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9.8.07

crítica a la pura sinrazón

Hace dos sábados, a los 48 años, Claudio Uriarte resbaló de una escalera, se golpeó la cabeza y se murió. Parece ser que el periodista que escribía sobre política internacional en Página/12 durante los últimos años no cumplió en llenar el formulario del agrado de sus colegas. Para coronar la bronca ideológica de sus pares se pasó a Ámbito Financiero en las últimas semanas antes de subir la escalera.

Recuerdo en TEA que cada vez que se lo nombraba a Uriarte algún profesor de turno profería sin filtro palabras dudosas sobre el periodista fallecido. Ahora aparecen unos pocos que lo conocieron, dicen que bien, y que, también dicen, era un genio incomprendido: que estaba más allá de las ideologías, fue un gran librepensador de nuestro tiempo.

No tengo herramientas para adherir a una u otra vertiente del uriartismo, pero siguiendo el link infinito de internet llegué a un texto de Uriarte muy interesante en Malas palabras, que se llama “Contribución a la crítica de la verdad periodística”.

Creo que algún punto el texto que fragmenté toca a casi todos los que leen este blog, quizás sirva para armar un debate, de cualquier manera el provocador Uriarte no está ya entre nosotros para contestarnos.

La gente ya no es culta: es informada. Las conversaciones se vuelven intercambios de cocktail, pases de salón, slogans de estúpidos de Flaubert, contraseñas universitarias mal aprendidas. La capacidad de atención y concentración disminuye. Cualquier intensidad es tachada de “autoritaria”, “terrorista” o “loca”. La filosofía universal es el esceptisismo vulgar, el cinismo de barrio. Ya no se sabe leer de verdad: los alumnos de literatura, que en su gran mayoría solo aspiran a volverse apparatchicks de la nomenklatura universitaria, aprenden solamente los fragmentos, las citas y los códigos para pasar los exámenes, y reciben una estructura conceptual cuya frigidez, desapasionamiento y además de necia superioridad analítica frente al objeto jamás les permitirá, por ejemplo, conmoverse con Madame Bovary o reírse con Bouvard y Pecuchet; antes tendrán que hacer la autopsia semiológica y descubrir dónde están el significante, el sintagma y el rizoma, de modo de poder continuar arruinando la sensibilidad de las generaciones venideras. La carrera en boga es Ciencias de la Comunicación, un híbrido que las chicas de barrio estudian para llegar a ser, precisamente, periodistas, como antes estudiaban corte y confección y después quisieron ser psicólogas. Textos con la demanda, la devolución y la riqueza de En busca del tiempo perdido o El hombre sin atributos estan fuera del alcance para una generación cuya idea de la duración está formada por el videoclip, y cuya ambición verdadera es tener algún quiosquito de poder. Invirtiendo una frase de los años ‘60, habría que desconfiar preventivamente de todos los que tengan menos de 30 años, ya que no vivieron la valentía, la generosidad y el arrojo de las épocas en que la historia parecía viva. Y el destino inevitable de esta época y de esta generación termina siendo el periodismo, que ya organizaba las cosas de este modo antes de que fueran así. Con el tiempo, todo el mundo será periodista, en potencia o en acto.

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