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8.8.08

Acerca de la Reina de Java

Toda la vida mi vieja le dijo a mi hermana ‘¿Te crees que sos la Reina de Java?’. En cambio, sin distinción de género fue el destino de la patada en el culo que nos conducía una y otra vez al Congo Belga, del que me ocupé tiempo atrás. El tema con la famosa soberana de Java, sin embargo, es una confusión.

Sabido es que Java es una isla, que es parte de Indonesia, que tiene 114 millones de habitantes paseándose casi desnudos, y que en ese sitio insular se encuentra la capital del país, Yakarta. Pero muy difícilmente haya tenido una reina, y, mucho menos, rica, que se mande la gran vida, como infería la lección materna.

Java a su vez es una ciudad en Dakota del Sur, una variedad de grano de café, una península de los Países Bajos, un estilo de música, el sobrenombre clásico de Javiera, y, en hebreo, significa ‘vida’.

Lo que sí existe es la Reina de Saba, mencionada en el Antiguo Testamento y en el Corán. Lo que me lleva a pensar que el traspaso generacional de la leyenda mutó una ese por una jota. Saba estaría en un territorio africano que hoy se reparten con sorprendente simetría Etiopía y Yemen.

En el Primer Libro de Los Reyes, la Biblia dice:

En aquel tiempo…

‘Oyendo la reina de Saba la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles. Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía. Y Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase. (…) Y dio ella al rey ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de especias, como la reina de Saba dio al rey Salomón. (…) Y el rey Salomón dio a la reina de Saba todo lo que ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.’

Es palabra de Dios.

Te alá, vamos, señor.

Excelente. Entonces la Reina de Saba sí cuadra con lo que trasfería mamá en sus dichos de manera metonímica.

Madre se excusa de no ser culpable de tamaño equívoco: se lo endilga a mi abuela, exculpándose. Pero vamos a darle la razón a madre igual porque el error está tan extendido que hasta hay un dicho popular que confirma el equívoco social.

No es lo mismo decir ‘la reina de java’ que ‘se dejaba la reina’.

De cualquier manera, lo más cercano a la verdad sobre la Reina de Java es este logo del lenguaje de programación desarrollado por Sun Microsystems para softwares de alta gama:

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