12.8.10
fin de época
4.4.08
sábat
Clarín había sacado unos suplementos especiales con sus humoristas destacados entre los que Landrú y Dobal sin dudas son los mejores. Después están los inventos como Fontanarrosa y Crist. Y por último aparecen los grandes inflados como Sendra y Langer ja ja. No, de verdad, hay un compañero del laburo que compra siempre Clarín y le pedí que me regale esos suplementos porque me gustan mucho las historietas. Justo el día que me regala la segunda entrega de Sábat –que me encantó, me parece un genio- aparece esta representación en Clarín:
Me dije: “Upa”. Pensé Tiene datos. Lo segundo que me vino a la cabeza fue, pongamos que Moyano no tenga nada que ver, ¿se le puede hacer juicio a un humorista? ¿Puede ir preso un caricaturista por decir que alguien es un asesino? La imagen no deja lugar a dudas: dice Moyano mató al tesorero del Sindicato de Camioneros y me aguanto la que venga porque tengo la posta pulenta pulenta. Eso al menos leí yo. Después dando vueltas por el blog del Escriba me encontré con esta caricatura:
El Escriba lo mata a Sábat, y con razón, porque si es un chiste, es malo y ya se hizo mil veces, y sino es pura y llana mentira, decir desde el medio gráfico más leído de
El otro día, en el acto,
La caricatura es una hermosura si la juzgamos por su factura técnica. Realmente está muy bien hecha. Ya se habló mucho de esto, siempre llego tarde, debería hablar de las cosas cuando me surgen, no cuando el debate ya está hecho y todo el mundo dijo todo lo que tenía para decir: ya hablaron Sandra Russo, Juan Sasturain, Martín Caparrós, gente que conoce a Sábat y dice que es un tipo bárbaro. Incluso el gremio, se corporatizó en pegarle a Cristina. Incluso Rep y Daniel Paz le pegaron desde Página/12. Hasta Liniers, que nunca hace política –ni cuando vota hace política- se mandó un chiste de coyuntura hoy en Macanudo.
Odio el corporativismo.
No sé si estuvo bien la presidenta en enojarse o no, pero sí sé que no coincido con lo que Sábat está haciendo en estos días. O como dice la cada vez más grande Sandra Russo: Que no deban ser nunca censurados, ni las caricaturas ni los medios, no implica que no puedan ser criticados por aquellos que se sienten agraviados por sus notas o sus dibujos. La libertad de prensa no implica en absoluto el silencio obligado de quienes son a su vez criticados por los medios.
De cualquier manera, agradezco no tener un Gobierno que me haga coincidir con las caricaturas de Hermenegildo, como hubiera coincidido con esta:
15.7.05
paraguas

“Pensando en quienes ni paraguas tienen / siento que el mío para arriba tira / “No ha sido el viento, si no hay viento”, digo / Cuando de pronto mi paraguas vuela”, pinta un cuadro el tango-canción Los paraguas de Buenos Aires; letra de Horacio Ferrer, música de Ástor Piazzolla.
Con la lluvia, yo también medité mucho sobre las cosas que provoca en la gente este objeto inenarrable, que se conoce con el mote poco feliz de: paraguas.
Odio las palabras que se componen a partir de otras dos palabras de lengua castellana, como si fuese tan difícil inventar una palabra nueva que represente al nuevo objeto -creado a partir de la conjunción de dos objetos o de un objeto y una cualidad-: anteojo, tornasol, carapálida, enhorabuena, salvaguarda, sinsabor, chupamedias, parasol; estos vocablos –creo coincidirán- denotan mal gusto y empiojan nuestro rico lenguaje.
Mi mamá una vez me dijo que cuando era una niña veía los paraguas y se imaginaba que “la gente del futuro”, cuando tuviese la oportunidad de verlos en fotografías, irían a sorprenderse: “¡Qué cosa más extravagante!”. Suponía que el tiempo traería a la humanidad un objeto novedoso –práctico y revolucionario- que relegaría a los nostálgicos esa cosa rudimentaria que para agua. Mamá era positivista; la no invención de este nuevo objeto –que estimamos se llamaría con una nueva palabra- la convirtió en ese ser nihilsta con el que nos interrelacionamos hoy día. No… ¡ese soy yo!; mamá sigue siendo sorprendentemente optimista, qué va.
Volvamos a ese artefacto involucionista para precisar las anomalías que su uso trae aparejado:
- Hay gente que se resiste a usarlo incluso vistiendo un Armani en medio del huracán Dennis.
- Hay gente que tiene uno siempre en la cartera o mochila por si las gotas, allende sea un día de 40 grados.
- Hay gente que compra uno cada vez que llueve.
- Hay gente que vive de vender paraguas cuando empieza a llover; tienen timing de relojero: salen con la primera humedad a cualquier esquina o calle peatonal a berrear: “¡Paraguas!”.
- Hay gente que no se compra paraguas porque, según alegan, ya tienen uno en su casa. Algunos de estos, sin embargo, finalmente ceden y compran otro. El resultado es: tienen dos paraguas en la casa cuando están en el trabajo, o bien tienen dos paraguas en el trabajo y ninguno esa mañana de vendaval a las 9.22. “Y no quiere mermar, rayos y centellas”, rugirá cualquier maldito desdichado en esa situación. La oferta-demanda paragüística es absolutamente lógica: si uno tiene 4, 5 o 13 paraguas, los tiene, indefectiblemente, en otro lado.
- Hay gente que deja atrás todo miedo a la burbuja social, entablando conversaciones inhóspitas con portadores de paraguas grandotes, a sólo fin de adentrarse en la tela vinílica: hoy, casualmente, vi a uno de estos personajes funestos interpelando a un señor con un paraguas adornado de isologos de un banco brasileño: “¿Trabajás en el Itaú?”
- Hay gente que los odia.
- Hay gente que perjura que nunca los usará, pero, que, sin embargo, cuando no los observa su círculo íntimo, los usan.
- Hay gente que le gusta mojarse cuando llueve.
- Hay gente que colecciona paraguas. (¿Habrá?)
- Hay gente que, portándolo, se trasforma en asesina; especialmente en veredas angostas.
- Hay gente que se sugestiona con abrir un paraguas dentro de la casa.
- Hay gente que tiene normas de convivencia paragüeril. “Para andar por la calle recuerde las normas básicas: se camina por la derecha, siempre pegado a la pared; se cede la derecha a las personas mayores, coches de niños, sillas de ruedas, etcétera”, aleccionan desde una página web sobre cómo usarlos protocolarmente.
- Hay gente que usa “paraguas” para apodar cariñosamente a nuestros amigos paraguayos.
- Hay gente que usa “paraguas” como sinónimo de cobertura. Ejemplo: nada justifica mantener la invisibilidad de las mujeres, especialmente, en la esfera de lo público, bajo el paraguas de la lengua.
Para más información, dirigirse a la Asociación Civil Paraguas Club, Palpa 2517 (C1426DOE) Buenos Aires, Argentina. Teléfono: 054 11 4786-1975 buscados@paraguasclub.org.ar



