Pobreza del idioma
Señor Director:
"A lo expresado sabiamente en el artículo «Pobreza del idioma y los jóvenes», de LA NACION del 4 del actual, se puede adicionar un comentario sobre la corrupción de nuestra lengua.
"A la indigencia se agrega la corrupción del idioma con extranjerismos como «ombudsman», «brokers», «flats» y «lofts», «breakfast rooms», etc. Los casos de pago son «defaults»; las liquidaciones son «sales», y los descuentos «off». Producción de comidas es «catering» y su reparto «delivery». Los bares son «pubs» con «happy hours». Estar a la moda es «fashion» o «cool» y mesa de saldos, «outlets». Se publican avisos de «dining tutorials», «partner groups» y «screening».
"Recordemos que Confucio dijo: «En la decadencia de un país lo primero que muere es el idioma»."
Dr. Amílcar E. Argüelles
Parera 12, Capital
Jueves 16 de marzo de 2006, Correo de lectores, La Nación.
Diatribas aparte, ayer descubrí un lindo entretenimiento para pasar los ratitos libres en internet sin tener la necesidad de actualizar cada tres minutos Clarín online. Siempre fui afecto a elmundo.es/diccionarios y incluso a la página de la Real Academia Española, aunque menos, porque el entorno no es muy lindo. Pero, sin querer, ayer descubrí la versión digital del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD). La edición editorial la conocía y aunque es muy interesante se hace un poco engorroso –como todo diccionario- encontrar la palabra buscada.
En casa teníamos –Nolugareña recordará esto con cariño- una enciclopedia de diez mil tomos y siempre –indefectiblemente- nos terminábamos equivocando del volumen. Porque el tomo I va de Azz a Ceq y uno buscaba Cepita y estaba en el que compilaba de Ceq a Dix. De todas maneras era lindo abrir el libro, llevarse varios tomos, que pesan una tonelada el ejemplar, ponerlos uno arriba de otro en la mesa del comedor. Si con suerte la pila de palabras no tapaba la luz del mediodía, ya podíamosempezar con la búsqueda.
“Ese anglicismo”
El castellano de Cervantes, el español, está muy enojado con las palabras provenientes de los idiomas extranjeros, pero El Enemigo es el inglés. Cuando una palabra sajona osa inmiscuirse en el lenguaje nuestro de cada día, primero la ningunean con la excusa: el anglicismo X es innecesario porque tenemos una plabra Y que cumple la misma función. Después la terminan aceptando con un acento y una k cambiada por una q y todos felices. Hay casos donde es interesante lo que dicen, otros son muy graciosos. Si ya le ha picado el bichito lo van a probar ustedes, una y otra vez, cual vicio, el chequeo, aprendiendo más del rico idioma que poseemos o riendo de estos viejos cervantinos que huelen a naftalina y pata negra. El anglicismo es El Enemigo.
Pero también el diccionario de dudas –que no es un diccionario común, sólo están las palabras conflictivas, no van a encontrar casa, por ejemplo- sirve para saber cuándo se acentúa una palabra o de qué manera se deber escribir una ciudad.
