17.9.11
fin del fútbol
No estamos hablando mal del Barcelona, todo lo contrario, sería como tatuarse con una aguja de tejer “Necio” en la frente, con tinta china. Buscamos, sí, darle voz a una cada vez más extendida sensación de “fin del fútbol”, que el funcionamiento del Barça conlleva. No es por casualidad este presente sin rivales, queremos decir, repetir. Sobran ejemplos de equipos millonarios que compran 11 estrellas mundiales que se desempeñan como once individualidades más o menos habilidosas para el fútbol. Sin un funcionamiento de equipo esos talentos necesariamente se licúan en la cancha. No decimos nada nuevo.
También hay equipos, como el Manchester United, que supieron armar un equipo ultracompetitivo, con un plan sostenido en el tiempo, con un funcionamiento colectivo aceitado, donde las estrellas que se suman al principio de un torneo lo hacen como piezas que complementan el engranaje deportivo, como un plus. El Barcelona en la final de la Champions League del mes pasado dejó a ese equipo (¡a ese equipo!) reducido a club de mitad de tabla del Torneo Argentino B.
Barcelona logró un funcionamiento total que traduce al Manchester United, el segundo mejor equipo de la década, a grupito de amigos. Cuando la dinámica trasunta un control de pelota del casi 70 por ciento del partido, una sucesión de pases con precisión de máquina, donde un error es una anécdota, estamos en presencia de otra cosa, entretenimiento, pochoclo, pero no deporte.
Subrayando que hay un valor de trabajo, disciplina y talento en ese fútbol total que logró, para muchos, hacer del Barcelona el mejor equipo de todos los tiempos, y destacando las altísimas cualidades de la mayoría de sus jugadores (Andrés Iniesta, Xavi, Lionel Messi, David Villa), para el espectador que quiere ver simplemente fútbol, el Barcelona se está tornando aburrido. Fastidia tanta perfección.
La coartada contrafáctica Caruso Lomardi “el Barcelona en la cancha de All Boys no puede hacer cuatro pases seguidos” se resolvió desde el sentido común de Román: “Nos cagan a goles a todos”. Los primeros 5 minutos del Manchester presionando en la salida del Barça fueron auspiciosos: excelente estrategia de Sir Alex Ferguson, buscando recuperar la pelota en los primeros metros, obligando al líbero Javier Mascherano a salir con pelotazos, algo inédito para el equipo de Pep Guardiola. Pero como si un ser desde el más allá hubiera puesto una palanquita en on, de un segundo al otro el Barcelona se adueñó de la pelota y no hubo manera de sacársela, ni de presionar en los últimos metros, ni en la mitad, ni de hacer nada más. En un instante inasible el United despareció del campo de juego. Sin embargo, los estilos quedaron definidos igual desde la efectividad. El Manchester está predeterminado por la eficacia, tuvo una y Wayne Rooney la mandó a guardar: 1 a 1. El problema fue que sólo esa vez en todo el partido pudieron encadenar tres pases verticales desde un lateral. Todo el resto del dominio del balón fue patrimonio del equipo catalán.
Los exégetas de la estética se babearán por ese pinball humano cercano a la perfección, o perfecto. Pero los que creemos que el fútbol es el deporte más justo. El deporte donde el más pobre le puede ganar al más rico. El deporte en el que un grande puede irse al descenso y un chico salir campeón. Los que bancamos el fútbol porque permite que un país con tres millones de habitantes tenga 2 mundiales al hombro y uno con 1.313.973.713 de personas no pueda juntar 11 que se entiendan en una cancha. El deporte que troca las estadísticas en estadística (inclusive, las que usé en esta nota). El deporte donde un grupo de rústicos con un buen sistema le pueden ganar a un equipo que tiene un valor superior al PBI de Sierra Leona. Los que bancamos el fútbol como competencia posible, queremos que el Barcelona pierda, aunque juegue mejor, aunque juegue Messi, aunque creamos que Iniesta sea el mejor asistidor del mundo. Porque se anuló la sorpresa.
Es como empezar a leer un policial negro de 600 páginas que se llama “El mayordomo es el asesino”. El desafío del Barcelona ante un Alavés es saber si le puede hacer más de 10 goles. Scores de otro deporte, ni siquiera de tenis, de partido de Rugby trabado.
Allí amanece la figura monumental de Mourinho, ese técnico que oficia de estratega total, el único que le puede ganar al Barcelona. Mourinho es el superhéroe del archienemigo de la competencia. Barcelona no es El Eternauta, el héroe colectivo es en todo caso cualquier equipo de Mourinho, el Barcelona es la nevada mortal que los mata a todos. Pero los muchachos comandados por Juan Salvo darán pelea. Mourinho es el Juan Salvo del fútbol, El Eternauta portugués.
Desde que el Barcelona se decidió, con las armas más nobles de la naturaleza, a abolir la competencia deportiva, sólo encontró un escollo, por duplicado: José Mário dos Santos Mourinho Félix
Una vez comandando la internazionali milanista, derrotando al Barça en la semifinal de la Champions 2010. Y la otra con el Real Madrid, sacándole de las manos el único trofeo que en este 2011 el Barcelona no ganará: La Copa del Rey.
Quizás alguno alegue una cuestión antimonárquica para justificar ese desenlace, de acuerdo a una idiosincrasia catalana separatista. Pero no. Esa copa la ganó Mourinho, el único lío ante esa gesta.
Publicado en la edición de Un Caño de hace un mes, hoy, tras el 8 a 0, se redimensiona.
21.4.11
Mou
1. Uno parte del hecho de que el Barcelona no practica un deporte, hace una performance, una exposición. No juega, se luce. Tanto es así que en lo que en otro equipo pasaría por cargada en el Barça es estilo. Y no es sólo mérito de Messi, el mejor jugador del mundo. Guardiola es un gran técnico. Iniesta es el mejor (y más elegante) pasador de pelotas. Xavi es un fenómeno. Villa es el mejor delantero de la historia de España (perdón, Raúl). Encima inventan a Mascherano de líbero y les sale un jugador excepcional. Quiero decir, Barcelona no es un igual, un primus inter pares. Le juega a favor, hay que reconocerlo, que practica el mejor fútbol de la historia. Quienes buscamos la excelencia del deporte, quienes elegimos a los jugadores de buen pie por sobre los esforzados, encontramos en el Barça un equipo que nos llena. Pero en una liga tan desigual como la española la supremacía del Barcelona, en términos socioeconómicos, es abusiva. Alguien tiene que regular el flujo, distribuir. Mou.
2. Nuestro espectador de fútbol hincha por su equipo, en primer lugar, y después por el más débil. Suele suceder de esa manera, aunque hay excepciones. Su equipo es trasladable al mundo. Ponele, yo te hincho en España por el Aleti, en Italia por el Inter, en Inglaterra por el City, en Holanda por el Ajax, en Portugal por el Benfica. A partir de ahí, para abajo, hinchás por el más débil. Godoy Cruz – San Lorenzo, hinchás por el Tomba. Fin de los ejemplos.
3. En esto que sigue Messi no tiene nada que ver.
4. Mourinho, José Mário dos Santos Mourinho Félix, es el abanderado de los humildes. Claro que no dirige clubes pobres, porque se lo ganó, por talentoso. Pero al lado del Barcelona cualquier equipo está bajo la línea de la indigencia. Si a eso le sumás su capacidad técnica, su atractiva personalidad, su voluntad ganadora, sus resultados, tenemos en la figura de Mou un combo muy querible. Hay en la Argentina muchísimos fanáticos del Barcelona. Pero también una minoría que lo aguanta a Mou, el único tipo del mundo que tiene la llave para abrir el candado catalán del juego total. Y eso tiene su épica, el trabajo sobre el talento, el juego sobre el arte, el mendigo que llega príncipe. Es el fútbol como nos gusta entenderlo, donde todo puede pasar.
5. Aunque deje a Kaká en el banco, hincharemos por el Real Madrid en semifinales de Champions. Como hinchamos por el Inter en la final 2010. Porque hinchamos por Mou. Por eso.

