Recordé un disco de hace tiempo atrás integrado por bandas mexicanas, y solistas, en homenaje a un artista popular, que acá vendría a ser Sandro, un tal José José. Tanto es así que concidió espaciotemporalmente con el tributo a Sandro que se hizo alguna vez en la Argentina.
Estaban todos en el tributo a José José: desde Café Tacvuba, pasando por Molotov, hasta Control Machete. Es un disco que escuché mucho vaya uno a saber por qué. Nunca lo había oído a José José, hasta ayer, cuando me colgué en YouTube y miré algunos videos, como El triste, canción que en el referido disco hace Julieta Venegas.
Emotivo.
Seguí mirando cosas y llegué a este video que deja a Capusotto en orsai y, como le pasa a algunos futbolistas, pidiendo el pase libre, para trabjar una temporada para la televisión azteca o televisa: qué lo disfruten.
Ernesto Esteban Etchenique es el rey del aforismo con contenido –el Narosky culto-, inventado por Fontanarrosa.
El rayo que no cesa, uno de los cuentos que lo tiene como protagonista, está incluido en el libro Uno nunca sabe. Es en verdad un anticuento porque tras un almidonado relato en primera persona de Etchenique presentándose al gran público, lo sucede un sinfín de aforismos de lo más intensos, casi haikus rioplatenses.
Entre ellos se destacan: Señalé el Futuro. Y miraste mi dedo; Si mil veces te levantas, y mil veces te derriban, comienza a penar en el retiro; Tú me pides el Cielo y las estrellas. Yo te pido que seas razonable; Regué el Bien. Y obtuve Bienes Raíces; No eres bella, pero eres interesante. Te dejaré en manos de la ciencia; Me recordaste a las más bellas mujeres. ¡Y me fui con ellas!; La pobreza ajena me inquieta. Pero la propia me preocupa; o, sólo por citar unos cuantos, Creí hallar en ti a un niño. Y hallé un retardado.
En ese plan, doy rienda suelta a mi sano humor apocopado, obteniendo bienes, raíces y demás aforismos, que paso a compartir. Disfrútalos, amigo lector.
Aforismos de Natanael Amenábar.
En el mundo de las ideas, tu propuesta es Haití.
De los laberintos se sale por arriba, cualquiera lo sabe; lo que nadie sabe es volar.
Toda escoba nueva barre bien. Entonces el problema tengo que ser yo.
Siempre que paró, llovió.
Mi reino por un caballo: todo a Speedy Lee a ganador.
La historia la escriben los que ganan. Los que pierden además son vagos.
Tu cuerpo pide salsa. Ponete una servilleta.
Está fuera de toda discusión que la duda sea la jactancia de los intelectuales.
Dios le da pan al que no tiene dientes, el muy sádico.
No es que no te quiera. Es que sos muy fea.
No está muerto quien pelea. Pero está más cerca que el que huye.
Soldado que huye sirve para otra guerra, de la que si es resultadista volverá a huir.
Sueño con un mundo mejor. Invariablemente me despierto.
Debí decir “te amo” pero dije “¿te va una cama de tres?”.
—Padre, ¿por qué me has abandonado? —Porque hablás como un pelotudo, nene.
Te dije: “Somos polvo enamorado”. Me dijiste: “No minimices”.
Para el sordo, a sus oídos, todas las palabras son necias.
Hablando la gente se entiende. Con un Diego no se habla más.
Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Falta obra pública.