé más poderosa del mundo, la Iglesia Católica, que hasta un estado nación ya tiene, te puede poner y sacar santos y demás divinidades como se le antoje de acuerdo a su cada vez más flojito laburo de base. Entonces uno entiende que por más que no crea en Dios quizás sí existió, hace casi dos milenios, Jesús. Sí existió Napoleón o Nerón o Juana Azurduy, ¿por qué no concebir la idea de que Juan El Bautista haya sido un tipo reputado en los territorios que hoy se dirimen no sin paciencia palestinos e israelíes? Y entonces se termina aceptando, forzando las cosas, la existencia de Abraham, no Tomás, y, por qué no, de Moisés, Ikonicoff, también, que realmente existe, aún. Con algo de esfuerzo te aceptás que ciertas figuras emblemáticas, como el traidor de Judas o la abnegada de María Magdalena, no sólo existieron físicamente sino que además actuaron con rasgos de personalidad similares a la de los paradigmas que las trascienden. Pero aunque mistificadas, aumentadas y corregidas sus historias están, las historias están: hay un escriba, un notario, un historiador que reafirma las existencias difusas de estos grandes hombres y mujeres de la historia.

Lo que me llama mucho la atención, y ahora si tratando de entender, no la fe, sino el mito, es la popularidad de una divinidad no inflamada. Porque a Pedro lo infla la iglesia como padre de la misma, y no conocemos un sólo admirador de este santo fundacional, por caso. Nadie dice, ‘Ah, para mí San Pedro les pasa el trapo a todos esos santitos de feria’. Pedro se fosilizó en su rol de encargado del paraíso -no le gusta que le digan portero del cielo-. La figura del Papa, beatífica desde su elección misma, sólo hizo trascender felizmente -siendo generosos- a tres Sumos Pontífices de los más de 400 que ya encabezaron la cúpula de la Iglesia; entre ellos, el anteúltimo, Juan Pablo, Segundo. La virgen sí, como feliz comunión de la deidad consagrada tanto por las cúpulas y como por las bases de la organización, nos hace sospechar de una María en la Puerta de Hierro del Medio Oriente, diciéndole a cada facción proscripta lo que querían escuchar, ‘lo importante es el movimiento’, ‘si llego con los buenos llego con muy pocos’, ‘para eso inventamos el sacramento de la Reconciliación’. El pragmatismo peronista de María estuvo siempre fuera de todo análisis.

Pero el tema son los santos.

Santos que el pueblo creyente elige de la oferta existente y eleva a semidios como Cayetano, San, hay muy pocos. La mayoría de los ídolos populares son, digamos, inventos de la gente.

Descartando a los nombrados Cayetano y María, madre de Dios, ya sea su apellido Luján, San Nicolás o Desatanudos, sin lugar a dudas los santos más venerados en nuestros asolados parajes no son considerados por los claustros del poder como tales: se destacan El Gauchito Gil, Gilda, La Difunta Correa o Evita, Santa. (Hace poco le dieron al menos querido de nuestros protosantos, Ceferino Namuncurá, el postergado escalafón de divinidad, otro error de diagnóstico espiritual sobre el pueblo religioso. Pregúntemele a un pastor brasileño sino.)

Pero el santo trasnacional más increíble, por lo popular, no por lo que se le cree en términos de fe, es sin lugar a dudas San Expedito, un tipo al que sí lo reconocen medianamente los centros concentrados del poder celestial y lo eligen en los más diversos campos del poder territorial de la iglesia romana, en Sicilia o en Ensenada. Estamos hablando del caso inverso, el tipo es santo y popular, la iglesia lo reconoce a penas, pero el tipo no dejó rastros de su existencia, de su lugar en el mundo, de su paso terrenal hacia el destino celestial de los elegidos.

Tanto es así que hay al menos tres historias que cuentan a medias el cómo llego a ser un santo este Expedito, de nombre. Y de las historias ternadas, sólo una hace mención difusa a su pasado mundano. Las otras dos otorgan la divinidad por error, como un cajoneo burocrático en las oficinas de Dios. Llega una encomienda a tal monasterio, a tal seminario, con la expresión Expedito, que significa rápido, se sabe, y las monjas enajenadas de las cosas del día a día desconocen hasta el argot propio del universo postal, y le encomiendan, valga la chanza, a este Expedito su don de santo, Damián. De acuerdo a este involuntario equivoco, que no se llega a entender del todo cómo fue, los avatares de la historia nos privaron, por pura casualidad, de no contar en nuestro panteón popular con San Frágil o con la Sagrada Virgen de la Entrega Contra Reembolso.

Wikipedia, como una novela policial de mala prosa, reduce su biografía a esto: San Expedito es un santo católico. Nada se sabe de su vida. Es la antibiografía del santo de los milagros urgentes. Y quizás en esto radique su éxito. Quizás no, ¡en esto radica su holy celebrity! Voy al punto. Si San Expedito se llamase San Letargo los únicos que lo adorarían serían los relojeros, los becados por el Conicet y los pentatlonistas. En mundos realmente espirituales la variable entre efectividad y divinidad sería de ajuste. Nadie que realmente crea en alguien o algo, lo hace en función de su rapidez. Si le pedimos a San Expedito que ayude a descubrir la vacuna para el sida vamos mal. Su real inutilidad como fast santo quedaría en evidencia. ‘San Expedito que no llueva’, ‘que salga bien la vieja de la angioplastia’, ‘que la nena llegue bien a Mar del Tuyú’; esos son los milagros posibles que San Expedito viene usufructuando desde su silencio de siglos. Si en San Expedito depositamos la necesidad de paz en los Balcanes, un gobierno progresista en China o un pronto acuerdo de la Mesa de Enlace con la Secretaría de Agricultura, podemos sentarnos a ver caer el prestigio del muchacho, de la misma manera que se espera ver pasar el cadáver del enemigo, o el 80 a las 3 de la mañana, con paciencia, la paciencia que a Expedito le falta: para él es todo ya.

Muy estresado estás Expedito, bajá, manzana, te vas a morir de vuelta.

De todas maneras, lo más incomprensible no es tener fe, ni creer en lar vírgenes, los santos, los santos populares o inventados por la gente sencilla. Lo más raro de todo es que creer que San Expedito lee Clarín.

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11.4.07

Lapidación

Lapidación
Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.

David y Jonatán, una historia de amor

David y Jonatás


(…) el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo. (…) E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.


Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a David; pero Jonatán hijo de Saúl amaba a David en gran manera, y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto y escóndete.

Después David huyó de Naiot en Ramá, y vino delante de Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál mi pecado contra tu padre, para que busque mi vida? El le dijo: En ninguna manera; no morirás. He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la descubra; ¿por qué, pues, me ha de encubrir mi padre este asunto? No será así. Y David volvió a jurar diciendo: Tu padre sabe claramente que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No sepa esto Jonatán, para que no se entristezca; y ciertamente, vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte. Y Jonatán dijo a David: Lo que deseare tu alma, haré por ti.

(…) Dijo entonces David a Jonatán: ¿Quién me dará aviso si tu padre te respondiere ásperamente? Y Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y salieron ambos al campo. (…) Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba, pues le amaba como a sí mismo. Luego le dijo Jonatán: Mañana es nueva luna, y tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío. Estarás, pues, tres días, y luego descenderás y vendrás al lugar donde estabas escondido el día que ocurrió esto mismo, y esperarás junto a la piedra de Ezel. Y yo tiraré tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome al blanco.

(…) Al siguiente día, el segundo día de la nueva luna, aconteció también que el asiento de David quedó vacío. Y Saúl dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Isaí hoy ni ayer? Y Jonatán respondió a Saúl: David me pidió encarecidamente que le dejase ir a Belén, diciendo: Te ruego que me dejes ir, porque nuestra familia celebra sacrificio en la ciudad, y mi hermano me lo ha mandado; por lo tanto, si he hallado gracia en tus ojos, permíteme ir ahora para visitar a mis hermanos. Por esto, pues, no ha venido a la mesa del rey. Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre? (…) dio Jonatán sus armas a su muchacho, y le dijo: Vete y llévalas a la ciudad.

Y luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David del lado del sur, y se inclinó tres veces postrándose hasta la tierra; y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro; y David lloró más. Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre. Y él se levantó y se fue; y Jonatán entró en la ciudad.

Fragmentos del Primer Libro de Samuel, Antiguo Testamento.

13.3.07

Kipá


Deuteronomio, Capítulo 7

1 Cuando Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra en la cual tú has de entrar para poseerla, y hubiere echado de delante de ti muchas gentes, al Hetheo, al Gergeseo, y al Amorrheo, y al Cananeo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo, siete naciones mayores y más fuertes que tú;
2 Y Jehová tu Dios las hubiere entregado delante de ti, y las hirieres, del todo las destruirás: no harás con ellos alianza, ni las tomarás á merced.
3 Y no emparentarás con ellos: no darás tu hija á su hijo, ni tomarás á su hija para tu hijo.
4 Porque desviará á tu hijo de en pos de mí, y servirán á dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá presto.
5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus bosques, y quemaréis sus esculturas en el fuego.
6 Porque tú eres pueblo santo á Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra.
9 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia á los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones;
14 Bendito serás más que todos los pueblos: no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus bestias.
20 Y también enviará Jehová tu Dios sobre ellos avispas, hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de ti.
22 Y Jehová tu Dios echará á estas gentes de delante de ti poco á poco: no las podrás acabar luego, porque las bestias del campo no se aumenten contra ti.
23 Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruídos.
26 Y no meterás abominación en tu casa, porque no seas anatema como ello; del todo lo aborrecerás y lo abominarás; porque es anatema.
Y dicho esto me pregunto, ¿cómo se ponen la kipá los judíos pelados?

, originally uploaded by Ilana Tamir.

21.12.05

dios y cocacola

Esto es una locura que no tiene pies ni cabeza, si me es permitida la expresión. El papa Benedicto XIV se vistió de Papá Noel (foto) para pedirle a su feligresía que le transmita a los más jóvenes los valores de la Navidad, para así vilipendiar la “cultura moderna y consumista” que busca “hacer desaparecer los símbolos cristianos”.

Cuenta la historia, no la leyenda, que los directivos de Coca Cola, allá por 1931, buscando un golpe de efecto publicitario, le dijeron a Haddom Sundblom, ilustrador de la marca gaseosa, que vistiera de rojo y blanco al viejo Santa Claus, San Nicolás (un obispo turco -Nicolás de Bari- del siglo IV, que luego se hiciera con el privilegio de ser el santo patrono de los países escandinavos); ese Papá Noel vestía un traje de corte similar al actual pero con verdes, azules, negros y amarillos.

La bebida de Evo Morales, de esta manera, modificó la idea de la Navidad occidental llevándola a un lugar de no retorno respecto a sus supuestos valores iniciales y provocando, de a poco, la desnaturalización de los símbolos cristianos.

¿Puede desconocer eso el Sumo Pontífice al calzarse histriónicamente los colores de Coca Cola y pidiendo a los fieles que enseñen a los jóvenes la mala influencia de la cultura de moderna y consumista?