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12.7.05

homero

El apellido Expósito, se sabe, era usado en Buenos Aires en el siglo XIX para nominar a los niños sin padres criados en el hogar de huérfanos conocido como la "Casa de Niños Expósitos", que estaba en la calle Montes de Oca, Barracas.

La persona que nos ocupa, que es considerado el mayor poeta del tango, Homero Expósito, no tuvo esa adversidad; sí su padre, don Manuel.

Homero ve el mundo con ojos cínicos y descreídos por primera vez un día de noviembre de 1918, el 5, en Campana, Buenos Aires. Don Manuel ya se había tomado el afán de posicionarse socialmente, hacerse de abajo, ser reconocido en el pueblo y consolidar una posición económica que le permitió salir a su progenie del incierto destino de autodidactismo. El joven Homero fue un excelente alumno inclinado hacia las ciencias sociales. Una vez finalizado con honores el secundario, el Mimo inició la carrera de Filosofía y Letras en la UBA. No la terminó, pero le sirvió para vislumbrar lo que sería su ineludible destino: poeta y letrista de tangos.

Con su hermano menor, Virgilio, firmó un centenar de canciones ciudadanas; más las que registró en solitario y grabó con las más disímiles orquestas de entonces, que fueron otras decenas. Enumerar sus tangos es minimizarnos a nosotros: Afiches, El milagro, Maquillaje, Chau… ¡no va más!, Naranjo en flor, Pedacito de cielo, ¡Qué me van a hablar de amor!, Trenzas, Tristeza de la calle Corrientes o Yuyo verde, hacen ese trabajo de insignificarnos demasiado bien.

De manera infructuosa intentó seguir inmiscuido en cuestiones comerciales, tal el mandato paterno: dos restoranes tuvo que cerrar (en Zárate y Mar del Plata) porque iban más amigos a pichulearle las cuentas que clientes a pagarlas.

Tuvo durante un tiempo un cargo jerárquico –tesorero- en Sadaic pero tras algunas discusiones con los atiliostampones de aquella época, Homero se retiró de la administración y recorrió Europa; la meta era París, como la de casi todos los tangueros.

“El milagro” data de 1946; es uno de mis tangos favoritos porque tiene zozobra de optimismo sin dejar de ser un tango.

Nos habían suicidado / los errores del pasado, / corazón... / y latías -rama seca- / como late en la muñeca / mi reloj. // Y gritábamos unidos / lo terrible del olvido sin razón, / con la muda voz del yeso, / sin la gracia de otro beso / ni la suerte de otro error. / Y anduvimos sin auroras / suicidados... pero ahora, / por milagro, regreso. // Y otra vez, corazón, te han herido... / Pero amar es vivir otra vez. / Y hoy he visto que en los árboles hay nidos / y noté que en mi ventana hay un clavel. / ¡Para qué recordar las tristezas! / ¡Presentir y dudar, para qué! / Si es amor, corazón, y regresa, / hay que darse el amor como ayer. // Sabes bien que mi locura / fue quererla sin mesura / ni control. / Y si al fin ella deseara / que te mate, te matara, / corazón. / Para qué gritar ahora / que la duda me devora. / ¡Para qué, / si la tengo aquí a mi lado / y la quiero demasiado, / demasiado más que ayer! / Hoy nos ha resucitado / porque Dios sabe el pasado / y el milagro pudo ser.

Versión de Adriana Varela de El milagro: #

11.7.05

ada



Sus ojos, verdes, se cerraron

La muerte de Luca Prodan; los excesos de Rodrigo; los extraterrestres del Uritorco; el asma del joven Che Guevara: Córdoba pareciera ser la capital nacional de las leyendas urbanas. No es de extrañar entonces que Ada Falcón se haya ocultado en un convento cercano a Cosquín, uno de los mayores enigmas de la música popular vernácula. Como tampoco es raro que, la “Emperatriz del Tango” inmortalizada por sus ojos “verdes del color del mar”, fiel a su rebeldía, se haya ido a las sierras.

HADA. “Piba hermosa, enseñame a cantar”, cuenta Ada, que la piropeó Carlos Gardel mientras le besaba sus ojos. Enrique Discépolo dijo sobre ella: “Es tan divina, que hace mal mirarla”. Los hoyos en sus mejillas, su cabello y sus ojos verdes enamoraron a una generación allá por los ´30; entre ellos, Francisco Canaro, quien, según dicen, le dedicó el vals “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”.

ADA. El 17 de agosto de 1905 nace en Buenos Aires Ada Elsa Aída Falcone. En 1925 publica la primera grabación de su prolífico legado junto a Osvaldo Fresedo -ya se la conocía como Ada Falcón-. El 24 de julio de 1929 graba con quien sería el hombre de su vida, Francisco Canaro. Hasta el ostracismo editarán más de 170 temas y vivirán una historia de amor (y odio) que Ada no redimirá hasta el 4 de enero de 2002, día de su muerte, en un convento de monjas franciscanas, sola y olvidada.

H. Para 1942, en la cúspide de su popularidad, Ada se oculta en Córdoba. Primero recaló junto a su madre en una casa humilde de Salsipuedes. Luego, en el hogar de ancianos que las hermanas de San Camilo atienden en el pueblo de Molinari. Purgando por un pecado misterioso ocultó sus ojos tras lentes oscuros y su pelo debajo de una red. Muchas son las conjeturas que se hacen sobre ella; pocas las respuestas. Muchos le adjudican su confinamiento a Canaro. Más mística que religiosa “la Falcón" se ocultó tras de sí, mas nunca volvió a cantar y, sí, sus ojos se cerraron, verdes.

30 de junio de 2003.

bacteria




Amenazas de un final, la vida de Federico Moura

Leyenda de un hombre que, en vez de levitar, simulaba que caminaba

Los mitos son como las llamas: una vez que se encienden el viento sólo consigue expandirlos. La vida -y la muerte- del cantante de Virus se puede inscribir sin dificultad en la máxima.

Una suave brisa se sintió el 21 de diciembre de 1988. Aquel día la amenaza de ese final que presagiaba su propia voz en Danza Narcótica, se hacía profecía. La enfermedad había transformado su cuerpo, pero él, años atrás, ya se había tomado el trabajo de transformar a toda la escena del rock nacional con el susurro de su fraseo, sus bailes sensuales y su dominio escénico. Hacía como que caminaba para no enrostrarles a los inhábiles que en verdad levitaba; se trasladaba “a dos centímetros del suelo”, cuenta Carlos Polimeni en El ángel extraviado, libro biografía de Federico.

Los machos del rock atinaban a escupirlo cuando confesaba en el escenario que gozaba entregándose al sol, dándose un rol ambivalente. Desde allí, a los que lo tildaban de frívolo, les respondía: “Todo el tiempo quiero estar enamorado”, ¡mientras se preguntaba qué estaba haciendo en Manila!

Era lo más rock que se les podía decir a esos putos.

15 de octubre de 2003

torturadora naïve




Dice querer torturar a la gente que no comprende al mundo de las hadas. Reaccionaria y tierna. Buen punto para el principio del desande de las cautivante personalidad de Myra Ellen Amos.

Esta chica congrega en todo el mundo a un millón de feligreses, que van a sus misas paganas y compran religiosamente sus homilías instrumentadas. “Gritamos en las catedrales, ¿por qué no puede ser bello?”, sentencia para preguntar Tori Amos en “IIEEE” del disco “From the choirgirl hotel”. Coro, que debe ser góspel pero de su deforme religión; esa que mezcla a Faulkner, Poe, Pelé (diosa hawaiana de la destrucción y la creación) y Judy Garland... y, en algún lugar detrás del arco iris, los pajaritos azules vuelan y el cielo es celeste, pero el pelo de Tori es rojo como el infierno mismísimo.

Amos reconoce que es como las anchoas: cuesta acostumbrarse a su sabor. Bueno, eso.

Pareciera una Campanita insípida de Peter Pan pero además milita en una institución de ayuda a víctimas de abusos sexuales, RAINN, como eco del éxito de “Me & a gun”, canción que narra una violación que sufrió a los 22 años. Ese dolor contado que inspiró a las Fionapples, las Alanismorissettes, las Jewels, y toda la generación de chicas conflictuadas que todavía las Avrilavignes siguen redituando en discos vendidos y billeteras llenas.

Un defecto óseo en su mandíbula evidencia unos enormes caninos para su angelical apariencia de protagonista de una novela que JRR Tolkien se olvidó de escribir y que inspiró a Delirium, personaje del cómic británico Sandman, ambientado en el medioevo con calabozos y dragones y todo eso.

La pianista, hija de un pastor metodista y una descendiente de indios cherokees, sentencia: “La gente es cruel con el mundo imaginario y eso me entristece: sí matás el sueño de miles de personitas no sos muy diferente a Hitler”. Y tendríamos que tenerle miedo a sus torturas naïves cuando proclama que se necesita un bombazo de brillo labial en tu América, y, sí, todos tememos lo mejor.

Del 3 de septiembre de 2001; el exorcismo de Rodrigo Fresán aún no se considera exitoso y no produjo vómitos verdes ni ojeras malvas.