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27.11.07

dictadura del empresariado

Me enojé con Clarín –los insulté vehemente- el 31 de octubre pasado cuando publicaron una noticia deliberada en ocultamientos Condenan a un hipermercado a indemnizar a un nene a quien le negaron un premio. No dicen el nombre del súper en toda la nota. Claro, con la cantidad de guita que ponen los supermercados en el diario no da denunciarlos. Lógica que se deshace cuando escriben la nota, ¿para qué la escriben sino dicen quién fue? Para eso obvien el tema y listo. Por otro lado se da un orden inverso: en el ránking de ese día los lectores ubicaron esta nota como la más leída de la jornada –si se fijan abajo a la derecha en el link aún sigue en ese puesto-.

Cualquier editor de sección con oficio hubiera presionado para llevar ese tema a la tapa del día siguiente, porque si interesa vende diarios.

¿Qué pasó al otro día con la nota? El primero de noviembre la tapa ni aludida se da. Adentro, un copetín de dos párrafos señala: Fallo a favor de un nene por un premio En el cuerpo de la nota al menos nos enteramos que el hipermercado es “de origen francés”. ¡Mirá qué bien!, para enterarse tenés que cruzar información y conocer la procedencia de los capitales foráneos con participación en el negocio de ventas minoristas a consumidores finales.

Cuando fue lo del diputado Recalde y los sobornos por los tickets me pasó lo mismo. Fue hace menos, unos días. Parecía en un momento que todo lo había inventado este tipo, que los dueños de los tickets no tenía ninguna culpa y que Recalde, de última, no hizo nada bueno, hizo lo que tenía que hacer, "para eso le pagamos". Y después generar agenda con el pensamiento fácil de "las veces que pasa y que ni nos enteramos", pensamiento que va bien con una vieja pero no con un medio de comunicación.

Yo me pregunto por qué los medios de comunicación no investigan estas empresas (que deberían no existir). No, lo mejor es darle voz a la oposición que dice que el ministro de Trabajo está incurriendo en corrupción al pasar de 15 a 25 los pesos que un trabajador puede cobrar por día en esta cuasimoneda, en este pre-patacón, en un lécop ancestral.

Diarios, ¡quiero nombres! Quiero saber si fue Accor, si fue Ticket Canasta, o qué empresa. Qué otras empresas tienen los dueños de Accor, ¿los capitales franceses de Accor son los mismos que los del supermercado?

Esta serie de eventos se suceden más a menudo que otra cosa, lo que pasa es que muchas veces no llegan ni a publicarse.

Llegué a una conclusión: los políticos están bajo el tapete siempre, sino arreglan con los medios, los medios los matan. Los jueces, lo mismo. El poder legislativo, ni hablar. Digamos que los tres poderes de la nación están bajo el ojo ciudadano: son juzgados por el pueblo todo el tiempo. De los medios de comunicación se ocupan en mayor o menor medida otros medios de comunicación, o periodistas independientes. Es insuficiente, pero todos sabemos que Ernestina Herrera de Noble tiene supuestos hijos de desaparecidos.

El otro actor de la vida social, el empresariado, por su parte, tiene el visto bueno de la sociedad y no es auditado por nadie. Los medios, todos, tienen compromisos asumidos con las empresas y salvo algunas excepciones de Página/12 –que no tiene casi ningún auspiciante que no sea el Gobierno- nadie dice nada de las empresas, siendo estas las principales generadoras de irregularidades, corrupción, explotación y demás males que terminan afectando a la gente –como ser poner torta publicitaria grossa para que tipos como Grondona (lo mira menos gente que Flandria de visitante) puedan mantener por décadas programas gorilas, antidemocráticos, tribunas para dictadores, represores y (claro) de defensa del libre mercado-.

No tengo forma de instrumentarlo pero creo que habría que hacer un diario sobre empresas, sin permitir ninguna publicidad, en la que se hable de todo lo que tiene que ver con la vida empresarial, pero no como Apertura o Fortuna, desde una inexistente oposición inasible de las empresas.

Se solventaría con el ciudadano que día a día compraría este diario -sin importarle su contenido necesariamente- o con aportes extraordinarios de los defensores de la tan mentada libertad de prensa. Se garantizaría su distribución así logrando imponer en agenda de los medios empresarializados el tratamiento de estos temas, a riesgo de que la ciudadanía se revele asambleísticamente contra los mega grupos concentrados de poder, exigiendo saber.

¿es viable? ¿cómo lo ven?

30.8.07

no conectaba con tanta comida china

Qué curioso, ¿verdad? Que esto se llame chile y que su país se llame Chile, dice el ex clavadista mientras señala un frasco de salsa picante de color rojo intenso. En efecto, no deja de ser curioso, concede el padre de B. A los chilenos, añade, esto siempre nos ha picado de curiosidad. B mira a su padre con una incredulidad apenas perceptible.
Roberto Bolaño
Últimos atardeceres en la tierra


Cuenta un mito de un mito de otro mito que frente al Luna Park existía un restorán que se llamaba La Napolitana.

Y cuenta ese mito de ese mito de ese mito que en ese restorán hacían unas milanesas muy ricas a la que la adornaban con tuco, jamón y queso.

Tanta repetición de “vamos a comer una milanesa a La Napolitana” hizo, parece ser, que, con el tiempo, se pierdan las mayúsculas del imperativo hasta que el nombre de ese platillo quedó compuesto de italianidad, tal y como lo conocemos hoy.

Más de un loco lindo insistió con eso de que sólo nosotros podíamos inventar que napolitanos y milaneses compartan algo, aunque más no sea el nombre de una comida, ya que se odian, parece ser, mucho, los milaneses y los napolitanos.

Estoy seguro que la milanesa no es un invento de los milaneses: a mí siempre se me ocurrió que los platos con nombres que identifican a un lugar no se comen en esos mismos lugares.

En suiza se comen todo tipo de bombones –de hecho su patria está hecha de chocolates como la casa de Hansel y de Gretel- como para que exista un bombón eminentemente suizo.

Tengo contactos en Bruselas que me han confirmado que los repollitos de ídem no se consiguen en ninguna verdulería de Bélgica. Es más, no hay verdulerías tampoco.

Fui a por más.

Hablé con mi corresponsal en Washington y le pedí que se corra unos kilómetros a Maryland a pedir una suprema: le vendieron un disco de Diana Ross.

Está demás decir que en Portugal se hacen tantos tipos de salsa que para que haya una denominada portuguesa debieran realizar un concurso tipo El gen argentino para elegir cuál es la salsa que más los identifica como lusos: se llamaría: La salsa portuguesa.

Ya absorto, por tanta inconexión-nombre-comida, en un hecho de arrojo, levanté el teléfono y llamé a la Gobernación de Calabria. ¿Qué me dijeron? Que sólo a un argentino se le ocurre ponerle cantimpalo a una pizza y que, ahora que sabían esto, iban a iniciar vía diplomática una mediación del Vaticano para impedirnos usar la palabra calabresa en los menús (y dejaron entrever que tienen más contactos con el Papa que nosotros; a continuación me hicieron pito catalán, pero yo me reí por dentro, siempre supe que en Catalunya no se fabrican silbatos muy distintos a los nuestros).

Taciturno, me metí en Pipo y pedí vermicelli a la bolognesa: decidí no investigar si en Bologna le ponen carne picada al tuco como para no llevarme otra desilusión y, de postre, darle otro dolor de cabeza a Taiana, que ya bastante tiene con Botnia, Ence y el reciente lío de la calabresa.

A la Gastón Pauls, me aleje Corrientes abajo, meditando, con mi gorro de lana y las manos en lo más profundo de los bolsillos del jean que pude (desfondé el bolsillo derecho en el ímpetu).

Ya enojado conmigo yo, me prendí un parisiene y entendí que: uno) esa salsa es un invento chino; dos) que el típico gusto francés en cigarrillos negros debe ser otra mentira publicitaria.

Y esto no pasa sólo acá, pasa en todos lados.
-I´ve a french fried.

americano