14.5.07

la casa del ahogado

Muchas veces la sabiduría popular es sabia. Otras veces es sólo popular. Siempre las frases populares son certezas, nadie invoca esta sabiduría para dudar, para repensarse, sino para dar borrón y cuenta nueva a las cosas. Hasta la frase sólo sé que no sé nada es una certeza. Hay de las que son contradictorias entre sí, pero que pueden convivir sin vergüenza en los mismos decidores. Donde duermen dos, duermen tres o No hay dos sin tres se contraponen ideológicamente a la más bonita Dos son compañía, tres son multitud, por ejemplo. Lo que ahora sigue son frases populares cargadas de poesía urbana. Para empezar, dos ejemplos.

Manotazo de ahogado
Esta expresión se usa de manera antinómica de la más optimista ¡el no ya lo tenés! El manotazo de ahogado es ese esfuerzo que se sabe inútil pero que se hace igual, por las dudas, por más que conlleve frustración. La imagen de un ahogado ahogándose es épica. Imaginemos a un señor o a una señorita braceando en un mar de noche, sin visos de tierra firme, en el horizonte. Ese personaje manoteara la masa salada y líquida tantas veces como su pulsión vital se lo indique antes de morir en la tozudez de que cualquier esfuerzo sólo retarda lo inevitable. Imaginemos que nuestro héroe finalmente muere pero un brazo le quedó en el aire, como saludando la posibilidad de la existencia de un Dios, o con la intención de abrazar a un ser querido desaparecido, con quien, tras tantos años, supone se reencontrará, en ese otro lado de lo real. La fuerza de gravedad –por más que ahora exista la liga de mujeres en contra de esta legislación universal- hará por el hombre el último manotazo, el recurrido manotazo de ahogado. Nadie que esté vivo puede estar ahogado. Nadie ahogado puede dar un manotazo. Por ende, el manotazo ya no es una acción propia del hombre sino de otras líneas rectoras que exceden la voluntad. Toda acción si no va acompañada de una voluntad tiene ese destino trágico. El manotazo de ahogado es la expresión más acabada de la acción sin voluntad.

Grande como una casa
Tanto fue usada esta frase que está vaciada de contenido: es una casa vacía. Al invocarse la idea pereciera no ser pensada. Si desestructuramos la frase, la casa, nos damos cuenta que resulta ser muy lúcida, porque recurre mediante una economía de guerra literaria a expresar algo simbólicamente trascendental: grande como el lugar de pertenencia, como la infancia, como el útero. Si decimos frases como grande como un elefante o grande como la ex unión soviética vamos a emplear la simpatía o el ingenio pero, ¿lograremos el efecto que alcanzamos con la casa? La palabra casa no es una palabrita.

Sin haber hecho una investigación pertinente me animaría a decir que todas las personas normales de este mundo deben tener a casa como uno sus primeros 20 vocablos aprendidos. Guau-guau, tutú, papá, mamá y pipí deben ser en el top 5 inicial, sí, pero casa se impone. Ya desde los primeros dibujos infantiles las casas cobran protagonismo (y se sabe que si no le hacés un piso, una chimenea y un caminito terminarás siendo un psicópata, un asesino o un exhibicionista.)

Pero lo que nos ocupa es lo significante de decir grande como una casa. Una casa siempre es grande. No importa si es una mansión con habitaciones que nunca podrán ser habitadas o un monoambiente decorado con gusto en un barrio periférico. La casa es un lugar grande, porque no sólo es un espacio físico con determinados metros, es todo lo que ahí pueda suceder, es la vida más íntima, son las vivencias personales, es uno. Es el escenario de la vida, la casa de gran hermano, esas cosas. La casa es lo bueno lo malo lo alegre lo triste. El aburrimiento y la felicidad. El estar bien con uno mismo y el odiarse por ser como se es.

Hay infinidad de formas de usar la casa. Está la casa de dios, la casa de citas, la casita robada, la casa de la moneda, la casa rosada, la casa cuna. Pero me voy a quedar con la expresión tirar la casa por la ventana, hacer esto es lo mismo que decir hago un festichola en la cual no me haré mucho problema por los gastos. Me gusta como idea de hacer parte al mundo de lo que uno es. Porque la casa es uno; más allá de la ventana, está todo lo que uno no es, el mundo, esa otra orilla. Tirar la casa por la ventana es despreocupadamente y sin inhibiciones hacer lo contrario, que el mundo entero entre a tu vida para hacer lo ellos decidan hacer con vos. La capacidad para disfrutar que alguien entre a tu casa para tirarla por la ventana es muy envidiable. Hay que estar muy seguro de sí mismo o muy poco conciente de lo que uno es para permitir que una persona que no conocés te tire un cigarrillo en la maceta. No por nada este tipo de fiestas la hacen los ricos, los hijos en la casa de sus padres cuando estos son están, o cualquiera de nosotros cuando terminamos alguna etapa de la vida que decidimos cerrarla para no volver a habitarla nunca más. Renovar la casa. Cambiad la vida.

1 comentario:

Milagros Mejía P. dijo...

Natanael:

ESTE TEXTO ESTA DEMASIADO BUENO. LO DE TIRAR LA CASA POR LA VENTANA ME PARECIO ALUCINANTE. Y CUANTA RAZON EN QUE LA CASA...ES LA CASA Y EL TAMAÑANO NO SE MIDE POR METROS CUADRADOS. SINO POR LOS SERES QUE LA HABITAN, LAS ALEGRIAS O TRISTEZAS QUE SE ACOMODAN EN SUS ESPACIOS.

ME ENCANTO, REALMENTE ME ENCANTO.

RESPETOS CASTRENSES!!!!!!!!

VOY A RECOMENDAR ESTE POST QUE ESTA PARA CALLARNOS LA BOCA A MUCHOS QUE UTILIZAMOS ESTAS FRASES SIN MEDITARLAS.

A LA DE MANOTAZO DE AHOGADO LA EVITO, PORQUE EN MI PROFESION ES CASI UNA HEREJIA.