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8.10.08

a la manera de chiche

Chiche Gelblung hizo una buena moneda en los 90, y algo menos pero importante en los 80. No voy a analizar acá si Chiche es bueno, malo, garca o un genio. Voy a hablar de lo que está haciendo ahora en el outsider espacio de las 21.30 en el outsider canal Canal 26.

De vez en cuando veo a Chiche, porque me gustan los programas con invitados y porque Chiche está más allá de todo, y además es un buen entrevistador. Chiche amasó una buena moscaneta y está viendo qué hacer con ella. Lo último que había hecho, es MinutoUno y le fue bien en entradas y mal en guita. Los socios capitalistas parece que le sacaron el respaldo y él buscaba venderle el portal a LaNación. Es lo último que sé. No sé en qué quedó todo eso, pero Chiche no está más en canales abiertos a modo diario, creo que tiene un lugar outsider los fines de semana en Canal 9 Libertad a la Mexicana. En realidad siempre Chiche estuvo abonado al lugar outsider de la vida. Desde ahí construyó su pequeño lugar de presencia mediática. Entonces arregló con Canal 26 y Canal 26 le dijo, el canal mismo, soy Canal 26, me interesa que estés en nuestro prime time. Chiche miró a los ojos a Canal 26, que se apellida Pierri, y tiene Telecentro de ahijado, y se le río en la cara por lo de prime time. Canal 26 Pierri entendió que se había sobreexcitado con su propuesta y a cambio le dijo, con voz cavernosa, el espacio es tuyo, todo lo que saques de publicidad es para vos, a mi me sirve, como canal, como Canal 26, que estés, porque me da encendido y prestigio, tanto vos como Mauro Historias Impactantes Súper Archi Primerísimo Primer Plano Viale. Entonces Chiche, Samuel, arregló el cachet, le dio la mano a Pierri y salió de los estudios de La Matanza a paso moderado. Empezó poniéndole pilas a los invitados y peleándose con los operadores A la Manera de Sofovich. Pero desde hace un tiempo se desinteresó por completo de la excelencia. Todos los días se pone la misma camisa de jean arrugada como Tita Merello después de un baño de inmersión de media hora, y se divierte con los errores de los técnicos del canal, cuya profesión de técnicos, como definición, es cuanto menos exagerada. Se escucha al aire cómo caminan, cómo se ríen, cómo piensan, cómo se pelean por un cacho de milanesa de cuadrada que trajo Samid. Chiche les dice “Chicos… Chicoos” y si no le dan bola sigue para adelante. Ya está. En el conflicto del campo sentó a Biolcatti una tarde de marzo y aún continúa sentado ahí. También hay un sojero sin representación gremial que opina de todo. Hace dos meses que está promocionando con sorprendente convicción chivos al aire de procedencia improbable que hace sospechar a uno, que vive leyendo entre líneas, que directamente Chiche está detrás de esos negocios. No es publicidad que le ponen, es directamente un negocio de Chiche. Capitales gelblunescos se suceden. Ya sea mandá Cosmos al 6006 y enterate qué te deparará el destino o Jean Cartier, el sinónimo de la moda mundial, hoy es una franquicia, llamá y vendé los perfumes de Cartier en tu barrio y convertite en la envidia sana de las vecinas de tu cuadra. Pero lo de estas últimas semanas es una exageración. Qué está haciendo Chiche. Chiche está invitando todos los días a un representante de una cámara o un empresario destacado de un rubro para que le diga al aire en qué le conviene invertir toda la moscardonetta que viene acumulando en una caja de seguridad, o en el Banco Macro. Llama un tipo de una inmobiliaria pituca y le dice, convenceme de invertir en propiedades. Chiche descaradamente toma nota en vivo y hace preguntas más de interesado que de entrevistador. Al otro día invita un economista y le dice convenceme de invertir en la bolsa, y baja la cabeza y toma nota. Después llama al sojero y le pregunta con pelos y señales cómo está el negocio agropecuario al día de hoy e inclina la cabeza sobre su papeleta y toma nota de la rentabilidad, más allá de los reclamos sectoriales, que no le importan un pito. Ayer, para cerrar con las opciones de inversión, llamó al dueño de una concesionaria de autos top top y le dijo, conveceme de invertir en autos, bajó la cabeza, vendió sms, vendió Jean Cartier, y tomó nota. Todo no sólo gratarola sino además en su espacio pago de trabajo. Un capo. Para terminar, no tiene nada que ver con nada pero es así la cosa, ustedes saben, yo soy como una especie de Judas Iscariote, robadas del amigo Horacio, compartidor compulsivo de boludeces, las sabias palabras del David Nalbandian, desganadas hacia el final, a la manera de Nicolino Roche y sus pasteros verdes.


3.12.07

verso a verso

Tuvimos una conversación con un empresario de Santa Cruz –le cuenta a Grondona uno de los autores del libro “Hablen con Julio”- sobre el armado de poder de los Kirchner y el rol de De Vido. Fue muy rica la charla, al final, como conclusión, nos dice que si se repite el modelo de su provincia en el país tenemos pingüinos para rato. Le digo que habrá elecciones en el medio. “Yo pensaba lo mismo y los tuvimos 14 años”, bromeó el empresario.

Claro –interrumpe Grondona, cordial- este tipo de armado político no lo hace alguien que se quiere quedar 4 años y nada más. Este sistema es para quedarse 20 años. Me acuerdo de una anécdota –busca complicidad Grondona, la encuentra- Fue en la presidencia de Illia. En esa época, recordemos, había un golpe cada dos años. Yo estaba conversando con un amigo –mira a Novaresio, sonríe-, uno de esos amigos que tienen salidas graciosas. Siempre quiero que los gobiernos terminen –se ataja, sigue-. En esa época además eran 6 años de presidencia, no 4 como ahora. Conversando con este amigo le digo que era saludable que Illia termine su presidencia. Él me mira y me dice: “sabés qué pasa. –Grondona mostró sus puños y fue levantando un dedo por vez, imitando a su amigo, contando- Tengo 63 años… ¡Golpista!”, -se río de la humorada y todos se rieron con él-.

“Viva Lanús; muera Chávez”, se despidió, más tarde.

18.7.07

Chiche, la magia en la vida cotidiana

Primero Chiche invitó a un físico argentino músico que vive en una ciudad universitaria norteamericana y después entrevistó al hijo del tipo que trajo el psicoanálisis a la argentina. Sucedió en el marco de su muy buen programa de entrevistas, ¿De dónde vengo?, que va los domingos en Canal 26 a las 23 horas, después de Grondona.

Y en ese tipo de programas, de entrevistas, creo que Chiche se mueve a sus anchas, creo que es el programa que debería hacer siempre. Hace de un Jaime Bayly menos complaciente con sus entrevistados, siempre dispuesto a interrumpirlos, sabiendo que va a decir algo más interesante que sus invitados, aún no invitando a personajes menores, sino más bien interesantes, y con algo para decir.

En ese programa –fondo blanco, dos sillones, un plasma de fondo y una mesita ratona alargada con dos copas con agua- vi pasar a China Zorrilla, a Gabriela Michetti -antes que en otro lado-, a un Puma Goity destilando intolerancia, a una Ocaña serena y segura de sí misma; en todos los casos el programa resultó ser un imán, por cómo Chiche maneja los tiempos, deja hablar, interrumpe con sus “ehhh… a ver…” pausados y con sus trajecitos, combinados a la manera suya.

El programa del domingo transcurrió por estos caminos.

El físico Alberto Rojo venía a presentar un libro sobre cómo la física está presente en nuestra vida cotidiana –llamado La física en la vida cotidiana, en un arrebato de originalidad- pero no le dejó hablar de nada de lo que puso en el libro sino que lo convocó a sólo fin de sacarse un par de dudas suyas geniales.

Primero le contó que había leído que la gente de la empresa Volvo –especialista en seguridad automovilística dentro de esa industria según dijo- descubrió que es más seguro un auto que sea de materiales flexibles, que actúen ante un choque mediante efecto acordeón, que las viejas carrocerías de hierro. Esto se debe al efecto rebote de los materiales. Lo que vendría a echar por tierra la frase de nuestros padres sobre que los autos nuevos son de plástico, en los que la carrocería sos vos.

Después le preguntó sobre sí la tela de araña es más resistente que el hierro, y Rojo le dijo que sí. Y se sorprendió, y Rojo le dio la razón de tal sorpresa.

Antes había metido una lata de Coca-Cola en un balde, tipo frapera, transparente, lleno de agua: se hundió. Después puso una lata de Coca-Cola Light y la lata flotó. Las dos tenían la misma cantidad de centímetros cúbicos de contenido. Le preguntó ¿por qué? Rojo dio su explicación, convincente, y después el dio la suya, mágica.

El físico dijo que imaginemos una lata de gaseosa hecha de agua hasta sus partes de aluminio. En ese caso pesaría lo mismo que el agua. Si pesa más que el agua, como en el caso de la Coca común, se hunde, la lata; en el caso de la Light, flota, la lata: es decir que lo que hace pesar más una cosa que la otra es el volumen de azúcar, azúcar necesaria para endulzar la gaseosa, que es equivalente en la lata de coca común a una cuchara y media sopera, contra el poco volumen que ocupa un endulzante del tipo NutraSweet.

Chiche lo dejó terminar y le dijo su teoría, que el azúcar era energía negativa, por eso se hundía.

Para comprobar su hipótesis le hizo sostener al físico con su mano más fuerte un puñado de azúcar fuertemente en un ángulo de noventa grados del brazo respecto al torso. Con su mano Chiche hizo fuerza sobre el brazo y el brazo quedó quieto. Después le puso una naranja, hizo el mismo procedimiento, y el brazo no resistió el peso y bajó. Muy poco le importó a Chiche que Rojo le haya advertido que la naranja también tiene azúcar y no edulcorante. A Rojo en cambio si le importó descubrir el porqué, que finalmente adjudicó a que los músculos que actúan son distintos en cada forma de apretada. Y lo demostró apretando la nada en vez de azúcar. Pero Chiche estaba muy contento con su idea de energía negativa del azúcar como para volver a repetirla en otro programa.

Lo único que le hubiera faltado hacer a Chiche es este experimento con Menthos y Coca Light, y que el físico Rojo hubiera explicado el porqué, que es re loco, y sino, miren: