
Para que vean de qué viene la mano, este es el video del primer corte de su segundo disco, Life in Coma. Cloe es española y vive en nuestro país desde hace unos años.

Me sorprendo muchas veces con ciertas informaciones inútiles que conservo con sospechosa facilidad. A todos les pasa, supongo, preguntarse ¿por qué recuerdo el nombre del bajista de Los Enanitos Verdes? Otros datos son forjados a fuego en nuestras memorias (?) por otras cuestiones, en algún tiempo nos interesó mucho algo que posteriormente dejó de importarnos, y es casi imposible borrarlo, por más que no volvamos nunca más ni por asomo a intentar retomarlo, como ser los nombres de los personajes de Son de Diez, a fin de ejemplificar. Entre uno y otro punto de esta tesis se encuentra Ismael Serrano, alguien del que sé mucho y que no termina de resultarme intrascendente aunque no quisiera acordarme y que dejó de gustarme hace mucho, al menos concientemente.
Mamá escuchaba todas las mañanas un programa de Guinzburg y Castello en Del Plata que se llamaba El Ventilador; era, se puede decir, fanática. Todos los días me hacía algún comentario de lo que se hablaba en ese programa, lo disfrutaba. Yo trabajaba con mi Papá en un estudio contable que ya no es y me pasaba mucho tiempo en Musimundo escuchando esos modernos reproductores de discos con auriculares de la casa de música, circa 1997. Me llegaba a escuchar discos enteros, parado, frente a ese aparato que tenía tres discos, al principio, para elegir, y después fue infinito, porque leía los códigos de barras y te reproducía cualquier disco de cualquier batea. Era muy fanático de Silvio Rodríguez, tenía 18 años más o menos, era casi feliz y miraba con un optimismo improcedente el mundo por venir. Mi mamá me contó que había un español que se llamaba Serrano que hacía una canción para las Madres de Plaza de Mayo y que la había cantado en lo de Guinzburg y que a mi me iba a gustar mucho. Me escuché el disco entero de Ismael, Atrapados en azul, gran título, y no encontré el tema que hacía referencia a las Madres pero me lo compré igual, creyendo que era otro Serrano pero bueno igual. En el próximo disco, La memoria de los peces, otro buen título –tiene buenos nombres de discos Ismael- sí apareció, pero unos 2 años después a lo de Guinzburg.
Ismael de apoco empezaba a ser ese artista que los argentinos hacemos argentinos por una razón incomprensible. Me acuerdo que llenó a desbordar un show en
Ese primer disco, hoy que recordamos el Mayo de París, tiene Papá cuéntame otra vez, quizás la última canción de protesta que no me sonó anacrónica al momento de escucharla. Porque las canciones de protesta -aunque me gusten- suenan a ejercicio de sincericidio ineludible. Pero Papá me sigue pareciendo una canción para encapsular y mandar al espacio a pueblos extraplanetarios con interés de descubrirnos. Una gran pintura de época de hijo de padre que quiso cambiar al mundo y mira a sus generaciones anteriores con algo de orgullo y mucho de tristeza y vergüenza ajena. También tenía un puñado de canciones, algunas menores, y otras más lindas, como esa que sella y entre lágrimas tu figura es devorada por la gente, gran figura ilustrativa de alguien que se pierde en un aeropuerto para no volver a tiempo. También tiene canciones de desamor de gente madura que no encuentra lógica que este Ismael sub-30, como Un muerto encierras, Dónde estarás y La extraña pareja, que cuenta una historia atípica, la de un tipo que se pasea por los bares dando por muerta a la mujer que lo dejó en el sentido más literal del término (venía borracho y solo, traía el gesto serio, y en las manos una corona de difuntos).
Después sacó La memoria de los peces, un gran disco para el yo de esa época, que escuché hasta gastarlo –aclaro que no escucho más a Ismael salvo las cosas que va sacando nuevas, que escucho para ver qué onda y que después me doy cuenta que las escuché mucho, demasiado, sin darme cuenta, que sé todas las canciones, y que no termina nunca de caerme mal y que quizás deba reconocer que me sigue gustando-. Tenía grandes canciones como la de las Madres, la última, que decía algo muy lindo: le decía a las madres que sus hijos no habían muerto porque seguían guiando con su ejemplo a miles de jóvenes como él. Qué optimistas creernos eso. Bueno, sigamos. Además tenía Canción de amor propio, una oda a la paja, muy acabada; Últimamente, la primera, que es todo swing guitarrero, súper cantable; Vine del norte, muy triste canción sobre un amor imposible con una chilena en Chile; Ya quisiera yo, una bandera levantada sobre la imposibilidad de ser feliz en un mundo injusto; y, sólo por nombrar unas cuantas, Triste y dulce historia de amor, una original reseña de un amor entre un funcionario público y una estudiante del secundario que termina mal.
Este disco lo presentó en el Gran Rex, fue su primer show rentado. Fui el primer día con algunos amigos. Y la verdad que derrocha carisma Ismael, cuenta historias, anécdotas, muy stand up, entre tema y tema, con esa voz de español intelectual de izquierda que dan ganas de ser mina para cojértelo, y canta tan bien además –canta muy bien Ismael, tiene una voz muy calida, muy referencial, muy de invitarte a tomar un fernet, muy cómplice-. Al final me acerqué por el pasillo como un fan y una madre de plaza de mayo tras su tema me alcanza un pañuelo de ellas, bordado, dentro de un sobre, y me pide que se lo alcancé. Tantee la distancia y medí su peso y concluí que no estaban dadas las condiciones para arrojarlo, el pequeño objeto no llegaría a destino. Así que me fui a la izquierda del escenario –estuve bien- y desde allí como un gaucho en una chamarrita zarandeé el pañuelo de las madres hasta que la multitud indicó mediante gritos y señales que estaba yo como un cuidacoches de la memoria, soberano y redentor, haciendo de médium entre
Después en mí se fue licuando el fanatismo, sacó un muy malo Los paraísos desiertos del que destaco la muy linda Ya ves (así yo canto para recordar que aún seguimos vivos) que mezcla iconografía revolucionaria con una historia de amor –siempre funciona- y quizás su mejor canción, No estarás sola, hermosa por donde se la mire, canción que bien podría usarse como música de fondo para un informe de TVR sobre Evita (No estarás sola, te saludarán a tu paso en mil idiomas, con mil lenguajes, la gente a la que despertaste en cada viaje.)
Después sacó un muy lindo La traición de Wendy, con muy buenas canciones salvo un horrible homenaje a Buenos Aires –a Arjona le hubiera salido mejor-. Destaco la sencilla y mortal Qué andarás haciendo ahora, o el recuerdo de un amor que dejó de ser, para alguien que nos dejó y que ni con esfuerzo todavía le encontramos eso malo para machacar nuestro desamor.
Más acá sacó un disco doble en vivo muy correcto, Principio de Incertidumbre; un elepé olvidable salvo por dos o tres canciones, Naves ardiendo más allá de Orión –que no entiendo cómo todavía el Olé no lo intertextualizó cualquier día que el arquero de San Lorenzo haya destacadosé entre sus pares-, una de estas canciones es El virus del miedo, una pintura de eso que se llama “ataque de pánico”, bien contada en la primera persona de un ser demasiado sensible para afrontar los achaques de este mundo. Es bastante original Ismael, no se queda en la canción de amor clásica que cambia una metáfora ingeniosa por otra, es un tipo ilustrado, sensible e inteligente, aunque no talentoso o virtuoso, y hace canciones sencillas que de vez en cuando dan en el blanco de la originalidad.
El año pasado sacó su último disco, Sueños de un hombre despierto, un lindo disco, todas las canciones promocionan con 7, entre las que destaco Si se callase el ruido, que va derechito a ser uno de esos tema que trascienden generacionalmente los fogones intercampings.
Estuve a punto de ir al show, al final decidí no ir, creo que hice bien, de cualquier manera lo hubiera disfrutado, creo que ya va por el octavo show, se lo merece.
Lo primero que pensé fue “cómo no son más populares”, tarareando todavía y miraré tus ojos como si fueran los últimos de este país. Lo segundo que redondeé es lo que ya muchos dicen, que Café Tacvba es la mejor banda de Latinoamérica. Otros, entre los que quizás me incluyo, dicen que es la mejor banda del mundo en actividad. Por qué no.
Como buenos tilingos que somos, mediopelos, occidentales, cristianos, cipayos, vendepatrias, cosmopolitas e ingleses o parisinos copiamos muy bien los modelos impuestos triunfantes en el mundo. Ahí está Pettoruti, y Campanella, y Pappo, solo por nombrar algunos, al azar, sin método. Y nos sale bien. Pero todo el rock & roll y sus subgéneros no suenan ni latinoamericanos ni argentinos, ni siquiera porteños.
Me deberían ayudar pero si coincidimos en que el tango es nuestra música ciudadana no encuentro tango-rocks validos más allá de algunas cosas de los Fabulosos Cadillacs, Pez, los primeros Estelares, Spinetta y Buenos Tiempos de Los Piojos. Después hay bandas que hacen tangos, pero son tangos hechos y derechos. Ni qué decir de un tipo como Melingo que hace tangos de la década pre-gardélica. Y así podría seguir con buenos tangos de Los Twists y no mucho más. La mezcla flocklore –la otra música argentina- y rock directamente está vedada por un mundo, o por una pequeña galaxia, como si fueran irreconciliables. La excepción, que ya es regla, es Santaolalla y León Gieco.
Pero Cafeta suena tradicional, suena mexicano, suena moderno, suena humorístico, suena latino, suena tremendo, se siente un ritmo loco. Pero además suenan rockeros. Si no, serían Los Nocheros, o El Trío Los Panchos. Pero están más cerca de Radiohead que de Chavela Vargas.
El público de Café Tacvba es muy lindo. Es gente no es ni snob ni hippie, aunque hay que ser un poco snob para llegar a ellos y un poco hippie para que te gusten. Podés vestirte como un hippie producido o como un snob descuidado para ir a verlos, podés elegir. Hay muchas chicas hermosas que gustan de Café Tacvba. La gente que va a ver a Cafeta es feliz, le gusta la música, le gusta bailar, le gusta cantar las canciones. Es el público perfecto, se saben todas las canciones, entonan, acompañan el falsete imposible del cantante, hacen con la boca los ruidos de la batería, el órgano, la guitarra. Mueven la cabeza con los riffs.
Además cantaron Las Flores, y Mediodía, y El puñal y el corazón, y Volver a comenzar, y El baile y el salón, y Chica Banda, y muchas más canciones imbatibles.
Y no hablé de ellos, no hablé de Rubén Albarrán, quizás algún día hable de él, sus sombreros con ojos y sus pajarracos de nylon.
“Esto fue Café Tacvba, su banda favorita”, dijo Rubén, y vaya si coincidimos todos los que estuvimos ahí.
Háblame (…) de Cártago a las puertas de Roma, de
Desde aquella providencial aparición de Jorge Drexler que no tuve la suerte de encontrarme con un artista en mi idioma que me sumerja en su universo de subjetividades de manera tan exquisita. Los que estaban, y están, ya venían de antes. Venían significando desde décadas atrás, incluso desde antes de mí. A Manolo no lo conocí en su totalidad hasta los meses pasados.
Ya conté la historia, no la voy a repetir. Quiero hablar de otra cosa, quiero hablar de un artista rarísimo, adictivo y único. Es español y sólo un buen español puede manejar el castellano de manera tan virtuosa, he decidido. Compré Para que no se duerman mis sentidos en Musimundo y antes de darle la primera pasada repasé las letras. No podía entender que una canción empiece así, como esta, que empieza así: Como el hombre de los hielos acechando en la negrura de un bosque de coníferas sentí, no sé por qué, congoja y soledad aquella mañana de tormenta.
Una canción que vendría a ser una inspección a si mismo, una introspección: Manolo se palpa los bolsillitos del alma y no encuentra cambio chico, una moneda para el bondi de la esperanza. Y en ese descubrimiento de sí mismo, incómodo, las metáforas van infiriendo que todo empeora a medida que pasan los minutos, con palabras naturalistas, mejor dicho, continúa: Salio el sol y fue peor. Un viento negro arremolinando las adelfas cuajaba mi ánimo espacial y me lanzaba a navegar entre aerolitos a través del ventanal con cortinajes. Estamos hablando de un hombre en la linde del bosque recostado en su melancolía, instalado como para siempre.
Las canciones de este disco se van al sur de
Claro que además están las canciones de amor, esas lindas melodías rellenas de palabras difíciles que suenan lindas. Y de las simples que suenan mejor. Revisemos cuando Manolo confiesa previsor: Guardo una tarde de sol por si hace falta; ese es un tesoro que nadie podrá arrebatarme. Un alma insensible dirá para qué le servirá guardar una tarde de sol, poco después Manolo revela: Te guardo una tarde de sol por si la quieres; ese es un tesoro que nadie podrá arrebatarte. Es decir que Manolo guarda una tarde de sol, por si hace falta, y unos versos adelante se la obsequia a su amada, por si la quiere. Otro día que vendrá su amada debería a regalarle esa tarde de sol a él, que debiera haber guardado para semejante conmemoración de la química avanzada. Como guardó además Manolo en un bolsillo el color de la piel de una naranja. Sí, pero además, en ese bolsillo, guardó el calor de su piel, por si ella viniera.
Se sabe, un pasado roto no es nada. Al final te das cuenta de que nunca estuvo entero del todo. Avisados del tema podemos continuar con el universo del cantaor, donde su amor flota con nenúfares en un estanque de libélulas azules. El amor de su amada, en cambio, es un trío de golondrinas en un bosque de papel. El amor suyo, el que se prodigan ambos, la combustión de ambas formas de amar resultan ser hojas de té de aromas húmedos de los orientes .No está mal como para que vayan pensando en tener un hijo.
Alguno dirá, con algo suspicacia y mucho de razón, que no se puede vivir en un mundo de palabras bonitas, que el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa, como dijo Gelman, por eso, en otra canción, como buen seductor, cuenta cómo fue que logró alcanzar el amor de su doncella, y descubrimos que para que el amor sean tres golondrinas o un símil nenúfar extraviado entre libélulas antes tuvo que sucumbir a la vida diaria, el misterio del acontecimiento cotidiano. Parece ser que Manolo le dijo: Si te vienes conmigo seremos ácratas de bajo consumo. Devoradores de libros de bolsillo, literalmente. La rosca desgastada del beso de tornillo. Instalados en un tiempo variable, por hablar, no hablaremos más. Viviremos pletóricos en cincuenta metros cuadrados. Hipotecados. O realquilados. O mejor, saltando, el que pudiendo quisiera, en zig zag. Inmoderados. O moderados. O inmoderadamente moderados. O moderadamente inmoderados. O inmoderadamente inmoderados. ¡Tomá!
Así me imaginé el show al volver a casa.
Así fue el show en la realidad real.