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11.5.07

liublimará perrinunca lamora

"Leer a Girondo es entrar en una clase especial de vértigo. Podrá decirse que toda poesía implica un descenso implacable a las bases de sentido del lenguaje. Las afecta, las destruye, las revisa, las golpea, las revierte. Pero en Girondo, la poesía intenta ser casi exclusivamente el comentario de esa acción de desastre, con el agregado que las palabras intentan pasar a un orden musical, cósmico. La creencia de que pueden ser sustituidas las palabras por golpes rítmicos y secuencias basadas en onomatopeyas es uno de los más viejos debates sobre la lengua. Girondo puede inclinarse a la sustitución de partes del cuerpo por objetos cotidianos, creando nuevos mundos corporales y objetivos, pequeños monstruos líricos con metáforas de brusquedad tierna, de infantil catastrofismo amoroso. O puede elegir que esos objetos nuevos sean las propias palabras, sometidas a un sinsentido primordial. Como en el famoso El puro no, donde “el no poslodocosmo de impuros ceros noes”, resulta una figura matemática deglutida por el pantano del lenguaje. En la exposición de homenaje a Girondo de la Biblioteca Nacional, intentamos que algo de esos vértigos de las cosas y de la lengua se sitúen en el interior de nuestro edificio, que también es como un dado jugado por un cubilete sobre las viejas barrancas del río."
Horacio González, director de la Biblioteca Nacional.

Homenaje a Oliverio Girondo
a cuarenta años de su muerte

Libros Fotos Pintura Palabra Video Instalación Sonora
Obra: Fernando Rubio
Música: Fito Páez

Biblioteca Nacional

Del 11 de mayo al 6 de julio

La letra se ha espantado de los márgenes. El espacio se inunda hacia una nueva geografía de lo concreto. Por no hablar de lo real. Cuerpos del acontecimiento.
Palabra Girondo y todos los ojos en boca de él.


No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo

22.11.06

unzué

Palacio Unzué

El otro día vi un documental de Román Lejtman en Infinito sobre la vida y muerte –y más allá la inundación- de Evita. Dos pastillitas me quedaron dando vueltas en la memoria. La primera: Eva muere a los 33 años, la supuesta edad de Cristo; la edad de Evita debiera decirse.

El otro dato es estremecedor por todo lo que significa. Yo no lo sabía; quizás sea conocido y yo sea un ignorante, pero pregunté y no muchos conocían la historia. La Revolución Libertadora después de proscribir el peronismo y silenciar al pueblo –entre otros ocasos- derrumba el Palacio Unzué, que había sido la casa en la que habían residido los últimos presidentes argentinos. Se ensañaron con una construcción, con todo lo irracional que significa: en uno de sus paredones escribieron eso de Viva el cáncer.

Pero, ¿dónde estaba ese Palacio Unzué? Parece ser que para el 1800 la familia de Cornelio Saavedra tenía unos campos en donde hoy están las calles Agüero y Avenida del Libertador (y sus alrededores).

Lo venderá más tarde uno de los Saavedra a la familia Unzué, que allí levantará un Palacio: en un derroche de imaginación se lo llamará Palacio Unzué. Por 1890 también había grandes casonas privadas en lo que es hoy el Museo de Arte Decorativo y la Cancillería. Cuando Elena Unzué y Alfredo Peña contraen matrimonio (porque esta gente no se casa, esta gente contrae matrimonio) festejan instalando uno de los primeros sistemas eléctricos del país en el Palacio. Desde sus ventanales traseros se podía disfrutar el Río de la Plata, entonces limpio, que para esos años llegaba a la altura de ATC y la flor de hojalata inmóvil. El mismísimo poeta Rubén Darío le haría de jardinero top, todo muy raro.

Parece ser que para la década del 30 algunos problemas económicos harían al Estado expropiar estas casonas. El diputado Enrique Dickman intenta defender la propiedad privada, pero se descubrió que no tenía la pija tan grande como ostentaba.

En los años sucesivos algunos presidentes habitan el Palacio, pero Perón y Evita le roban la exclusividad simbólica, parece ser. La tira abajo Aramaburu en 1957 y empieza a construir allí la Biblioteca Nacional; por esos terrenos también se levantará la estatua de Eva Duarte de Perón. Una parte del Palacio Unzué, sin embargo, no fue derruida, y desde 1997 es un edificio histórico donde funciona el instituto nacional Juan Domingo Perón de estudios e investigaciones históricas, sociales y políticas. Queda en Austria 2593.

Links:
Cab Tittarelli y la primavera alfonsinista (nuevo)
Post de Evita