13.7.10
10.7.10
matrimonio gay
5.5.10
25.3.08
el sinsabor del encuentro
Miré un par de capítulos de V: Invasión Extrarrestre, y harto ya de la tercera temporada que da por tierra con tanta genialidad de las primeras 2, me fui a ver Lluvia, por
Me encontré a Nolugareña y a mamá en la cola, en el Gamount, un sábado santo, a las 17.10.
Eso me hizo reflexionar acerca de algunas cuestiones que siempre me vienen a la mente y que nunca termino de descifrar del todo. No sé si a todo el mundo se le cruzará la idea como a mí pero cuando me encuentro con alguien en alguna actividad, por la calle, en un recital, en el capítulo latinoamericano de algún organismo dependiente de las Naciones Unidas o en subte siempre me queda la idea de que no son tantas las personas que conozco y que arbitrariamente me encuentro. Y hay otras tantas a las que, no digo a diario, pero al menos una vez cada seis meses me las encuentro a la manera de las casualidades, a su estilo azaroso.
Y siempre se me ocurre una idea estrambótica para pensar un escenario: tomo como universo al colegio secundario, a mi promoción, junto las dos divisiones y pienso en cuántos de ellos, que suman 110 más o menos, me crucé en estos 11 años de egresado en lugares que no son, por ejemplo, fiestas de cumpleaños o celebraciones aglutinantes per se de cosas de escolaridad.
Y los resultados son asombrosos, y me pregunto qué es lo que rige esas casualidades, porque sí, seguramente, en un Recital de Manolo García es improbable que me cruce a nadie, pero en un medio de trasporte, en la calle Corrientes, en un banco, en la cola para renovar
¿A qué fuerzas energéticas refieren estas casualidades?
Y cuando digo que son sorprendentes los resultados digo increíblemente sorprendentes. Los pocos que me encontré fortuitamente en esta década larga, de 110 personas, repito, serán 10 los que me crucé, de los cuales 4 o 5 fueron en algún colectivo, y me hice el boludo. ¡Y a los 5 restantes me los crucé entre 10 y 20 veces!
No quiero hacer nombres propios porque no me gusta esto de andar haciendo famosa a la gente (?) pero de 110 tipos y muchachas no me cruzo con 100 y de los otros
A Nolugareña, sin ir más lejos, me la crucé en su primera cita con un chico, en el cine, en el planetario, en la casa de la moneda… no pasan seis meses en que no me la cruce alguna vez por ahí. Y eso que salgo poco.
No sé si esto les pasa a algunos como a mí, y no sé si tienen alguna teoría que explique la cosmicidad, o la contracosimicidad de los encuentros. En cualquier caso, si tienen que decirme algo nos cruzamos por ahí y me lo dicen, soy el único perrito cyan que toma mate que podrán avisorar en Buenos Aires, con un signo de interrogación encima de la cabellera, que responde al nombre de Tútum.
30.11.07
las lunetas del 80 supieron lucir esta cucarda, orgullosas
