Hay un película fantástica de Nanni Moretti, Aprile, en la que el director, actor, además, interpela a la tele durante un debate presidencial que incluye a Berlusconi y a un candidato de izquierda, D´Alema, ya hice un post de eso, está acá. Véanlo.
Pero eso no importa ahora, importa una frase que dice Nanni en ese neceser argento-italiano de hablarle a la tele: “Decí algo de izquierda, no te pido de izquierda, aunque sea de civilidad”.
Trastoquemos el término ese, ahora hay que hablar de civilidad, y no de izquierda.
Jovenes militantes (hermosos) no tenemos que hablar de izquierda, porque espanta. Ah, el capitalismo hizo estragos, y la tarea es multiplicar, no cercenar.
Hay que invertir los términos, hay que hablar de civilidad.
Yo soy muy de izquierda, siempre fui peronista (¡ja!). Me sé todos los discos de Silvio de memoria, todos, hasta los nuevos. Y todavía me hace llorar. Pero el peronismo me enseñó algo muy importante en términos políticos, hay que convencer a los no convencidos, y no hablarnos entre nosotros.
Leía un libro de Hinde Pomenariec sobre Blackie, figura central de la televisión argentina, hoy olvidada, que contaba una historia de su padre. El papá le decía a los hermanos de esa chica, de nombre Paloma: “A Paloma no le griten, arguméntenle.”
Seguramente el señor Efron, padre de Blackie, era inteligente, y encontró en esa hija cualidades para desarrollar, que sólo eran desarrollables mediante la argumentación.
Ricardo Iorio en una canción dice “no es cualquier cosa tener razón”.
El 6 de noviembre de 2006 recordaba, fundido a negro:
(...) Yo sé que Ricardo Iorio es odioso. Sin embargo no dejan de gustarme sus discos ni de caerme simpático él. (...) Recién vi escrito el nombre de Víctor Hugo Ghitta [ex editor de la Rolling Stone] por ahí y recordé una editorial de Rolling Stone sobre una nota de un número anterior que hicieron –y que sí publicaron, con los destacados bien destacados-.
(...) Como no le gustó lo que Iorio dijo, Ghitta, de penitencia, aclarada en la editorial, mandó a no criticar el disco de Almafuerte –le hizo doblemente bien: le hizo publicidad y justo ese disco era (y es) malísimo (Piedra libre, 2001)-.
La cosa es que por esa época elegían como artista de la década a Eminem y le publicaban notas en las que decía que había que matar a las mujeres fáciles, a su propia madre, a las mujeres difíciles, a alguna prima lejana (qué fuerte te pusiste, yo no sé qué comiste), y a las que quedaban; por turras, parecía que había que matarlas. Y además, con los puchitos de su odio, mandaba a matar demás etnias y grupos sociales.
Sumándome a la andanada de análisis sobre Bombita Rodríguez, extraigo una idea fuerza y amplio. Me paro en Bombita Rodríguez, el Palito Ortega montonero, que causa gracia, y mucha. ¿Capusotto se ríe de los peronistas o hace un tributo a sus días de orga loca? Esa es la cuestión. ‘¿Qué opinás de los floguers?’, le preguntó hace poco Ernestina Pais en Mañanas Informales; él respondió: ‘No sé, nosotros a esa edad estábamos tomando cuarteles’. Con eso cierro esa discusión pueril, no se ríe peyorativamente, porque nadie que tenga un mínimo de autoestima se reí socarronamente de sí mismo. Se ríe como alguien que se ve grande y se compara con el adolescente, y no tanto, que fue. La misma idea de Santoro y lo kitsch que ya conté. No, mi obra no es kitsch, en todo caso decime en la cara, si tenés huevos, que yo soy kitsch. Cosa que nadie se animará a decir porque nadie se atreve a hablar mal de Capusotto. Menos mal.
Pero quería, ya dije, ampliar. ¿Por qué toda esta discusión se edifica sobre el peronismo, sobre los montoneros, y no sobre el rock? De 25 sketches, redondeando, 24 retoman el rock y sus estereotipos, pero nadie se pone a analizar esa crítica feroz al rock. De eso quería hablar ya que de eso no se habla.
El rock no me importa un pito. Durante un tiempo quise encontrarle esa mística, ese no sé qué, ¿viste?, y como no la encontré, salvo en Ricky Espinosa o en Ricardo Iorio, adherí a esa metonimia simbólica que es la ‘actitud rock’, entonces decía, como para convencerme de la mentira del rock, que lo importante era la actitud, tanto como en la vida, y encontraba, claro, más rock en Goyeneche o en Ayrton Senna que en el Indio Solari, por poner un caso actual de rock vaciado de contenido pero con altos estándares de parafernalia rockera. Capusotto se ríe de los cantantes de protesta, de los poetas del rock, de las estrellas periféricas que se creen de Brighton, del rock uruguayo de los setenta, de los cantantes satánicos, del pop desideologizado pero con contenidos de dudosa moral, de cualquier cosa se ríe, de todo el rock, y pasa videos re zarpados de rock de los setenta, cuando el rock era rock, más algún que otro loquito moderno por fuera de toda la massmedia rockera. Si le preguntás ‘¿Qué opinás de las bandas actuales?, Capusotto contestará ‘Nosotros a esa edad le metíamos a Badía una sandía en el orto’. Muy Flema, muy rock. Es un pelotudo, pero es rock. Obvio que le gusta el rock, como le gusta el peronismo mítico, el rock, una villa miseria lindando con el country de tu adolescencia. Se da cuenta de la mentira del rock. Pero no es leído así, en general, por la audiencia. Lo raro es que de alguna manera el rock preserve cierto halo de respeto, cuando después del libremercado y el comunismo, el rock es el tercer fracaso más estrepitoso del siglo XX.
El rock funciona bien cuando sos pibe. Cuando solo querés bronca sin sentido. Cuando querés cantar ‘hijos de puta en el gobierno hijos de puta en la rosada y en todos los ministerios’, pero cuando crecés, podés decidirte a cambiar las cosas, o a quedarte criticando, y te das cuenta que el rock tiene menos sustancia que un postrecito Ser. El noventa por ciento de los rockeros son de derecha y tienen un discurso de izquierda; no sólo no tienen ideología, te la venden cambiada. Sino veamos a Andrés Ciro Martínez, quien un día escribió esto: ‘Pero faltó la grandeza de tener buena visión, por tapados de visón, y perfumes de París. Quisieron de este país hacer la pequeña Europa. Gaucho, indio y negro a quemarropa fueron borrados de aquí. Yo le pido a San Jauretche, que venga la buena leche’ (San Jauretche), y al otro día le contestó a la revista Soy Rock (leerlo con la voz de Micky Vainilla y el periodista en off): ‘Hoy en día la gente quiere realidades, hechos, gestión concreta. Por eso gano Macri en Capital, no por una cuestión de derechización de la sociedad. ¿Votaste a Macri? No voto en Capital. ¿Lo habrías votado? Posiblemente, posiblemente, no sé. A mi me parece que él esta muy bien en un montón de cosas’. Le faltó decir que él solo hace rock para despertar a las masas.
Mientras genero “caja” soy de izquierda, cuando construyo ciudadanía soy de derecha. Soy de izquierda de palabra, soy de derecha por acción directa. El soporte es una revista llamada Soy Rock, que sino me equivoco es de Pop Art, la empresa musical que cooptó el mercado de la música rebelde y la convirtió en otro brazo del pulpo de la empresa musical.
Al Corvino le gusta mucho una frase de Pete Townshend ‘si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll’. Bueno, eso.
Quizás la siga, tengo mucho para agregar, pero me aburrí.
Yo sé que Ricardo Iorio es odioso. Sin embargo no dejan de gustarme sus discos ni de caerme simpático él. No tiene nada que ver con nada lo que voy a contar pero recién vi escrito el nombre de Víctor Hugo Ghitta por ahí y volví a recordar una editorial de Rolling Stone en la que a partir de una nota que le hicieron –y que sí publicaron, con los destacados bien destacados, con frases como judíos de mierda o un rockero con la remera del Che es como un etrusco en bombacha- dijo todo lo malo que era el malo de Ricardo. Pero eso sí, no te queremos y te matamos en la editorial pero, por favor, posá para una producción fotográfica de David Sisso.
Bueno, la cosa es que como no le gustó lo que Iorio dijo, Ghitta, de penitencia, aclarada en la editorial, mandó a no criticar el disco de Almafuerte –le hizo doblemente bien: le hizo publicidad y justo ese disco era (y es) malísimo (Piedra libre, 2001)-.
La cosa es que por esa época elegían como artista de la década a Eminem y le publicaban notas en las que decía que había que matar a las mujeres fáciles, a su propia madre, a las mujeres difíciles, a alguna prima lejana (qué fuerte te pusiste, yo no sé qué comiste), y a las que quedaban; por turras, parecía que había que matarlas. Y además, con los puchitos de su odio, mandaba a matar a demás etnias y grupos sociales.
Bueno, quería recordar esa contradicción, nada más. Escucho a las rutas llamarme, son voces graves que me invitan a rodar.