Mientras tanto, los dejo con Air Paluch, con su amor de surtidor -de combustible espitirual-.
Y mi amor es un arte mayor, mi amor, es mi prenda en encantada, es mi extensa morada (inusual metáfora sexual chabacana de Silvio), es mi espacio sin fin.
“No hay periodista más honesto e independiente en la Argentina que quien te habla”, espetó el periodista Aaron Paluch -Ari para los amigos y no tanto- a un oyente que se atrevió a poner en duda la ecuanimidad de su mirada política, antes y después de insultarlo de lo lindo. Aún puede escucharse en Internet el “entredicho”, es sorprendente la cantidad de furcios que comete en el medio. Corría 2005, un par de años antes de que al conductor de El Exprimidor se le hubiera ocurrido llenar el tanque de Combustible y salir a correr picadas por la ruta Espiritual.
El libro al que hago referencia, que ya supera las 150 mil copias vendidas, es el gran boom de autoayuda de los últimos años. Tiene por idea fuerza “cómo dejar de tener razón y empezar a tener paz”. No está mal, pero hay que practicarlo, no sólo enunciarlo, Ari. Si lo escuchamos por la radio no se lo termina de encontrar muy convencido de querer dejar de tener razón cuando se la pasa expresando que tal funcionario debería dejar de hacer esto o cuando dice que miente tal ministro “porque ya no le creo más”. A los que no se los nota en paz es a los oyentes, quienes, más que comentar, expectoran.
Ari conduce dos programas al día y desde principios de año reemplaza en Tendencia en TV a Jaime Bayly en una entrevista en la que Paluch busca ayudar al entrevistado a encontrar “ese equilibrio” que le permita llegar a un nirvana rapidito e higiénico.
Quien se jacta de desistir la búsqueda de la razón se autotitula en su blog “un periodista lúcido, ingenioso y comprometido” (¿wtf?).
La mencionada faceta espiritual, que lo llevo a ganarse el mote “El Chopra Argentino”, devino de un bloque, del mismo nombre, El Combustible Espiritual, dentro de su programa radial, que fue ganando espacio dentro de la verborrea vorágine del periodista gracias al suceso generado en la opinión pública.
Es más o menos así la dinámica, el ex conductor de Reality-Reality (¿o era Confianza Ciega 2.0?) te atosiga de malas noticias sin que tengas tiempo a asimilarlas, una tras otra, hasta que explotás. Cuando ya no das más, arrima el mencionado momento espiritual en el que te aconseja no hacerte problemas, repensar el malestar diario.
