7.12.07

Fotos de Tokyo

Ayer Padre me regaló un libro de un académico inglés, un tal Peter Tasker, llamado Los japoneses de hoy. ¡Pero es de 1986!

No importa. Es un cuentito muy logrado sobre los japoneses, su historia, su cultura, su economía, su idiosincracia: las cosas que hacen a Japón una nación única, para bien y para bien. Digamos que las cosas que son “supuestamente malas” para ellos no resultan de esa manera: ergo, no son malas; son malas a los ojos de Tasker. Me explico mejor: el tipo suma como un déficit la calidad de las viviendas, que, en general, es mala, son como de cartón, en su mayoría. Pero eso no hace que los japoneses se enojen, ni pidan un Estado fuerte. Están contentos con esas casitas. Son híper nacionalistas y hasta xenófobos –pero ven normal creerse los mejores, no encuentran cuál es el conflicto-. Es un país genial que no tiene comparación con nada en el mundo.

Son súper contradictorios. Un párrafo lo resume bastante bien –más allá de que hayan pasado casi 25 años de la publicación del libro, no creo que haya cambiado tanto Japón; al contrario, quizás se haya profundizado más su presencia y sus claroscuros-:

Son los imitadores más innovadores, los más austeros hedonistas del trabajo, los mojigatos más lujuriosos y la gente más cortés, cruel y amable del mundo. Ricos, y, sin embargo, pobres, confiados pero confundidos, han protagonizado la venganza más grandiosa de la historia. Están dispuestos a elegir delincuentes convictos para que ocupen posiciones influyentes pero viajan centenares de kilómetros para devolver una billetera perdida. Se muestran sensibles a las bellezas naturales pero han arruinado casi todas las playas y los paisajes más hermosos de su país. Están convencidos de la supremacía de su cultura pero padecen de un gran complejo de inferioridad. Aquí vienen los japoneses: una vez que han empezado a marchar se necesita bastante para detenlos.

Algunos datos puramente informativos de lo que llevo leído:

En Japón hay menos robos en un año que en dos días en Norteamérica.

Hay menos violaciones en ese lapso que en una semana en Estados Unidos.

Japón sin duda funciona bien, y la relativa ausencia de abogados confirma esa idea.
(Hay 10 por cada 100.000 habitantes, contra 194 en la misma cantidad en EE.UU.)

Las disputas entre ciudadanos o empresas generalmente se resuelven por mediación.

La fuerza policial nipona posee una cuarta parte de diplomados universitarios.

En Japón hay más universidades que en la totalidad de países de Europa occidental.

Los docentes reciben un sueldo inicial más importante que el de un ingeniero y hay cinco solicitantes por cada vacante.

6 comentarios:

LUGAR ANARQUICO dijo...

2

Malena dijo...

Interesante lo del libro... tu Padre es increíble, un big fish total, andá a saber dónde encontró eso... Yo por mi parte, en mi indagación sobre mi cultura originaria, he dado con dos grandes aportes. Uno es un libro que me regalaron los Mondongos para mi cumple hace un año pero que recién leo ahora: Gestualidad japonesa. Lo bueno de este libro es que está escrito por un japonés que por haber viajado mucho tiene una visión occidental de lo japonés y desde ese lado se pone a teorizar sobre la cultura y las costumbres japonesas; pero sin dejar de ser japonés. ¡El yanqui de tu libro es un outsider total!

Luego, hay una película excelente de Wim Wenders que se llama Tokyo Ga, creo que es del 85´ o algo así. Es una especie de documental que se propone comparar el Japón que Wenders visualizó desde las películas de Ozu y el Japón actual. Un recorrido que va desde el paisaje (el cementerio donde está enterrado Ozu, una plaza colmada de árboles de cerezo), las costumbres (el Pachinko, una especie de pin ball -pero nada que ver a la vez- en el que caen miles de pelotitas que hay que encauzar, y cuya máquina va tirando monedas que luego se canjean por cosas y que según la observación de Wenders fue un buen paliativo después de la derrota en la Segunda Guerra porque ayudaba a la gente a NO PENSAR; otro, las inmensas playas de canchas de golf, con miles de personas dándole con una obsesividad comparable a la del personaje de Hierro 3, que ata la pelotita al árbol), y un guión que es poesía constante. Los alemanes son increíbles. Lost in translation es un poroto al lado de Tokyo Ga. Si es que pueda llegar a haber algún tipo de comparación.

m*

Kluivert dijo...

Yo ya me estoy anotando en un curso de japonés. En un par de años, me voy a vivir allá :-)

natanael amenábar dijo...

Male: Lo peor es que ese regalo vino acompañado de un cuadrito de jesús y una colección de 10 tomos de aeromodelismo (?) y un libro de Yo, Matías -número 6-. Me quedé con Yo, Matías, Los japoneses de hoy, y devolví el resto.

Todo el mundo me está convenciendo de que deje de leer el libro, me vienen desanimando lentamente. 25 años no es nada diría el Gardel uruguayo anexado al Cer.

Vos tenés esa película de Wenders.

Muy bien Kluivert, los japoneses aman a los holandeses (pero no a los negros). Qué dilema.

natanael amenábar dijo...

Ah, y Hierro 3 ma para que es norcoreana, pero vale como observación. Tengo que hacerte mil preguntas apropósito del libro...

Malena dijo...

Efectivamente, Hierro 3 no es japonesa y sé que es coreana, pero no sé de qué hemisferio. Incluso mis familiares argentino-nippones son fanáticos del golf y lo practican religiosamente... será genético?

La peli de Wenders la bajó Fede, pero no la grabamos. La vimos directo desde la pc. Si afortunadamente no ha sido enviada a la papelera de reciclaje, te la grabo. ¡100% recomendable! Y puedo prestarte Gestualidad japonesa para que te animes del todo a dejar de leer a ese yanqui erudito.

Creo que el resto de los regalos que dejaste de lado valían como anécdota, como nota color... como para seguir fantaseando sobre la figura de tu papá.

Me acordé de otra cosa cuando el erudito criticaba lo endeble de las construcciones japonesas. Yo dudo que sea así, porque allá hay muchos terremotos y las construcciones son anti sísmicas. Y esto no es algo reciente, seguramente hace 25 y más ya era así. Mi profesora de japonés se sorprende cada vez que toca el timbre en casa y se queda esperando abajo; es que enfrente están construyendo un edificio y no puede creer que acá pongan ladrillo-cemento-ladrillo-cemento, así nomás! Cada vez que bajo la veo ahí, paradita, mirando asombrada... "¡Qué país raro!" estará pensando...