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14.12.07

big in japan

504471856_1f478cf4c7_o - Twango

El otro día miré al Milan contra el Urawa Red Diamonds de Japón en Yokohama a las 7.30 AM. No me llamó la atención que la torcida (?) nipona esgrimiera la efigie del ciudadano del mundo Ernesto (foto) sino lo que cantaban: una canzonetta de aliento sobre la marchita de la Unión Cívica Radical. Habrase visto, japoneses gorilas, lo que nos faltaba, la globalización entendida fatalmente.

cinco_1024 - Twango

7.12.07

Fotos de Tokyo

Ayer Padre me regaló un libro de un académico inglés, un tal Peter Tasker, llamado Los japoneses de hoy. ¡Pero es de 1986!

No importa. Es un cuentito muy logrado sobre los japoneses, su historia, su cultura, su economía, su idiosincracia: las cosas que hacen a Japón una nación única, para bien y para bien. Digamos que las cosas que son “supuestamente malas” para ellos no resultan de esa manera: ergo, no son malas; son malas a los ojos de Tasker. Me explico mejor: el tipo suma como un déficit la calidad de las viviendas, que, en general, es mala, son como de cartón, en su mayoría. Pero eso no hace que los japoneses se enojen, ni pidan un Estado fuerte. Están contentos con esas casitas. Son híper nacionalistas y hasta xenófobos –pero ven normal creerse los mejores, no encuentran cuál es el conflicto-. Es un país genial que no tiene comparación con nada en el mundo.

Son súper contradictorios. Un párrafo lo resume bastante bien –más allá de que hayan pasado casi 25 años de la publicación del libro, no creo que haya cambiado tanto Japón; al contrario, quizás se haya profundizado más su presencia y sus claroscuros-:

Son los imitadores más innovadores, los más austeros hedonistas del trabajo, los mojigatos más lujuriosos y la gente más cortés, cruel y amable del mundo. Ricos, y, sin embargo, pobres, confiados pero confundidos, han protagonizado la venganza más grandiosa de la historia. Están dispuestos a elegir delincuentes convictos para que ocupen posiciones influyentes pero viajan centenares de kilómetros para devolver una billetera perdida. Se muestran sensibles a las bellezas naturales pero han arruinado casi todas las playas y los paisajes más hermosos de su país. Están convencidos de la supremacía de su cultura pero padecen de un gran complejo de inferioridad. Aquí vienen los japoneses: una vez que han empezado a marchar se necesita bastante para detenlos.

Algunos datos puramente informativos de lo que llevo leído:

En Japón hay menos robos en un año que en dos días en Norteamérica.

Hay menos violaciones en ese lapso que en una semana en Estados Unidos.

Japón sin duda funciona bien, y la relativa ausencia de abogados confirma esa idea.
(Hay 10 por cada 100.000 habitantes, contra 194 en la misma cantidad en EE.UU.)

Las disputas entre ciudadanos o empresas generalmente se resuelven por mediación.

La fuerza policial nipona posee una cuarta parte de diplomados universitarios.

En Japón hay más universidades que en la totalidad de países de Europa occidental.

Los docentes reciben un sueldo inicial más importante que el de un ingeniero y hay cinco solicitantes por cada vacante.

6.2.07

Mimeógrafo

Hayao Miyazaki es un japonés de 65 años que dirige películas de animación que dejan boquiabierta a toda una platea. Puede entretener por igual a rapazes y niñosviejos. En algún tiempo pasado impreciso supo colaborar con los creadores de Heidi y se le nota en algunos de sus trabajos cierto parentesco con las aventuras de la nieta del abuelito que dice cosas. Quiero decir: un dibujo cargado de detalles por cuadro tan diferente de las últimas generaciones de animé más vanguardistas. Sería algo así como el barroco de la animación, en términos pictóricos. Alguna vez vi El viaje de Chihiro en el cine Los Ángeles y aunque me pareció una película hermosa no le di mayor trascendencia al creador detrás de la obra. Cometí un error que con las películas con actores raramente cometo. “¿Quién la dirigió?”, hubiera pensado de haber sido Chihiro Sin City -el perfecto amalgama de comic y cine-. Y es que en el cine de animación se me hacía que era más trascendente la empresa que el hombre; quizás gracias a la Disney, a Pixar, a DisneyPixar o a cualquier otra. De cualquier manera Miyazaki tiene su Disney propio, Studio Ghibli, y a él mismo se lo relaciona con el Walt hombre. Pero de todo eso me enteré más tarde, cuando llegó a mis manos Kiki's Delivery Service (muy Heidi). Después me prestaron Mi vecino Totoro, se estrenó El increíble Castillo Vagabundo y pude ver La princesa Mononoke y Porco Rosso.

Y de Porco Rosso quería hablar. Quizás sea la película más adulta (de todas las que vi) de Miyazaki. Además del universo mágico omnipresente se atreve a abordar temas como la Primera Guerra Mundial o el rol ejemplar de un piloto ácrata en medio de la trifulca fascista. El personaje tiene mucho de lo que soy y algunas cosas que me gustaría ser. Por eso también puse su cara en mi perfil de usuario.

Misántropo, solitario, fumador, idealista, chancho, enamorado, peleador, bebedor, inaccesible, y algunas cosas más que soy y algunas otras que me gustarían ser, son en resumen este puerco rojo, que, aún siendo dibujo, está ahí parado a punto de aplaudir al lado de Edward ManosTijera, Marty de Hill Valley y Silvia Prieto Rejtman, en la tapa de Gente de mi imaginario de personajes cinematográficos del milenio.

Imágenes de Mi vecino Totoro, 1988
Totoró, totoro, totoró, totoro.