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26.11.10

del sueño a la poesía






Un mundo de contrahechos
se esparce en la cartulina,
bordado con punta fina
como los pelos del pecho
País en que los deshechos
son amados todavía,
es la comarca sombría
donde la luz se perdona,
porque allí van las personas
del sueño a la poesía

En un sofá diminuto
posa minúscula gente
Unos sonríen al lente,
otros cuentan los minutos
Bichejos de rostro enjuto
se asoman a celosías
y carroñeras arpías
prestan garras al retablo,
mientras hace redonda el diablo
del sueño a la poesía

Un pavo real se pasea
por un desván en penumbras
y a su paso, que deslumbra,
la oscuridad se voltea
¿Qué transformó pluma en tea
de apariciones umbrías?
¿Qué pasión, qué melodía
tocó el corazón humano
para conducir la mano
del sueño a la poesía?
del sueño a la poesía

24.8.07

Todos los caminos conducen a Reno


Ayer soñé con la canción All the way to Reno. Hoy llegué al trabajo y me bajé Reveal de REM para escucharla.

No sé si es así en los sueños de otros pero en mis sueños el espacio en el que se suceden las acciones forma parte de un mapa irreal pero con direccionamientos similares a la realidad. Construcciones distintas a las reales pero en disposiciones más o menos correspondientes a lo que en verdad es la civilización porteña.

Por ejemplo: hay una arquitectura onírica que vendría a ser la casa de mi infancia, mi casa de Lugano -que no se parece a sí misma pero, indefectiblemente, se parece a mi casa imaginaria sucesiva-.

No la habitan sus verdaderos moradores sino un sinfín de comisionistas que dan rienda suelta a su intangibilidad, propia de protagonista de los sueños: desaparecen, no los puedo tocar, mutan, cambian de rostro como de opiniones, son difusos.

Sin embargo hay mojones en el sueño que señalan que para algún lado existe una casa o un edificio que soñé antes (un lugar en el que sucedió un sueño anterior, otro capítulo, otra cosa).

Tiene cierta lógica cartográfica el damero de mis sueños.

Al momento de despertar indefectiblemente olvido mi representaciones simbólicas.

Cuando puedo dormir bien, hasta tarde, cuando el despertar no depende de agentes externos, cuando estoy en ese instante que deja coexistir la vigilia y realidad, puedo trazar sin esfuerzo -como un virtual google earth (valga la redundancia)- el mapa imaginario de la ciudad de mis sueños: mi casa de Lugano vendría a ser mi kilómetro cero, mi casco urbano.

Mi casa imaginaria de Lugano vendría a ser mi Reno.

All the way conducen a Reno.

El movimiento involuntario de ojos que precede al sueño se llama REM.

Quizás soñé todo este razonamiento por eso recordé la canción.

Quizás no.

7.6.07

una catástrofe evitable

Hace algunos días –quizás fue hace muchos días- soñé que me encontraba de noche en una habitación oscura con un tipo que tenía la capacidad de ver el futuro. Al menos podía ver parte. Y no me acuerdo a cuento de qué terminó contándome que el había visto Cromañón antes de que suceda.

Es pertinente decir que yo sueño y olvido –como el tango, Tomo y obligo- por lo que este sueño lo recordé recién hoy. No en el día que lo soñé. Y es muy interesante lo que pasó en aquel sueño. Pero más interesante es lo que soñé ayer.

Este tipo me contó con hondo pesar la carga que le confería este talento, porque el veía lo que sucedía pero estaba imposibilitado de poder cambiarlo. Yo le pregunté cuál iba a ser la próxima tragedia argentina y me contó. Y era tremenda.

Ayer soñé la realización de esa tragedia. Pasó lo que el tipo me dijo que iba a suceder. Dentro de la lógica del sueño, era tan real que se cumpliera que yo no lo sufrí tanto, porque lo sabía, pero igual era tan real que al despertarme me costó mucho darme cuenta de que no había sucedido.

La cosa es así. Alfredo Casero estrenaba un programa nuevo en la tele, que iba grabado en Martínez, y que aún no había sido anunciado por los medios. Como una especie de magazine. Y tenía invitados ilustres para ese primer programa: Diego Maradona, Adrián Suar y Julián Weich. La cosa es que un chico que vivía al lado del estudio se le incendia algo y se quema todo el estudio: muere Maradona, Casero, Wiech, Suar y el chico. El país se paraliza. Corrí a ver la tele –en el sueño- y Telefé estaba haciendo un especial de cada uno –soñé cada especial, editado, y todo, tengo el recuerdo del de Weich desde Clave de Sol-.

Después me fui a una disquería que estaba en Martínez y hablé con el chico que atendía y me contó que había visto todo y que había sido tremendo el incendio. Y yo le contaba que yo ya sabía que iba a pasar eso porque me lo había dicho el tipo que veía el futuro. Y me preguntó por qué no había hecho nada para evitarlo. Y no supe qué decirle.

Si ven a Alfredo Casero y al Diego en un programa de TV por favor interfieran, no saben la culpa que da no haber salvado al Gordito pudiendo haberlo hecho.

9.5.06

snooze


Sueño, suena, pienso, me duermo.

Sueño, suena, pienso, me duermo.

Sueño, suena, pienso, me duermo.

Hoy se me ocurrió que el snooze del despertador por la mañana funciona como un símil de un partido cronometrado de ajedrez entre mi inconciente y la realidad.

Los dos juegan sus fichas y aunque hincho subjetivamente por el inconciente, la realidad tiene más experiencia y gana la partida cada mañana.