En la revista Noticias, conocida internacionalmente por su afiliación a la verdad, un grupo de notables eligió a Orlando Barone como el peor periodista del año.
Curiosamente un día después, la revista salió el sábado, publicamos en el especial de Ni a palos de fin de año los triunfadores del premio Fort/Ster y el mismo Orlando se alzó con el galardón al periodista oficialista del año, que vendría a ser un chiste para premiar al mejor.
Generoso Barone escribió unas líneas de agradecimiento.
Es interesante ver cómo la columna bien puede ser leída como la respuesta a los electores -escogidos no con azar- y a la revista Noticias en sí.
Un estatuilla K no se le niega a nadie Por Orlando Barone
Gracias por tener la cortesía de no haberme designado el periodista alcahuete del año. Supongo que esa distinción le corresponde a alguno de los tantos periodistas antioficialistas, que son alcahuetes del establishment, del enviado de la inseguridad jurídica, de los auspiciantes de la soja transgénica y de los medios hegemónicos. Pero estos son tantos que habría que otorgar más rubros que en los premios Konex y en los Martín Fierro y no alcanzaría la trasnmisión de toda una semana para la entrega de diplomas. Nunca imaginé que mis sarcasmos antigorílicos, antidinosáuricos y anti rentistas gauchescos me llevaran tan alto como para superar a tan insignes compañeros.
Pero por algo será. Acaso mi oficialismo haya tenido la modestísima virtud de ser menos racional e ideológico que juguetón e impertinente. Ya se sabe que para tanta solemnidad del “Grupo Aurora”, del constitucionalismo de probeta, o para tanta solemnidad rabínica, cardenalicia y educativa fascista, no hay antídoto mejor que la respuesta descamisada y desestructurada para sacudirles el yeso. Ser un periodista oficialista hoy tiene el privilegio de gozar de la única libertad de prensa que permite este gobierno. Porque los antioficialistas de los grandes medios preeminentes viven quejándose de que no tienen esa libertad y me conduelo de ellos. Cuántos tendrían deseos de hablar del ADN de los hijos adoptados de la viuda de Noble; cuántos se atragantan por no poder denunciar a Papel Prensa, a la situación de censura gremial que se vive en sus ámbitos, a poder parar un ratito de manipular la información que alude al gobierno y a poder confesar cómo son instigados a instigar la inseguridad haciendo manar sangre, lágrimas y sed de venganza de las pantallas. Ser oficialista del gobierno votado democráticamente me suena mejor que ser oficialista de aquellos a quienes no votó nadie pero pagan mucho más a sus adictos. Ya que si un gobierno puede pagar es un pago episódico, de coyuntura, porque alguna vez deja su lugar y los pagos cesan. Pero ser oficialista de grupos económicos es poder cobrar eternamente y eso se ve en tantos periodistas que no pierden su lugar porque los patrones siguen pagando no importa cuál sea el gobierno. Mi única duda acerca de si podré continuar siendo oficialista me es ajena: es la de no poder prever si los enemigos actuales del gobierno lo seguirán siendo, porque mientras sean esos los enemigos más me oficializo. Mi caso es el de un perro entrenado por sus dueños para cuidarlo de los enemigos que los dueños le señalan, y que un día se da cuenta que también tiene que desconfiar de aquellos que lo han adiestrado por generaciones. Perros como yo hay muchos en los medios hegemónicos, pero siguen cumpliendo el mandato de sus dueños.
Algunos sufren pero lamen y lamen y para consolarse creen que ladran al enemigo.
Víctor Hugo Morales defendiendo a Barone. Premios Noticias (que tienen la opción "mejor" y "peor" en todas las categorías... menos en la de empresarios, que son todos buenísimos).
La corporación periodística no es corporativa solamente con aquellos perdiodistas que no practican el corporativismo.
cipayo (Quizá del port. sipay, y este del persa sepāhi, soldado)
1. m. Soldado indio de los siglos XVIII y XIX al
servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña.
2. m. despect. Secuaz a sueldo.
Muy interesante, al menos para mí -ya tome pastillas, y sigo sin dormir- fueron dos notas que salieron en La Nación y el diario español Público. Primero definamos un poco qué es Público (a La Nación ya lo conocemos, un diario “de doctrina”, de la derecha inteligente). Público vendría a ser un diario -reciente, de 2007- que llegó para suplir una espacio vacante de centroizquierda que El País, Grupo Prisa, dejó de lado cuando, como acá Clarín, sus negocios lo pusieron editorialmente a la izquierda del gobierno, un gobierno, el de Zapatero, (módicamente, ni siquiera reformista) a la izquierda del sentido común que los medios españoles buscan instalar en las clases medias volátiles, si también. Digamos que en estos días el Grupo Prisa está en caída libre, fue golpeado duramente por la crisis internacional y como corolario el Gobierno del PSOE le sacó el monopolio del fútbol codificado hace 15 días, ¿no sé si les recuerda algo?
En ese escenario Público llegó a suplir el vacío que El País dejaba, vendría a ser como Página/12. Pero como toda la social democracia europea al lado de Evo Morales es López Murphy, observamos que para el tratamiento de la ley de servicios audiovisuales le dieron un espacio nada menos que a Miguel Wiñazki, tan empleado bien pago de Clarín que es el director de la escuela de periodismo del Grupo. No dieron lugar a otra campana.
Wiñaski recurre a los supuestos –y a veces reales- prejuicios del hombre eurocéntrico que mira a la sudamerica atrasada y zoológica. Desde allí construye un relato sólido bajo el título: “Los Kirchner declaran la guerra a la prensa libre, una nueva ley pretende amordazar a los medios de comunicación argentinos”. Recuerden que Público vendría a ser el diario que más cerca debería estar de este proyecto de ley en España, no quiero pensar lo que dirán ABC, El Mundo o La Vanguardia.
¿Por qué será? Espere, no sea impaciente.
Usted se imagina a José Luis Rodríguez Zapatero decidiendo qué partidos de la liga deberán televisarse y cuáles no, y reuniéndose largamente y cada semana con su gabinete para establecer los horarios en los que tendrían que jugar el Real Madrid y el Barça?
En la Argentina de los Kirchner, el Poder Ejecutivo en pleno ha hecho del fútbol una preocupación central, y una prioridad política gubernamental. El matrimonio de la presidenta Cristina y el ex presidente Néstor Kirchner maneja ahora a su antojo el cronograma del balompié. Se vanaglorian por ello y se jactan de sus nuevas ocupaciones deportivas en cada tribuna donde les toca hablar.
La nota sigue acá si quieren terminarla, no agrega nada nuevo, nada que digas "apa, qué bestia Wiñaski".
Volvamos a La Nación. En el diario de los Mitre hay un suplemento dominical que se llama Enfoques, dentro hay un espacio no ya para un opositor al pensamiento reinante del diario pero sí disonante, cuanto menos por su libertad para salirse del molde, aportar otra mirada.
Esa columna se llamaba Puerto Libre antes. Estuvo a cargo de ella Orlando Barone durante el kirchnerismo hasta que un día se cansó y se fue. Recaló Hernán Casciari, con el nombre de sección Catalejo, ese Sandrini 2.0, que te hacer reír y llorar en la misma crónica.
Repasemos el derrotero de Casciari, muy sucintamente, el tipo de se va a España en plena crisis de 2001 siendo nadie y con talento argentino logra ganarse en la naciente Internet un lugar de consulta y reconocimiento en los dos continentes, que logra trascender la web al ganar un premio al mejor blog de mundo, publicar libros, uno de ellos llevado al teatro con éxito por Gasalla, comandar un blog dentro de el diaro El País, Espoiler, que es uno de los más leídos de habla hispana, y Orsai, que si no es el mejor de todos, pega en el palo.
Si el cipayismo consiste en vivir en un país en vías de desarrollo (?) mirando lo que el primer mundo hace, con envidia, más preocupados por su mirada que por la propia, el contracipayismo, vendría a ser el sentimiento nacional y popular, es decir alguien que estando inclusive en España, con éxito y reconocimiento, se atreve a defender nuestra cultura contra lo que se debiera pensar, o, lo que es peor, decir.
Casciari desde esa mirada propia, popular y virtuosa, publica ayer la siguiente columna en La Nación, que comparto:
Aquí, en España, el negocio del fútbol también genera divisiones políticas, debates, llamadas de trasnoche y comisiones millonarias. En este momento, mientras escribo, se están repartiendo la torta del mismo modo que en Argentina. Es una torta rellena de dulce de euros, bastante más grande que el pastel nacional, pero el runrún escandaloso de las conversaciones vía intermediario, de si me das aquello te doy lo otro, es idéntico y también roza la deshonra. La única diferencia grande es que aquí, en España, los gobernantes de primera línea no se muestran interesados en el asunto. Seguramente lo están, pero juegan a la indiferencia. Sería raro ver en los periódicos ibéricos una foto que muestre a Zapatero junto al presidente de la Real Federación Española de Fútbol. Ni firmando un contrato, ni rompiéndolo, ni dándose la mano. En teoría, a los ojos del pueblo, ambos presidentes viven en mundos distintos: uno soluciona los problemas serios (la desocupación, el terrorismo, la inseguridad), el otro se encarga de cuestiones deportivas, menores, relacionadas con el ocio. En España resultan graciosas, y un poco patéticas, las fotografías de Cristina Kirchner reunida con Julio Grondona. Da la impresión de que un mandatario debe tener la capacidad de no aparecer en fotos que inmortalizan pactos menores. El dueño de casa no paga en persona la cuenta del almacén: manda al criado.
Sin embargo, la televisación del fútbol es uno de los intereses más grandes de los gobiernos en problemas. Y más allá del aparente patetismo del caso argentino (a los ojos europeos, quiero decir, esos ojos tan sobrios), hay en la sociedad ibérica cierta envidia cuando se descubre que en Buenos Aires el fútbol, desde esta temporada, es gratuito. Aquí la crisis también golpea, la desocupación está en cimas alarmantes, la gente se queja día y noche porque no llega a fin de mes, pero tampoco puede ver fútbol en el canal estatal. Ni en ningún otro que no sea pago. Si un ciudadano quiere ver, los fines de semana, el partido del Barsa y el del Real Madrid, si quiere ver ambos, tiene que estar abonado a dos repetidoras de cable diferentes: Canal+ y GolTv. Cada una de ellas cobra una suscripción mensual de quince euros. En España el imaginario colectivo da por sentado que de la repartija de esta torta suculenta (que permite a la liga española comprar jugadores carísimos) también participa el gobierno, pero sin fotografías.
El fútbol no puede ser un tema importante cuando hay cuatro millones de desocupados en España, y sin embargo es lo que mejor revierte la tristeza de los viernes y los sábados. En Argentina ocurre lo mismo. Los desocupados son más, la inseguridad es mayor, y el fútbol está sensiblemente peor jugado que en Europa, pero adormece y relaja las almas del mismo modo. El fútbol, cuando está en el comedor de casa sin que paguemos por él un centavo, nos hace sentir un poco menos huérfanos de padre y madre. Un poco menos meado por los perros. Sólo hace falta pedirle a Canal Siete que mejore la transmisión en vivo vía internet, así los que vivimos fuera también podemos verlo.
¿Por qué Público entonces hace lo que hace?, se preguntarán.
¿Puede haber alguien que se equivoque siempre? Si, este Gobierno. ¿Puede haber alguien que mienta siempre? Si, este Gobierno. ¿Puede haber alguien que haya ocasionado más males al país? No, únicamente este Gobierno. ¿Puede haber alguna noticia del Gobierno que de casualidad lo honre? No, ninguna. ¿Puede haber alguna cosa que haga este Gobierno que no cause rechazo ni sea sospechada? Tampoco. ¿Puede haber alguna posibilidad de que un día anuncie una medida que por casualidad convenza a las empresas, a los lobistas, a los trabajadores agremiados, a los wichis, a los ecologistas, a los piqueteros, a los taxistas, a los pequeños campesinos exportadores, a los vecinos inseguros de San Isidro, a los vecinos seguros de La Cava, a los defensores de los derechos humanos, a los que odian a los derechos humanos, y a Chiche Duhalde y Elisa Carrió? No, ninguna, y con esas dos últimas personas menos que ninguna. ¿Puede alguna vez este Gobierno convencer a la Oposición de que lo acompañe en un proyecto, en uno solo? Imposible. ¿Puede haber un gobierno legal que parezca haber sido elegido ilegalmente? Si, éste. ¿Y aunque sea de carambola no puede un día salirle algo bueno? No. ¿Ni siquiera entregándose y haciéndose antiperonista? Ni siquiera. ¿Pero tiene todavía alguna chance de reivindicarse? Ninguna. ¿Entonces, qué destino tiene este Gobierno? Esa respuesta está inducida.