Chiche Gelblung hizo una buena moneda en los 90, y algo menos pero importante en los 80. No voy a analizar acá si Chiche es bueno, malo, garca o un genio. Voy a hablar de lo que está haciendo ahora en el outsider espacio de las 21.30 en el outsider canal Canal 26.
De vez en cuando veo a Chiche, porque me gustan los programas con invitados y porque Chiche está más allá de todo, y además es un buen entrevistador. Chiche amasó una buena moscaneta y está viendo qué hacer con ella. Lo último que había hecho, es MinutoUno y le fue bien en entradas y mal en guita. Los socios capitalistas parece que le sacaron el respaldo y él buscaba venderle el portal a LaNación. Es lo último que sé. No sé en qué quedó todo eso, pero Chiche no está más en canales abiertos a modo diario, creo que tiene un lugar outsider los fines de semana en Canal 9 Libertad a la Mexicana. En realidad siempre Chiche estuvo abonado al lugar outsider de la vida. Desde ahí construyó su pequeño lugar de presencia mediática. Entonces arregló con Canal 26 y Canal 26 le dijo, el canal mismo, soy Canal 26, me interesa que estés en nuestro prime time. Chiche miró a los ojos a Canal 26, que se apellida Pierri, y tiene Telecentro de ahijado, y se le río en la cara por lo de prime time. Canal 26 Pierri entendió que se había sobreexcitado con su propuesta y a cambio le dijo, con voz cavernosa, el espacio es tuyo, todo lo que saques de publicidad es para vos, a mi me sirve, como canal, como Canal 26, que estés, porque me da encendido y prestigio, tanto vos como Mauro Historias Impactantes Súper Archi Primerísimo Primer Plano Viale. Entonces Chiche, Samuel, arregló el cachet, le dio la mano a Pierri y salió de los estudios de La Matanza a paso moderado. Empezó poniéndole pilas a los invitados y peleándose con los operadores A la Manera de Sofovich. Pero desde hace un tiempo se desinteresó por completo de la excelencia. Todos los días se pone la misma camisa de jean arrugada como Tita Merello después de un baño de inmersión de media hora, y se divierte con los errores de los técnicos del canal, cuya profesión de técnicos, como definición, es cuanto menos exagerada. Se escucha al aire cómo caminan, cómo se ríen, cómo piensan, cómo se pelean por un cacho de milanesa de cuadrada que trajo Samid. Chiche les dice “Chicos… Chicoos” y si no le dan bola sigue para adelante. Ya está. En el conflicto del campo sentó a Biolcatti una tarde de marzo y aún continúa sentado ahí. También hay un sojero sin representación gremial que opina de todo. Hace dos meses que está promocionando con sorprendente convicción chivos al aire de procedencia improbable que hace sospechar a uno, que vive leyendo entre líneas, que directamente Chiche está detrás de esos negocios. No es publicidad que le ponen, es directamente un negocio de Chiche. Capitales gelblunescos se suceden. Ya sea mandá Cosmos al 6006 y enterate qué te deparará el destino o Jean Cartier, el sinónimo de la moda mundial, hoy es una franquicia, llamá y vendé los perfumes de Cartier en tu barrio y convertite en la envidia sana de las vecinas de tu cuadra. Pero lo de estas últimas semanas es una exageración. Qué está haciendo Chiche. Chiche está invitando todos los días a un representante de una cámara o un empresario destacado de un rubro para que le diga al aire en qué le conviene invertir toda la moscardonetta que viene acumulando en una caja de seguridad, o en el Banco Macro. Llama un tipo de una inmobiliaria pituca y le dice, convenceme de invertir en propiedades. Chiche descaradamente toma nota en vivo y hace preguntas más de interesado que de entrevistador. Al otro día invita un economista y le dice convenceme de invertir en la bolsa, y baja la cabeza y toma nota. Después llama al sojero y le pregunta con pelos y señales cómo está el negocio agropecuario al día de hoy e inclina la cabeza sobre su papeleta y toma nota de la rentabilidad, más allá de los reclamos sectoriales, que no le importan un pito. Ayer, para cerrar con las opciones de inversión, llamó al dueño de una concesionaria de autos top top y le dijo, conveceme de invertir en autos, bajó la cabeza, vendió sms, vendió Jean Cartier, y tomó nota. Todo no sólo gratarola sino además en su espacio pago de trabajo. Un capo. Para terminar, no tiene nada que ver con nada pero es así la cosa, ustedes saben, yo soy como una especie de Judas Iscariote, robadas del amigo Horacio, compartidor compulsivo de boludeces, las sabias palabras del David Nalbandian, desganadas hacia el final, a la manera de Nicolino Roche y sus pasteros verdes.