30.8.07

no conectaba con tanta comida china

Qué curioso, ¿verdad? Que esto se llame chile y que su país se llame Chile, dice el ex clavadista mientras señala un frasco de salsa picante de color rojo intenso. En efecto, no deja de ser curioso, concede el padre de B. A los chilenos, añade, esto siempre nos ha picado de curiosidad. B mira a su padre con una incredulidad apenas perceptible.
Roberto Bolaño
Últimos atardeceres en la tierra


Cuenta un mito de un mito de otro mito que frente al Luna Park existía un restorán que se llamaba La Napolitana.

Y cuenta ese mito de ese mito de ese mito que en ese restorán hacían unas milanesas muy ricas a la que la adornaban con tuco, jamón y queso.

Tanta repetición de “vamos a comer una milanesa a La Napolitana” hizo, parece ser, que, con el tiempo, se pierdan las mayúsculas del imperativo hasta que el nombre de ese platillo quedó compuesto de italianidad, tal y como lo conocemos hoy.

Más de un loco lindo insistió con eso de que sólo nosotros podíamos inventar que napolitanos y milaneses compartan algo, aunque más no sea el nombre de una comida, ya que se odian, parece ser, mucho, los milaneses y los napolitanos.

Estoy seguro que la milanesa no es un invento de los milaneses: a mí siempre se me ocurrió que los platos con nombres que identifican a un lugar no se comen en esos mismos lugares.

En suiza se comen todo tipo de bombones –de hecho su patria está hecha de chocolates como la casa de Hansel y de Gretel- como para que exista un bombón eminentemente suizo.

Tengo contactos en Bruselas que me han confirmado que los repollitos de ídem no se consiguen en ninguna verdulería de Bélgica. Es más, no hay verdulerías tampoco.

Fui a por más.

Hablé con mi corresponsal en Washington y le pedí que se corra unos kilómetros a Maryland a pedir una suprema: le vendieron un disco de Diana Ross.

Está demás decir que en Portugal se hacen tantos tipos de salsa que para que haya una denominada portuguesa debieran realizar un concurso tipo El gen argentino para elegir cuál es la salsa que más los identifica como lusos: se llamaría: La salsa portuguesa.

Ya absorto, por tanta inconexión-nombre-comida, en un hecho de arrojo, levanté el teléfono y llamé a la Gobernación de Calabria. ¿Qué me dijeron? Que sólo a un argentino se le ocurre ponerle cantimpalo a una pizza y que, ahora que sabían esto, iban a iniciar vía diplomática una mediación del Vaticano para impedirnos usar la palabra calabresa en los menús (y dejaron entrever que tienen más contactos con el Papa que nosotros; a continuación me hicieron pito catalán, pero yo me reí por dentro, siempre supe que en Catalunya no se fabrican silbatos muy distintos a los nuestros).

Taciturno, me metí en Pipo y pedí vermicelli a la bolognesa: decidí no investigar si en Bologna le ponen carne picada al tuco como para no llevarme otra desilusión y, de postre, darle otro dolor de cabeza a Taiana, que ya bastante tiene con Botnia, Ence y el reciente lío de la calabresa.

A la Gastón Pauls, me aleje Corrientes abajo, meditando, con mi gorro de lana y las manos en lo más profundo de los bolsillos del jean que pude (desfondé el bolsillo derecho en el ímpetu).

Ya enojado conmigo yo, me prendí un parisiene y entendí que: uno) esa salsa es un invento chino; dos) que el típico gusto francés en cigarrillos negros debe ser otra mentira publicitaria.

Y esto no pasa sólo acá, pasa en todos lados.
-I´ve a french fried.

americano

7 comentarios:

Juan dijo...

otra interesante es la de las pincitas de bruselas... o el famoso turco García... o el tano Gracián, o el chino Volpato, o Américo Vespucio o Argentino Luna... la vida cotidiana es literatura, artificio y marketing.

Fix Perez Bracamonte dijo...

Mejor no averigüemos hasta dónde llevará su investigación sobre el origen de la salsa putanesca.

Matías dijo...

"las manos en lo más profundo de los bolsillos del jean que pude" Jaja. muy bueno, pero muy bueno, el relato.

Saludos!!

caca dijo...

Es algo inédito que tres hombres distintos me escriban sus comentarios, me siento capacitado para hablar de radiadores y centrojás.

Juan, estás como loco en estos días, verbonauta, desconozco la existencia de pincitas de bruselas tanto como los propios belgas, seguramente.

FPB, la investigación fue menos escatológica de lo sugerido llegando a encontrar en un anaquel virtual la siguiente explicación "en Italia del sud las damas prostituidas no podian ir al mercado en el horario en el que iban las madres de familia y cuando llegaban a ultima hora tenian que conformarse con esos pobres restos mediterraneos como las anchoas, las aceitunas, las alcaparras, y asi preparaban su tuco las putanescas."
Creo que es absolutamente apócrifa esta explicación, casi tanto como que enfrente del Luna Park había un local llamado La Napolitana.

Desarmandonos, un saludo, gracias por las felicitaciones, las necesito para vivir.

Bueno, Corvino, nombré a Bolaño y a Calamaro en un mismo post, deberías decir algo, ¿no?

Anónimo dijo...

Muy bueno, che, de otro varoncito [pero que no entiende nada de radiadores].
Abrazo.

caca dijo...

Matías, te debo la meme aún, tengo otros tiempos. Tampoco sé de radiadores.

¡Ud. sabe de frenchfrieds!

Y algunas otras particularidades de la gastronomía sajona que podría contarnos.

Anónimo dijo...

JA, gusto la nota!!!!

creo q la única posible excepcion seria la sopa paraguaya, pero donde viste una sopa solida??? que se coma fría o caliente?

y siguiendo con las sopas, te imaginas un frio y acido ingles comiendo sopa inglesa??? hummmm sopa inglesa de las cuartetas (homero dixit)

eso si.......la salsa inglesa es inglesa?

abrazo.