7.9.10

debate



Hoy compré la revista ContraEditorial, y asistí a un hecho: el debate. Trabajo en un programa que además incluye como premisa el debate. Twitter pareciera que también se puso de moda en eso que tiene que ver con el debate. Hay una revista que se llama Debate. Debate, qué es el debate, me pregunto desde hace unos meses y no encuentro una respuesta. Quizás el tiempo en el que vivimos no sea fértil para el debate, o sea que se debaten temas que no me interesan, o existen falsos debates. La verdad no lo sé.

Este blog nunca fue un espacio de debate, al menos, nunca yo incité a eso. Pienso que todo el mundo debería decir lo que se le ocurra y que yo pienso otra cosa, o no, y está perfecto. Pienso así, vos asá, nos veremos en el infierno, ¿cuál es el problema?

Cuando era más chico tenía batallas discursivas por tener razón, podía incluso ponerme en las situaciones más indefendibles para esbozar una razón que permita debatir con todos y aunque era muy difícil ganar porque era uno contra mil me iba a casa con el malestar de la dialéctica y el beneficio de la oratoria entrenada. Hoy, repito, no me pasa.

Creo tener razón porque para llegar a posicionarme en determinado tema me informé de la manera que consideré más adecuada, sin atajos éticos, y punto. Si alguien me da una arista que no consideré y que logra rever mi posición, la reveo y ya. De hecho, mis posicionamientos son una síntesis de lo que leí que me hizo pulir las aristas que determinan una, mi verdad.

Es decir, no hace falta levantar el dedo y cruzarse para tener razón, la razón no se edifica por las disputas dialécticas sino porque otro no pueda rebatir mi sentencia. Si el otro no te puede rebatir y vos sos honesto intelectualmente, tenés razón. El resto es paja.

Los grandes posicionamientos de la sociedad son bastante elementales cuando entendés qué se discute. Los malos son malos, los buenos son buenos, también hay buenos que son garcas, y hay malos que son geniales. Y todo lo demás está demás.

Pero a lo que iba, no entiendo el placer del debate. Me rehúso el debate. Qué es lo que se debate hoy día cuando nadie cambia de parecer a partir de nada de lo que el otro esgrima. No importa qué se diga, hay gente que vuelve convencida de lo que vino a decir, y eso no es debate. O sí, ¿pero para qué sirve?

Por supuesto no se puede debatir con quien no tiene en sus planes rever sus posiciones.

También está el componente no sé. Cualquier discusión se acaba cuando alguien dice “no sé”. Estoy poco acostumbrado a escuchar un no sé como respuesta. En las cosas que no me interesan o no me preocupé en aprender si me preguntan digo no sé.

Por todo eso yo no debato lo suficiente.

6 comentarios:

Martín dijo...

¿Qué querés que te diga? La verdad, no sé.

Geraldinho dijo...

Coincido olímpicamente.

Avallay dijo...

Como ejemplo de lo que decis, la foto que elegiste. Es el debate Nixon - Kennedy por las presidenciales de 1960 (si no pifio el año). Según cuentan, Nixon se pasó toda la noche reunido con sus asesores para tener las mejores argumentaciones. Kennedy, descansó plácidamente en compañía de una dama, que no sería su esposa, precisamente. Al día siguiente el republicano estaba cansadísimo y el demócrata era una fiesta. ¿quién ganó las elecciones?

MarianoMundo dijo...

El debate, en un 80% de los casos, sirve más para aquel que no tiene una postura definida, más que para aquellos que entraron en la arena de la discusión.
Es cierto que en los momentos de cambio de paradigma recrudecen los debates, porque se ponen en consideración, basicamente, dos formas de encarar los problemas.
Cuando se genera debate me pongo contento: se está intentando cambiar el mundo.

salud

Pedro dijo...

No es cuando usted era "más chico", sino cuando usted era "chico". Usted ya es grande. Y los años quitan el gusto por la polémica.
El lado positivo es que con los años la polémica deja lugar a la acción.

Aldana Soledad dijo...

Me parece que en estos momentos lo que se da son monológos. Soliloquios. Dos tipxs se cruzan en algo similar a la plaza pública griega pero sin siquiera pensar en un debate de argumentaciones, sino lisa y llanamente hablar para "su audiencia" que ya saben lo que van a escuchar y lo que pueden esperar. No se va dispuesto a debatir: cuando se empieza a hablar el otro ya adelantó la respuesta sin siquiera escucharlo.

Pareciera como que ni hay ejercicio de dialéctica porque no parecerían diálogos.