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22.12.08

sin federico


Leyenda de un hombre que levitaba
Los mitos son como las llamas, se dice, una vez que se encienden el viento sólo consigue expandirlos. La vida -y la muerte- del cantante de Virus se puede inscribir sin dificultad en la máxima.
Una suave brisa se sintió el 21 de diciembre de 1988. Aquel día la amenaza de ese final que presagiaba su propia voz en Danza narcótica se hacía profecía. La enfermedad había transformado su cuerpo, pero él, años atrás, ya se había tomado el trabajo de transformar a toda la escena del rock nacional con el susurro de su fraseo, sus bailes sensuales y su dominio escénico.
Se trasladaba “a dos centímetros del suelo”, cuenta Carlos Polimeni en El ángel extraviado, biografía de Federico. Hacía como que caminaba para no enrostrarle a los inhábiles que, en verdad, levitaba.
Los machos del rock atinaban a escupirlo cuando confesaba en el escenario que gozaba entregándose al sol, dándose un rol ambivalente. Desde allí, a los que lo tildaban de frívolo, les respondía: Todo el tiempo quiero estar enamorado, ¡mientras se preguntaba qué estaba haciendo en Manila!
Era lo más rock que se les podía decir a esos putos.
Natanael Amenábar, allá por el 15 de octubre de 2003.

9.11.07

miren miren qué locura

locura
De 1986 no pasa. Quizás incluso haya sido 1985, el año en que se editó Locura, que mi madrina le regaló a Hermano ese casete de Virus, de la nada, para su cumpleaños, en diciembre, revolucionando un poco el tercer cajón que apestaba a Fausto Papetti, Mercedes Sosa y Viejitos Piolas Internacionales. Hay quien dice, muchos, que los Beatles le cambiaron la vida. De alguna manera yo debiera reconocer que lo que me cambio la vida fueron estos 8 temas, ni siquiera Virus.

1. Recuerdo estar caminando por Larrazábal cantando un tema del disco junto a Hermano y Madre, los tres. Recuerdo haberle preguntado a Madre cuál era su tema favorito. Me dijo: “El primero [Pronta entrega] aunque no me gusta esa parte de me puedo estimular con música y alcohol”, me lo acuerdo clarito. A Padre también creo que le gustaba Virus. Nolugareña no pasaba los 2 años y puede hablar por sí misma.

2. Tomo lo que encuentro
yo me lo imaginaba medio póster Pagsa -la tapa del disco es recontra posterpagsa-; un aeropuerto que aún no había conocido, gris, y el asiento del avión del lado de adentro y la marca del beso en el vidrio que había dejado marcado el rush, rojo, con las venitas, aunque no me cerraba que alguien pudiera dejar un beso del lado de afuera del vidrio de una avión, pero eso era lo que me imagina. Nunca entendí que decía Lelouch, creo que cantaba No me imaginaba que eras tan de luz, o algo así.

3. Pecados para dos
era una de las que no tenía mucho interés en escuchar, pero a la distancia es una linda canción. Creo que la fastforwardeaba. El disco está cargado de referencias sexuales, de metonimias de miel entre tus manos, de cositas fuera de lugar. No sé si en ese entonces Madre supo escudriñar las metáforas de Jacobi y Moura. Todavía escuchábamos las historias de la ratita presumida y el pastor mentiroso en otro casete. Éramos niños y lo seguiríamos siendo mucho tiempo después.

4. Destino circular
es fantástica, con ese tema se cerraba el lado A, había que darlo vuelta y rebobinar y barajar y dar de vuelta.

5. Y ahí estaba el hit esperando, Una luna de miel en la mano, uno de los mayores hits de la historia de la música pop, sin duda. Para mi era el lado A, pero era el lado B -me pasó lo mismo con Unicornio de Silvio Rodríguez, que cuando lo vi en cd me di cuenta de la catástrofe de haberlo escuchado toda mi vida enreverado-. En esa época se escuchaba en todos lados luna de miel, compartía pináculo con Bailando en las veredas de Raúl Porchetto en las efemes. Cuando la escuchaba me imaginaba el escenario de las fotos de la luna de miel de mis viejos, muy setentonas, barba y pantalones de campana en Bariloche. Con el tiempo me vine a enterar que era una alegoría de la paja. Cuando me enteré tampoco me hacía la paja. Llegó como comentario de pasillo en el patio del colegio. Creo que la palabra escogida era “masturbación”. Qué Locura hacer una oda elemental a la paja en 1985, a dos años de la vuelta de la democracia, con la que se come, se cura y se educa, nunca mejor dicho: hemos aprendido tanto de Federico.

6. En Dicha feliz Federico dice tristísimo: soy tan feliz que la dicha invade mi felicidad. El Moura más bello que haya levitado estas tierras obtiene la tecnicatura de Interpretación Vocal con esta melodía. Una vez una ex novia me contó que su padre médico era conocido de Federico y que vivía en La Plata en aquellos años de Locura y que un día se le apareció con palo de escoba astillado metido en el culo Federico y que no se lo podía sacar y qué dolor… Sigue la mejor de las canciones de este disco –casete- a mi entender:

7. Sin disfraz
. A principios de año estudié unos meses cuentocorto con Sandra Russo y un muchacho muy copado, Xtian, que siempre decía que había que poner especificidades en los cuentos, para que el lector se imagine mejor las cosas. La materia Especificidades podría ser enseñada con este ejemplo: En taxi voy, hotel Savoy y bailamos. Por lo de hotel Savoy más que nada. En “taxi voy” es una genialidad de nuestro tiempo, dicha en lo más rancio de la resaca de la dictadura más pior. Y hoy me visto demodé y normal; no me preocupa parecer vulgar. Woué, woué: wouo uú.

8. Lugares comunes es la última canción del lado B. No tuve a mano otro disco de Virus hasta muchos años después, incluso no guardo recuerdos ni de Wadu Wadu, pero estas 8 canciones me cambiaron la vida.
Pero por favor no rompas mi corazón por vanidad.

11.7.05

bacteria




Amenazas de un final, la vida de Federico Moura

Leyenda de un hombre que, en vez de levitar, simulaba que caminaba

Los mitos son como las llamas: una vez que se encienden el viento sólo consigue expandirlos. La vida -y la muerte- del cantante de Virus se puede inscribir sin dificultad en la máxima.

Una suave brisa se sintió el 21 de diciembre de 1988. Aquel día la amenaza de ese final que presagiaba su propia voz en Danza Narcótica, se hacía profecía. La enfermedad había transformado su cuerpo, pero él, años atrás, ya se había tomado el trabajo de transformar a toda la escena del rock nacional con el susurro de su fraseo, sus bailes sensuales y su dominio escénico. Hacía como que caminaba para no enrostrarles a los inhábiles que en verdad levitaba; se trasladaba “a dos centímetros del suelo”, cuenta Carlos Polimeni en El ángel extraviado, libro biografía de Federico.

Los machos del rock atinaban a escupirlo cuando confesaba en el escenario que gozaba entregándose al sol, dándose un rol ambivalente. Desde allí, a los que lo tildaban de frívolo, les respondía: “Todo el tiempo quiero estar enamorado”, ¡mientras se preguntaba qué estaba haciendo en Manila!

Era lo más rock que se les podía decir a esos putos.

15 de octubre de 2003