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25.3.08

britney spears, gorda pero honrada

britney - Share on Ovi

Estaba husmeando los chismes del primer mundo y me encuentro a Britney en thesuperficial.com este banner de Cormillot como la ironía más acabada que puede hilvanar el adsense si es que el adsense puede pensar y acaba. Y es una página norteamericana, digo, para reforzar la rareza. Y me viene de perillas para comentar una extensa y linda y amistosa nota que trascribieron al castellano la gente de la RollingStone argento edition. Me sirvió, entre otras cosas, la nota, para conocer cosas que no sabía de la más hermosa mujer que ha dado la tierra en estas últimas décadas –sin contar a Bárbara Lombardo- y todas las cuestiones que hay alrededor de su fama y el asedio de los medios y la incapacidad que tiene de rodearse de gente que la quiera bien y qué difícil es para ella encontrar a alguien –productores, parejas, amigas, amigos, familiares- que no la quiera hundir para salirse a flote. La nota se titula algo así como Britney, la gran tragedia americana. El título ideal sería la pesadilla americana, juego de palabras de american dream, pero no viene al caso; al caso viene apuntar algunas consideraciones sobre ella. La mina harta de lo que la gente espera que ella sea va y se rapa, se descuida, y aumenta 15 kilos. Lo hizo Courtney Love y estuvo bien pero era una arrastrada desde siempre y ahí radicaba su encanto inclusive: en la posibilidad de que tan borracha te diese bola, la ilusión de que no repare ni en que no sabés articular dos palabras en inglés. Pero Britney siempre fue otra cosa, una nena, la novia perfecta, la nuera ideal. Tengo grabado a fuego From the bottom of my broken heart en mi retina con ese gorrito piluso de hilo tejido verde en la hamaca como la imagen mejor diseñada de la dulzura femenina; o esas caritas a la cámara de que ganas que tengo de debutar en Don't let me be the last to know. ¡Qué ángel! ¡Y es bellísima! Canta bien, baila bien, actúa bien en primer plano (es muy gestual) y tiene ángel. Sumado eso a dos o tres perversiones hacen de ella un bombastic love infernal. Qué caramba. O esa discusión ficticia con su Kevin de turno en Everytime que termina suicidándose arrumbada de pesares para despertar de un sueño horripilante, emergiendo de una bañera, con unas tetas de otro cuerpo; o aquel trajecito enterizo rojo de plástico en Oops! I Did It Again que vi mil veces -cuando no había youtube para repetir a piacere- o en Overprotected, con ropa de Kosiuko, donde hace liberar más endorfinas que la tableta Milka más grande del mundo y termina con esa carita a la cámara más tierna y perra en dosis equivalentes que el ser humano ha alcanzado en 2000 años de occidentalismo. Podría seguir con miles de videos pero me meto de vuelta en el american nightmare. Y es que fue más rockera que cualquier otra persona de su generación, es como el Pity pero modificada genéticamente de manera perfecta. Parecía Larry Flynt (que en su biopic estaba en pareja con una mujer que resultaba ser la Courtney, más linda que nunca): tuvo hijos, se les cayeron, no fue a las audiencias, se paseó con remeras que decían la Corte Apesta, vomitó en cualquier lado, fue a comprar ropa de madrugada con una bombacha visiblemente manchada de fluidos mensuales de color granate, tiene paparazzis hasta en la ducha, se casó con el mejor amigo de su infancia en Las Vegas y su mamá casi se muere porque no había firmado un contrato prenupcial, como es obvio, besó a Madonna, grabó Satisfaction y se cruzó a la semana a Mick Jagger en un ascensor y no le conocía la cara, vive en hoteles, toma todo tipo de drogas, cobra un millón de dólares una entrevista exclusiva, sale desnuda y embarazada en una revista, le piden autógrafos y responde “no sé quién te crees que soy pero seguramente no soy eso que imaginás”, va a la mtv y canta mal, baila peor, y está gordita como un cerdito, como para morderla hasta empacharse. Y lo peor es que sufre todo eso y no va a llegar muy lejos y morirá más pronto que tarde y hasta orbituarios hechos ya tienen los diarios.

Pero igual saca un disco muy bueno y sigue siendo la más grande estrella pop del planeta, pese a quién le pese. Aunque pese tanto que un Cormillot pavonee sus sienes plateadas en banners alusivos en perfecto castellano.

49tc4 - Share on Ovi

11.5.07

liublimará perrinunca lamora

"Leer a Girondo es entrar en una clase especial de vértigo. Podrá decirse que toda poesía implica un descenso implacable a las bases de sentido del lenguaje. Las afecta, las destruye, las revisa, las golpea, las revierte. Pero en Girondo, la poesía intenta ser casi exclusivamente el comentario de esa acción de desastre, con el agregado que las palabras intentan pasar a un orden musical, cósmico. La creencia de que pueden ser sustituidas las palabras por golpes rítmicos y secuencias basadas en onomatopeyas es uno de los más viejos debates sobre la lengua. Girondo puede inclinarse a la sustitución de partes del cuerpo por objetos cotidianos, creando nuevos mundos corporales y objetivos, pequeños monstruos líricos con metáforas de brusquedad tierna, de infantil catastrofismo amoroso. O puede elegir que esos objetos nuevos sean las propias palabras, sometidas a un sinsentido primordial. Como en el famoso El puro no, donde “el no poslodocosmo de impuros ceros noes”, resulta una figura matemática deglutida por el pantano del lenguaje. En la exposición de homenaje a Girondo de la Biblioteca Nacional, intentamos que algo de esos vértigos de las cosas y de la lengua se sitúen en el interior de nuestro edificio, que también es como un dado jugado por un cubilete sobre las viejas barrancas del río."
Horacio González, director de la Biblioteca Nacional.

Homenaje a Oliverio Girondo
a cuarenta años de su muerte

Libros Fotos Pintura Palabra Video Instalación Sonora
Obra: Fernando Rubio
Música: Fito Páez

Biblioteca Nacional

Del 11 de mayo al 6 de julio

La letra se ha espantado de los márgenes. El espacio se inunda hacia una nueva geografía de lo concreto. Por no hablar de lo real. Cuerpos del acontecimiento.
Palabra Girondo y todos los ojos en boca de él.


No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo