Cuando un muchacho autodenominado “Abril” se fue de “Catupecu Machu” para probar suerte y creó una banda llamada “Cuentos borgeanos”, aborrecí. Ye venía gestando un aborrecimiento a “Catupé” por ser tan nabos, los hermanitos Ruiz Díaz.
Después por primera vez me puse del lado de Charly García cuando ese nabo que canta -tan mal, además- le pegó una piña: es de persona educada no pegarle a un viejo lamentable.
Después me olvidé de aborrecer a “Abril” y a “Catupé”, no les di más bola, nada, pero, sin embargo, nunca dejaron de molestarme: siempre me jodió algo de ellos que no puedo explicar, amén me importe un carajo su vida, su música, su energía y su “arte”.
Pero todo tiene un límite: llamar a un disco “Laberinto entre aristas y dialectos” es merecedor del escarnio público.