Se acababa la primera semana de abril, y desde algún rincón bonaerense, no sabemos si inaugurando una cloaca o en un acto partidario (sea la comparanza excusándonos con el albañal), la Kirchner desafiaba a la oposición espetándole que sólo la escuchaba hablar “del color de pelo, del zapato o de la cartera de la presidenta”, pero no “del debate de ideas”. A su lado —según registra indiscreta fotografía— un conocido dúo de manco y bizco, que la sirven y la mandan según convenga, la miraba cual mandril expectante del plátano fecundo.¡Ya salió!