Una buena: la industria norteamericana del entretenimiento televisivo nunca hizo mucho pie en nuestro país. Debemos ser uno de los pocos lugares de América Latina donde la explotación cultural de Miami es periférica. Veamos: El Show de Cristina, Sábado Gigante de Don Francisco, Oppenheimer presenta, CNN en Español, el Loft de Repetto, ninguno tuvo gran éxito. Pero hay una excepción, como en todo, Jaime Bayly.
Cierta vez Canal 9 empezó a reproducir una serie de entrevistas que el Hombre del Flequillo Extraño hacia en Miami, las de los artistas argentinos, en especial. De a poquito se fue haciendo conocido, le dimos espacio en televisión con sus reportajes en Tendencia y se fue ganando un público más progre desde la Revista Veintitrés. Como un camaleón cultural la habilidad del tipo consiste en mimetizarse con la sociedad en la que desensilla: se garantiza así cierta permanencia.
A nosotros nos tocó un Bayly entrevistador irónico, falsamente servil, primo hermano del elogio desmedido. En Perú, por ejemplo, sigue siendo una especie de Fernando Peña con talento.
Bayly es hijo de la oligarquía peruana, muchos curas, militares y fantasmas de un comunismo imposible. Políticamente conservador, en su país revolucionó raramente la manera de hacer televisión con un mítico programa de entrevistas, que escandalizó a una audiencia que no estaba apta para tópicos como drogas y sexualidad. A la par, con envidiosa periodicidad, Jaime entregaba novelas con títulos ingeniosos y una prosa sencilla y atrapante, de esos que se leen solos, sin que te des cuenta. Ganó premios internacionales y es reconocido ya como uno de los mejores escritores de su generación.
Gelblung recuerda que una vez escuchó a Bayly inquiriendo al invitado “¿Tenés cucarachas en tu casa?” Ante la respuesta afirmativa, repreguntó “¿Cómo las matás?” Por eso me gusta, dijo Chiche, porque desarticula al entrevistado.
En Maimi, por su parte, es un el gusano más ingenioso. Gracias a la instantaneidad de la web descubrimos tarde –y mal- que Bayly en Estados Unidos degeneró su papel entrevistador en una especie de Conan O’Brien antipopulista. Así las cosas con la misma saña opina de Zelaya, Cristina o Chávez. Da un poco de bronca.
Un signo, antes escribía en la mejor revista de interés general de la Argentina, se fue porque no soportó una carta de lectores, ahora escribe en la revista dominical del ex pasquín de Lanata.
