14.11.07

formas

Felisa Dellacarbonara está desayunando. Es verano y el sol entra como un puñal por el ventanal que da a la plaza Vicente López. El sol en otoño es menos violento, es suave, te permite quedar un largo tiempo expuesta a su calor sin que te moleste, piensa Felisa, incómoda, sentada de frente al sol con los ojos cerrados. Sobre la mesa se disponen con obsesiva equidistancia la tetera que heredó de su abuela Miss Ethridge, con hebras de earl grey, una taza de porcelana con las iniciales FD dada vuelta sobre el plato, pan, manteca de cabra, mermelada de calafate y siete masas de anís.

El diario está plegado en sus dos dobleces, en el vértice más cercano de la mesa. Felisa respira hondo cuando suena el teléfono. Abre los ojos y no puede ver nada, la persistencia de la claridad del sol le impide saber dónde está. Se restriega los ojos. Intenta hallar al teléfono inalámbrico al tanteo, ciega, sin suerte. Cuando lo agarra, no suena más. Espera. No vuelven a llamar. Despliega el diario para contemplar la portada y pasa las noticias sin demasiada atención: lee títulos sin llegar entenderlos y mira las fotos como formas, no como conceptos, como quien mira una sombra sobre el césped. Medita sobre la tranquilidad que siente desde que decidió mudarse sola al edificio de la calle Montevideo de la familia. Ya va para los 25 años, está por terminar el curso de curadora de galerías de arte y necesita replantearse algunos temas antes de decidir formalizar la relación con Luciano Garrochategui. Contrario a lo que imaginaba no le es difícil hacerse cargo de las actividades de una casa. Por primera vez en su vida se siente útil, aunque íntimamente desprecia esa virtud. Mientras piensa, pasa las páginas. Llega a información general. Se queda dura ante una imagen. Es la foto del edificio donde viven sus padres. Lo reconoce por la tienda de ropa de bebés de la planta baja. Deja de lado las intermitencias de la mente para concentrarse en la lectura.

Asesinan empleada de limpieza
del arquitecto Dellacarbonara

- ¡Dolly…!

(Agencias) En la madrugada de ayer hallaron sin vida el cuerpo de Dolores Rey, empleada del renombrado arquitecto Alfonso Dellacarnbonara, aparentemente, como consecuencia de forcejeos durante un asalto. El cuerpo de la mujer, de 66 años, fue encontrado sin vida en medio de la calle Perera, casi esquina Quintana, del barrio porteño de Retiro.

- ¡No!

Un allegado a la familia Dellacarbonara contó a este medio que Rey trabajó durante más de 35 años como empleada de limpieza: “Dolores siempre fue una mujer trabajadora, tenía la confianza de la familia. Fue muy estimada por quienes pudimos conocerla”.
El comisario Hernán Salinas, de la seccional 15 de la Policía Federal, aseguró que el matrimonio se encontraba en Punta del Este al momento del crimen. “Ya fueron anunciados del suceso, regresarán para testificar lo más pronto posible”, reveló Salinas. También comunicó que se sigue la hipótesis de “muerte por hurto”, ya que al ingresar al departamento encontraron “en medio de un desorden general, papeles revueltos, alfombras desprendidas y prendas de vestir esparcidas en el suelo”.
Rey, según fuentes policiales, tras una puja con los maleantes, habría sido arrojada desde el balcón hacia la calle. Esta tarde se llevará a cabo la autopsia. Los resultados, esperan los especialistas, arrojarán más datos sobre la muerte.

Ciega, otra vez, Felisa deja caer una masa seca de su mano derecha temblorosa. La masa rueda hasta detenerse sobre Ariel, el portero, que barre el hall de la que fuera su casa hasta hace dos meses, inocente de que saldrá al otro día en todos los medios, declarando sobre la familia, sobre la señora Rey y sobre su propia conmoción. Como en un sueño recuerda la sonrisa eterna de Dolly, la paz que trasmitía, el apoyo que le dio cuando decidió irse a vivir sola, la cajita que le había hecho cuando todavía era una niña: forrada, de cuadrillé rosa, con volados, y una muñeca bordada en la tapa, que guardaba en su mesita de luz. La usaban para mandarse cartitas, contarse secretos. Suena nuevamente el teléfono. Atiende.

- Felisita, ¿viste La Nación? –dice atolondrada Inés, la hermana de Luciano.
- Sí…
- No somos nada, nena, ¿qué habrá pasado? ¿Hablaste con tu papá? Tan vital que era la señora Dolores. Yo no sé… son unos desalmados, qué les podría hacer una vieja a ellos. Para mí que estaban buscando algo de Alfonso, aprovechando que estaba de viaje.
- …
- Hoy estamos… mañana quién sabe. ¿Felisita?
- …

Alfonso y Úrsula Dellacarbonara son sorprendidos en Aeroparque por los medios de comunicación. Los micrófonos de goma espuma se dirimen para ver cuál es el que choca más fuerte contra el rostro del arquitecto. “No vamos a hacer declaraciones / disculpen / estamos muy apenados / ya hablaremos cuando estén las cosas más claras”, Dellacarbonara se disculpa en retiradas oportunidades, mezclando las cuatro oraciones en distintos ordenes como para no pasar por reiterativo, hasta que al fin pueden entrar, con ayuda de la seguridad, en el asiento trasero del Audi. “Infernal: 39 grados de sensación térmica”, dice el locutor del programa de radio que escucha el chofer. Los vidrios polarizados los resguardan de los reporteros y los flashes. Se toman de la mano y se miran brevemente. Luego cada uno aleja su mirada hacia la ventanilla. Se sueltan las manos y se quedan viendo formas hasta llegar a la casa de Felisa.

- ¿Felisa?
- ¿Mamá?
- Sí, mamá, mamá…
- Abrí princesa –imposta dulzura Alfonso.
- Ya bajo papi.

- ¿Por qué no me atendían? –solloza Felisa abrazada al vientre de su papá.
- Apagamos los celulares porque no paraban de llamarnos –se disculpa Úrsula-. Te llamamos varias veces pero no atendía nadie, chiquita.
- Nos vamos a quedar acá unos días hasta que empiece a normalizarse el asedio de los periodistas, ¿sí, princesa?

Felisa asintió con la cabeza. Y no dijo nada durante el resto del día. Sólo ella entendía el amor que tenía por Dolly. Fue su madre sustituta, su institutriz, su confidente y su consejera, su amiga más fiel y la persona que más límites le puso en su vida. Recordó de pronto el último día que estuvo en su departamento. Dolores había horneado tarteletas. Se quedaron hablando en la cocina, largas horas, hasta la madrugada, cuando vencida por el sueño Felisa apoyó sus manos en la mesa y su cabeza sobre sus manos y se quedó en paz como un gatito que encontró un rincón calentito, mientras Dolly le acariciaba el pelo con sus manos. En el sueño entreoyó “de no haber sido por vos, Felicita, me hubiese vuelto a Corrientes hace ya veinte años, sos una parte de mí, te voy a extrañar muchísimo.”

Pasaron los días. El tema fue mermando en las agendas periodísticas. Sus padres volvieron al departamento cuando las guardias cedieron en intensidad. Felisa volvió cuando sus padres ordenaron los destrozos. Aún seguía la fragancia de Dolly en el ambiente. Fue a su cuarto y se quedó dormida.

- Buenas noches Rodolfo.
- Buenas noches Cristina.
- El país está conmocionado con el revelador giro que dio el caso del arquitecto Dellacarbonara.
- Vamos a las imágenes.
- Estupor. Esa palabra resume cómo la ciudadanía recibió la inesperada noticia. El caso Rey dio un giro imprevisto. La muerte de la empleada de limpieza habría sido planeada por el matrimonio Dellacarbonara. El rumor, que cobra fuerza, se basa en que la hija del reconocido arquitecto, Felisa, habría acercado pruebas. Hasta entonces la hija no había hablado con la prensa. Trascendió que habría hecho llegar a la Justicia una carta. En ella se revelaría por qué Rey habría sido arrojada por el balcón el jueves pasado. La carta habría sido escrita antes de morir, amenazada por la misma familia. Felisa hará una conferencia de prensa mañana. Se estima que revelará el contendido del mensaje que Rey dejó.
-
La calle opina de suceso.

5 comentarios:

Kluivert dijo...

¡Natanael! En primer lugar: me gustó mucho el cuento. A mi parecer, está muy bien escrito. Con tu permiso, me lo voy a imprimir para hacerle una lectura más sesuda (?) fuera del trabajo.

En otro orden de cosas, muchas gracias por habilitar el perfil, gracias a eso llegué acá.

Un abrazo,
Kluivert

Kluivert dijo...

Ah, y aprovecho para comentarte que está muy chulo (?) tu blog. Ahora sí: ta luego.

Anónimo dijo...

Yo tb lo imprimi y lo leí. Me gustó mucho.

Escribí cuentos mas seguido tontito!

Anónimo dijo...

sono io: Marie

natanael amenábar dijo...

agradezco sus palabras amables pero más agradezco que comenten dos veces!

un beso a ambos