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12.6.07

la sujeción de la subjetividad es transnacional, carajo

José Pablo Feinmann fue entrevistado por la revista Veintitrés y tomó cosas de Foucault para conceder que el poder sujeta a los sujetos, conquista sus subjetividades. El poder se apropia de tu subjetividad, advierte.

Después saca chapa de intelectual populista, como él le gusta ser llamado, y lo baja a un discurso entendible para todo público: Hay una continuidad en el pueblo argentino, el pueblo es un reverendo pelotudo.


Husmeando el blog encontré algo que escribí sobre la subjetividad hace dos años y que me sorprendí de haber posteado -como dice Fresán que dijo Hartley: «El pasado es un país extranjero. Allí hacen las cosas de otro modo»

29.6.05

subjetividades

Fácil es comulgar gustos, visiones del mundo, afinidades, certezas. Lo difícil es encontrar personas con las que naturalmente se coincida en subjetividades.

subjetivo, va. (del latín: subiectīvus) adj.

Perteneciente o relativo a nuestro modo de pensar o de sentir, y no al objeto en sí mismo. (Lo subjetivo es la cosa-en-sí-kantiana del pensamiento; es una idea del mundo sin ob.)

Se puede pensar algo y estar seguro de ello y defenderlo hasta la agresión. Pero no lo podemos probar, ni mucho menos. Y aún menos si al que se lo queremos probar tiene otro universo de subjetividades.

Porque se puede catalogar y archivar a las personas a partir de su cosmos de subjetividades -eso ha sido sobreprobado en los más variopintos escenarios académicos; no será AC el espacio para reincidir en el desande de los caminos de la catalogación de las personas-. La discriminación es, esencialmente, cuando dos visiones subjetivas se entrecruzan. (Una de las dos con más poder, claro está, pero dos cosmovisiones al fin.)

El ser subjetivo puede comparar dos películas y decir que una es mejor que la otra por fuerza de la razón noúmenica, “lo que ni los sentidos ni los aparatos alcanzan a percibir”. La crítica periodística es lo noúmenico por antonomasia: la institucionalidad de una subjetividad como certeza. Y es, de alguna manera, impunidad, incluso, por el alcance.

Supongo que la definición correcta de la amistad es: Dos individuos coincidentes en sus universos de subjetividades en más de un 87 por ciento. Y no: “Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”, como sugiere la Real Academia Española, con sorna.