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2.5.08

eras la luz del sol, y la canción feliz, y la llovizna gris en mi ventana

manzi - Share on Ovi

El fascículo 17, la desgracia, de los Ídolos del espectáculo argentino, según Clarín, nos trae al grandísimo -y grandioso- Homero Manzi.

Retomo el tema recurrente de hablar de Homero para compartir dos o tres datos que desconocía del poeta menos triste –y más melancólico- del tango, que el periodista Pedro Ochoa nos acerca. Homero era radical, correligionario, y allá por los años 30 empezaba a no coincidir con el statuquo del partido, de entonces, que eran hinchas de Alvear -él era simpatizante de Yrigoyen-, así que junto con otros radicales rebeldes, como Jauretche, forjan Forja, que sería un usina del pensamiento de izquierda de los años 30/40.

Sin renegar de su radicalismo Homero adhiere a las ideas de Perón y en su gobierno participa como delegado de Sadaic. Pero además este lindo escribe guiones de cine como el de La guerra gaucha y dirige algunas películas que dicen ser buenas pero que no han trascendido.

También fue periodista. Dirigió una revista llamada Micrófono, que degeneraría en la afamada Radiolandia (2000). También, dicen, le presentó una tal Eva Duarte a un tal Juan Domingo Perón, aunque hay varios que se adjudican ese logro, y, de todos modos, todos sabemos que en realidad Evita sola hizo todo el trabajo de levantarse al entonces Coronel: pero como dato va como loco.

Además, de memoria tiro, escribió canciones como Milonga Sentimental; Malena; Sur; Barrio de Tango; Desde el alma; Tal vez será su voz; Fueye; Discepolín y Che, Bandoneón.

Como estoy re bueno, les dejo un hermoso tango, Fruta amarga, en una versión de Adriana Varela.


boomp3.com

Fruta amarga

¡Corazón!
En aquella noche larga
maduró la fruta amarga
de esta enorme soledad.

¡Corazón!
¿En las nubes de qué cielo
la tristeza de tu vuelo
sin consuelo vagará?

Bien lo sé...
¡Aquel frío alucinante
de un instante, me cegó!

Fue en un viento de locura,
sin ternura, sin perdón.
Fue en el grito enronquecido
de un amor enloquecido
de dolor.

Eras la luz de sol
y la canción feliz
y la llovizna gris
en mi ventana.

Eras remanso fiel
y duende soñador
y jazminero en flor
y eras mañana.

Suave murmullo...
Viento de loma...
Cálido arrullo de la paloma.
Ya no serás jamás aroma de rosal,
frescor de manantial en mi destino.
Sólo serás la voz que me haga recordar
que en un instante atroz te hice llorar.

¡Ya no estás!
Y el recuerdo es un espejo
que refleja desde lejos
tu tristeza y mi maldad.

¡Ya no estas!
Y tu ausencia que se alarga
tiene gusto a fruta amarga,
a castigo y soledad.

¡Corazón!
Una nube puso un velo
sobre el cielo de los dos.
Y una nube solamente

de repente me perdió.
¡Una nube sin sentido,
sin clemencia, sin olvido,
sin perdón!