Gracias a anónimarie llegué a una entrevista a Aarón Paluch, Ari para los amigos, y para sus enemigos, y para todos los que lo conocen, y para los profesores que cedieron las horas, y para los padres que prestaron la casa, nota en la que no deja un tema sin abordar y en la que revela que quiere llegar a ser un sabio el día de mañana y que Susana lo miró embelesada en su living televisivo. Más allá de que me hace acordar mucho al Juan de Gastón Pauls de Todos contra Juan, comparto esta conversación con el periodista Jonathan Rippel (?) de Veintitrés, que analizaremos a continuación, acompáñenme.
Rippel: -Esa frase va en sentido contrario de un texto de Adorno, en el que señala que después de Auschwitz Dios dejó de existir, pues no puede haber un “para qué” en semejante genocidio. ¿Tienen explicación hasta las grandes tragedias?
Paluch: –Por supuesto que jamás me podría poner a la altura de Adorno y justamente en función del libro que escribí no quisiera tener razón: tal vez Adorno la tenga. Yo tengo una visión que tiene que ver con que no es Dios quien genera estas calamidades.
Cabe destacar que Adorno dijo “después de Auschwitz, ya no se puede escribir poesía” y que el que dijo “Existe Auschwitz, no existe Dios”, en perfecto rumano (?) fue el compañero Primo Levi. Es cierto, lo tiró el periodista, pero Ari Paluch retoma a Adorno al pedo, podría decir “desconozco la obra de Adorno, sepa disculparme, colega”.
Si como reza el eslogan invertido de El Combustible Espiritual, la idea de empezar a tener paz es dejar de tener razón, van por el buen camino, señores: bien en paz ya están.
¿Por qué se cita autores que no se leyeron? Es misterioso. Yo tampoco los leí, aclaro, pero es casi sentido común que el que dijo esa frase es Primo Levi, y no Adorno, del que se desconoce todo, incluso si usaba camiseta.