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23.5.07

me dio una canción

Mi vieja tenía dos casetes de Silvio Rodríguez: Unicornio y Tríptico 2. Madre debería escucharlos con cierta asiduidad, imagino. Por eso, cuando fui un poco más grande y osé revolver el cajón de los casetes, el rojito sin caja y la cajita con el 2 serigrafiado en verde flúo se congeniaron a las mil maravillas conmigo: fue amor a segunda oída.

Era el recuerdo de la infancia más una lindísima música: era una mezcla explosiva.

Una tía para un cumpleaños en vez de regalarme algo me dio plata y yo le pedí a mi papá que me lleve a la disquería Pichín, que quedaba en Avenida del Trabajo –era un páramo para los sentidos ese lugar, era mágico-, para comprarme un casete de Silvio.

La oferta era amplísima y sólo me podía comprar uno. Elegí por la tapa. No conocía su trabajo más allá de los dos discos que había escuchado tanto. Tendría 10, 11 años. Elegí por la tapa una tapa que era el contraste del rostro de Silvio –a la manera de los íconos revolucionarios- recortado sobre una patina naranja. Aún no tenía ideología política. Y era feliz.

Me acuerdo que le mostré a mi tía lo que había hecho con la plata que me había dado, le mostré el casete, y mi tía me dijo que no sabía quién era Silvio Rodríguez. No lo escuché ese disco, lo mire mucho, muchísimo, pero no lo escuché.

Años después me reencontré con el casete y lo escuché. Se llamaba Mujeres y tenía al final del lado “a” una canción que se llamaba Te doy una canción. La canción decía que Silvio estaba gastando papeles recordando a una mujer, una mujer que lo hacía hablar en el silencio, y que el tiempo pasó y que, de pronto, el tiempo fueron años, sin que ella pasara por Silvio detenida. Y eso de que le daba una canción, como un libro, como una palabra, y hacía, de paso, cañazo, un discurso sobre su derecho a hablar.

Hago un discurso sobre mi derecho a hablar es un idea fuerza que puede conmover a un preadolescente, aunque no sepa explicar cuáles resortes me movilizaba esa frase, esa frase que se piensa a sí misma.

Al final le daba una canción a la chica y decía Patria, así, con mayúscula. Y se sabe que la patria es la infancia. Y una canción, acaso, dada como un disparo, una guerrilla, como el amor.

7.4.06

son mi mal

Hay de todas y para todos los gustos y a mi me gustan todas. Las mujeres que cantan, ya lo he dicho, me pueden. Están las que no me pueden gustar –Marcela Morelo, Paulina Rubio, La oreja de Van Gogh-; las que son un poco mejor, pero siguen siendo repudiadas por el supuesto buen gusto –Amaral, Danielita Herrero, Javiera Parra- y las geniales –Rosario Bléfari, Samantha Navarro, Natalia Lafourcade-. Y a mi me gustan todas.

De todas, mis más queridas son las brasileñas. Y de estas, este podio: Marisa Monte, Adriana Calcanhotto, Cássia Eller, gargantas emotivas y dulces, precisas, que llenan la casa de luz aun en invierno. Pero también está Elis Regina y Ana Carolina y Rita Lee y Gal Costa y Maria Bethânia y siguen las voces.

Por Latinoamérica me quedo con la triada: Andrea Echeverri, Julieta Venegas y Érica García. Érica tiene cada canción, que si no es más reconocida es sólo porque es mujer y medio putaza.

Tanto me gustan que trasciende géneros, escucho estilos que no me gustan tanto sólo porque ellas los interpretan: me gusta el folklore de Liliana Herrero, me gusta el coral de De boca en boca, me gusta la cumbia de Gilda.

Y no me vengan con la misoginia de que no pueden cantar tango: está la señora Adriana Varela, la exquisita Nelly Omar y la mal aprovechada y dulcísima Gabriela Torres, que hizo un disco malo de baladas, uno virtuoso de tangos y uno de candombe pop imposible -entre genial y odioso, ahí en la mitad-. El de tango es uno de mis discos preferidos de todos los tiempos, se llama Círculos de fuego y es una selección de losers laburando bien todos en conjunto quizás por única vez: Adrián Abonizio, Lito Vitale, Lucho González, etcétera, y ella, increíble, cantando como pocas veces escuché cantar a alguien.

Björk.

Madonna, que es una reina. Tori Amos, que es la cosa que más me emocionó en mi vida. Lisa Loeb, que tiene una de las canciones que más me gusta cantar (Stay). Suzanne Vega, que tiene otra de esas (Luka). No doubt, Cranberries, Hole, Republica, Pet shop boys, Propaganda, Garbage, bandas con mujeres al frente que me encantan.

Capitulo aparte para quien tuvo todo y no tiene nada: ¡qué pasó con Alanis Morissette!, ¿alguien me puede explicar? Hizo uno de los mejores discos de los noventa y se diluyó en monocordios y discos mediocres. Pero ese Jagged little pill es de colección, qué canciones, cuánta bronca cantada por nada.

Tengo discos originales de gente como Natalie Imbruglia, Meredith Brooks, Jewell, Tracy Bonham… (¿qué era todo eso?), me debo olvidar de miles de sherylcrows y fionasapples, pero no me quiero olvidar de Joni Mitchell, esa mujer-arte-concepto que con el tiempo se hace cada vez más imposible de escuchar, con lo bueno y malo que tiene eso.

5 discos

From the choirgirl hotel – Tori Amos

Círculos de fuego - Gabriela Torres

Publico – Adriana Calcanhotto

Jagged little pill – Alanis Morissette

Hits – Joni Mitchell

5 canciones

Northern lad – Tori Amos

Ironic – Alanis Morissette

Se alquila – Gabriela Torres

It's oh so quiet –Björk

Fico assim aem você - Adriana Calcanhotto